Lux in tenebris.

Hola. ¿Como han estado? Espero que muy bien. Sé que quieren matarme por tardar tanto en actualizar, un mes creo... no es tanto (lo dice quien tardo casi un año en actualizar una historia). No se preocupen, no pasara con esta.

Antes que nada quiero agradecer a quienes se han tomado el tiempo de leer y comentar.

Muchas gracias:elizatao1 , ZombieCuak, Zero59Mine , Karinio, Sushimatsu, Bloody Renan , .7 , hitomi79, atziig , LaV3nus6, Mask Jack Palacios, Arialys85 , yuli-sama , Gary , PenguinShoot , Hitomi Fubukii, merry kirkland y AlexHollow801.

Sus comentarios me dan mucho animo para seguir.

Espero que les guste.


Lux In Tenebris.

VII- L'origine del caos.

La temperatura del lugar había descendido de manera considerable, podías sentir tu piel erizarse y las heridas parecían querer abrirse de nuevo por el esfuerzo que hacías al respirar. Sus pasos resonaban por el gran salón principal del castillo negro, un castillo sin puertas donde solo los shinigamis que podían volar lograban entrar; era extraño que una puerta que no debería existir se abriera justo ante sus ojos. Karamatsu no parecía notarlo, tal vez era debido a que solo los corrompidos como tú podían verlo.

El lenguaje demoníaco en la puerta te lo advertía, "ningún vivo entra en este castillo y sale siendo el mismo". Estabas preocupado por Karamatsu y estabas preocupado solo por él porque no valía la pena preocuparse por alguien que ya estaba muerto.

Cada paso era una tortura, no podías mantenerte en pie, mas si caías en ese momento la preocupación de Karamatsu podría costar caro, después de todo... estaban en territorios desconocidos.

Podías ver tu aliento en una muestra clara de que la temperatura había bajado demasiado y entonces todo se volvió oscuro.

Frente a sus ojos muy elevado de donde creías estaba el suelo, una luz de color rosa apareció, era una esfera rodeada de flamas en tonos rosados que se dividió en dos y comenzó a arder formando poco a poco un cadáver completo que después fue rodeado con cenizas que formaron una túnica. Ante sus sorprendidos ojos apareció Lord shinigami. La muerte misma en persona.

—Pero miren quien esta aquí...—su voz resonó haciendo eco en el lugar, era como si múltiples voces hablaran al mismo tiempo dándole un toque algo aterrador a su voz, de pronto te era más difícil respirar. —Son los amantes trágicos. Esta vez... no voy a devolverles su alma. Están advertidos.

Y con un rápido movimiento, ante los dos apareció una enorme guadaña que reconocías como tuya. Karamatsu te escondió detrás de él, su espalda ancha ahora se veía más grande en comparación a como estabas en ese momento. Te sentías débil y pequeño.

Aunque no tenia mucha fuerza Karamatsu invoco su arma desde su marca de Vesta, era una sencilla espada que no parecía tener oportunidad contra la majestosa guadaña que sostenía la muerte.

—No venimos a pelear. —Dijo Karamatsu a pesar de haber invocado su arma no se veía con mucho animo de un combate, esto era quizás porque al no funcionar su fuente su poder era bastante limitado. Tenían todas las de perder, incluso si querías ser optimista.

—¿Entonces porqué has invocado tu arma? —pregunto el espectro, arrugando las cejas.

—Porque usted lo ha hecho primero. —respondió Karamatsu. El pálido chico sonrió amplio desapareciendo su guadaña en un movimiento, haciéndola girar se transformo en cenizas hasta que no quedo nada de ella.

"No bajes la guardia..." dijiste, pero tu voz era tenue, estabas seguro que Karamatsu no te había escuchado. Ibas a decirlo de nuevo, pero la voz del enemigo resonó sobre tus palabras.

—Lo siento. Tienes razón... ¿Donde están mis modales? —El shinigami era rápido al moverse, en menos de un segundo ya estaba frente a Karamatsu y había dejado una estela de cenizas rosadas por el camino que había tomado. —Un gusto verte de nuevo, Tenebris. —te lanzo una mirada antes de que su aniñado rostro se volviera por completo una calavera.

Sentiste a tu guadaña acercarse.

—¡Cuidado! —Tu voz salio con fuerza, casi sentiste desgarrase tu garganta y sin embargo no fuiste lo suficiente rápido para advertirle a Karamatsu el cual, aunque pudo usar su espada de escudo, salio lanzado hasta el otro extremo de la habitación.

—Tch... casi te parto en dos. — el shinigami parecía divertido, pero al mismo tiempo arrugaba las cejas en una mueca de preocupación. Su rostro había vuelto a ser "humano".

—¡Karamatsu! —trataste de ir hacia donde estaba el Vesta, más una estela de luz rosada apareció frente a ti. A penas lograste levantar los brazos para cubrir tu rostro y sentiste un fuerte golpe en los antebrazos que logro lanzarte hasta el otro extremo de la habitación contrario a donde había caído de Karamatsu.

—¡Ichimatsu! —te llamo corriendo hacia ti, se veía tan preocupado. Incluso aunque estaba sangrando no parecía importarle, que se preocupara por ti te hacia sentir un poco mejor.

—Estoy bien... —Tu cuerpo se sentía adolorido, necesitaste la ayuda de tu Vesta para poder ponerte de pie.

—Quédate detrás de mi, Ichimatsu. —si estuvieras en mejores condiciones y no estuvieran en peligro de muerte harías un chiste sobre eso. —Te protegeré. —aseguro.

El hermoso y pálido rostro del espectro se volvió una calavera con cuencas vacías, sentiste tu guadaña acercarse. Lograste jalar a Karamatsu hacia abajo antes de que el filo de la guadaña pasara a centímetros de su cabeza.

—Les advierto que esta vez, aun si mi madre me exige devolverles su alma... no lo haré. —el shinigami se elevo por varios metros encima de su cabezas, tuviste que voltear hacia arriba para verlo flotar entre fuego rosado que salia debajo de su túnica.

—Supongo que no hay opción. —Karamatsu se paso la manga de la camisa por la frente, limpiando la sangre que antes escurría por su rostro. Dando un suspiro de resignación cerro los ojos, al abrirlos de nuevo pudiste ver ese enigmático brillo cobalto que indicaba había entrado a su estado Vesta. Karamatsu paso sus dedos indice y medio por el filo de su katana, esta se iluminó con un fuego azul.

Estaba forzando su cuerpo al máximo.

—¡Karamatsu, no! Tu cuerpo no soportara... —trataste de hacerlo regresar a su estado normal, pero este se negó. Dando unos pasos hacia el frente se alejo de ti y antes de que pudieras seguirlo pudiste ver una especie de fuego azul cielo rodeándote. Un escudo.

Tembloroso y sin la fuerza necesaria para romper el escudo y salir a ayudar a Karamatsu te limitaste a ver fijamente el combate. Los ataques de el shinigami no solo eran poderosos, sino que también eran bastante rápidos, podías ver como cada segundo que pasaba a Karamatsu le era más difícil esquivarlos y detenerlos. Tu percepción sobre tu guadaña estaba desapareciendo, ya no podías sentir que iba a venir y de pronto uno de los ataques contrarios lanzo disparado a Karamatsu hacia uno de los pilares de el castillo negro.

—¡Karamatsu! —podías escuchar pedazos del pilar cayendo hacia el suelo,antes de eso, un sonido de algo romperse. Karamatsu no se levantaba del suelo. Con fuerza golpeaste el escudo, incapaz de salir de él para ir a donde se encontraba tu Vesta. —¡Karamatsu! —golpeaste con tanta fuerza el escudo que tus nudillos se volvieron rojos, pero seguías sin poder moverte. Tus piernas no pudieron sostenerte más y caíste de rodillas, te sentías roto e inútil —¡Karako! — gritaste en un tono lastimero, frente a tu campo de visión apareció el shinigami, su rostro era completamente humano y dibujaba una mueca de desagrado, su mirada de desdén te hacia hervir la sangre.

—¿Por qué? Aun no puedo entenderlo... —el shinigami hablo en un susurro. —¿Por qué darías tu inmortalidad por ese sucio contenedor? Tenebris...Descubriste algo que nosotros ignoramos ¿no es así?.

¿Tenebris? ¿Quien demonios era Tenebris?

—Yo puedo traerte de regreso, solo tienes que morir en esta habitación. —una sonrisa se dibujo en su rostro, una de sus manos esqueléticas se asomo por debajo de la capa hecha de cenizas y fuego, acerco esa mano hacia ti, fue a penas un dedo huesudo que toco el escudo y este se desquebrajo ligeramente. Pero antes de que el escudo empezara a romperse el sonido de algo siendo atravesado resonó en el lugar. Era el sonido de algo metálico golpeando contra hueso.

Frente a tus ojos, allí donde el dedo del esqueleto había tocado segundos antes, estaba clavada una espada que despedía un fuego de un azul marino. Te basto con mover ligeramente la cabeza hacia un lado para ver que la espada de Karamatsu había atravesado el torso del shinigami y cada hueso de su brazo hasta su dedo.

—No toques a mi Ichimatsu. —gruño Karamatsu.

—Insolente exorcista... —siseo el shinigami, su cara se volvió completamente de esqueleto, fuego rosado salia de sus cuencas vacías y mientras este desaparecía entre cenizas tu guadaña apareció en el techo haciendo múltiples copias las cuales iban cayendo desde arriba atacando a Karamatsu. Por suerte y a pesar de que estaba herido Karamatsu era más rápido en su estado Vesta y logro esquivar con éxito todos los ataques dando algunas piruetas hasta llegar al escudo, recuperando su espada justo a tiempo para regresar el ultimo ataque de la guadaña el cual lanzo de regreso al shinigami.

La batalla entre el sacerdote y el shinigami empezó de nuevo.

Lo observaste atento, había algo que habías notado. Desde que el shinigami había invocado la guadaña no la había tocado ni una sola vez, aunque sus ataques podían manipular hasta cierto punto tu guadaña. Ya que no te quedaba más opción que observar tu atención se fijo en el shinigami y en la forma de reaccionar de tu guadaña, a poco empezaste a entender su patrón de ataque.

Cuando la mitad izquierda de la cara de el shinigami se volvía de esqueleto un ataque de la guadaña venia desde la derecha, cuando la mitad derecha se volvía esqueleto el ataque de la guadaña venia desde la izquierda; Ahora bien, cuando la cara del espectro se volvía completamente de calavera y fuego rosado salia de sus cuencas vacías un ataque venia desde arriba. Una vez que lo entendiste pudiste desde tu lugar darle indicaciones a Karamatsu solo viendo el rostro de el shinigami.

—¡Viene un ataque desde arriba, ahora uno por la derecha! !A tu derecha otra vez! —cada vez la muerte parecía más frustrada por no lograr darle al exorcista. —¡Salta!

La guadaña paso a centímetros de las piernas de el exorcista, una sonrisa burlona se dibujo en tus labios al ver la frustración en el rostro del shinigami, entonces su rostro se volvió diferente, más sombrío con las grandes cuencas vacías carentes del fuego rosada de sus pupilas. La guadaña fue directamente hacia Karamatsu quien utilizo su espada de escudo, en un rápido movimiento la oz cambio de dirección chocando de frente contra el escudo que te protegía. Como antes cuando el espectro lo toco, a penas tu guadaña tuvo contacto con el escudo este se partió en mil pedazos dejándote desprotegido.

—Mierda... —empujaste tu mano hacia arriba tratando de cubrirte del ataque, pero tus dedos rosaron con el metálico filo del arma y esta se desvió regresando al atacante.

—¡Ichimatsu! —Karamatsu te llamo preocupado, tus dedos no tenían daño alguno aun cuando habían tenido contacto directo con el arma. ¿Podría ser que...?

—Estoy bien, no te preocupes por mi. ¡sigue! —le ordenaste al de ojos azules, ese brillo enigmático se estaba acabando, estaba llegando a su limite, si la pelea no terminaba pronto Karamatsu podría morir.

Desde tu lugar seguías dando indicaciones, "arriba, a la derecha, salta, vienen desde arriba, a tu izquierda". Estabas esperando el momento justo para llevar a cabo tu plan y entonces los ojos del espectro se pusieron completamente negros y cuando Karamatsu esquivo la guadaña esta fue directo hacia ti. Juntando toda la fuerza que tenias te pusiste de pie encarandote al ataque, tenia que resultar, aun si el arrasador poder de la guadaña te rompía los huesos. Tus manos se pusieron en posición y cuando el filo estuvo a centímetros de tu cuerpo tomaste con fuerza el filo de la guadaña; esta regreso de inmediato hasta donde estaba el espectro, pero ya que no la habías soltado en ningún momento fuiste jalado también, dando tu ultimo esfuerzo pateaste la guadaña la cual se clavo en el cuerpo de el shinigami.

—¡Karamatsu! —gritaste su nombre mientras caías, él entendió la señal y con precisión arrojo su katana al contra filo de la guadaña, la fuerza del impacto fue suficiente para que la empujara y el filo atravesara por completo el cuerpo del espectro el cual lleno el lugar de gritos mientras su cuerpo se hacia pedazos.

El sacerdote logro atraparte antes de que cayeras de cabeza contra el suelo, pero él también estaba tan débil que los dos cayeron contra el suelo. La habitación se quedo en un silencio sepulcral.

Podías sentir los dedos del mayor acariciar ligeramente tu rostro, podías sentir como se hundían en el cabello de tu nuca y como era dejado un suave toque cálido en tus labios. Abriste los ojos encontrándote de frente a las orbes azules que eran los ojos de tu Vesta. Ugh.. era tan brillante que te resultaba doloroso de ver.

—Ganamos. —te susurro, dibujando una enorme sonrisa en sus labios, esa sonrisa que tanto te gustaba y que parecía ser contagiosa. Te daban ganas de sonreír solo con verlo, pero tus labios no logran si quiera curvarse en una sonrisa cuando algo llamo tu atención. Karamatsu también giro el rostro para verlo.

—¡Voy a destruirlos!

La voz ahora más potente hizo eco en el lugar, el suelo empezó a temblar con fuerza mientras frente a sus ojos las cenizas ardían en tonos de violeta, rosado y rojo formando de nuevo al shinigami, esta vez sin su rostro humano, hecho completamente de huesos y diez veces más grande al tamaño que tenia originalmente. Esta vez no invoco la guadaña desde su nuca, sino que los huesos de su mano derecha se unieron de tal modo que formaban una guadaña de fuego y huesos. El shinigami movió la guadaña hacia la dirección donde se encontraban, el arma de Karamatsu había desaparecido en ese ultimo ataque y no le quedaba energía para invocarla de nuevo. Esta vez era el fin.

O ese pensaste.

Y de pronto los cielos se abrieron, la luz celestial irrumpió en el gran salón oscuro del castillo negro, abriéndose paso desde el techo algo bajo desde el cielo. Un sonido metálico se expandió por el lugar, el arma del shinigami se hizo pedazos frente a la espada divina de Tyr.

En menos de un segundo la luz volvió al salón, el rostro de el shinigami volvió a ser "humano" mientras una figura de manto blanco ponía sus pies descalzos en el suelo de mármol.

Tus ojos no podían creer lo que veían, pero por la expresión de sorpresa de Karamatsu podías darte cuenta de que no se trataba solo de ti o una alucinacion, de verdad estaba frente a ustedes. Su cabello negro escurría algunas gotas, su ropa se pegaba a su cuerpo, los ramos de olivo en su cabello parecían brillar como el rocío de la madrugada, cuando una de sus delgadas manos tomo la espada divina esta volvió a ser de su tamaño (y no de algunos metros como cuando cayo del cielo para detener el ataque del shinigami), el ser de luz volteo el cuerpo hacia su dirección, pudiste ver unos ojos verdes como esmeraldas viéndolos con preocupación. A paso lento se acerco y con cuidado tomo tu mano derecha y la mano derecha de Karamatsu, cuando se alejo extrañamente se sentían con las fuerzas suficientes para ponerse de pie por si solos.

—Es la diosa de el lago. —te susurro Karamatsu, un escalofrió te recorrió completo al sentir su cálido aliento en el oído.

—No es una "diosa" pero si, algo así... —respondiste alejándote un poco, sus miradas se clavaron en la deidad.

—No, Totty. No puedes matar a mis exorcistas. —le recrimino en tono cariñoso al shinigami.

—No me llames "Totty" soy "Todo" el inicio, la purificación y la muerte! —se quejo Todo, parecía un niño ahora comportándose así... eso si ignorabas el hecho de que hace solo segundos daba más miedo que un demonio.

—Disculpen a mi hijo, saco lo testarudo de su padre. —explico el de blanco sonriendo hacia su dirección. —Entiendo porqué están aquí, Jyushimatsu me lo explico. Me encantaría ayudarlos pero no puedo, lamentablemente me encuentro en un profundo sueño justo en ese momento. Ahora mismo soy solo una proyección de mi yo real.

—¿Eso quiere decir que no puedes ayudarnos? —pregunto Karamatsu, tu te limitaste a ver fijamente a la deidad del lago.

—Bueno, los asuntos de los Fontus y los Vestas le confieren a mi Totty, pero estoy seguro que él les ayudara con gusto.

—¿Y porque debería hacerlo? —se quejo la muerte, el de blanco le lanzo una mirada de reprimenda.

—No solo porqué es tu deber, como "Todo", sino también porqué todos estamos de el mismo lado. —hablo en tono tranquilo el de blanco. —Osomatsu esta ganando fuerzas y si no hay nadie aquí para detenerlo los destruirá a todos. Y tu sabes lo que pasara si los humanos mueren...

Todomatsu pareció meditarlo un momento, pero al final asintió lleno de resignación.

—Excelente. —la diosa del lago sonrió. —Buen trabajo el de ustedes, Karamatsu, Ichimatsu . Nos veremos pronto. —y así como llego, desapareció en cuestión de segundos.

La muerte no parecía muy contento de seguir las ordenes de la diosa del lago, refunfuñando se cruzo de brazos por unos minutos.

—¿Y bien? —preguntaste enarcando una ceja, el shinigami frunció el ceño.

—Tengo que ir a hablar con mi madre. Les dejare un guía que los lleve por el castillo mientras regreso. —chasqueo los dedos y un gran cuervo negro llego desde la oscuridad al tocar el suelo se trasformo en un hombre joven, de pálida piel y ojos plateados como el filo de una espada. Sentiste un ligero apretón en tus dedos, Karamatsu tomaba tu mano pero sus ojos seguían fijos en ese chico.

—Les presento a Atsushi, mi shinigami preferido. —dijo Todomatsu en tono meloso, pasando su brazos por el cuello del castaño. —Originalmente iba a ser un sucubo, hijo de una humana y una deidad demonio. Pero, lamentablemente no pudo nacer. —había un ligero tono burlón en las palabras de Todomatsu, no entendías muy bien porque, pero al sentir como tu mano era apretada con más fuerza tu mirada paso de los shinigamis a tu vesta.

Karamatsu tenia los ojos abiertos como platos unas pequeñas lagrimas amenazaban con caer de sus parpados, sus labios temblaban ligeramente y la mano libre se sujetaba el estomago. ¿Que estaba pasando?

—Karamatsu... —lo llamaste y él salio de su trance.

—Bueno, los dejo a los tres. Seguro que tienen mucho que comentar. —dicho esto el shinigami mayor desapareció dejando una estela de cenizas rosadas.

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En silencio siguieron al extraño shinigami. ¿Que era lo que lo hacia tan extraño? Normalmente los shinigamis podían volar sin necesidad de tener alas, pero este chico no solo tenia alas, sino que eran negras y largas, además de que al parecer podía convertirse en cuervo... Ahora desconfiabas de todos los cuervos que habías visto en toda tu vida.

Continuaron caminando siendo muy cuidadosos por los diversos salones del castillo shinigami, quizás para ellos que flotaban era algo muy fácil, pero para humanos como Karamatsu y tu era difícil caminar si tenían que cuidar sus pasos, debajo de sus pies había grandes abismos que parecían no tener fondo y de los cuales se escuchaban algunos murmullos que no pertenecía a este mundo.

Una puerta dorada con incrustaciones de diamantes de unos diez metros de altura se abrió cuando el chico la atravesó, al entrar allí los esperaba Atsushi.

—Esta es la habitación de las velas. —explico mientras seguía flotando despacio. —Cada una de estas velas representan un alma humana.

A donde quiera que miraras no había más que velas encendidas, algunas se derretían formando una nueva vela debajo de ellas. Algunas eran muy grandes, otras demasiado pequeñas y aun si la brisa fría que dejaba el shinigami a su paso agitaba las llamas estas no se apagaban.

—¿Que significa esto? —pregunto Karamatsu señalando una de las velas que estaba formando otra.

—Significa que cuando esa persona muera, su alma volverá. Cada una de estas velas representa una vida, si Todomatsu-sama las apagara no volverían a encenderse, pero él es el encargado de que no se apaguen. También es quien da la vida, pero ya que el lago de las almas fue destruido por Osomatsu... no se pueden hacer más.

—¿El lago de las almas? —susurraste hablando más para ti mismo que para tus acompañantes. —Entonces... estas son todas las que quedan...

Entendías algo, cuando eras niño habías leído sobre algo llamado "El lago de las almas", según decía el lago donde nació la diosa del lago, era capaz de crear almas nuevas y puras, la diosa les daba vida y las mandaba al mundo, a veces regresaban siendo puras y las usaba de nuevo, pero si se corrompían en el viaje por el mundo las almas ibas a donde la muerte y este las destruía para siempre.

Si Osomatsu; antes dios de la muerte y ahora dios del inframundo, había destruido el lago de almas, eso significaba que la nueva muerte (Todomatsu) contaba solo con almas limitadas que purificaba y reencarnaba una y otra vez. Si esas almas se destruían todo seria un caos. Todo se acabaría. ¿Con que propósito?

Tu mirada se fijo entonces un unas cuantas velas, a diferencias de la otras que eran blancas esta velas eran de color negras y parecían burbujear como el alquitrán caliente.

—¿Por qué esas velas son negras?

—Esas velas representan a los humanos que han vendido su alma a un demonio, las velas se consumen y sus almas son tomadas por los demonios así que dejan de existir. —explico Atsushi, su mirada parecía mostrar algo de tristeza al ver las velas así.

—¿Y esa? —Karamatsu señalo una vela que no habías notado, era más grande que las otras y su luz resplandecía con fuerza. Aunque parecía arder no se consumía y se mantenía intacta.

—Esa es la vela de un curandero. Es dorada porque son casi deidades, imposible de apagar porque son inmortales. —explico el shinigami, tu mirada entonces busco otra vela igual y la encontraste, era la vela de Homura. Dorada, pero a diferencia de la del curandero esta si se consumía. —Cuando ella muera se convertirá en un ángel, entonces no necesitara una vela. —Explico el castaño. —Las velas de los exorcistas tienen un color diferente.

—¡Encontré mi vela! —dijo Karamatsu desde el fondo de la habitación. Su vela era de color azul, igual que sus ojos—Parece que viviré mucho.

—Mm... —cerca de la vela de Karamatsu se encontraba la tuya, esta era más pequeña que la de Karamatsu. Era la vela más extraña de todo el lugar, con trozos violetas, dorados, negros y blancos. Lo peor de todo a punto de consumirse por completo. —Vayámonos. —susurraste, impidiendo con tu cuerpo que Karamatsu lograra ver "tu alma".

El siguiente salón era aun más extenso que el anterior, un destello rosado apareció frente a los tres y Todomatsu se manifestó. Parecía un poco intranquilo, pero sonrió al ver el lugar.

—Ya regrese. —abrazo por el cuello a Atsushi y le dio unas cuantos besos melosos antes de flotar lejos. —Mi padre, por dios cuanto odio a ese tipo. Debería pudrirse en el inframundo por siempre. No solo me robo mi preciada guadaña, sino que te la entrego a ti. —dijo señalándote, lanzándote una mirada de desdén. —Pero bueno, ya tendremos tiempo de llegar a eso. Vamos a arreglar el problema de tu fuente.

Todomatsu extendió los brazos, la habitación se volvió oscura, te tambaleaste ligeramente al sentir un jalón hacia el frente y en menos de un segundo ya estaba en otra habitación.

—Esta es la habitación de las fuentes. Todas las representaciones de las "Fontus" están aquí. Desde la primera... —señala una sencilla fuente que parecía llevar años seca. —Esta la actual. —no señalo ninguna en especifico ya que el camino de fuentes parecía extenderse por kilómetros. —Tengo que confesar que esta es mi favorita. La fuente de Karako. —Todomatsu floto hasta el frente de una fuente, esta tenia muchos elementos, parecía esta hecha de otras tres fuentes pequeñitas, adornadas con flores azules desde la base hasta la punta. Algo llamo tu atención y la de Karamatsu. En el piso superior de la fuente estaba representada la imagen de una mujer de largo cabello que tomaba la mano de un espíritu alado de alas negras.

—Tenebris.

—Karako. —susurraron al mismo tiempo, luego se miraron con confusión. ¿Que significaba eso?

Restandole importancia llegaron a la ultima fuente. Si las otras habían resultado ser extrañas esta lo era aun más, se suponía que tenia elementos que caracterizaban el alma de la fontus, pero esta estaba rota, parecía a punto de caerse a pedazos. Una ala blanca y una ala negra se unían formando el piso medio y dos guadañas subían hasta el el piso superior hecho de flores, en la cima una mujer lloraba a cuenta gotas y estas gotas caían lentamente por la fuente.

—Esta es tu fuente. Como puedes ver esta rota y casi seca. Eso significa que estas muriendo.

—¿Como puede arreglarse eso? —pregunto Karamatsu de inmediato. Estaba claro que no iba a dejarte ir.

—Adentro, tienes que entrar al fondo de la fuente y encontrar lo que te hace ser una Fontus. —Todomatsu sonrió. —¿Lo harás?

—Lo haré. —dijiste seguro, dando un paso hacia la fuente.

—Yo iré contigo. —Karamatsu te alcanzo. Ibas a negarte pero el shinigami interfirió.

—Esta bien, esto es algo que les concierne a los dos. Buena suerte.

¿Que quería decir con eso? No lo sabias. Cuando Karamatsu tomo tu mano y te regalo esa sonrisa que te decía que todo iba a estar bien no tuviste más dudas. Dando un paso y otro más juntos los dos se hundieron en el agua de la fuente.

Era un vistazo al pasado...


¡Chan,chan,chan!

Y eso es todo por este capitulo, espero que les guste.

Los siguientes capítulos serán la historia de el pasado, así que para quienes esperaban Osochoro sus plegarias serán escuchadas!

Nos leemos pronto.

saludos~