Nos dirigimos hacia la mesa más alejada de la cafetería, podía sentir millones de miradas a mis espaldas pero estaba segura de que cuatro en particular provenían de los hermanos Cullen. Nos sentamos y nos quedamos ahí, inmersos en un silencio un tanto incomodo.
- Y bien… ¿Me querías hablar de algo en particular?- preguntó finalmente, mirando la bandeja de comida que recogí mientras caminábamos hacia la mesa.
- Yo… si… es un poco complicado de explicar- dije nerviosa.
- Voy a tratar de comprender, no te preocupes- dijo ofreciéndome esa sonrisa que deslumbraba a cualquiera.
- Bien…mira, sé que eres… diferente- comencé un tanto insegura.
- Mmm… ¿Diferente? Bueno, a lo mejor soy un tanto extraño pero…
- No…me refiero a diferente de diferente… de otro tipo de "humano"- intenté explicarme, tratando de que entendiera la indirecta.
- ¿Qué? No entiendo.
- Arg… sé que eres un vampiro… sé todo de ustedes- dije dando un suspiro de alivio y después otro de preocupación. La sola idea de que él nunca más me digiera un simple "Hola" me aterrorizaba.
- ¿Co-cómo sabes eso?- logró articular abriendo los ojos a un tamaño impresionante.
- Bueno, eso un poco difícil de explicar…
- Como ya dije, trataré de comprender.
-Bien… hay… un libro - dije mientras trataba de pensar si contarle era una buena o mala idea.
-¿Un libro? - inquirió alzando una ceja.
- ¿Sabes? No me hagas caso, la cosa es que sé lo que son ustedes… todos los Cullen.
- Esto está mal… ¿Pero qué rayos pasa? Alice debería haber visto algo… ¿Por qué no me aviso de esto?… Estoy confundido ¿Y por qué no puedo leer tu mente?… ¡Esto es increíble! ¡No puede estar pasando! - dijo más para si mismo que para mi.
-¿Qué? - pregunté confusa.
-Lo siento, hablaba solo…
-¿Lees la mente? - solté tras analizar sus palabras - Eso aún no lo sabia…
-Si…
- ¿Y qué hace tu hermana… Alice?
- Ella ve el futuro, o mejor dicho las decisiones que las personas toman acerca de su futuro. Y Jasper, el rubio que está a su lado, puede controlar las emociones.
- ¡Wow! ¡Genial! - exclamé.
- Sí, genial… pero no es tan divertido. Además tú… ¿qué eres?- me preguntó entrecerrando los ojos.
-Emm… ¿No es obvio? Una humana, claro- dije haciendo una mueca con mi cara para mostrar lo lógica que era la respuesta a su pregunta.
- ¿Segura?
- ¿Me estás preguntando si estoy segura de que soy humana y no otro tipo de ser?
- No, no… está bien… es que, eres diferente.
- Si te refieres a diferente como extraña lo soy, pero sí soy humana -dije soltando una risita.
Esa conversación se me hacia cómica. ¿Él estaba cuestionando mi humanidad?
Nos pasamos toda la hora conversando acerca de los vampiros… si antes me llamaba la atención todo eso, ahora sí que estaba encantada con ellos. ¡Su mundo era tan intrigante y misterioso! Era como si te llamara a tratar de descubrir más sobre ellos.
Sonó el timbre para entrar a mi siguiente clase: Química. Esa clase me gusta bastante, así que no me podía quejar.
Edward me acompañó hasta la puerta del salón…
- Bella, ya que… sabes todo sobre los "Cullen", será mejor que conozcas a mis otros hermanos. ¿Te espero en el aparcamiento al final de clases?- me preguntó mientras se apoyaba en el marco de la puerta.
-Emm… ¡Claro, será genial!
- Ok, te espero afuera entonces.
- Bien, adiós - dije dándome vuelta y entrando al aula que, como de costumbre, estaba medio llena.
Me dirigí a la última mesa y me senté del lado de la ventana, mientras por mi cabeza pasaban miles de pensamientos.
Todo era increíble y aterrador, pero lo increíble era más fuerte. Los vampiros existían… Edward existía. Lo que me inquietaba era que aún no podía descifrar por qué estaba sucediendo, era emocionante pero algo raro… ¡Necesitaba saber! ¿Por qué ellos fueron allí? Y la pregunta que más miedo me daba responder… ¿Se iban a quedar?... Esperaba que si, porque sería decepcionante volver a ser la chica invisible del pueblo.
No sé a ciencia cierta como pasó el tiempo pero el profesor anunció que la clase había terminado, haciendo que los nervios se apoderen de mí.
¡Dios! ¡Voy a conocer a los Cullen! - pensaba eufórica y ansiosa a la vez.
Me encaminé al aparcamiento mirando al suelo como lo hacía habitualmente. Levanté la cabeza sólo cuando me di cuenta de que Edward estaba apoyado en mi Chevy.
Me fui acercando de a poco, se me hacía difícil ya que nunca en mi vida había tenido amigos y aunque Ángela y… ¿Jessica era su nombre? Bueno, como sea… aunque ellas me hubieran hablado en esos días, no quería decir que tuviéramos una relación de amistad. Además los Cullen eran… especiales, y no tenía idea de cómo tratarlos.
- ¡Hola, Bella! ¿Cómo te fue en tus clases?- preguntó.
- Bien, gracias - respondí tímidamente.
- Los chicos están por llegar. Alice está muy emocionada, tiene muchas ganas de conocerte.
- ¡Oh! Espero caerles bien a todos.
- ¡Claro que sí! Eres muy simpática y amigable - susurró cerca de mí, mientras me regalaba una sonrisa.
- No todos piensan así - dije bajando la mirada, en parte porque no pude evitar sonrojarme frente a su comentario y en parte porque, a pesar de amar mi soledad, a veces me angustiaba.
- Es que no todos pueden ver lo que de verdad importa - dijo mirándome con la mirada más tierna que jamás he visto.
-¡Bella! ¡Oh Bella! ¡Qué emoción! ¡Nuestra primera amiga humana! - gritó, mientras me abrazaba efusivamente, una pequeña figura de facciones elegantes y muy finas. Era realmente pequeña y su caminar era tan delicado que parecía una de esas bailarinas de ballet.
- Bella, ella es Alice… alias la duende - nos presentó Edward.
- Mucho gusto Alice - dije devolviéndole el abrazo.
- El gusto es mío Bella -respondió mientras se alejaba.
De pronto sentí como si mis pies se despegaran del suelo. ¿Pero qué rayos…?
- ¡Bella! ¡Sí que eres delgada! Pareces un palote. ¿Qué acaso tu mamá no te da verduras?- opinó un hombre grande y musculoso.
- El es Emmett… el oso Emmet - y volteando a ver a su hermano, Edward prosiguió - ¡Ya déjala que la puedes lastimar!
- Bien… disculpa. ¿Desde cuando tan sobreprotector querido Eddie? -inquirió gracioso Emmett.
Lo siguiente que escuché fue como un sonoro golpe proveniente de una esbelta rubia impactaba en la cabeza de Emmett.
- ¡Ya déjalo tranquilo! Bella, soy Rosalie pero dime Rose, es más corto - se presentó la rubia, sonriéndome amistosamente y estirando su mano en forma de saludo.
-Un gusto, Rose - le dije devolviéndole la sonrisa.
- Por último… el es Jasper, el novio de Alice - dijo Edward, esta vez apuntando hacia un rubio de facciones duras y serias.
- Bella, un gusto en conocerte - dijo de manera formal pero con una amigable sonrisa.
- Igualmente, Jasper.
