Nueva York no era tan grande

Miércoles, una amiga de fácil irritabilidad y unas cuantas cajas que nos miraban amenazando con hacernos doler la cabeza por la escasez de lugar que mi piso ofrecía. Finalmente mis pertenencias habían llegado y tanto Kitty como yo estábamos tratando de averiguar qué hacer con todo eso en tan reducido espacio.

Había acertado en comprar una estantería metálica para poder acomodar cada libro que había decido llevar a la ciudad, el dolor de cabeza era porque primeramente eran demasiados y en lo personal me gustaba acomodarlos por género, sin embargo no creí que fuera tarea indicada para llevarla a cabo con mi amiga en cuestión.

Kitty miraba las cajas con una taza de café en las manos, habíamos salido de trabajar hacía unas horas y cuando me llamaron porque finalmente mis cosas habían llegado fue cuestión de un mensaje para hacerle saber a ella que debería venir a ayudarme.

Y trajo pastelitos de una tienda que utilizaba productos orgánicos y la ame eternamente, porque esos detalles me recordaba lo buena amiga que fue en el pasado y lo buena amiga que era en el presente.

Le sonreí con los ojos y una sonrisa inmensa, así ella supo que le estaba diciendo gracias, por ayudarme en aquel momento y por ofrecerme la salida correcta para despegar de mi vida aburrida en Boston.

En respuesta recibí un encogimiento de hombros, antes de dirigirse a la primera caja.

Libros.

Y la vi alzar una ceja a la vez que agarraba un libro de Nietzsche y lo abría en cualquier página, luego leyó.

"lo raro y singular… para los raros y singulares" clavó sus ojos en los míos y busco alguna reacción. Que no la hubo y volvió el libro donde estaba, dejó el café en la mesita cercana a ella, una cosa cerca de la cocina y a sala de estar, todo estaba tan junto.

-¿Cómo es que tienes tantos libros Rachel? – cuestiono finalmente a la vez que se tiraba en el sillón de frente a la estantería metálica que esperaba por los libros.

-Bueno… lees uno y compras otro… ellos se van haciendo amigos y luego quieres que tengan más compañía – respondí en forma de chiste.

-Eres una idiota – ella agarró un cojín y lo tiro a mi cabeza, le dio un vistazo a su reloj y maldijo de inmediato – Demonios tenemos casi hora y media para acomodar este desastre – se quejó poniéndose de pie de inmediato.

- ¿Por qué tan poco? – quise saber y ella rodo los ojos antes de agarrar una tonelada de libros de la caja.

- Por orden de género – respondió en contrapartida, conociendo por completo como era de obsesiva – ve acomodándoles como tal mientras coloc… -

-Los guarde por género, así que esos van arriba – indiqué con una sonrisa y la energía renovada.

Y así mientras ella acomodaba la primera hilera yo iba sacando los libros para que ella solo los tuviera que agarrar y colocar en el sitio indicado. Hacía tanto que no estaba con un tiempo compartido a solas con ella, que por un momento quise contarle como si nada lo que estaba disfrutando con Quinn, pero temía su reacción sabiendo el concepto que tenía de ella.

-¿Qué? – preguntó ella, cuando la hilera Jane Austen era la siguiente en el orden.

- Solo que me gusta compartir este tiempo contigo – ella sonrió de lado, no esperaba que me respondiera porque Kitty era más bien conocida por ser como un maldito Pit Bull sin sentimientos, pero era tan leal con aquellos que llevaba en su corazón que era indispensable tenerla en mi vida.

- Me gusta que estés disfrutando de tu talento y de tu vida sexual – contesto dándose vuelta para ver mi pequeña reacción, porque claramente cuando el lunes llegue a su hogar no pudo evitar cuestionarme por saber cómo la había pasado, porque yo nunca pude ser más que transparente con ella y termine diciéndole la verdad, bueno no del todo, era como convenientemente la verdad.

-A mí también – dije para dejarla tranquila y con la esperanza que lo fuera dejar ahí.

-¿Crees que sería conveniente conocerlo? – pregunto comenzando con la fila ciencia ficción.

- No creo que sea conveniente cuando es solo sexo – respondí tratando de restarle importancia, como si no quisiera realmente contarle todo aquello, que nunca fui una persona sexual, que nunca había sentido tan importante disfrutar un orgasmo como ahora, quería decirle que tenía razón cuando me decía que necesitaba echar un polvo, quería gritar fuerte y alto.

Miro en un segundo su reloj y chillo – Demonios Weston – y la miré sorprendida.

-¿Qué con él? – quise saber, mientras Kitty rebuscaba entre la caja semi vacía su bolso.

-Llega de Seattle y tengo una… sorpresa ya sabes – ella me guiño un ojo, pero yo realmente no sabía de qué me estaba hablando – Rachel cuando tienes relaciones con tu jefe en el ascensor en movimiento y elogia tu ropa interior, ya sabes lo que tienes que hacer – espeto como si fuera una verdad absoluta. Yo no tenía ni idea de lo que había que hacer si tu novio volvía de viaje y previamente había elogiado tu ropa interior.

Sin embargo hubo una nueva interrogante en mi cabeza que resonó con fuerza.

- ¿Y qué hay que hacer cuando te sacan fotos mientras te follan?- okey eso había sonado fuerte y no solo para mí, el rostro de Kitty era todo un poema, pero con una pequeña sacudida volvió a su inexpresiva actitud.

-Creo que no debes darle nunca tu apellido – contesto segundos después.

-Lo sé – reconocí apenada, esperaba que Quinn no fuera de ese modo.

-Rachel cariño, nos vemos mañana, pienso atar a mi futuro marido a la cama – espeto con una sonrisa un tanto psicópata en su rostro, tiro un beso al aire y salió de mi piso. Había cambiado tanto, si Weston no se hubiese cruzado en su camino, ella seguiría tan estirada como siempre.

Cuando termine verdaderamente de ordenar todo mi piso, sentí que por fin podría comenzar a vivir mi nueva vida, no es que no la estuviese disfrutando pero casi 20 días después mi hogar parecía un lugar realmente habitable. Era miércoles y estaba lista para conocer un lado nuevo de la ciudad que nunca, bajo ningún concepto dormía.

Nueva York en 20 días me había dado más orgasmos que lo que Jesse alguna vez fantaseo, pero yo esa noche quería algo más que desvanecerme en las gloriosas manos de Quinn Fabray.

Me vestí con un jean negro gastado en los costados y remangado hasta los tobillos, una camiseta verde oscuro con un 87 enorme en el pecho, vans, mi bolso y a por Nueva York. Dentro del taxi sopese la idea de ir hasta Time Square o Broadway… finalmente decidí que Broadway era la idea más atractiva, un café en mis manos y mis ojos expectantes. Podía sentir la ciudad atravesar mis poros, invadir mis sentidos y acelerar mi corazón, quería que todo quedara grabado en mi retina, hasta que me obligue a detenerme violentamente, no recuerdo la calle con exactitud, cuando uno esta tan absorto en el alrededor deja de prestar atención a detalles insignificantes. La cuestión era que del otro lado de la calle vi el típico local de videojuegos y recordé a mi padre, amante empedernido de los juegos de los 80, mi corazón palpitaba como si estuviera en la entrada del mismísimo Disney World, deseosa por perder mi tiempo frente a Ms Pacman, encaprichada por querer batir un record, hacer una foto y enviársela a mi padre.

Saque un billete de 50 y me dirigí hacía la ventanilla con una sonrisa un poco exagerada tal vez para mi edad.

-Hola… cambio por favor – el pequeño del otro lado me miro de manera extraña, volvió su vista a su ordenador y me dio una tonelada de fichas.

-Es con fichas – mascullo mirando por encima de la pantalla del ordenador, si no fuera porque era un mocoso me recordaría a mí en la oficina.

-¿Dónde está Ms Pacman? – pregunte mirando hacia todos lados sin encontrarla, el joven movió su labio hacía arriba y levanto su mirada.

-Los clásicos están hasta atrás – señalo con un poquitillo de ganas.

Deje un "gracias" en el aire y prácticamente corrí hacía la parte trasera para encontrar mi guilty pleasure.

Iba por mi decima ficha consumida y el nivel 23 estaba delante mío desafiándome, estaba por completo frustrada, mi falta de practica era notable mi muñeca no estaba del todo rápida. Sin embargo agradecía que la ciudad fuera Nueva York y este tipo de locales estuviera abierto las 24 horas.

Hiram no había logrado pasar del nivel 42 y yo para mi desgracia solo había llegado al nivel 25.

Para lo que no están familiarizados con este juego, por cada nivel que se avanza no solo se hacía más difícil, sino que cada vez más rápido. Por lo que comer cada pedacito de "queso" como lo llamaba Hiram se hacía cada vez más complicado, más por los endemoniados fantasmitas que persiguen a Ms Pacman. ¿Dónde está la clave el juego? Saber racionar los "super quesos" que hacen vulnerables a los fantasmas para que te de la chance de comer todo un sector mientras te los comes a ellos.

"Ms Pacman es una gorda adicta a los quesos que nunca engorda" decía Hiram "y los fantasmas su postre" mi infancia fue así y realmente estaba muy agradecida por eso.

Nivel 25 y una mano blanca como la nieve se cruzó enfrente de mis ojos poniendo una ficha en la parte baja de la pantalla – puedes retirarla, no soltare la máquina – musite concentrada en la estructura de mi juego.

-Eres estructurada hasta para jugar – susurró en mi oído, evidentemente la máquina estaba vieja y había producido cientos de cortos circuitos en mi cuerpo porque el escalofrío que sentí por culpa de su cálido aliento fue indescriptible.

-Maldito y diminuto Nueva York – masculle golpeando el piso.

-Hace 20 minutos estoy viendo a Rachel Berry convertida en una chiquilla pequeña frente a Ms Pacman – espeto ella con su voz grave golpeando mi oído, maldito nivel 25 y maldita ella que no podía ignorarme.

-Aléjate – gruñí, realmente no era lo que quería pero esto era importantísimo.

-Te traeré café – lo dejó caer de manera suave como si nada y entonces sus pasos se alejaron de mí – ah estas hermosa – agregó por encima de su hombro, había que darle crédito por no ser una completa idiota en realidad.

Solo me faltaba el rincón del inferior izquierdo y el nivel 25 seria batido, rodee el centro baje con precisión hasta llegar al "super queso" comí todo el alrededor, solo quedaba la recta final y entonces toda una frenética felicidad cruzó mi cuerpo.

-Si en tu cara maldito nivel 25 – grite emocionada haciendo incluso un pequeño bailecito.

-De acuerdo estoy teniendo sexo con una mujer que ha festejado su "triunfo" como una niña de 10 años – escuche por detrás, ella claramente estaba bromeando, su tono era jocoso y divertido, pero yo no pude evitar sonrojarme - pero no dejas de ser sexy como el infierno – agrego acercándose a mí.

-Nivel 26, nivel 26 – chille nuevamente, di un sorbo al café y ella sonrió "esto no es una cita casual" ella se alejó de mí y por el rabillo del ojo pude ver que estaba jugando al Don King Kong, suspire como idiota sabiendo que a ella también le gustaban los obsoletos juegos de los ´80.

-Demonios – escuché minutos después, había perdido.

El sector derecho superior estaba despejado y me disponía a bajar al derecho inferior cuando la sentí a escasos centímetros de mi espalda. Era tan desconcertante sentir su calor pero sin que me toque.

-Hoy tienes una hermosura particular – musito con voz queda por encima de mí – estas hermosa – eso ya lo había dicho – pero infantilmente sexy – mordí mi labio y me obligue a enfocar mi atención en el juego, que en realidad era imposible cuando sentía que un calor se expandía desde entre mis piernas hasta cada parte de mi cuerpo – podría besar tu cuello y bajar por tu columna hasta… - respiro hondo por la nariz, el juego estaba perdido, su deseo se había convertido en el mío en un segundo – lamento que hayas perdido – ella no lo hacía – pero quiero que sepas que es mía, la acabo de comprar – confeso agarrando mis caderas para pegarse a mi trasero.

-¿Qué tu qué? – cuestione en un suspiro al sentir sus dedos cálidos en el hueso de mi cadera.

-Don King Kong no corrió con esa suerte – mascullo y señalo la pantalla en frente mío L.Q.F record nivel 50 rezaba la pantalla. Llevé mis manos a la boca y gire para enfrentarla.

-No me jodas – exclame.

-Me gustabas más de espalda – sonrió de lado y un pequeño hoyuelo se le dibujo en su mejilla… quise morderla pero me contuve.

-Tengo esta sala de juego retro y me faltaba un Ms Pacman – me explico brevemente, ella se llevaría genial con mi padre, demonios Rachel que dices me reproche inmediatamente – entonces tu puedes venir a jugar cuando quieras – eso sonaba genial, sin embargo imposible.

-Nada de visitas a casas… suelen tener camas – le recordé.

-Siempre te lo puedo hacer en el piso, en el sofá… en la cocina…

-De acuerdo – la corte un poco acalorada – igualmente no es buena idea toda esta cercanía – espete, ella frunció su frente y sus fosas nasales se ampliaron por el fastidio causado.

-¿A qué le tienes miedo, porque eres tan impenetrable? – exclamo girándose – sigue jugando Rachel porque mañana Ms Pacman estará en mi casa – y entonces ella simplemente se fue.

¿Seguir jugando? Ahora mi humor era una completa mierda, ella había aceptado el trato con sus reglas, solo lo tenía que respetar y todos contentos.

Entonces cuando me di cuenta la extraña estaba parada en frente mío con los puños cerrados mirándome fijamente.

-Jugaremos tu juego pero hoy me voy con mi beso – y ella lo hizo, me beso con fuerza, con hambre, me apretó contra el juego metió sus dedos entre mi pelo y tiro hacía atrás para que la mirara. Ella estaba excitada y yo más que ella – Que tengas buenas noches Rachel Berry – musito con la voz serena a pesar de que sus ojos habían adquirido ese verde oscuro deseoso y desenfrenado.

Mi corazón corría dentro de mi pecho y mis piernas temblaban tras ese asalto, ella era una maldita locura de mi nueva vida, debería alejarme pero cada vez quería más de ella. Estúpidas reglas, cuando se alejó la vi lamerse los labios y no pude evitar imaginármela entra mis piernas, lo hacía tan bien, trague con fuerza cuando me vi sola en medio de una sala de juegos.

Agarre el café y camine hacia afuera, a la noche, a la vida nocturna que a pesar de ser mitad de semana me regalaba cientos de opciones para que siguiera recorriendo, guarde las fichas que me quedaban en mi bolso y camine.

Dirigí mis pasos a donde las publicidades no paraban de cambiar, donde la luz era fuerte y las voces de las personas se mezclaban con mis pensamientos.

Tal vez podría escribirle, podríamos encontrar algún lugar donde escabullirnos y terminar con lo que ese beso había dejado.

Tal vez…

Y entonces mi teléfono vibro y mi corazón golpeo mi pecho anticipando el remitente de la llamada.

Era ella.

"Hola"

"La luz de la ciudad realza tu belleza" simple frase dicha con tal seguridad, que me había hecho temblar.

"¿Dónde estás?"

-Aquí – dijo por supuesto detrás de mí, siempre conseguía hacerlo, siempre conseguía aparecer por detrás de mí imponiéndose.

-Es increíble tu manera tan especial para aparecer por mi espalda – musite, sus manos ya estaban sobre mi cadera y su pecho pegado a mi espalda.

-Que puedo decir Rachel, me gusta mucho esta parte de ti, el contorno de tu cintura, tus piernas parecen infinitas y solo tienes un par de skinny jeans – espeto con suma tranquilidad, con el alboroto a nuestro alrededor y sus labios moviéndose sobre mi oído había logrado que no perdiera ninguna palabra.

-Volvamos a la tiende de videojuegos – dije desesperada, busque su mano y me gire para verla de la manera correcta, con las luces artificiales sus ojos parecían brillar, quería tomar una foto de sus ojos de cada vez que encontraba un nuevo color, un nuevo diseño.

Y entonces caminamos una al lado de la otra directo a la tienda de videojuegos, el dorso de su mano chocaba constantemente con la mía, me desesperaba las ganas de que entrelazara sus dedos con los míos, lo quería, quería ser llevada de su mano, pero no era eso parte del trato que nos envolvía con lo cual, me límite a seguir caminando a su lado hasta que llegamos.

Movió su pelo a un costado y le sonrió al muchacho que cuando le había pedido cambio a penas se había inmutado, en ese caso el chiquillo sonrió de una manera encantadora y dejo un "buenas noches srta Fabray" en el aire.

La condenada Afrodita y no me voy a cansar de decirlo y esta diosa griega estaba llevándome a un nuevo encuentra sexual.

Ms Pacman fue nuestra víctima.

-Coloca una ficha – dijo imponiéndose pero con suavidad. No tarde un segundo en en llevar a cabo esa orden y el juego comenzó.

Ella rodeo con su mano la mía mientras el juego avanzaba y hacía que mi estructura se desvaneciera por completo, era veloz y aguerrida para jugar, se arriesgaba a que los fantasmas la comieran para comer el "super queso" y comerlos a ellos, de esa manera tenía más tiempo libre para comer el alrededor, porque los fantasmitas no volvían juntos.

Brillante, arriesgado pero brillante.

Habíamos pasado en nivel 30 y mi corazón estaba en una carrera, ella estaba meciendo sus caderas contra mi trasero y de vez en cuando la encontraba suspirando con fuerza, conteniéndose.

Así que empecé a jugar con ella, porque para eso estaba allí a las casi 23 horas de un miércoles que no quería terminarse. Tire de mis caderas hacía atrás como cuando estuvimos en el baño de Weston Media y la escuche gruñir.

-Quieta Rachel – pidió con ese tono de voz que yo reconocía por su particular grado grave que hacía que me estremeciera – porque realmente no respondo de mí – agregó y yo sonreí, porque yo no quería que se contuviera, esa zona de la tienda de juegos estaba sola y a oscuras salvo por la luz de las pantallas de las maquinas.

Volví a golpearla con mis caderas y sentí su mano, sus dedos presionar la parte de debajo de mi cadera. Su boca llego a mi oído para morderlo y volver a gruñir.

-Así que para esto me trajiste aquí ¿verdad? – beso mi cuello y me presiono contra el juego, asentí con la cabeza – eres una chica mala y pervertida Rachel Berry – mordí mi labio cuando el juego llego a su fin en el nivel 36 – pon otra ficha y juega mientras juego contigo – volvió a ordenar y lo hice, con manos temblorosas volví a colocar una ficha y reanudar el juego.

Desabrocho mi jean y comenzó a lamer mi cuello de vez cuando arrastraba sus dientes con fuerza haciendo que me mordiera los labios para no gemir.

Bajo levemente mi jean y su dedo comenzó a trabajar mi zona palpitante.

-Eres increíble, mira como estas – gimió en mi oído y me deje, eche mi cabeza hacía atrás para que tuviera mejor acceso a mi cuello y mi boca – no te das una idea de las ganas de comerte toda que tengo, de solo hacerte venir con mi boca – me agarre del juego y abrí mis piernas, necesitaba algo más de lo que estaba haciendo.

Y lo entendió, bajo aún más mi pantalón y llevo dos de sus dedos a mi boca que no tarde en chupar, seguía pegada mi culo, meciéndose con cada vez más fuerza, me estaba volviendo loca todo esto. Saco sus dedos de mi boca y los llevo directo sin vacilar a la entrada de mi sexo, atrapo mi grito en su boca inundándola de la misma manera pero con su lengua.

Y fue todo tan mortífero, se deslizaba con fuerza a la vez que ejercía presión sobre mi clítoris, me sentía tan mojada, abría un poco más las piernas y ella agrego un nuevo dedo haciéndome jadear.

-Necesito que me toques Rachel, vamos – salió de mí en un tirón subió mi pantalón y me llevó directo al baño y a penas cruzamos la puerta jalo de mi muñeca para hacerme caer en su pecho agitado, fueron dos segundos en los que sus ojos cayeron sobre los míos, los cruzaba una estela de emoción, adrenalina y deseo por igual.

Cerró la puerta con la traba y me cargo hasta el lavabo.

-¿Cuánto tiempo crees que tendremos? – pregunte atrayéndola con mis piernas por su cintura.

-El suficiente para salir temblando – respondió agarrando la cintura de mi jean y tirando hacia abajo con ropa interior incluso – la vi hacer lo mismo con su pantalón mientras desabotonaba su blusa.

Era tan jodidamente hermosa, como sexy, me encantaba que pocas fueran las veces que llevaba sujetador porque sus pechos eran perfectos y sin dudar me abalancé sobre ellos, mordisqueando suavemente, de repente lo único que quería era hacerla gritar, ser yo quien le diera un buen orgasmo y me separe lentamente.

-¿Qué sucede? – preguntó sus pupilas dilatas de deseo.

-Nada – conteste bajando del lavabo y empujándola hacia la pared, se dejó hacer sorprendida por la actitud de mando que estaba teniendo y me excite aún más si podía, quería sentir su sabor en mi lengua, quería que se derritiera como lo hacía yo cuando ella lo hacía conmigo.

La bese asaltando su boca y extendiéndome a cada parte de su cuerpo, porque quería estar en todos lados de su cuerpo y así mientras devoraba unos de sus pezones, rodee su clítoris con mis dedos y lo presione.

-Madre santísima – jadeo agarrándome por la cintura, me separe de su pecho para mirarla, verla mientras mi mano trabajaba sobre ella – me encanta – dijo y sonrió pícaramente – que me mires así – agrego y mordí mis labios tentada en arrodillarme en ese preciso momento y saciar mi deseo y el de ella.

Barrí hacia abajo con mis dedos y jugué con su entrada, sus ojos sobre los míos, su rostro lleno de placer me indicaba que todo lo que estaba haciendo era lo correcto.

-Quiero probarte – dije sobre sus labios y ella asintió frenéticamente – quiero conocer más que el sabor de tus besos – musite y ella amplio sus ojos cuando entendió a lo que me refería – pero voy a necesitar que me guíes ¿de acuerdo? – pregunte deslizándome hacia abajo con sus ojos puestos en mí.

-Demonios si… solo… solo haz lo que te gusta a ti – respondió expulsando el aire que estaba al parecer conteniendo.

Lo que me gusta a mí.

Subí una de sus piernas a mi rodilla y la mire directo a los ojos, asomé mi lengua y acaricie con la punta su clítoris, suave, caliente y húmedo, una combinación que solo hizo que se acrecentaran mis ganas de ella y hacía tire de su piel sensible hacía arriba, con tal lentitud, era todo tan nuevo para mi y supe que no era el lugar indicado, era algo realmente intimo para hacerlo en un baño público pero no iba perder la oportunidad de llevarme ese placer a mi casa, a mi registro de experiencia sexuales recientes.

Se estremeció. Se agito, se balanceo sobre mi lengua buscando aumentar la fricción y entonces cuando incluso hasta yo misma me sentía al borde me deslice adentro de ella con la lengua.

La gloria, su rostro, el cruce interminable de sensaciones revueltas en su rostro sudado, en su pecho que subía y bajaba errático, el calor interminable que emanaba de su interior.

Me salí levemente y volví a hundirme otra vez, más fuerte, sus piernas me presionar los costados y su interior se contrajo.

-Rach ya…-

Lo sabía, sabía que estaba a punto de venirse y volvía hundirme una y otra vez hasta que sus manos se aferraron a mi cabello y termino doblándose cuando su orgasmo estalló sobre mi boca, su gemido retumbo con violencia en aquel baño, sus piernas se había aflojado y yo no pude evitar sonreír por el cometido.

Bese suavemente sus muslos, su cadera mientras subía hacia su rostro, bese su abdomen que continuaba tenso, sus pezones aun erectos y sus labios rojos de lo que estuvo mordiéndose los labios para evitar gritar.

-Eres deliciosa – espete antes de besarla.

Estaba exhausta, se le notaba y aun así, mientras nos besábamos entro en mí sin cuidado, consciente de que estaba mojadísima, me quito el aire y sonrío sobre mis labios.

-Muévete, estas a punto lo sé… y mira al espejo como chocas contra mí – indico su pulgar sobre mi clítoris y dos dedos dentro mío, la vista de ambas sobre el espejo y un par de empujones para venirme como nunca, como cada vez que me encontraba con ella y esto sucedía.

Parecía saber cómo leerme con exactitud, sabía que era lo que me gustaba aun cuando jamás lo había hecho antes, lo más aventurado que había hecho sobre el sexo era hacerlo en la alfombra de casa con Jesse algo borracho y había durado más bien como una entrada en calor.

Y ahí estaba yo teniendo sexo con una desconocida en el baño de una tienda de videos juegos de la ciudad de los sueños, de una salvaje Nuevo York que seguía trayendo a mi vida una revolución de orgasmos.

Caí sobre su hombro expuesto y lo bese, ella subió mi pantalón y lo acomodo con ternura, era increíble como lograba deshacerse de esa imagen de mujer caliente y dejaba paso a esta mujer que me llenaba de calidez.

Me recompuse, impulsada por ese sentimiento de no volver a caer en lo mismo y recordé el trato al mirarla.

-Es hora de volver a casa – dije girando hacia el espejo, acomode mi pelo y la vi refunfuñar molesta, abrocho su camisa lentamente y me miro por el espejo - ¿qué? – pregunte.

-Espero que el miedo alguna vez se te vaya – contesto y camino directo a la puerta, me dejo sola allí.

En ese momento no lo supe, pero esa noche de miércoles había roto levemente la coraza que Quinn Fabray llevaba y la que yo misma había puesto.

Su mirada estaba desolada en cuanto abandono el baño y mi corazón me había dado una patada directa en forma de reproche.

El trato era una mierda.


Pido disculpas por el retraso, se cayeron las lineas de internet y la competencia me tiene entrenando un poquito de más.

Espero que la disfruten.