Capítulo 6

Bella POV

Llegué a casa luego del amanecer, mi padre estaba desayunando.

-¿Por qué llegas tan tarde? Bueno, tarde es un decir, ya es de día –susurró.

-Acompañé a Edward a una boda ¿Alice no te lo dijo?

-Sí, pero ¿acaso no viste el reloj?

-Lo lamento, papá.

-Intenta no involucrarte tanto, Isabella, sufrirás cariño –se levantó de la silla.

-Yo solo quiero ayudarlo –inferí.

-Ve a dormir algo –palmeó mi hombro.

Asentí y me dirigí a mi habitación, me quité los zapatos y caminé en puntilla de pie para no despertar a Nessie.

-Hola –susurró Alice despertando.

-Hola –sonreí.

-Es de día –susurró mirando el celular.

-Sí –respondí quitándome el vestido con cuidado.

-Es precioso el vestido, se veían muy bien, ambos –comentó mostrándome la selfie que le envié durante la fiesta.

-Sí –tomé el teléfono y me quedé mirando la foto.

-¿Cómo les fue?

-Bastante bien.

-¿Cansada?

-Ufff –suspiré poniéndome el pijama.

-Duerme, luego hablamos –se acurrucó en la cama.

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-¡Bella! –el grito de mi madre me despertó.

-¿Qué? –respondí algo atontada despertándome.

-Jake está aquí –me zamarreó.

-Ayyyy –me quejé.

-Vamos, levántate, está esperando abajo.

Me levanté y bajé las escaleras.

-¿Aún dormida? Son las 15 pm –susurró Jake mirándome.

-Fui a una boda anoche, estoy cansada –admití.

-Hace días no te veo, tengo que ir a entrenar ahora, ¿quieres venir conmigo?

-¿Entrenar?

Lo mismo de siempre.

-Sí, ponernos en forma –saltó en el lugar.

-No lo sé, Jake –dudé.

-Vamos, pasemos tiempo juntos.

-Entonces tomemos algo, vayamos al parque –interrumpí –Hagamos algo juntos, algo por ambos.

-No, sabes que tengo que entrenar, se acerca la competencia –sonrió.

-Deberíamos hablar…

-¿Hablar? ¿De qué?

-Edward…

-¿El paralitico?

-No le digas así –me enfadé –Las cosas aquí –nos señalé.

-Vamos a entrenar y hablamos ¿quieres?

-No, no quiero –bufé.

-Okey, creo que estás de mal humor, te dejaré tranquila. Mañana hablamos, bebé –me beso la mejilla y se fue sin escuchar lo que intentaba decirle.

-Claro –susurré por lo bajo sintiéndome frustrada.

Con Jake siempre era lo mismo, nunca podíamos hablar.

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Tomé el bus, al llegar a la mansión me dirigí a la lavandería.

-¿Necesitas que lave algo, Bella? –preguntó Carmen.

-Este vestido, es de la señora –comenté entregándoselo.

-Bien, lo trataré con cuidado ¿Cómo les fue anoche?

-Todo muy bonito –susurré sonriendo.

-Edward está muy contento –musitó riendo.

-Me alegro –mis mejillas debían tener el color del tomate.

-¿Necesitas algo más?

-No, voy a tomar algo a la cocina, ¿tú necesitas algo?

Negó –Gracias.

-¿Edward está despierto? –le pregunté a Kaure al ingresar a la cocina.

-Despierto y entusiasmado –abrió sus ojos bien grandes.

-¿Entusiasmado?

Asintió varias veces.

-¿Por?

-Anoche llegó delirando de felicidad –sonrió.

-Q-que bien –tartamudeé nerviosa –¿O sea que está feliz por la fiesta de anoche?

-Tyler ha dicho que fueron a la playa –bailó contenta.

Asentí tapándome el rostro –¡Kaure!

-Le has dado vida, lo sabía, sabía que podías cambiarlo. Eres un ángel, Isabella –me tomó de la mano.

-Kaure –susurré su nombre entre suspiros.

-¿Te has enamorado, verdad?

Me solté.

-Yo…. p-pues...

-Se les nota a kilómetros –rió.

-¿Se nos nota?

-Sí, a ambos –replicó.

-¿Crees que Edward… bueno… que él….?

-Sí, lo creo.

-Hola –Edward interrumpió son una sonrisa en su rostro.

-Buenos días –lo saludé con beso en la frente.

-¿Has dormido bien?

-Sí.

-Yo dormí excelente –comentó eufórico.

Levanté las cejas sorprendida.

-¿Qué quieres hacer hoy? –preguntó.

-Mmm… lo que tu prefieras.

-Quiero ir a la playa, hoy ha salido el sol, es un día magnifico.

-Te veo diferente –susurré.

-Me siento diferente –sonrió mirándome fijamente.

Tragué saliva –Voy a arreglar todo con Jasper ¿te parece?

-Me parece. Ah, me olvidaba –me dí la vuelta –Odio ese vestido anaranjado –intentó contener la risa mordiéndose el labio inferior.

-Bobo –le saqué la lengua, dí un giro y caminé hacia la cocina donde había dejado mi bolso –¿Jasper?

-Dime –respondió al oírme.

-Edward quiere ir a la playa, ¿nos acompañas?

-Claro, cuando salga del trabajo me dirijo para allá.

Colgué y me quedé pensando.

Llamé a casa y le pregunté a Alice si quería acompañarnos.

-Aún no, me da miedo que a Nessie le haga mal el sol –confesó.

-Está bien, envíale un beso a la bebé.

-Te amo, sister –susurró.

-Yo también te amo –respondí y colgué.

-¿Tu novio? –Edward me observaba del otro lado de la cocina.

-No, mi hermana –aclaré riendo.

-No tienes que mentir –insistió.

-No miento, Ed.

-No puedo ser como él y lo tengo muy claro –bufó.

-¿Qué quieres decir con que no puedes ser como él?

-Ya sabes…

-No, no comprendo –negué.

-Yo me entiendo –comenzó a alejarse.

-¡Oye! Vamos a la playa ¿verdad? –pregunté sosteniendo su silla.

-Sí –respondió a secas.

-No sé qué le sucede ahora –bufé acercándome a Kaure que se encargaba de preparar el almuerzo.

-Está celoso –respondió.

-Pero no entendí lo que quiso decir –me quedé pensando.

¿Por qué decía que no podía ser como Jake?

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Edward POV

-Cuéntame algo gracioso –susurré camino a la playa.

-Pues tengo algunas anécdotas ¿quieres oírlas?

-Sí.

-Cuando era pequeña mi padre me compró unos soquetes rayados, de color amarillo y negro como el cuerpito de las abejas.

-Horrible –me reí.

-Eran los soquetes más hermosos del mundo, los tenía puestos todo el tiempo ¡todo el tiempo! Lo juro.

-Y así quedaste –intenté ponerme serio.

-Iba a todos lados con esos soquetes, hasta dormía con ellos. Pero un día dejaron de entrarme. Ya sabes crecí. Me estiré y dejaron de caberme.

-¿Y?

-Y nunca más pude usar esos soquetes tan perfectos –suspiró.

-¿Por qué no vas a una tienda y compras unos nuevos?

-No vienen soquetes de abeja para adultos, ya he consultado –se rostro denotaba tristeza –Dicen que es solo para niños.

-No puedo creerlo, Swan, de verdad estás triste por eso.

-¡Eran los mejores soquetes del mundo! –repitió.

-Bien, bien, los mejores soquetes del mundo, comprendo –lancé una carcajada –Te imaginé con esos soquetes.

-Bien ahora te toca a ti, cuéntame alguna anécdota graciosa.

-Mmmm… ¿yo?

-Sí, tú. Y luego contaré otra yo, y así. Quiero saber más de ti.

-Bien señora mandona –respondí y pensé en alguna anécdota graciosa –Pues una vez con Jasper cuando éramos niños entramos en la habitación de su padre y quisimos poner un video, un VHS, creo que era la película de El rey león, si mal no recuerdo, pero había otro dentro. Curiosos pusimos play –hice una pausa –Y ¿sabes lo que era?

-¿Qué era? –preguntó intrigada.

-Una película porno –respondí.

-¡Oh, Edward! ¡Qué asco! –me golpeó el brazo derecho y luego comenzó a reír –¿Qué edad tenías?

-Creo que teníamos ocho o nueve años.

-¡Oh! –se tapó la boca.

-Ahora tú.

La mañana se pasó volando.

Jasper se había encargado de traernos el almuerzo, sándwiches de jamón y queso.

-¿Por qué te vistes así, Swan? –pregunté mientras tomaba un sorbo de jugo.

-¿Así? –sonrió.

-Pues, tú me entiendes, así con tantos colores y tanta… tanta cosa.

-No lo sé, solo me gusta vestirme así –suspiró –Supongo que también porque logro hacer sonreír a la gente, y me hace sentir feliz, me da alegría.

-Eres tan rara, Swan. Pero te diré un secreto…

-Dime –respondió.

-Me haces sonreír –sonreí pícaramente.

-Me gusta sentirme diferente ¿sabes?

-Eres diferente –interrumpí.

-¿Tú crees?

-Sí, lo eres. Diferente y bonita.

-¿Bonita? Cuando me conociste creíste que estaba gorda –ironizó.

-Mira, lo lamento, siempre fui un cretino y me dejé llevar por el exterior, pero tú Isabella, tú eres hermosa por dentro, nunca antes había conocido a un ser tan hermoso. Y ahora que te conozco, ahora que me he –tragué saliva – encariñado contigo… puedo ver tu belleza exterior.

-¿Te has encariñado?

-Sí –sentí vergüenza.

-¿Me quieres? –preguntó acercándose.

-Sí –admití.

-Yo también te quiero, Ed, te quiero mucho –susurró.

Sonreí, sus palabras me llenaban por dentro.

Al volver a casa nos despedimos –Ten una buena noche.

-Tú también –me regaló una sonrisa antes de cruzar la puerta.

-La pasé de maravilla –susurré para mí mismo.

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Durante la noche pensé como podía hacer para conseguirle a Swan esos soquetes ridículos de abeja.

-¿Kaure? –a la mañana siguiente tenía el plan ya listo en mi cabeza.

-¿Me llamó? –preguntó asomándose por la puerta.

-Ayúdame a sentarme –ordené –Tienes que hacer algo por mí.

-Dígame.

-Necesito hablar con la textil que controla mi padre en San Diego.

-¿No debería pedírselo a su padre?

-No, no. Busca en su escritorio el número.

-No debería revisar las cosas de su padre, señorito.

-Es para Bella –interrumpí –Quiero darle algo.

-¡Oh! ¡Para Bella! –exclamó –Iré a buscarle el número.

Minutos más tarde regresó con una tarjeta. ¡Qué mujer más cabeza dura!

-¿Este será el número?

Presioné el botón rojo de mi silla para hacer una llamada.

-Marcar número –indiqué a la máquina que identificaba mi voz.

-Textil Cullen –me atendió una mujer.

-Soy Edward Cullen, hijo de Carlisle Cullen, necesito hablar con un superior a cargo.

-Claro señor, lo comunico –comenzó a sonar una musiquita insoportable.

Tiriririri, tiriririri, tin, tin.

-Hola señor Cullen –me atendió un hombre –Aquí habla el supervisor de la planta, mi nombre es Cayo –se presentó amablemente.

-Mire necesito que hagan un pedido especial para mí.

-Claro, señor, dígame que necesita.

-Le enviaré el diseño por fax –indiqué y luego colgué –Toma un papel y una lapicera –le dije a Kaure.

-¿Para qué?

-Para dibujar, mujer –bufé poniendo mis ojos en blanco.

-No sé dibujar –negó con la cabeza.

-Dibuja unos soquetes.

-¿Soquetes?

-Sí, unos soquetes. Y luego hazle líneas horizontales.

Esperé a que lo hiciera y luego le pedí que buscara pinturas de colores.

-Pinta una franja de negro y otra de amarillo, y repítelo hasta llenar todo el soquete.

-¿Cómo de abeja? –levantó una ceja.

-¡Eso! ¡Como de abeja! –exclamé.

Una vez listo le pedí que enviara el dibujo al fax que indicaba la tarjeta de la textil.

-Edward –oí la voz de Bella.

-¡Kaure, vete, que Bella no vea ese dibujo! ¡No puede verlo! –grité desesperado.

-Está bien, está bien –se metió el papel debajo de la blusa.

-¿Qué hacen? –Bella ingresó a la habitación confundida.

-Nada –Kaure caminó hacia la puerta –Voy a hacer lo que tengo que hacer.

-Ve, mujer, ve.

-¿De qué habla?

-Lo de siempre, la comida –mentí.

-¿Cómo despertaste?

-Bien, muy bien.

-¿Desayunaste?

-No, aún no.

-Buscaré algo en la cocina.

-¡No! –grité.

-¿No?

-Primero… primero ordena esos dvd que Carmen cuando limpió los desacomodó.

-Están igual que ayer, Ed.

-No, no, los quitó de su lugar –insistí.

-¿Acaso ocultan algo tú y Kaure? ¿Es por mi cumpleaños?

-¿Tu cumpleaños?

-¿Alice te lo dijo?

-No, no sabía que era tu cumpleaños –admití –¿Cuándo? –pregunté luego.

-Oh… pues este viernes.

-¿Por qué no habías dicho nada, Swan?

-No lo sé –se encogió de hombros.

-¿Festejarás?

-Mi madre planeará algo, seguro. Todos los años me hacen una fiesta "sorpresa" en casa.

-Sorpresa –repetí riéndome.

-Si q-quieres pue-puedes venir –tartamudeó.

-No tienes que invitarme por compromiso.

-No es por compromiso, m-me gustaría qu-que vinieras. De verdad –respondió algo nerviosa.

-Bien, iré. Pero no llevaré ningún regalo. Eso no es lo mío –mentí encubriendo mi plan.

La idea de los soquetes era perfecta.

-Está bien, no tienes que llevar nada, Ed.

Minutos más tarde Kaure apareció en la habitación con el desayuno.

-Ya lo hice –me susurró.

Mientras tanto, Bella re acomodaba la estantería de películas, que ya estaba acomodada.

-¿Qué hace?

-Quería distraerla para que no supiera lo que hacías. Envía otro fax y pídeles que lo hagan para el jueves a la noche a más tardar. Es urgente.

-¿Urgente?

-Es su cumpleaños –comenté.

-Ohhh… que coincidencia. ¿Cuándo?

-¿Coincidencia? –preguntó Bella acercándose.

-Que ninguno de los dos desayunó –mintió Kaure.

-Ustedes ocultan algo –levantó la ceja derecha.

-Me voy –Kaure salió disparada de la habitación.

Bella me miró.

-No preguntes.

-Okey, no preguntaré.

Bella POV

Mentí.

-¡Kaure! ¿Qué sucede? –la enfrenté.

-No… no puedo decir nada –se tapó la boca.

-¿Nada de qué? ¿Tiene que ver con Suiza?

-No, no es nada malo.

-Bien, entonces ¿qué es?

-Sorpresa –sonrió.

Bufé, Kaure no iba a decirme nada.

Ese día hicimos una maratón de películas de súper héroes con Edward.

-¿A quién prefieres? –preguntó –¿Batman o Spiderman?

-Mmmm… Spiderman –respondí.

-¿Spiderman? Es un debilucho al lado de Batman –bufé.

-A mí me gusta su traje –sonreí –¿Tú prefieres a Batman?

-Batman, obvio –susurró –¿Quieres ver la última?

-¿Cuál?

-Batman, el caballero de la noche asciende.

-¡Me quedaré ciega! –exclamé riendo –Y estás obsesionado con Batman, ya he visto cinco –suspiré.

-Okey, okey, la última, lo prometo. Es que Batman era mi súper héroe favorito de niño.

Al finalizar la película, noté que Edward se había quedado dormido, con la ayuda de Kaure lo pasé a su cama.

-Gracias, Kaure –susurré agradeciéndole.

-¿Viendo Batman?

Asentí.

-Era su súper héroe favorito de niño –revisó un álbum de fotos de los estantes de la habitación.

-¿Ese es Edward? –señalé la fotografía de un niñito disfrazado de Batman.

-Sí, en su cumpleaños número diez.

-Oww, que ternura –me empalagué de dulzura al ver esa fotografía –¿Podría llevármela para hacerle una copia?

-Claro –la retiró del álbum y me la entregó.

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Y al fin llegó el viernes, el día de mi cumpleaños.

Esme me había dado el día libre gracias a la petición de Edward.

19:00 pm.

Llegué a casa luego de tomar café con muffins con mi amiga Ángela, en un bar de la zona.

-¡Sorpresa! –gritaron todos en cuanto ingresé a la casa.

-¡Sí, sorpresa! –exclamé al ver a Jake, mi madre lo había invitado.

-Felicidades, bebé –Jake me abrazó con todas sus fuerzas.

Sonó el timbre.

-Abriré –mi madre se dirigió a atender.

-Hola –oí la voz de Edward, no creí que fuera posible, pero lo era, estaba allí, en la puerta de mi casa.

-¡Hey! –grité al verlo –¡Viniste!

Tyler lo ingresó a la casa y luego se retiró.

-Si quieres puedes quedarte a cenar, Tyler.

-No, gracias señorita Swan –se despidió –Feliz cumpleaños.

-Gracias –aprecié su saludo.

-Bien, siéntense en la mesa, serviré el pollo –indicó mi madre.

-Ella es mi abuela –se la presenté a Edward.

-Encantado –susurró él.

-Un placer, muchachito.

Me senté al lado de Edward para ayudarlo a comer.

-¿Estás cómodo? –pregunté.

-Él está cómodo, Bells, cálmate –Jake comenzaba a sonar algo celoso.

-Hola, Edward –Alice lo saludó besando su mejilla.

-Hola –respondió él sonriéndole.

Alice se sentó al lado de Jake con la bebé.

-¿Celoso?

-Alice –la miré fijamente.

-Bien, tengo hambre –cambió de tema –¿Comemos?

Mi madre trajo el pavo a la mesa y mi padre lo trozó.

-Este es mi trabajo, Edward, es trabajo del macho de la casa –indicó mi padre haciéndose el forzudo.

-Toma –le alcancé el plato de Edward y luego le corté la comida.

-¿No puede comer solo? –preguntó Jake.

-No, no puedo –Edward respondió bufando.

-Ah –Jake se comportaba con un tonto.

-Es obvio que no puede –Alice lo miró con mala gana.

Respiré profundo.

Al terminar el pavo, mi padre me entregó su regalo.

-Oh, papá, no era necesario, gracias –lo abrí, era una blusa rosa con lunares negros.

-Aquí el mío –indicó Alice.

Lo abrí, era un portarretratos con una fotografía de Renesmee.

-Awwww –todos se enternecieron con la imagen.

-Ahora yo, yo, yo –Jake insistía en darme el suyo.

-Bien –tomé el sobre, dentro había una collar con un dije.

-Es mi inicial –explicó.

El dije de corazón tenía la letra J en el centro.

-Oh… gracias, Jake –tragué saliva.

Típico regalo egocéntrico, lo mismo de siempre, una J en una blusa, una camiseta de sus entrenamientos, una fotografía de él, y ahora un dije con su inicial. ¿Con que necesidad?

-Yo también tengo uno –interrumpió Edward.

-¿De verdad?

-Sí, está debajo de la silla.

Revisé su silla y encontré una caja pequeña de color rosa con un gran moño.

-¿Qué es?

-Ábrelo, ábrelo –insistió Alice.

Rompí el papel, abrí la caja y me encontré con unos soquetes de abeja.

-¿Qué mierda es eso? –Jake me miró desconcertado.

-¡Soquetes de abeja! ¡No puedo creerlo! Ahhhhhhh –grité saltando de la alegría –Voy a morir de emoción ¡soquetes de abeja! ¡Ahhhh! ¡Es el mejor regalo de toda mi vida!

-¿Tanto lío por unos soquetes? –Jake no comprendía lo que significaban para mí, aunque había oído la anécdota mil veces.

-Le has dado en el blanco, hombre –susurró Alice mirando a Edward.

-¡Estoy muy feliz! ¡Gracias, Ed! –lo abracé.

-¿Y para mí no hay abrazo? –Jake me tomó del brazo con fuerza.

-Bueno, Jake, c-cálmate –no me gustó como tironeó de mi brazo.

-¿Dónde los conseguiste? –le preguntó a Edward de mala gana.

-Los mandé a hacer –respondió.

-¿De verdad? ¡Gracias! –repetí mirando los soquetes con una inmensa alegría.

-Lo que uno puede hacer con dinero, ajá –comentó Jake rechinando sus dientes.

-¿Vamos a comer el pastel? –mi padre lo traía en brazos con una vela encendida.

-Feliz cumpleaños a ti, feliz cumpleaños a ti, feliz cumpleaños querida Bella, feliz cumpleaños a ti –cantaron todos.

Soplé y pedí mis tres deseos.

Deseo que mi familia sea feliz, que Alice encuentre el verdadero amor y que Edward cambie su decisión; pensé.

-Espero que uno de tus deseos haya sido que gane la competencia –comentó Jake sonriéndome.

-¡Quiero comer! –Alice lo empujó para disolver sus comentarios en acido.

Corté el pastel y le dí un trozo a cada uno.

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Edward POV

Jacob me miraba con odio.

-¿Tienes una competencia? –pregunté intentando ser más simpático con él, por Bella.

-Sí, es algo muy difícil, es para dotados, ya sabes –hizo una pausa –Tú hacías ejercicio antes de quedar así –me señaló.

-¡Jake! –Bella lo frenó.

-Solo preguntaba –se encogió de hombros.

-Sí, me gustaban los deportes extremos –aclaré.

-No los podrás hacer jamás, que horrible –el tono irónico de Jake comenzaba a irritarme.

-Es m-mi cum-cumpleaños –la voz de Bella era temblorosa, podía notar que se sentía molesta, muy molesta e incómoda.

-Bella da unos baños esplendidos ¿alguna vez te dio uno, Jake?

Alice lanzó una carcajada.

-Bien, bien, ¿alguien quiere más torta? –preguntó la señora Swan.

-Yo –respondió Jake a secas.

Las mejillas de Bella se tornaron rojas.

-Shhhh –me silenció con una sonrisa.

Luego de una hora, Tyler vino por mí.

-La he pasado muy bien, gracias –dije despidiéndome de la señora Swan.

-Gracias, cariño. Cuídate –susurró ella besando mi mejilla –Ah, me olvidaba. Tengo algo para ti –volteó y sacó algo de su bolsillo derecho.

La observé confundido.

-Aquí tienes –me colocó en el cuello una medalla de la Virgen María –Ella te ayudará y guiará tus pasos. Pídele consuelo.

-Le agradezco, de verdad –su gesto me había emocionado.

-Sé que debe ser difícil, pero intenta creer, Dios te ayudará, él te escucha, cariño.

-¿Qué estás diciéndole? ¿Le hablas de Dios? ¡Mujer! –Alice bufó –Ella vive hablando de Dios, y esas cosas, está cucu –comentó riéndose.

-Gracias por la cena, ha sido maravilloso –me despedí de todos mientras Tyler me subía al coche.

-Edward –Bella tomó mi mano.

-Sí –respondí.

-Yo… bueno… te agradezco el regalo. Ha sido lo mejor que alguien pudo darme, de verdad. Te quiero –besó la comisura de mi labio.

Me quedé atónito, sentí la humedad de sus labios tan cerca de los míos, se me erizó toda la piel, el corazón me latía a mil por hora.

-Adiós –susurró.

Esa noche no podía dormirme, no paraba de pensar en ella, no podía sacarla de mi mente, iba a volverme loco.

6:00 am.

Tosí, me sentía adolorido.

-¡Papá! –exclamé presionando el comunicador.

-¿Qué sucede? –ingresó rápidamente en mi habitación.

-Creo que no me siento bien –jadeé.

-¡Mierda! Tienes fiebre –tocó mi rostro –¡Kaure! ¡Llama a Jasper, ahora!

Al parecer me quedé dormido, porque cuando desperté estaba en una ambulancia.

-¿Qué sucede? –pregunté entre abriendo los ojos.

-Todo estará bien, tranquilo. Te subió la fiebre –aclaró Jasper.

-Bella –susurré.

-Tranquilo, relájate.

-Bella –repetí.

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Bella POV

-Él está muy mal, está inconsciente ahora –oí a Esme hablar de Edward con Jasper.

-No –sollocé.

-Lo lamento, hija –mi padre me consoló.

-No puede morir, no puede –negué con la cabeza –Debemos ir a la Isla, tiene que hacer las excursiones que preparé para él.

-Calma –frotó mis hombros.

-No… no… él tiene que despertar, tenemos que ir a la Isla, Esme dijo que lo haríamos. Él dijo que estaba feliz, pensé que estaba bien, que estaba feliz, feliz –repetí.

-Cariño, mírame –tomó mi rostro con fuerza –Tienes que calmarte. Él es un muchacho con las defensas bajas, y tiene recaídas, tu misma lo dijiste.

-Pero no puede morir, no puede –me lancé al suelo.

-Recemos juntos –tomó mis manos –Hagamos una oración.

Asentí calmándome.

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15:00 pm.

Me quedé dormida en un asiento en la recepción, esperando respuesta de los médicos.

-Bella –la voz de Jasper me despertó.

-¿Pasó algo con Edward? –me desperté alterada.

-Despertó, está algo confundido y débil pero está bien. Mejorando.

Respiré hondo y luego exhalé –¿Puedo verlo?

-Sí, puedes, pero que sea rápido.

Ingresé en la habitación, Edward tenía los ojos cerrados.

-Ed –susurré acariciando su mejilla.

-Swan –respondió débilmente.

-¿Estás bien? Por favor no te mueras, por favor –supliqué entre lágrimas.

-Aquí estoy –tosió.

-Vamos, Bella –Jasper me pedía que saliera de la habitación –No debería dejarte ingresar, si alguien nos ve tendré problemas.

-Te quiero –besé su frente y salí de la habitación –No puedo verlo así, no puedo –lloré sobre el hombro de Jasper.

-Calma –palmeó mi espalda –Llamó Alice un par de veces, quería saber por ti, esta preocupada. Ve a casa, come algo, báñate. Yo te llamo si sucede algo.

Negué.

-No dejes tu salud de lado. ¿Hace cuánto que no comes algo?

-No lo sé –me quedé pensando.

-Ven, vamos por un jugo al menos y luego te llevo a tu casa. No quiero que caigas desmayada.

-No, quiero quedarme.

-No, irás a casa, vuelve a la noche si lo prefieres, pero ahora irás a tu casa.

-Está bien –bajé la mirada.

-Vamos por un jugo al bar y luego te llevo –me arrastró hacia el bar y me obligó a tomar un exprimido de naranja.

-¿Cómo está él? –Alice se me abalanzó apenas ingresé.

-Mal –me senté en el sillón.

-Hola –Jasper saludó a Alice con un beso en la mejilla –Debería comer algo, solo tomó un exprimido en todo el día –aclaró mirándome.

-¡Bella! –Alice me retó.

-No tengo hambre… no tengo ganas de comer.

-¡Comerás! –gritó Alice encendiendo la cocina para preparar algo –¿Tú quieres algo, Jasper?

-No, ya tengo que irme.

-Oh… está bien. La próxima –susurró Alice.

-Cuando quieras sabes que mi casa está disponible para la cena –comentó riéndose.

-Sí, lo sé –Alice se sonrojó.

-Ya bésense –suspiré mirándolos.

Jasper se acercó a Alice y besó su mejilla –Nos vemos.

-Cuídate –Alice cerró la puerta en cámara lenta.

-¿Por qué no le has besado? –pregunté.

-¿Y tú porque no has dejado a Jake?

-No quiero hablar de Jake ahora –bufé.

-Voy a prepararte un arroz ¿Qué dices?

Saqué la lengua.

-Vas a comer, oíste a Jasper.

-Son ambos unos mandones –me acurruqué en el sillón.

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19:00 pm.

-Quiero ir a verlo –insistí.

-Hija, no puedes ingresar a la habitación, está en terapia –aclaró mi madre sirviendo la cena.

-Pero al menos quiero estar ahí.

-¿Para qué?

-Por las dudas… no lo sé.

-¿Por las dudas?

-¡No quiero que muera! –grité perdiendo el control.

Todos se quedaron mirándome.

-Lo lamento, estoy nerviosa –me levanté de la mesa –Iré a mi habitación, me siento cansada –mentí.

Me lancé a la cama y comencé a llorar, no podía soportar la idea de perder a Edward.

-Oh, Bells –Alice se recostó a mi lado.

-No puedo soportarlo, me duele, me duele –me ahogaba entre lágrimas.

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Al día siguiente

-Lo trasladarán a la casa, ya está estabilizado –aclaró Jasper al teléfono.

-Iré a la mansión ahora mismo –indiqué.

-Aguarda, calma, calma. Ahora no. Aún no. Lo trasladarán por la tarde.

-Bueno iré al hospital a verlo –colgué.

-¿Edward Cullen? –pregunté en recepción.

-Habitación 122 –aclaró la enfermera.

Corrí desesperada, necesitaba verlo.

-¡Edward! –ingresé en la habitación eufórica.

-Isabella –me saludó su padre.

-Oh, lo lamento. Discúlpeme señor Cullen –me sentí avergonzada.

-Está bien, los dejaré solos.

-Hola –susurré al acercarme.

-Hola –respondió –Me siento mejor –aclaró sonriéndome.

-Estaba muy asustada, realmente asustada.

-Esto no cambiará jamás. Sucede una y otra vez –aclaró su voz.

-Pero ahora estás bien.

-Pero volverá a suceder, una y otra vez. Siempre sucede.

-Pero mejorarás, igual que ahora –apreté su mano.

-Volverá a suceder. Estoy harto.

-No, no digas eso –negué.

-Estoy harto de vivir así.

-Edward…

-Esto no es vida –sollozó.

-Iremos a las Islas Mauricio ¿Qué dices? ¿Vacaciones? –cambié de tema intentando darle una idea feliz.

-¿Vacaciones? No me dejarán ir.

-Sí, podrás, ya verás que sí.

-¿Islas Mauricio?

-Islas Mauricio –aclaré –Es un lugar esplendido, ya verás. Tengo todo planeado.

-Estás loca, Swan.

-Verás que todo va a mejorar –sonreí –Estarás bien.

Minutos más tarde encontré a Esme en los corredores

-No, imposible –respondió Esme a mi recordatorio de las vacaciones.

-¿Imposible? Pero usted dijo que hablaría con los médicos para que fuera posible.

-Está mal, ha tenido una recaída importante.

-Pero… él necesita esto. Necesita ser feliz.

-No, fin de la discusión, es mi hijo, yo decido por él –respondió furiosa.

Me quedé sin palabras.

-Yo te ayudaré –Carlisle, padre de Edward, apareció por detrás.

-¿De verdad?

-Sé que lo necesita, sé que le hará bien. Ajustaré todo para que el viaje sea seguro y tenga los mejores cuidados allá, no te preocupes, Isabella.

-Gracias, señor.

-No quiero perderlo y siento que cada vez queda menos tiempo.

Recordé la fecha de Suiza.

-¡Falta un mes! –exclamé.

-¿Sabes de Suiza?

Asentí.

-Cambia su decisión, por favor, Isabella, te lo suplico.

-Eso intento –susurré –Eso intento.

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Esa misma noche preparé todos los folletos con la información de Isla Mauricio para el señor Cullen que tendría una reunión con el cuerpo médico de Edward.

-Aquí está todo –aclaré entregándole la carpeta a la mañana siguiente.

-Bien, te llamaré en un par de horas con noticias.

-Gracias, gracias –lo abracé.

Me dirigí a la habitación de Edward y le dí el almuerzo.

-¿Cómo te sientes hoy?

-Mejor –aclaró.

-¿Puedo acostarme a tu lado? –pregunté.

-Claro –respondió sonriéndome.

Levanté las sábanas y me acurruqué a su lado.

-No quiero que te vayas a ningún lado –confesé.

-No me iré –respondió.

-Lo digo enserio, Ed.

-Aquí estoy contigo, Swan –replicó.

Dos horas más tarde sonó mi teléfono celular.

Corrí para atenderlo y resbalé en la cocina, Carmen estaba limpiando.

-¿Estás bien? –preguntó ayudándome a levantarme.

-Sí, sí –revisé mi bolso y saqué el teléfono, tenía una llamada perdida de Carlisle Cullen.

Le devolví la llamada –Señor Cullen.

-Isabella, tengo buenas noticias. Los médicos lo dejarán viajar en avión privado con un grupo de médicos a su disposición. Pagaré lo que sea necesario por el bienestar de mi hijo.

-¡Eso me alegra tanto! –exclamé dando saltitos.

-Haré todos los arreglos y luego te confirmo la fecha de salida.

Corrí a la habitación de Edward y le informé la noticia.

-¡Iremos a Isla Mauricio!

-¿De verdad?

-Sí, iremos ¡iremos, iremos!

-Calma, mujer, calma.

-Estoy muy feliz, te encantará, ya verás.

Sonrió –Seguro que sí. ¿Vendrás conmigo?

-Obvio que sí.

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Más tarde en casa

-Iré a Islas Mauricio con Edward –le conté a mi abuela.

-¿Dónde está ese lugar?

Tomé la netbook y busqué fotografías del lugar.

-¡Qué bonito, que envidia!

-¿Te gustaría venir, nana?

-No cariño, ya no estoy para esos trotes, estoy muy vieja. Además ya viví todo lo que quise y pude vivir.

-¿Cambiarías algo de tu vida?

-La verdad, no.

-¿No? ¿Nada?

-Todo lo que me sucedió fue por algo y aprendí de cada situación, buena o mala. Todo me dejó una enseñanza.

-Eres tan sabia, nana.

-Y tú una muchachita hermosa –pellizcó mis mejillas –¿Te enamoraste de él, cierto?

-¿Qué? –me puse algo nerviosa.

-Edward –susurró.

-Sí –admití amarlo –Lo amo, y no quiero perderlo abuela, no puedo.

-Oh mi niña –me abrazó con fuerza.

Al día siguiente en la mansión, al llegar, oí unos gritos.

-¿Qué sucede? –pregunté a Kaure.

-Los señores están peleando. Y peleando muy feo.

-¿Por qué?

-Por el viaje, la señora no quiere que lo haga.

-¿Es mi culpa?

-No, cariño, no es tu culpa. Es que ella no quiere soltar a su hijo. Tiene miedo.

-Yo solo quiero lo mejor para Edward, no quiero lastimarlo ni que sufra.

-Lo sé –Esme me interrumpió.

-Señora Cullen –me puse tensa.

-Sé que quieres lo mejor para él, pero tengo miedo. Suiza está tan cerca. Y yo… solo… lo amo, es mi hijo y no quiero perderlo.

-La entiendo, tampoco quiero perderlo.

-Cambia su decisión, Isabella. Por favor, mi esposo cree que puedes hacerlo. Por favor, la vida de Edward está en tus manos –un gran peso cayó sobre mis hombros.

-El viaje será la semana entrante, el lunes a la mañana –aclaró Carlisle.

-Bien, señor.

Me dirigí a la habitación de Edward algo asustada, las palabras de Esme me daban miedo "La vida de Edward está en tus manos".

-¿Todo bien? –Edward me miró confundido.

-¿Qué?

-Aquí desde el planeta Tierra, llamando a Bella –lanzó una carcajada.

-Sí, sí, aquí estoy –sonreí.

-Te sucede algo, lo sé, Swan.

-El lunes vamos a Isla Mauricio –comenté.

-¿Este lunes?

-Sí.

-¡Wow! ¡Qué rápido que resolvieron todo!

Tomé su mano con fuerza –Te quiero –susurré.

Sonrió.

-Lo sé, yo también te quiero –respondió.

-Prométeme que todo saldrá bien –lo miré a los ojos.

-Lo prometo.

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Nota de autora

Como bien saben, quiénes me siguen en las redes sociales, perdí a mi perrita hace unas semanas. Y fue muy difícil para mí, un gran golpe. Por eso me atrasé con todas las actualizaciones. Volví al ruedo y estoy disponible para cualquier consulta en el grupo de Facebook Fan Fictions –AdmiRo, la próxima actualización de "Fight for me" será en una semana. En el grupo encontrarán adelantos.

Saludos cordiales, AdmiRo.