Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes son propiedad de J.K.Rowling.
Advertencias: Slash, shota, dark y lemon, conforme se vaya desarrollando la trama. Fuera homofóbicos.
Seis: Capricho
Diana estaba parada en medio del corredor de la enfermería.
A su alrededor había camas y más camas, todas vacías.
Excepto una. Justo la que estaba frente a ella. Justo donde la enfermera se empeñaba en obligar al muchacho, sobre la cama, a beber una poción curativa.
Claro que le sería bastante difícil mientras él continuara débil, como estaba.
Diana tenía un doloroso nudo en la garganta.
Eso había pasado justo bajo su protección.
Lo había perdido de vista solo unos minutos, en los que se había ofrecido a entregar las tarjetas que los alumnos echaron al buzón.
Esos preciosos minutos bastaron para que ya no supiera donde se encontraba su hermano menor y a mitad de la noche se encontraba con el aviso de la directora que la llevó hasta la enfermería. Después de eso no se había podido apartar de él y había terminado pasando la noche y toda la mañana a su lado, vigilando esa rara fiebre.
Diana suspiró y caminó hacia la ventana para mirar con un poco de melancolía a varios alumnos andar en grupos. Justo ese día regresarían a casa para pasar las fiestas navideñas y pocos se quedarían. La misma Diana había planeado escapar para compar los obsequios a su padre, y hermano. Sin embargo eso sería difícil con Apollo y esa interesante fiebre que tenía en esos momentos.
Raro.
Jamás les había afectado el frío del invierno debido a su herencia biológica. Claro que no eran unas criaturas cuya necesidad animal les gobernase, pero habían logrado exponerse a bajas temperaturas evadiendo virus que podrían afectar a su cuerpo común.
Era raro saber que su hermano menor yacía en cama con una poderosa fiebre que lo había debilitado lo suficiente para andar por si mismo. De tal manera que Alfonse tuvo que llevarle hasta la enfermería… Perdiendo la maravillosa oportunidad de probar hasta donde podría llegar la preciosa Alma para humillar a Diana Black.
Desde luego que las quejas del prefecto de Slytherin tenían sin cuidado a Diana. Lo que le preocupaba era su pequeño hermano y su constante temblor que no parecía ceder por mas pociones que la enfermera le diese.
¿Qué tipo de virus mágico lograba provocar una reacción así en alguien tan especial como su hermano?
Diana suspiró y caminó hacia la cama en donde él estaba. Lamentó no ser ella quien estuviera tendida y tomó una mano de su hermano para acercarlo a su mejilla.
Que fría y que temblorosa.
La muchacha arrugó el ceño hasta escuchar unos firmes pasos que se acercaban al lugar.
Vio a 3 personas entrar a la enfermería: Una de ellas era su padre.
.- Debe ser un virus poco convencional - dijo la enfermera con rotundez - Dadas sus especiales características, sugiero que sea visto por un especialista.
.-¿Un especialista?- preguntó Sirius. Exactamente la misma pregunta que Diana se hizo.
.- El joven Apollo es sensible a muchas presencias - explicó la profesora McGonagall con calma.
.- Me queda claro que este virus no es común - aseguró la enfermera.
.-Oh - Sirius arrugó el ceño y se acercó hasta su hija; ganando una amorosa sonrisa al instante antes de inclinarse y besarle la mejilla - ¿Todo por una posible gripa?- preguntó a ambas mujeres, quienes parecieron muy exasperadas-. Me lo podré llevar a casa, ¿cierto?
.- Pero…- la enfermera estuvo a punto de protestar.
.-Desde luego, Sirius – interrumpió Minerva- Sólo no olvides nuestra recomendación.
.- Un especialista - repitió Sirius y tomó a su hijo en brazos - Lo haré - aseguró-, aunque Apollo y Diana no saben conservar una buena gripa, ¿saben?- sonrió-Al día siguiente ya están como si nada les hubiera dolido.
Diana sonrió ante la seguridad de su padre y caminó tras él para partir a casa.
Su hermano menor se enfadaría mucho si su plan de decoración navideña se arruinaba sólo por la opinión de una enfermera. Así que lo mejor era llegar a casa.
Ella tendría que planear escapar por esos regalos otro día.
o.o.o.o.o.o
.- ¡Árbol… árbol… árbol… !
Draco bufó. Harry había estado canturreando esa sola palabra desde la mañana, todo con su imparable bailoteo que le había acompañado por toda la casa. Por cierto que su lugar favorito para bailar y cantar era justo a un lado de él. No importaba el lugar al que Draco fuera, el niño le podía localizar en breve para plantarse en su presencia y hacerlo de nuevo.
Tras la décima octava persecución podía causar un interesante dolor de cabeza.
.- ¿Y compraremos un árbol grande, papá?- preguntó Harry atrapándole un brazo para balancearse y soltar una divertida carcajada- ¿Muy grande?
.-Siempre y cuando quepa en la recepción- recordó el rubio buscando varios ingredientes para preparar una poción para el dolor de cabeza.
.- ¡Y le pondremos muchos dulces!- exclamó el niño soltándose del rubio para correr a la silla mas cercana y trepó en ella para sentarse.
.-Sin dulces- dijo él y mezcló varios ingredientes rápidamente-. Ya habíamos hablado de eso- ¿Cuántas veces lo había repetido?-. Nada de dulces en el árbol. Usaremos los adornos convencionales.
.- ¿Otros adornos?
Draco bebió la poción y colocó una mueca de asco.
.- ¿No te gustaría platicarlo con tu hermano?- propuso casi con desesperación- Andrew es quien organiza las compras de esta temporada.
No porque le gustara, admitió Draco; sin embargo su hijo había desarrollado una interesante satisfacción hacia el poder adquisitivo.
Además, sino lograba desinteresar a Harry, podría conservar ese horrible dolor de cabeza.
.- ¿Andrew vendrá a casa?- Harry se entusiasmó.
.- Claro- Draco se acercó para bajarlo de la silla -. Le darías una sorpresa si lo esperaras en la entrada.
.- ¿En serio?
Draco adoró ver al niño correr hacia la entrada principal al mismo tiempo que Fred entraba en busca de un vaso.
.- Pudiste pedirme que cuidara de él.
.-Puedo cuidar perfectamente de mi hijo, Weasley- gruñó Draco-. Gracias…
Fred enarcó una ceja; evidentemente había visto el momento en que Draco se deshacía del pequeño.
El rubio suspiró y se sentó, rogando porque su dolor de cabeza desapareciera. Unas manos le masajearon con suavidad y tuvo que admitir que la sensación resultaba agradable, todo acompañado de la tranquilidad que Harry había dejado atrás.
.- ¿Por qué insistes en lastimarme así?- murmuró Fred.
Draco apretó los labios sin detener ese masaje sobre su cuero cabelludo. Se movió un poco echando la cabeza hacia atrás para mirar al pelirrojo y cerró los ojos cuando lo vio inclinarse.
Un beso sorprendió sus labios y el rubio suspiró antes de ponerse de pie.
El dolor de cabeza había redimido.
.- Deberías dejar de facilitármelo, Weasley- murmuró el rubio con una torcida sonrisa.- No puedo comprender tus intenciones.
.- ¿Tan difícil es entenderlo?
.- Lo entiendo- aseguró Draco con el ceño fruncido-; pero en estos momentos me interesa otra cosa.
Fred tuvo que admitir que el dolor que creyó olvidado hace 6 años había vuelto con esas palabras.
Fueron esas mismas palabras las que escuchó en el pasado cuando intentó comprender un poco de las emociones del rubio quien se cubrió bajo la protección de la comunidad mágica. La comunidad que culpó a Fred por la pérdida de su esposa.
Nada había cambiado. Aun con la esporádica relación que pudo sostener con Draco Malfoy, su lugar seguía siendo el mismo: "Ninguno".
Dayana pudo soñar con pensar que Fred era amante del poderoso Malfoy, pero la verdad es que nunca fue nada.
Aun ahora el haber compartido la cama del rubio no significaba nada.
.- Jamás le harías esto a Harry- musitó Fred.
.- No sueñes en compararte con Harry- siseó Draco con molestia y lo miró-. Cada cosa tiene su lugar. Si no aceptas el tuyo vete de mi casa ahora mismo.
.- Te estoy protegiendo de…
.- De un gigante que no tiene oportunidad de atravesar las protecciones de mi mansión- interrumpió el rubio- Estás aquí por lo mismo de siempre- aseguró- Soy un adulto que no tiene tiempo de replantar sus ambiciones porque estoy seguro de cada cosa que deseo… todo con su grado de importancia. O lo aceptas o te vas.
Fred giró sobre sus talones y avanzó sobre grandes zancadas hacia la salida.
Al diablo Malfoy y el lugar que le daba a las cosas.
Después de 6 años Fred pudo recordar la preocupación en el rostro de su madre y padre, así como la indignación de sus hermanos.
Ojala Hagrid le diera una lección al muy arrogante.
En eso pensaba cuando escuchó una bella risa infantil. Fred levantó la mirada para ver el momento justo donde un risueño niño moreno se echaba encima de uno rubio para llenarle la cara de besos.
.- ¡Harry, no!- se quejó Andrew- ¡En la boca no!
Harry no se detenía.
Fred miraba a ambos con especial interés hasta recordar a los niños de su hermano gemelo.
Si abandonaba el turno, George iría a cubrirle.
Teodoro adoraba pasar la navidad con su familia y seguramente Charlie iría acompañado también por su esposa e hijos.
Fred no tenía un hijo que le extrañase en temporada navideña. No podía dejar esa responsabilidad ni a Sirius, quien estaría acompañado por sus gemelos.
Mejor no.
.- ¡Harry!- Andrew separó al besucón niño hasta reparar en la presencia de un extraño. Justo el extraño que provocó en el precioso rubio un gesto desagradable que no podía ocultar su desprecio hacia él- ¿Qué hace usted en mi casa?- bramó.
.- No seas descortés con la visita- la voz de Draco se escuchó a espaldas de Fred- ¿Qué te he enseñado, Andrew?
.- ¡Padre!- el niño logró empujar a un insistente Harry y se encaminó frente a Draco- ¿Padre?
.- El señor Weasley tiene una misión- explicó Draco con serenidad- Va a… protegernos.
.- ¡Eso es ridículo!- expresó Andrew hasta notar una mirada de advertencia en Draco- ¡NO PUEDES HACERME ESTO DE NUEVO, PADRE!- gritó con la cara roja de furia y corrió hacia las escaleras; sin duda rumbo a la habitación- ¡No!
.- ¿Papi?- Harry se acercó hasta Draco para tomarle una mano y esconderse del furioso Andrew.
.- Estás asustando a tu hermano- dijo Draco sin girar a ver a su hijo y acarició la cabeza del moreno.
.- ¡Se supone que el niño soy yo!- ignoró Andrew- ¡¿Por qué eres tú el que realiza toda clase de imprudencias, padre?
.- ¡Andrew!
.- ¡NO QUIERO A TU AMANTE EN MI CASA!- gritó el niño con odio y corrió por las escaleras.
Hizo bien en correr.
Draco estaba tan enojado que lo habría abofeteado en ese mismo momento.
Mocoso astuto.
o.o.o.o.o.o
¿A dónde va la gente que muere?
Esa pregunta la había hecho a los 5 años, cuando comprendió que lo que veía no era algo que los demás pudieran ver también.
Desde que podía recordar, era testigo del gracioso danzar es espíritus frente a sus ojos. Espíritus de todas formas y tamaños. De todos los estados de animo o intenciones. De todas las naturalezas.
Espíritus que se arremolinaban en busca de su atención y evitaban que algo malo le ocurriera. Seres que le protegían. Vivos o muertos. Místicos y tristes. Bufones y románticos.
A Apollo le fascinaba poderlos ver y, a su vez, a ellos les fascinaba poder ser vistos.
Ambos compartían una amable relación conforme pasaban los años. Atendiendo la más mínima necesidad de comunicación, tanto de ellos como de Apollo.
Gracias a ello el muchacho comprendió muchas cosas relacionadas con la magia y hasta llegó a sentirse orgulloso de poseer ese don.
Con ello estaba un paso adelante.
Gracias a ello tenía una ventaja sobre los demás magos.
O al menos eso pensó.
Tener una habilidad significó mayor responsabilidad sobre ella. Especialmente al momento de toparse con espíritus más poderosos, capaces de interrelacionarse con él de manera no solo comunicativa, sino física. Así que Apollo tuvo que aprender a ser más fuerte que ellos. Tuvo que aprender a manejarlos, no solo a escucharlos.
Lo hizo bien hasta ahora.
Al menos hasta el momento en que se vio a sí mismo a través de los ojos de un asesino bastante violento y poderoso. Un espíritu al que Apollo no pudo poner defensa y que se apoderó de sus sueños, haciéndole ver imágenes horribles y transmitiéndole sus emociones y deseos podridos.
La verdad es que Apollo estaba desconcertado.
No había tenido contacto con esa clase de seres, muertos o no, cuando alguno intentaba mantener contacto con él, podía rechazarlo, ya que estaba preparado y era capaz de sentir su naturaleza incluso antes de que se acercara. Pero ahora había sido tomado por una presencia demasiado poderosa hasta para él, quien se había estado preparando desde niño, quien tenía las aptitudes para rechazarlos.
Además... estaba él. Ese fantasma cuya presencia le era lo bastante poderosa como para no lograr resistirse. Ese fantasma lo perseguía y lo dañaba desde que entró a Hogwarts en ese nuevo curso, ahora lo sabía. Ese fantasma de hacía notar su presencia en las mazmorras donde se impartía la asignatura de pociones y absorbía sus energías de manera misteriosa al grado de no dejarle nada y... provocar que Apollo permitiera que se acercara a él de esa manera.
El muchacho frunció el ceño al llegar a ese punto.
Ese era el problema.
No tenía energías para negarse. Estuvo evadiendo el sitio de manera eficaz hasta la noche de navidad, en que tuvo ese... peculiar encuentro.
Apollo no sabía qué pensar al respecto.
No podía decirle a su hermana que era perseguido por dos presencias. Cada una con sus peculiares y perturbadoras características.
Decirlo era... horroroso...
Además... su hermana no podría hacer nada de todas maneras. Había resultado ser opuesta a él, en lo que a aptitudes mágicas se refiere. Así que requería esforzarse enormemente para conservar ese aceptable nivel académico del que su padre estaba tan orgulloso.
Papá creía que ambos hijos eran muy hábiles, jamás había apreciado el esfuerzo al que Diana tenía que someterse para no dejar de enorgullecerlo. Jamás notaba las noches en vela a las que ella se sometía para leer y practicar tiempo extra. Incluso ella había aceptado preguntar a Apollo sobre algunas cosas que no podía solucionar.
Apollo jamás dejó de verla como una chica excepcional.
No era hábil con la magia y tenía que esforzarse si quería conservar una buena calificación. En cambio él podía holgazanear gracias a que comprendía más rápido y a las interesantes habilidades que había heredado de su madre.
¿Su mamá habría sido médium también?
Papá jamás había hablado de ello.
Comentaba la habilidad que mamá tenía para lograr que los espíritus obedecieran sus ordenes y los complejos hechizos oscuros que podía hacer a partir de ellos, pero jamás había dicho que ella sintiera su presencia de la manera en que Apollo lo hacía.
Apollo escuchó un tenue sonido y adivinó que se trataba de su hermana mayor, quien querría pasar desapercibida.
Debería dejar de verlo como a un pequeño desvalido y observarlo de esa manera cuando estaba dormido. El muchacho arrugó los labios mientras la escuchaba acercarse.
.- ¡Buenos días, bello durmiente!- saludó ella.
.- No molestes- gruñó el muchacho y se sentó en la cama para mirar con curiosidad la habitación.
.- Nuestro padre fue por ti al colegio- explicó ella al notar su desconcierto - Estuviste todo el día de ayer con fiebre.
.- ¿Gripa?- Apollo suspiró- ¿Papá me llevó cargando?
.-Si- ella respondió ambas preguntas y sonrió- al menos la mitad del alumnado vio que te llevábamos a casa.
Apollo gimió avergonzado y se cubrió con la manta.
.- No volveré al colegio- se quejó.
.- No es tan malo- tranquilizó ella-, de todas maneras no tienes vida social.
.- Te odio- gruñó él.
Diana sonrió y se sentó en la orilla de la cama para abrazar a su hermano tras quitarle la tela con la que se había cubierto.
.- Papá ha ido a trabajar- informó con travesura- Vamos a comprar regalos.
.-¿Vamos a acumular más regalos en la bodega?
Cuando Apollo notó la ligera perdida en el brillo en los ojos de su hermana comprendió que no fue correcto hacer ese comentario.
.- ¡Vayamos por esos regalos!- exclamó con repentino entusiasmo y se paró para buscar ropa para ponerse.
.- Puedes ahorrarte el dinero de ese regalo, si quieres- dijo ella antes de salir de la habitación y provocando una maldición en el muchacho.
o.o.o.o.o.o.o.o
El rubor en las mejillas de su gemelo dio una clara respuesta a George, quien lanzó una maldición y bufó malhumorado.
.- Eres un tonto al lado de ese rubio- declaró caminando hacia la oficina donde se reunirían- ¿Y dónde está?
.- Su hijo exigió toda su atención al intoxicarse misteriosamente con un dulce adulterado.
.- Creí que Draco no era amante de los dulces - George aun tenía presente el amargo recuerdo del rubio, quien había prohibido a Teodoro acercarse al estirado junior para jugar, sólo porque tenía las mejillas llenas de chocolate - ¿Cómo hizo el niño para intoxicarse con un dulce? ¿Se lo dio Andrew?
.- Fue Andrew quien se intoxicó - corrigió Fred y dejó ver una melancólica sonrisa -; empezó a escupir espuma de colores y se puso azul. Fue grandioso.
.- ¿Andrew?- George empujó la puerta de la oficina donde esperaba Sirius y Charlie- creí que Andrew había superado su niñez desde que comprendió el verdadero significado de "ser un Malfoy".
.- Recuperó su infancia desde que me vio- Fred se encogió de hombros y se sentó en una de las sillas vacías, frente a su hermano Charlie-. ¿Harás pastel para Anthony?
.- Anthony me rogó que no hiciera eso- dijo Charlie con una sonrisa-, pero pueden enviar regalos de todas maneras.
.- ¿Dónde está Malfoy?- preguntó Sirius con el ceño fruncido.
.- Su hijo decidió envenenarse con un dulce- gruñó George de mal humor y se sentó a un lado de su gemelo.
.- ¿Harry está bien?- preguntó Sirius preocupado.
.- Fue Andrew - corrigieron ambos pelirrojos.
.- Oh - era evidente que ese niño no le importaba a Sirius-. Pues vamos a establecer ese rol de vigilancia de una vez.
.- No es necesario- dijo Fred- cubriré la temporada navideña, después puedes ir tú, Sirius.
.- ¡¿Estás demente! - George asesinó a su gemelo con la mirada- ¡No puedes quedarte con Malfoy todo ese tiempo!
Charlie pareció comprender la reacción de George y miró de nuevo a Fred.
.- ¿Estás acostándote con Malfoy de nuevo?- murmuró preocupado.
.- Tenerlos a ustedes como hermanos es horrible - aseguró el pelirrojo totalmente rojo.
.- Se supone que sólo harías guardia - dijo Sirius con tono cansado.
.- ¡Hago guardia! - se defendió Fred - ¿No han hallado pistas de Hagrid?- decidió cambiar el tema.
.- Nada - Charlie suspiró - Nadie lo ha visto. Debió ocultarse en un sitio bastante inaccesible.
.- Quizá no acuda con Malfoy.
.- No debemos confiarnos- dijo George con serenidad.
.- Entonces está decidido - Fred mostró una confiada sonrisa y se pudo de pie- Yo permaneceré en mi sitio. Si algo surge me lo pueden informar de inmediato.
.- Pero, Fred…
.- ¡Nada!- interrumpió el hombre y salió- Nos vemos…
George suspiró. Su hermano era necio.
.- Un segundo escándalo no ayudará a su hermano - murmuró Sirius.
Charlie y George lo sabían. Sin embargo también era cierto que Fred ya no era un niño (aun cuando se comportara como uno) y no resultaba fácil que entendiese de razones (aun cuando estas eran correctas).
o.o.o.o.o.o.o.o
.- ... Me voy a morir...
Draco giró los ojos exasperado y despegó la vista de la cama en la que estaba su desmejorado hijo. Ya casi había perdido ese tono azul en su piel, pero le habían comenzado a salir feas ronchas en la cara de un horrendo color marrón.
.- Sorprendente... – murmuró el viejo médico analizando las muestras.
.- No me diga que es sorprendente – gruñó Draco con una mueca – Limítese a aplicar el antídoto inmediatamente.
.- Entiendo – el mago se puso a buscar unos brebajes en su bolso y mezcló algunos para dárselos a un Andrew que giró la cara con una muesca de asco.
.- Más vale que bebas eso, Andrew – advirtió Draco.
El rubio obedeció y terminó bebiendo todo, para volver a acomodarse en la cama.
.- Aun así no será inmediato – dijo el médico – Su hijo se ha encargado de hacer una mezcla perfecta que no perderá sus efectos al menos hasta en unas 5 horas.
Draco miró a su hijo con reproche.
.- Tengo una reunión en estos justos momentos – dijo el adulto – ¿Al menos podría cuidarlo un elfo?
.- Su hijo tiene una reacción que no ha manifestado – dijo el mago con un tono comprensivo – Si le acerca a un elfo doméstico se inflará – miró el techo – Espero que cierre bien las ventanas.
Draco gruñó y ordenó a un elfo que le acompañara hasta la salida. Ya estando seguro que el hombre se habría ido, miró a su vástago con molestia.
.- Debería dejar que te infles y vueles por todo Londres por esto – gruñó.
.- ¿Y perder a tu único heredero? – susurró Andrew perdiendo mágicamente los malestares de los que se había estado quejando con el médico – Recuerda que el remedio hará efecto, no me siento en condiciones de llevar una escoba para no matarme en el suelo.
.- Te estas comportando de manera irracional – acusó Draco.
.- Después de todo soy un niño – dijo Andrew tomando un espejo para mirar esas feas erupciones de color marrón – Tengo 12 años, padre.
.- Ahora recuerdas que eres un niño – siseó – Espero que esas ronchas te marquen la cara – agregó con amargura.
Andrew soltó una bella carcajada y miró a su padre con los ojos brillantes.
.- Estás muy grande para desearme males infantiles, padre – dijo con tono conciliador – Puedo hacerte mi estancia sencilla... solo debes echar a Weasley de nuestra casa.
.- Ya te dije que esta protegiéndonos – suspiró el adulto.
.- No me lo creo – Andrew colocó el espejo en su lugar y eructó ruidosamente, echando unas burbujas por la boca – Esta mansión tiene más protecciones que el Misterio de Magia, tu mismo me lo dijiste... Te idolatran lo suficiente para protegerte con los mejores encantamientos.
.- Weasley es una protección adicional.
Andrew frunció el ceño y se recostó nuevamente.
.- Ese hombre es el culpable de que mi madre muriera – dijo con seriedad – después de todo tu y él son amantes... Ella misma me lo dijo.
Draco se preguntó si Dayana se habría molestado en explicarle a su hijo lo que implicaba "tener" un amante. Seguramente no, Andrew era muy pequeño y Dayana estaba sumamente interesada de protegerlo de cualquier información sexual, pese a que Draco estaba dispuesto a charlar con su hijo tras la primera inocente pregunta respecto al tema.
¿Andrew aun creería que los bebe elfo aparecían a cambio de un galeón?
.- Tu madre fue la única culpable de su muerte – dijo con un suspiro - , pero no pienso discutir eso ahora.
.- ¿Cuándo padre? – Andrew lo miró con intensidad. Era obvio que no solo se refería a eso. – Me das muchas cosas que no te he pedido.
.- Harry no te estorba para nada – dijo Draco.
.- Eso no significa que no me intrigue su presencia – señaló el rubio.
Draco apretó los labios y caminó para salir de la habitación.
.- Más vale que no te infles – advirtió – Por hoy has ganado la batalla.
Andrew sonrió cuando su padre cerró la puerta de la habitación y lo dejó solo.
¿La batalla?
Oh, no...
Pensaba ganar la guerra.
Ese Weasley no duraría en casa, claro que no.
o.o.o.o.o.o
Apollo miró con curiosidad ese hermoso par de pendientes tras una vitrina.
Al instante apartó su vista y arrugó la frente pensando que su hermana había tardado mucho midiéndose un vestido nuevo al que no había dejado de ver desde que llegaron a la lujosa tienda. Estaba decidido a pensar en todos los descalificativos hacia la prenda hasta que sus ojos se posaron de nuevo en ese bello par de pendientes.
Al diamante lucía impecable y era el único adorno, sin embargo la sencillez del diseño llamó bastante la atención del muchacho hasta voltear completamente y mirarlos con más detenimiento.
Sin duda se verían hermosos adornando las orejas de una mujer adulta... muy especialmente si ella ataba su cabello sobre su cabeza dejando unos pocos mechones fuera.
.- ¿Quieres verlos más de cerca, cielo? – preguntó una anciana dependienta con una amable sonrisa.
Apollo se ruborizó.
.- No... yo...
.- No seas tímido – dijo ella sacando el precioso estuche y los colocó en manos del muchacho – Es una pieza artesanal única y están hechizados para que la persona que los reciba no olvide sus sentimientos.
.- ¿Sentimientos? – Apollo miró las joyas.
Su hermana había insinuado que podría ahorrarse ese dinero, pero ahora que veía los pendientes se sentía convencido de que era el regalo perfecto para ella.
Claro que todos los regalos eran perfectos para ella, pensó Apollo con amargura... Pero ella no había regresado y todos se quedaban guardados en el almacén.
Tres regalos al año. Todos comprados con mucho cariño. Y ninguno de ellos eran vistos por ella.
¿Mamá se habría olvidado de ellos para tener otro hijo con un imbecil?
Apollo frunció el ceño al recordar ese detalle.
.- La persona que reciba estos pendientes deberá ser amada por ti, hijo – murmuró la anciana – No lo olvidará jamás...
.- A lo mejor ya lo olvidó... – musitó Apollo.
.- Los queremos – se escuchó la voz de Diana y Apollo volteó a verla con ese precioso vestido puesto.
.- No he dicho que los vaya a comprar – le reprocho.
.- Si no los quieres tu, los puedo pagar yo – dijo ella simplemente y vio a la anciana caminar para tomar un paquete – A mamá le gustarán.
Apollo frunció el ceño ante eso.
.- Ella no volverá – dijo con enfado y encaró a Diana – No lo hará.
.- ¿Esa es razón para que creas que se ha olvidado? – dijo ella dolida.
El muchacho suspiró comprendiendo a su hermana y vio que la anciana les extendía el paquete.
.- Deja – murmuró al ver que Diana intentaba pagar – Es mi regalo, busca el tuyo.
