Capitulo VII: Agua y Sol, parte II

Los tres días de lluvia que había predicho Snape se alargaron a cinco. Días de increíble mal tiempo interminables. Ha Hermione no le habría importado tanto de no ser por los largos viajes y caminatas bajo la lluvia. Snape la había arrastrado visitando innumerables museos y sitios históricos.

Cada noche, cuando ambos volvían mojados, cansados y entumecidos Hermione suspiraba aliviada y, sin mediar palabra con Snape se metía en su parte de habitación agradecida de poder librarse de él.

Snape había estado de muy mal humor, ya que no encontraban ni runas ni rastro sobre Malfoy o Dearborn.

—¡¿Pero dónde andará?! —Estallaba de pronto y Hermione se ponía de los nervios— ¡¿Qué planea?! ¡¿Dónde va a dar la orden?!—.

Además, para empeorar las cosas, ambos como eran una pareja de recién casados tenían que desempeñar un papel medianamente decente en sociedad. Lo que significó caminatas bajo un paraguas muy juntitos, en el que se tomaban del brazo o iban de la mano. A decir verdad, el contacto con su exprofesor ya no le irritaba, pero si contaba con que el humor de Snape estando normal era poco agradable, estando de mal humor era peor y no mejoraba que tuviera que estar todo el día pegada a él

Pero las cosas tomaron un cariz diferente la última mañana de lluvia. Hermione, que ya habiendo vivido casi un mes con Snape, viéndolo ir y venir del baño —a veces más tapado y otras no tanto— con el pelo revuelto y las lagañas pegadas en los ojos; había dejado de sentirse avergonzada en su presencia. Ambos habían tomado más confianza, mucha más de la que les hubiese gustado admitir. Pero esa mañana en especial, Hermione se paseó con mayor desenvoltura. Iba somnolienta con el pijama arrugado en las piernas y mal puesto sobre el cuello, mostrando sin ninguna reserva un hombro desnudo. Demostración de una acostumbrada convivencia. Pasó bostezando sin ningún recato frente a Snape.

—Si Weasley aún no le ha pedido matrimonio, no me sorprende —Le dijo Snape desde la mesa mientras bebía una taza humeante—.

Ha Hermione más que molestarle el comentario, no supo por qué, pero le divirtió bastante. Se volvió para mirarlo.

—Buenos días —Le dijo mientras se rascaba la cabeza, haciendo mayor énfasis en la poca importancia de su comentario— …Veo que amaneció de buen humor —Terminó con una sonrisa, mientras Snape ponía los labios apretados, seguramente no era esa la reacción que esperaba de ella. Hermione volvió a bostezar y se encerró en el baño con una sonrisa, pero abrió otra vez la puerta sintiendo que sería una buena idea si tentaba su suerte ese día— …Ya sabe cómo me gusta el té —Y esta vez sí se encerró riendo por lo bajo—.

Cuando salió del baño, con el pelo goteándole en las puntas y ya vestida, se sorprendió de ver su té servido tal cuál como le gustaba. Se sonrió. Snape estaba mirando por la ventana con sus manos tomadas por detrás, de espalda a Hermione.

—Dígame por favor que no iremos a Munich otra vez —Le dijo Hermione mordiendo unas tostadas—.

—¿Se está quejando señorita Granger? —Se lo preguntó con falsa sorpresa y sin volverse a mirarla. Hermione masticó con parsimonia, ya se imaginaba lo que venía— …Si mal no recuerdo, me hizo quedar al menos 3 horas viendo las obras de…—.

—¿Boticcelli? —Le preguntó insegura, aunque sabía que se trataba de él. Se imagino que Snape sonreía, ya que había asentido con la cabeza—.

—…En el museo de Pinacoteca Antigua—.

Hermione se ruborizo, y se metió una tostada a la boca para obligarse a quedarse callada, pero Snape se volvió a mirarla.

—…Y no mencionemos que me vi en la necesidad de zarandearla un poco en la Gliptoteca porque usted no dejaba de mirar esas esculturas…—.

—¿Helenísticas?—.

Hermione se reprendió y se terminó la tostada, comenzó a tomarse su té ávidamente. Al parecer solo recordaba el mal humor de Snape de esos días, pasando por alto los detalles que su exprofesor tan amablemente le recordaba. Se levantó de la mesa y fue a buscar su abrigo aún sonrojada.

—¿Nos vamos? —Le preguntó a Snape con una sonrisa de disculpa, a lo que Snape respondió con una media sonrisa, pero irónica—.

Aquel fue un mejor día, si bien no hubo rastro de ninguna runa u mago tenebroso, fue un día más liviano que los anteriores. La lluvia comenzaba a amainar y como siempre sucedía después de la lluvia, solo quedaba el frío. Snape y Hermione guardaron el paraguas y, Hermione que a pesar de ir muy abrigada se cruzó de brazos para resguardarse del implacable viento. Después de un rato en el que expelía grandes bocanadas de vapor, Snape se le acercó con un gruñido y le pasó un brazo por los hombros. Lo miró con los ojos muy abiertos, pero él solo se dedicó a seguir su marcha y no se inmutó por la mirada de Hermione, no aflojó en ningún minuto su agarre. Ella no sabía que le asustaba más, si el gesto de Snape o lo a gusto que se sentía.

—¿Cómo puede decir que es horrible? —Le preguntó incrédula cuando llegaron al cuarto museo del día—.

—Porque lo es, entiendo que no esté de acuerdo conmigo, está claro que sus cánones de belleza son… —Se detuvo un segundo y curvo los labios— muy distinto a los míos—.

Hermione alzó las cejas molesta. Snape claramente se refería a Ron con ese comentario despectivo. No quiso devolver el ataque, se limitó a darle una mirada crítica al cuadro que evaluaban hace un rato. Por lo general era ella quien se quedaba observando las obras, aunque no hubiese indicios de runas, pero fue Snape quien esta vez se había detenido a contemplar una. El autorretrato más tortuoso de Van Gogh, en el que se había cortado él mismo la oreja.

—No digo que sea hermoso —Se explicó Hermione en un tono desenfadado, pero sin dirigirse a Snape, si no al cuadro. Junto a él había una fotografía real del autor y una breve explicación— …Pero tiene que entender que este artista era un alma torturada. Él creía que si podía pintarse a si mismo, entonces sería capaz de pintar a verdaderas almas buenas—.

No hubo respuesta, Hermione observó a su exprofesor y sintió cierta similitud entre el artista y él. Lo que vio en el rostro de Snape la llenó de pena. Tenía una expresión triste y los ojos distantes, como si contemplase algo que ella no alcanzaba a entender.

Por eso se había quedado viendo el cuadro. Pensó Hermione, ya que Snape no entendía nada de arte, casi no conocía las obras muggles, pero lo mismo que ella le había dicho; él ya lo había deducido con solo ver el cuadro. Quizás Snape no encontraba horrible la obra, encontraba horrible su motivo, o el motivo en sí del artista. Por supuesto, comprendió que podía estar aventurándose demasiado, posiblemente solo encontraba feo el cuadro.

—Aquí no hay runas, vámonos—.

Se dio la media vuelta y comenzó a caminar sin esperar a Hermione. Ella por su parte se quedó viendo el cuadro, antes de comenzar a caminar. Una angustia se había apoderado de su pecho. ¿Y si estaba en lo correcto?

—Tome —Le dijo tendiéndole una galleta parecida a una dona, que había comprado fuera del museo— …Tenía hambre ¿usted no? —Se explicó ante la mirada ceñuda de Snape—.

Hermione lo había alcanzado en el banco de una plaza, sentado. Dudaba que estuviera ahí por esperarla, más bien parecía seguir meditando en el cuadro. Hermione lo miró de reojo, trató de escoger las mejores palabras.

—Sabe… —Comenzó tratando de sonar natural— El hombre que pinto ese cuadro pensaba que todo a su alrededor era maravilloso, y que era él quien debía pintar esas maravillas —Hermione mordió su galleta, no quería mirar a Snape— Él era realmente hábil, pero siempre admiraba a otros mucho más que así mismo. En contraste con todo ese esplendor, —Siguió explicándole— él sentía que su vida era fría y estéril. Fue muy desgraciado… No se daba cuenta que era un genio —Lo dijo con verdadero pesar y tomó una pausa para tragar la galleta que tenía en la boca, aún sin mirar a Snape se daba cuenta de que él la escuchaba atentamente— …En una de las cartas que envió a su hermano, él mismo escribió que estaba preparado a no ser comprendido, inclusive a ser despreciado y deshonrado, pero que aguantaría todo por el arte. No fue si no después de muerto que se le reconoció como el genio que era—.

Hermione terminó de hablar y lo miró con decisión. Snape tenía la vista fija en ella, parecía que no hubiese pestañeado en ningún momento. Esperaba que él entendiera que no había horror en su vida, tal cuál que en la del artista y que desgraciadamente después del final venía lo que a ambos se les había negado. Reconocimiento, respeto, admiración.

—Me ha sorprendido… —Le respondió Snape, con una mirada intensa. Ella no lo podía creer— Es primera vez que escucho algo de su boca que no sea calcado de un libro—.

Se levantó del banco y la dejó sola. Hermione lo vio alejarse, por un momento creyó que tendría una reacción distinta, pero eso era esperar demasiado. Se encogió de hombros y le siguió el paso. Al menos tenía la seguridad de que su mensaje había sido entendido.

Mientras caminaba y pensaba en la injusticia que sufrían personajes importantes como él o Van Gogh, notó que Snape parecía tambalear a momentos, pero quizás lo imaginaba, ya que volvía a caminar erguido otra vez, hasta que de un momento a otro tuvo que afirmarse de un árbol para no caer. Hermione se apresuró hasta él, estaba lívido y con la respiración entrecortada.

—Lléveme al Hotel—.

Le dijo Snape y pasó sin previo aviso su brazo por el cuello de Hermione. Se alarmó, Snape solo podía estar muy mal si había hecho eso. Trató de avanzar lo más rápido que pudo hacía la calle, Snape resollaba y su peso hacía que se achicara a cada paso. Hizo detener un taxi, no se atrevía a desaparecerse.

Snape cayó como un peso muerto en el asiento, se aferraba el cuello con los ojos cerrados y una expresión de debilitamiento extrema. Hermione temía que se desmayase en cualquier momento, revolvió en su bolso y sacó una botellita pequeña que le metió en la boca.

—¡¿Pero qué…?! —Le gritó Snape asustando al conductor que hizo un brusco viraje, pero Hermione volvió a meterle la botellita en la boca—.

—Es su pócima, bébalo. Me tiene nerviosa —Le dijo rápidamente—.

Snape dejó de negarse, mirándola entre enojado y sorprendido se terminó la botellita. Hermione lo veía igual de pálido, pero al menos ya no parecía que fuera a desvanecerse.

—¿Quiere explicarme… —Comenzó a preguntarle Snape, pero no terminó la pregunta. Contrajo el rostro en una expresión de dolor—.

—Quédese tranquilo, ya vamos a llegar —Le reprendió Hermione, pero al ver que Snape le daba una inquisidora mirada, le explicó— …Simplemente tomé un poco cuando no estaba mirando, pensé que sería de utilidad. Ya ve que sí —Se lo dijo con total inocencia, como si realmente no fuera algo importante si gracias a su impetuosidad lo había estabilizado—.

—Hablaremos de eso después —Le respondió Snape en un tono gélido, pero aún así agotado. Llevo una mano a la cara y se tapó los ojos—.

Hermione entendió que su exprofesor no tenía fuerzas para pelear y que claramente no quería verla en esos momentos. Lo poco de camino que quedaba, Hermione se fue enfurruñada con Snape ¿qué le costaba agradecer lo que había hecho? El dolor claramente no se haría más grande. De todas formas, lo miraba a cada momento para asegurarse de que iba bien.

—Ya llegamos —Le dijo con cuidado tocando su brazo. Snape se sobresaltó— ¿Cree que pueda caminar con normalidad hasta llegar a la habitación?—.

Snape miró la mano de Hermione sobre su brazo y luego se detuvo en sus ojos, Hermione no supo cómo interpretarlo, pero tampoco tuvo tiempo de pensar en ello, ya que Snape asintió con la cabeza y se dispuso a salir del taxi. Llegaron a la habitación sin llamar la atención de nadie, a pesar de que Hermione podía sentir el cuerpo tenso de Snape a su lado, trataba de no mirarlo preocupada.

—¿Dónde tiene más? —Le preguntó cuando dejó a Snape en la cama—.

—No hay más… —Fue lo único que logró decir con los ojos cerrados—.

—Dígame cómo hacerlo —Hermione hizo aparecer un caldero además de los implementos de Snape, esperaba instrucciones, pero Snape en cambio solo preguntó por la hora— ¿Qué? Pero… ¿qué importa la hora?—.

—Solo puede hacerse de noche—.

Hermione se mordió el labio, aún faltaban unas tres horas para que se escondiese el sol, se lo dijo. Se sentó en el sillón a esperar, pero su mente comenzó a hacerse preguntas ¿Y si se moría en ese tiempo? empezó a revolver frenética en su bolsito, algo debía de haber que la ayudase.

—¡¿Quiere dejar de hacer ruido?! —La asustó Snape, pero suavizó su voz— Sólo… Déjeme dormir—.

Hermione observó su reloj y lo observó a él. Se volvería loca si esas tres horas no pasaban rápido, comenzó a dar vueltas por la habitación pensando en qué pócima sería mejor para Snape, pero lo único que consiguió es que Snape gruñera. Decidió acercar el pequeño sillón a la cama y ahí se quedó, mirando el semblante estático de su exprofesor, casi no se notaba su respiración, pero al menos respiraba. Hermione decidió quitarle los zapatos y taparlo.

¿Qué le pasaría? No era la primera vez que le ocurría algo así. Hermione había intentado averiguar qué era, pero Snape que había esquivado todas sus preguntas con anterioridad no la había dejado más que con especulaciones. En esas tres horas hizo muchas hipótesis, su imaginación voló por todo lo que creía más creíble hasta lo absurdo, hasta que al cabo de tres horas se levantó del sillón y se acercó al oído de Snape.

—Señor, despierte. Señor. —Lo llamó con voz baja y tuvo que zarandearlo un poco en el hombro— …Ya es de noche—.

Snape abrió los ojos con dificultad y clavó la vista en la ventana. Esa noche había luna menguante.

—No servirá del todo —Le dijo con amargura— Necesitamos la luna nueva—.

—Pero lo mantendrá bien hasta que llegue la luna nueva. Enséñeme, dígame lo que tengo que hacer—.

Hermione se impaciento, Snape no hacía más que mirarla y no le decía qué hacer, hasta que con dificultad hizo ademán de sentarse en la cama, pero no pudo. Hermione lo ayudo, y Snape en su testarudez se desembarazó rápidamente de ella, unas gotitas de sudor le surcaban el rostro, Hermione le tocó la frente, pero él se la quitó.

No le dijo nada, pero seguramente él mismo ya sabía que tenía fiebre. Hermione lo miró apremiante, a lo que Snape comenzó a dar instrucciones.

Fue lo más fluido que pudo para hablar, no tenía necesidad de interrumpirse ya que Hermione entendía todo, pero ella notaba como la fuerza lo abandonaba con cada palabra. Aguantó lo más que pudo, pero casi al final cuando solo quedaban 3 botellitas por incluir, Snape se desvaneció lentamente sobre la cama. Hermione histérica no podía asistirlo, ya que tenía que seguir revolviendo. Miró asustada a Snape y luego las botellitas. Se obligó a recordar como lo había visto hacer esa poción, rogó por que la cantidad que había echado al caldero fuera la correcta. Tomó rápidamente una taza y se acercó a Snape que estaba frío como el hielo. Hermione lo tapó lo más que pudo, puso su cabeza sobre su regazo y le metió el brebaje en la boca. En un principio no bebió, pero Hermione le habló, le suplicó que bebiera y después de unos angustiosos segundos, tragó.

No había sido mucho, solo la mitad de la taza, pero había sido algo. Ya no estaba terroríficamente frío. Hermione no quiso moverse, sentía que ella misma le daba calor, y también de vez en cuando lo hacía beber otro trago. Pero estaba cansada, había sido demasiado por un día y pronto los ojos se le cerraron, para cuando despertó el sol comenzaba a asomarse por la ventana y Hermione se sobresaltó, sentía el cuerpo embotado y frío el rostro, pero sus manos estaban con una agradable tibieza. Las había dejado toda la noche sobre el cuello de Snape. Decidió levantarse con mucho cuidado dejándolo sobre las almohadas y fue a sentarse al sillón, pero antes de alejarse por completo, Snape la agarró por la muñeca, Hermione se paralizó y cuando lo miró tenía sus ojos oscuros muy abiertos y fijos en ella.

—Gracias…—.

Logró musitar y su agarre se aflojó, la mano de Snape se deslizó por la de ella, hasta caer en la cama. Estaba dormido otra vez. Hermione sintió un extraño calor en su estómago, se dejó caer en el sillón un poco aturdida. Pero se volvió a quedar dormida, cuando despertó lo primero que hizo fue mirar la cama maldiciéndose por ser tan mala cuidadora. Snape no estaba. Se levantó asustada y una cobija resbaló de su cuerpo, Hermione la miró extrañada, no recordaba haberse tapado con algo, entonces si no había sido ella...

—Ah, veo que despertó… —Le dijo Snape en un tono inusitadamente extraño, venía saliendo del baño con la camisa desabrochada en el cuello y en los puños, le daba un aire muy desenfadado, como si viniese de una fiesta y no despertando de la misma muerte— …Vaya a la mesa, la comida está servida. Saldremos en un momento—.

Hermione parpadeó unas cuántas veces, miró la mesa y efectivamente encontró un plato suculento esperándola, pero olvidó su hambre por un minuto y se volvió a Snape.

—¿Ha dicho que saldremos…? ¿…salir dónde? Espere un momento, usted…—.

—Si, usted y yo saldremos apenas coma, —Volvió a decirle sin mucha paciencia Snape— dese prisa, todavía nos queda un montón de sitios en los que buscar—.

—¿qué…? ¡Pero…! —Hermione le dio una mirada desaprobatoria y Snape infló el pecho— ¿está loco? ¡Acabo de verlo medio muerto! ¿Y ahora quiere salir?—.

—No estoy pidiéndole autorización —Le respondió en voz más alta de lo normal, verdaderamente molesto— Estoy bien, lo que ocurrió ayer… —Se interrumpió y bajó su voz— no se repetirá. Así que prepárese, ¡salimos ahora!—.

Hermione lo miró sorprendida, si hacia un rato le había dicho que comiera. Seguramente era su manera de ser considerado, ya que en otra ocasión le habría importado bien poco si comía o no. Pero al parecer se había molestado tanto con ella que volvía a importarle un pepino, porque ya no esperaría a que comiera.

—No vamos a ningún lado —Le dijo ella con autoridad, pero de todas formas se acercó a la mesa a comer— un día de descanso es lo que necesita—.

Los ojos de Snape refulgían, pero Hermione no se molestó en sostenerle la mirada. No había nada que la persuadiera de salir a buscar runas.

—Ya le dije que con respecto a mi salud soy yo y no usted el que tiene…—.

—No parecía muy molesto el día de ayer cuando me pidió que lo trajese de vuelta, —Soltó de pronto, seria y más furiosa que Snape— o cuando me dio instrucciones para hacer la pócima, o cuando… —Se calló de pronto avergonzada, iba a decir "cuando me tomó la muñeca y me dio las gracias", pero se arrepintió a tiempo— Lo que trato de decir, es que…—.

—No vuelva a interrumpirme… —La cortó amenazadoramente Snape—.

—Y usted no me diga lo que tengo o no tengo que hacer, cuando ir o venir ¡o si tengo que preocuparme de usted! —Exclamó levantándose de la mesa, y logró que él se callara y sus mejillas se enrojecieran un poco. Hermione se arrepintió más tarde por decir lo último— …Además hoy ya hace un bonito día, —Se tranquilizó y volvió a sentarse— ¿entiende a lo que me refiero?—.

Snape le dio una mirada encolerizada y Hermione entendió que había captado su indirecta. Dio unos cuantos bocados y se levantó de la mesa, fue por lo que necesitaba a su lado de habitación.

—Prefiero quedarme encerrado aquí —Le dijo Snape tajante—.

—Bien, entonces le hará compañía a los de la limpieza, porque pienso llamarlos —Le amenazó y Snape no respondió, se fue indignado a encerrarse al baño con un fuerte portazo— ¡…Yo llevaré sus cosas, estaré esperándolo!—.

Le gritó al baño y dispuso a irse. Hermione tenía la certeza de que un poco de sol y el sonido del agua le haría bien a su exprofesor. Si había tenido fiebre era porque su cuerpo batallaba con algo, por lo tanto, mantener su sistema inmunológico fuerte era primordial.

Camino largo rato para llegar a la piscina que estaba fuera del Hotel, por la parte trasera. Cuando llegó quedó sin aliento. Era simplemente espectacular, la piscina no era solo enorme, si no que tenía piletas y una mini isla con palmeras incluidas en medio. Hermione se dijo que aquella no sería la última vez que iría a esa piscina, fue a sentarse cerca de la entrada para que Snape la viera, decidió esperarlo para poder cambiarse, mientras tanto observó a la gente que eran en su mayoría parejas, solo habían unos cuantos grupos de jóvenes que podían ser solo amigos, pero nadie que estuviera sola como ella. Definitivamente tenía que estar acompañada de Snape para ir a esos sitios. Hermione se preguntó si se presentaría, instintivamente miró hacía la entrada y se encontró directamente con él, que al igual que ella miraba boquiabierto toda la estancia, Hermione lo miraba con una sonrisa cuando Snape se percató de ella, al instante cambió su expresión a la de total indiferencia.

—Deberían hacer un mapa para llegar —Dijo molesto, sentándose en otra silla junto a Hermione—.

—Ya que vino, podría tratar de disfrutarlo —Le sugirió ella, tendiéndole sus cosas— Los camerinos están por allá —Se levantó de la silla y comenzó a caminar, pero Snape no la siguió— …Vamos, no esperará quedarse con toda esa ropa negra aquí en la piscina, ¿o si?—.

Snape se levantó furioso y caminaron juntos; por qué ¿a qué va uno a la piscina, si no es para tomar sol o bañarse? Hermione dio un fuerte resoplido. Ella entendió que él no quería hacer el ridículo, así que se cambiaría. No podía esperar a verlo con bañador. Sonrió pícaramente.

—¿Qué es tan gracioso? —Le preguntó de malos modos Snape—.

—Oh nada, es que no puedo esperar a meterme al agua—.

Snape la miró como si estuviera loca y Hermione se sintió aún más divertida. Cuando salieron de los camerinos Hermione llevaba puesto su bañador, pero encima de él la blusa que le había escogido Snape más un short. Snape había salido con su bañador además de la camiseta morada que ella misma había elegido. Ambos se observaron con miradas críticas. Se recobraron de inmediato y tosiendo fingidamente caminaron de vuelta a sus sillas.

Hermione admitió que Snape se veía aceptable, esos colores le daban un tono más vívido a su inmaculada blancura, y a pesar de que no tenía mucha masa muscular, sus brazos y piernas delgadas lo hacían verse más largo y grácil. Se sonrojó de pronto pensando que quizás él también estaba teniendo el mismo juicio con ella.

—¿Qué le pasa? —Le preguntó Snape—.

—Nada, nada —Le respondió evasivamente y le tendió una crema— Tome, es el filtro solar, traje unos lentes también y un sombrero —Snape la miró confuso— …No deben reconocernos —Le recordó—.

Snape se puso los lentes y el sombrero. Hermione desvió la mirada hacía él más veces de las que le habría gustado, solo esperaba que Snape no se diese cuenta y se maldijo una y otra vez por su poca discreción. Pero es que se veía tan… diferente.

—Es mejor que se aplique filtro solar bajo la camiseta también —Le dijo Hermione que veía como Snape se esparcía la crema sobre los brazos lampiños. Snape no recibió de buen grado la sugerencia— …Esta bien, como quiera. Pero el sol traspasa la ropa también, me encantará verlo rojo como una jaiba—.

Hermione se recostó en la silla y también se puso unos lentes con un sombrero, no había querido quitarse la ropa todavía, alargaría el momento lo más que pudiera, que no sería mucho, ya que el sol estaba llegando a grados altísimos. Con gotas de sudor bajándole por el cuello, se incorporó para lanzarse a la piscina, y logró que Snape diera un brinco. Se había quitado la camiseta y se aplicaba como podía filtro en la espalda. Hermione notó que Snape no quería que ella lo viese por su expresión incómoda, y es que ella no ayudaba mucho a que él se sintiese mejor, lo había observado de arriba abajo, se dio cuenta y decidió hacer como si nada.

—Deme, yo le ayudaré —Le dijo esperando que le entregase la crema, pero Snape se negó— …Se está demorando una eternidad y yo también quiero usarlo —Le mintió, ya que nunca usaba filtro solar, le gustaba llevar la piel tostada, tal cual había llegado de Egipto. Snape le entregó la crema de malas ganas—.

Hermione se hecho una cantidad pequeña en las manos, Snape se sentó en la silla y apoyó los brazos en sus piernas dejándole la espalda desnuda. Solo en ese momento Hermione entendió lo que estaba a punto de hacer, tomó aire y con manos temblorosas comenzó a esparcir la crema y sintió como Snape crispaba la espalda.

—Tiene las manos frías… —Se apresuró a decir—.

Hermione se disculpó nerviosa, llenándose nuevamente las manos con crema. La piel de Snape absorbía demasiado, y es que era tal la expresión vulnerable de Snape, dejándole su espalda para que ella hiciese lo que tenía que hacer que, al momento de tomar más crema, se llenó las manos, de los puros nervios. Hermione esparcía y esparcía, pero la crema no se acababa nunca, Snape no protestó, así que decidió quitar el exceso en sus hombros, como vio que seguía sin decirle nada, continuó esparciendo, pero esta vez se acercó a su cuello. No había marca, parecía intacto, pero rápidamente la mano de Snape se aferró a la de ella. Se miraron unos segundos, Hermione estaba segura que le diría algo hiriente, alguna pesadez, pero solo se quedó mirándola y Hermione sintió nuevamente un calor en el estómago.

—Gracias—.

Hermione recordó el "gracias" de la noche anterior, y le dio una sonrisa tímida. Snape se puso la camiseta nuevamente, acto siguiente le entregó el filtro. Hermione fingió que se aplicaba en la nariz; asegurándose que su ex profesor tuviera los ojos cerrados, comenzó a quitarse la ropa para lanzarse al agua. Cuando se disponía a saltar notó como los jóvenes del grupo la señalaban y hacían gestos aprobatorios y le sonreían. Casi por arte de magia todos los refrescos que tenían se les vinieron encima. Se sonrió, sabía exactamente lo que había sucedido, pero no quiso mirar al artífice de la jugarreta, recordó que tenía un bañador diminuto y que Snape claramente ya la había visto. Se dio un chapuzón y el agua fría la hizo tiritar, pero de inmediato se transformó en una sensación agradable que hizo que dejara de sentirse atemorizada.

—Venga, ¿no tiene calor? —Lo invitó Hermione, pero Snape ni se pronunció— Ya veo, se quedó dormido—.

Hermione salió del agua completamente mojada y se paseó frente a él, no podía saber si tenía los ojos cerrados o abiertos. Tuvo una idea, tomó vuelo y comenzó a correr hacía la piscina, agarró fuertemente sus rodillas llevándoselas al pecho y saltó al agua, cuando salió a la superficie vio como Snape se sacudía.

—Muy madura señorita —Le dijo molesto con la camiseta a medio mojar—.

—Oh lo siento, no fue mi intención —Agachó la cabeza para que no viera su sonrisa—.

El día pasó rápido, Hermione no logró que Snape se zambullera, pero tenía la certeza de que a su manera él también había disfrutado el día. Cuando disponían a irse el grupo de jóvenes —muy guapos, todos alemanes— pasaron sonriendo a Hermione y un poco más allá vio como resbalaban en el piso cayendo con gran estrépito. Hermione le dio una mirada reprobatoria a Snape, que ya caminaban a la habitación, hambrientos.

—Muy maduro señor—.

—Es una falta de respeto —Se defendió él— …Ven que está conmigo, pero aún así…—.

Se calló de pronto abochornado y Hermione no siguió molestándolo. Ella también se sintió abochornada. No esperaba que Snape fuera tan territorial, sobre todo con lo que no era de él. Pero cuando pasó una mujer más alta que Hermione, sonriéndole sin un descaro a Snape, supo exactamente como él se había sentido. Hizo que se le rasgara el vestido ajustado que llevaba. Snape la miró con una ceja alzada.

—¿Qué? —Le espetó ella a la defensiva y se metió en su habitación—.


Hasta aquí llega el fic, el capítulo VIII está en proceso, pero llegará, llegara pronto y con un montón de risas. Haganme feliz y cuentenme quienes han llegado hasta aquí y esperan otro capítulo! nos leemos.

C o r Ne L ia E s c i p I ó N