VII
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-¿Preocupado, Gyoma? –preguntó la anciana Oboro a un pensativo maestro del Rin'negan. El hombre asintió un poco, mirando hacia la nada. Luego volvió su vista al cuerpo de Naruto, aún inconsciente.
-De alguna manera, sí. Pero…francamente no me explico como un muchacho como este haya podido heredar una técnica tan terrible como la que usted me ha referido.
-Ah, algunas veces la vida da giros muy inesperados, querido muchacho –musitó la vieja enigmáticamente, viéndolo por el rabillo de su ojo– sin embargo…
El silencio que llenó la sala fue atronador. Como si algo terrible estuviese a punto de ser pronunciado.
-Hay algo que usted debe saber sobre Naruto, Oboro-baasan –interpeló nuevamente Gyoma– este muchacho es un jinchuuriki.
-¿Qué es eso? –preguntó a su vez la anciana, mirando sin disimular su atención al muchacho.
-En su interior permanece sellado Kyubi no Youko, uno de los nueve bijū. ¿Tendrá eso algún efecto adverso sobre el ritual de apertura que usted ha mencionado?
Oboro frunció el ceño pero no dijo nada. La presencia de un demonio tan poderoso en el interior del muchacho explicaría muchas cosas, siendo la primera el por qué su aura se degradaba tan rápidamente. Entonces un pequeño dolor la acometió en su ojo izquierdo, haciéndola parpadear y llevar su mano hacia allí, cubriéndose y con su ojo libre miraba a la nada con una delectación envidiable.
-¿Señora…?
-No puedo decirte a ciencia cierta si el ritual de apertura le hará algún daño a él –dijo, sin modificar su posición ni un instante– pero puedo decirte que el sello que mantiene contenido al demonio deberá ser reforzado. Podría escapar si se completa el ritual.
Gyoma negó, mirando a la anciana.
-¿Por qué me ha pedido a mí que lo entrene, Oboro-baasan? –inquirió con voz delicada– ¿no debería ser usted la que guiase su entrenamiento?
Ella no respondió, pero su pensamiento de inmediato le gritó la respuesta; el jagan era una técnica que exigía sobremanera a todo aquel capaz de invocarla junto con sus portentosos poderes. Sin embargo, tenía dudas muy concretas acerca de terminar con vida el ritual de apertura para el sexto maestro; de ninguna manera podría guiar su entrenamiento estando en la otra vida, a pesar de que esa era la especialidad de esos ojos:
La visión de aquello que ya no está allí. Fantasmas, espíritus…esos ojos serían capaces de conjurar maldiciones tan terribles que su víctima podría quedar postrada por siempre. Serían capaces de llamar a la muerte misma en su auxilio, si quien realiza la invocación era de espíritu suficientemente fuerte y no muere en el proceso. Por supuesto, ninguno de los cinco maestros que había visto el mundo había sido capaz de llegar a tal punto; quizá ninguno lo lograría, y algo le decía que era mejor que fuese así.
-El jagan le mostrará que el mundo es un lugar muy hermoso, Gyoma. Un lugar con muchos lugares brillantes, llenos de paz y vida –le dijo ella, con un gesto lúgubre– sin embargo, también le mostrará la fealdad de ese mismo mundo; aprenderá que así como hay paz, hay guerra, hay amor, hay odio y soledad…y que como hay vida, hay muerte. Y todo eso lo verá a través de quienes le han rodeado y lo rodearán: tú, sus maestros y en donde creció. Si su corazón es puro y sabio, el jagan será una técnica que le servirá para brindar luz a su mundo y a su espíritu; pero si en cambio su corazón sólo conoce la oscuridad, el rencor y el odio de sus pares, empleará sus ojos para traer un manto negro sobre todo aquel que lo haya mirado sin una gota de afecto. Porque, y esto debes saberlo también, esos ojos son supremamente vengativos.
-¿Lo está diciendo como si la técnica pensara por sí misma? –soltó incrédulo Gyoma. Cada vez que sabía algo más sobre el ojo maligno, más sorpresas se encontraba.
La vieja negó, riendo un poco.
-Verás…–sonrió ella, mirándolo a sus ojos cerrados– tú sabes que el cerebro humano tiene dos hemisferios, ¿verdad?
Un gesto de asentimiento por parte de su interlocutor.
-Los ojos del jagan son muy especiales, y están conectados a los dos hemisferios; el ojo izquierdo es llamado el ojo del conocimiento, que está conectado al hemisferio izquierdo. Sus procesos lógicos de razonamiento son estudiados a conciencia, así que se esforzará para no cometer ni un solo error. Esto, por supuesto, incluye la presencia en el campo de batalla.
-¿Y el derecho? –inquirió de nuevo Gyoma
-Ah…el ojo derecho es el ojo de las emociones, y se conecta con el otro hemisferio del cerebro. Sin embargo, es aquí donde el jagan adquiere su peligrosidad; si el usuario conoce el sabor del rencor y la venganza, sus emociones lo desbordarán y sus ojos invocarán toda clase de desventuras sobre quien tenga la desgracia de atraer su furia. Por separado, los ojos no tienen mayor poder del que tendría una persona normal; pero al reunir las habilidades del ojo del conocimiento y del ojo de la emoción…–la anciana unió sus manos al entrelazar sus dedos doblados y temblorosos– el jagan hará su trabajo, neutralizando su objetivo de adentro hacia fuera.
La mirada interrogante del usuario del Rin'negan le llevó a aclarar el punto.
-Para vencer a un guerrero no necesitas quitarle su arma, porque aún cuenta con su propio cuerpo para valerse –le miró ella subrepticiamente– primero debes desestabilizar su mente, para que flaquee, dude y no sea capaz de defenderse. Ese es el principio tras los ojos que no son de este mundo. Provoca el miedo en tu oponente…y él solo forjará su propia perdición.
Gyoma asintió y desvió la vista. Algo en el tono de Oboro lo llevó a protegerse inconscientemente. Tal vez porque era consciente de que la vieja alguna vez fue una jaganishi de respeto; y que –muy seguramente– había empleado las habilidades de sus ojos tal cual le había descrito…
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-¿Un mapa, dices? –preguntó Tsunade, examinando el documento que le presentaba Sakura– ¿para llegar hasta Manjidani?
-Así es, Tsunade-sama –asintió ella– con esto, podremos llegar hasta Naruto y rescatarlo.
El gesto de quien fuera consideradada uno de los Sannin fue de honda preocupación. ¿Qué hacer ante semejante predicamento?
-Deme la orden y yo iré, Godaime –habló de pronto Sasuke, un paso atrás de Sakura pero sin denotar un solo instante de duda– yo me encargaré del resto.
-De eso no me cabe la menor duda, pero esto no es una misión de guerra. Tampoco es que haya olvidado a quien puedes enfrentar, llegado el momento.
El Uchiha frunció el ceño.
-Aún si él tiene el Rin'negan, yo tengo al Sharingan para defenderme –dijo él, como si sus ojos vencieran por cuestión de hecho a una técnica legendaria.
-Admiro tu confianza, pero no me arriesgaré a enviarte solo –al momento se volvió a Shizune, y le alargó un pequeño envoltorio de papel. Al momento su asistente desapareció por la puerta.
-¿Y entonces? –masculló nuevamente el muchacho– ¿esperaremos que Naruto vuelva en pedazos para tomar cartas en el asunto?
Tsunade, por su parte, comenzaba a perder la poca paciencia que tenía.
-No olvides que el Hokage aquí soy yo. Por cuanto, mi palabra es ley para cada shinobi de Konoha –respondió ella, mirando a aquel que fuese considerado como traidor en su momento– ¿te queda claro?
Hubo un instante de tenso silencio. Sakura sentía que en cualquier momento saltarían el uno sobre la otra y se armaría una grande, especialmente porque una de las primeras tareas de Tsunade fue el rescatar al muchacho que al final acabaría con Orochimaru por un buen tiempo. Eso todavía estaba presente en la mente de Godaime Hokage, especialmente la parte donde el chidori y Naruto habían tenido un no muy amigable encuentro.
-Iré, así tenga que pasar por sobre toda la aldea –respondió Sasuke entonces, con un ligero destello rojizo de sus pupilas oscuras– y si eso te incluye a ti y a los otros novatos, pues que así sea.
Sakura sintió que se le helaba la sangre en las venas cuando su maestra se puso de pie, con ese gesto que revelaba que lo aplastaría a él y a su preciado Sharingan sin importar el método. Por su parte, su compañero no es que se hubiese amedrentado precisamente.
-Ya basta, Tsunade –cortó de tajo la situación la voz de Jiraiya justo en la ventana– no es momento de estar golpeando hasta la muerte a uno de los ninjas más útiles de la aldea.
Hubo un suspiro de su parte, pero la aludida volvió a su lugar…así como la mano de Sasuke que había ascendido hasta el mango de su katana.
-¿Ha habido noticias de Naruto? –preguntó de nuevo el Sannin invocador de sapos.
Antes de que hubiese una respuesta de alguien, entró Shizune seguida de Neji y Hinata. Ambos traían un gesto de no entender mucho, y la cosa no mejoró al percibir la tácita tensión entre Tsunade y Sasuke. Sakura, hacía las de árbitro...y no sabía si podría manejarlos a ambos, así que en su fuero interno daba las gracias de que todos hubiesen llegados como por mandato de Kami.
-¿Nos ha llamado, Tsunade-sama? –preguntó Neji, mirando a Sasuke de reojo. Él tampoco pareció inmutarse ante la presencia del jounin Hyūga y le sostuvo la mirada de igual manera. Parecía que el muchacho Uchiha andaba bastante ansioso últimamente.
-Como han de saber, Uzumaki Naruto lleva algo más de un mes desaparecido –el gesto de asentimiento fue unánime– por lo que ustedes cuatro irán en una misión hacia Manjidani no sato para traerlo vivo. Y no quiero enfrentamientos de ninguna clase, siendo Muroga Gyoma quien está con él.
-Pero, Tsunade-sama, no sabemos…–convino Hinata, pero fue interrumpida a su vez por Sakura.
-Tenemos un mapa para llegar hasta ahí. ¿Algún otro comentario?
Hubo otro instante de silencio. Todos los presentes sintieron el cambio de atmósfera.
-Salimos hoy en la tarde –habló entonces Sasuke–.
-En efecto. Mientras más pronto lo traigan de vuelta, será mejor. Kakashi los estará esperando en el portal a la hora establecida.
Todos asintieron. Era hora de regresar al jinchuuriki a su hogar.
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-¿Qué cosa es eso? –preguntó Zuko, mirando el pergamino que Gyoma les había dado a su persona y al Avatar, que también miraba con incredulidad aquella maraña de caracteres ininteligibles en aquel pergamino.
-Es como una "a" –pareció razonar Aang, tallándose algo la cabeza.
-Ni de broma eso es una "a" –le respondió Zuko– es una serpiente en postura defensiva.
El maestro aire lo miró como quien acaba de babear sobre su propia ropa.
-¿Una serpiente? –Le miró, levantando los ojos– ¿te sientes bien?
-Yo sí…aunque yo soy quien debiera preguntar eso.
-¿Por qué deberías?
-Anoche no dormiste muy bien, ¿verdad? –preguntó Zuko.
-¿De qué hablas? –preguntó Aang, disimulando sin mucho éxito el incipiente nerviosismo que comenzaba a pulular en el tono de su voz.
-De los "extraños sonidos" que salían de tu habitación –respondió el maestro fuego, tan directo y sin ambages como si estuviesen hablando de lo bonito que estaba el día.
Al momento el monje tuvo una reacción que podría ser tomada como intermedia entre un síncope y un ataque de embolia. Ni que decir que ni una sola palabra emanó de sus labios. Y una sonrisa extraña surcó el rostro de Zuko, no muy proclive a semejantes actos de frivolidad con su amigo.
-Sería muy interesante ver cómo reaccionarían tus maestros al ver tu "postura" sobre las "tentaciones" –deslizó él, sin disimular el evidente doble sentido de sus afirmaciones– ¿verdad que sí?
Aang, seguía como en un estado de negación. Ni reaccionaba, sólo parecía empeorar ante la arrolladora evidencia. Y, para más…
-¿Qué hacen, chicos? –apareció Katara de la nada, con una sonrisa tan brillante como el propio sol.
-Oh, nada en realidad…–se encogió de hombros Zuko, levemente– hacíamos un encargo para Gyoma-sama, pero algo se nos atravesó, ¿verdad?
El Avatar no dio señales de reacción.
-Aang, ¿estás bien? –Le miró Katara con la preocupación brillante en sus ojos– te ves pálido.
-Creo que mejor te lo llevas y lo cuidas…eso podría funcionar –sonrió con sorna Zuko. Katara no quiso reaccionar y levantó a su pareja, que sin mucha resistencia se marchó con la maestra por uno de los pasajes del templo.
-Supongo que algunos nacen con mucha suerte…–murmuró para sí mismo el maestro, luego volviendo su atención al pergamino– y ahora, ¿cómo dibujo esta serpiente?
-A ver eso –de improviso irrumpió una mano y le arrebató el documento–
-¡Fong!
-Ya, ya…yo me encargo de esto, antes de que algún otro sufra los efectos de un cerebro recalentado –susurró sin discordia la maestra tierra, yendo hacia el centro del patio y leyendo el pergamino sin poner mucha atención en la discusión de su compañero.
-Fong, tú eres ciega –le recriminó Zuko– ¿cómo puede ser posible que veas ahí un fideo?
-Es cierto que soy ciega, pero estoy muy segura de que tú verías una serpiente en donde hay un fideo.
-¡Claro que no!
-¿Entonces qué hay en tu pierna?
-¡No hay na–!
La afirmación quedó colgando en el aire, junto a la sonrisita socarrona de Fong. Ahí se enroscaba con el mayor gusto una serpiente, cuya lengua viperina chocaba con la tela de los ropajes de Zuko.
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La comitiva se encontró a la hora pactada en el portal. Evidentemente, cuando la situación lo ameritaba, hasta Kakashi podía ser puntual; el recuperar al hijo de su sensei y ahora compañero parecía ser una razón lo suficientemente válida como para dejar que la viejita –que siempre tenía la ventura de encontrárselo en su hora de mayor necesidad– se las apañara como pudiese.
-¿El mapa? –preguntó el ninja de cabello plateado.
-Conmigo –levantó la mano Sasuke.
-Bien. No tengo que mencionar que iremos en una misión pacífica; otro problema será el de la niebla que rodea el camino de Tokai. Por lo mismo, Neji irá al frente con Hinata; será el colmo si con dos usuarios del Byakugan acabamos perdidos en la niebla.
Un gesto de asentimiento fue todo lo que hubo de por medio, y se perdieron en la arboleda. Susurros ocasionales fue todo lo que cruzó aquella comitiva, que se había acostumbrado a los pequeños desmanes e inesperados exabruptos del ninja rubio, que no reparaba en abrir su boca inclusive para decir que iba al baño. Sakura, una de las que más había criticado semejante actuar, se encontraba ahora extrañando a su compañero; lo más increíble del asunto es que no esperaba vivir lo suficiente para experimentar semejante sensación.
Si bien luego de aquel desventurado encuentro con Orochimaru en el puente del cielo y la tierra había descubierto –por no mencionar el haber sentido en propia carne– lo que representaba ser un jinchuuriki, y custodiar día y noche a Kyūbi no Youko. La reacción que tuvo entre sus coetáneos el que se supiera la noticia tampoco le sorprendió; después de todo, no siempre uno se entera que una persona que uno llegó a considerar un verdadero retrasado y fracasado en el asunto de ser ninja fuese en realidad una persona con un poder de semejante calibre. El asunto que rondaba su cabeza era cómo reaccionaría Naruto, por lo que contemplaba varias opciones a placer de quien quisiese tomarse la molestia de considerarlas:
Opción número uno: Naruto los ignoraba, juraba no volver a Konoha y, en efecto, se iba de la aldea a algún lugar. Ramenlandia, quizá.
Opción número dos: Naruto juraba odio eterno a Konoha, y empleaba el poder de Kyūbi para arrasar la aldea hasta sus cimientos. Posiblemente después también emigrara a Ramenlandia, incluso volviéndose el Ramenkage.
Opción número tres: Naruto estaba muerto ya. Tan simple como eso.
Ninguna de las tres le satisfizo mucho, siendo sincera consigo misma. No quería que su ruidoso-y-poco-prudente compañero un día desapareciera como si tal cosa. Ya para cuando tuvo conciencia de sus acciones nuevamente, pudo ver que el sol se ponía tras la montaña, que comenzaba a tener un tinte macabro. Evidentemente, hacía unos cuantos árboles el ambiente comenzaba a cambiar; el aire era más frío, los pájaros ni siquiera se molestaban en cantar y sólo se escuchaba el rumor suave de un río…junto a la bruma que comenzaba a hacer su aparición. En este punto, Kakashi hizo que se detuviesen y pidió a Sasuke consultar el mapa.
-Si seguimos hacia el norte, siguiendo el río, deberíamos encontrar algún rastro de esa aldea –Neji asintió ante la idea y miró hacia la vera del río, que pasando unos cuantos recodos comenzaba a volverse incluso más sombrío. Como si alguien no quisiese que pasaran de aquel punto.
-Está por anochecer. Será mejor seguir hasta la aldea…por alguna razón, no quiero quedarme aquí –dijo entonces Sakura, poniendo de manifiesto el sentimiento general del grupo.
-Avanzaremos una hora más. Si no encontramos nada, acamparemos…y que pase lo que tenga que pasar –convino Kakashi, mirando con su ojo derecho los alrededores con precaución
Los cuatro desaparecieron nuevamente en saltos, pero tuvieron que reducir la velocidad al ver que la neblina comenzaba a volverse más espesa. Llegado un punto, tuvieron que dejar de lado la opción de saltar de rama en rama; literalmente, era imposible ver cinco metros más allá de la propia nariz. Por otra parte, la noche tomaba tintes más que macabros…aunque la luna brillaba impávida en su cuarto creciente, había algo que no los dejaba estar en paz.
-Parece que tendremos que acampar, después de todo –se resignó Kakashi, mirando a sus compañeros– lo haremos aquí, cerca del río.
-Tomaré la primera guardia –dijo entonces Neji, dejando de lado su pequeño equipaje–.
Hubo un gesto de asentimiento y en menos de nada el campamento estuvo levantado. El muchacho Hyūga se sentó cerca del campamento, bajo la custodia de un árbol enorme, y se dedicó a escudriñar los alrededores de aquel lóbrego lugar. No es que creyera en la existencia de fantasmas o algo así…
Pero el lugar no le gustaba. De verdad no le gustaba ni medio ryu.
-Es un sitio espantoso. Cuanto más pronto encontremos al dobe, mejor –escuchó la voz de Sasuke viniendo desde el campamento. Sus ojos se encontraron con los negros del Uchiha.
-¿Problemas para dormir, Uchiha? –preguntó Neji
-Tengo sueño liviano –fue toda su respuesta.
Si algo hay que achacarle a un par de muchachos que fueron novatos número uno de sus respectivas promociones, es que definitivamente no conocían la manera de llevar una conversación decente.
-¿Te preocupa Naruto? –preguntó de improviso el jounin, sacando de sus cavilaciones al joven Uchiha.
-Sé que no se rendirá sin luchar –respondió– lo que me preocupa es que haya encontrado un escollo que lo haya vencido.
-Todavía guardo la esperanza. No morirá sin haber cumplido su parte…y sin que le haya dicho que lo lamento.
Sasuke dejó de lado la interesante visión del suelo nocturno y se volvió hacia Neji. No es que fuera muy común en él dar tamañas demostraciones de emoción, pero el asunto lo ameritaba. Tal parece que Naruto, como por variar, también había tenido una muy fuerte influencia sobre él.
-¿Tú sabías sobre el Kyūbi? –volvió a preguntar Neji, esta vez sin mirarle
-Tarde, pero sí, me enteré de eso.
-¿Tuviste miedo?
Un instante de silencio.
-Me sorprendió, más que nada. No creí que una gran parte de los "poderes ocultos" de Naruto fuese el contener algo así.
-Eso no responde la pregunta, Uchiha.
-No, Hyūga, no tuve miedo. Él seguía siendo Naruto, después de todo.
Aquella última frase dejó a Hyūga Neji helado. Era cierto, y él mismo se había dejado deslumbrar por los acontecimientos que habían tenido lugar; jinchuuriki o no, él seguía siendo el mismo Naruto, el mismo que contra todos los pronósticos lo venció en el examen Chūnin empleando el poder del bijū y su propio ingenio. Y al parecer, no había sido el único que había caído en eso. Sabía que su prima lo estaba pasando muy mal por esa razón.
Entre tanto, en una de las tiendas, Hinata escuchaba la conversación entre Sasuke y Neji. Ella también guardaba bastantes dudas acerca de una potencial reacción de Naruto al verlos. ¿Qué haría?.¿Acaso les diría que no quería verlos más, y que bajo ninguna circunstancia regresaría a la aldea?
La peor parte del asunto, es que nadie tenía derecho a reprocharle su decisión. A cambio de una vida de protección, se le había prodigado cuanta vejación se pudiese ocurrir. Y eso, por supuesto, incluía a su propio padre. Conociendo como conocía al centro de sus atenciones más dilectas, su temperamento era lo que menos controlaba, y el que su padre no hubiese acabado con unos cuantos moretones había sido algo digno de mención.
A cambio, obtuvo un "te voy a dar una lección" más bien frío, calculador. Muy al estilo de su primo o del propio Sasuke. Y luego de una sucesión de acontecimientos, estaban ahora tratando de rescatar a Naruto. El solo pensar que pudiese estar herido o algo peor la hacía sacudirse como una hoja en medio de un vendaval. Trataba por todos los medios de imaginar cualquier cosa, que no le había pasado nada malo…
Pero el que Sakura le hubiese contado acerca de aquella infortunada transformación, las cuatro colas y el cataclísmico poder que era capaz de liberar Naruto. Ella nunca lo había visto, pero ella sí le supo contar cómo lo veía, convertido en una miniatura de Kyūbi y atacando cuanta cosa se pusiera frente a él.
De cualquier manera, sólo guardaba la esperanza de poder volverlo a ver, recuperarlo y volver a la aldea. Y luego sí le diría sobre sus sentimientos, incluso si se moría ahí mismo; pero no podía dejar que una situación así se repitiese.
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-Bien –dijo la anciana Oboro, mirando hacia el cielo tachonado de estrellas– la hora se acerca…
Con la voz ausente aún, se arrodilló junto al cuerpo inerme de Naruto. Más que nada, quisiera poner en opción del propio ninja si deseaba o no ejecutar el ritual; pero su tiempo comenzaba a terminarse y podía ser peligroso si se le daban más largas al asunto. Posiblemente el chakra corruptor del demonio tuviese algo que ver, y bajo otras circunstancias podría investigarlo.
Pero ahora no era ese momento.
Su mano se alargó hasta tomar un frasco que contenía tinta negra y un pequeño pincel; acto seguido, levantó levemente la cabeza del muchacho, para liberar el nudo que mantenía la venda sobre sus ojos. Al retirarla, pudo estudiar sus facciones juveniles y negó un poco. De nuevo, su ojo izquierdo comenzó a acuciarla con un escozor y parpadeando un poco, juntó sus manos y concentró el poco chakra que le quedaba. Así comenzaba el último ritual de apertura del que tomaría parte.
Con la energía azul rezumando de la punta de sus dedos, recorrió la distancia que había entre su corazón y su ombligo, trazando una línea brillante que desapareció segundos después; luego apareció el sello del Kyūbi ante sus ojos, cuyos irises brillaban con un fuego áureo. Se sorprendió cuando sus manos expertas acariciaron el sello, sintiendo la marca de la muerte sobre una piel tan joven.
Su mano libre buscó el frasco con la tinta, lo agitó un poco y luego tomó el pincel, lo sumergió en la sustancia y trazó una línea perfecta desde el centro del sello hasta el medio de su pecho, entre sus pectorales; allí dibujó un pequeño hexágono, y escribió pequeñas e ininteligibles runas para alguien no acostumbrado a leerlas, y en el medio de la figura, un pequeño símbolo del ying-yang, la eterna representación de la dualidad de la naturaleza humana; después procedió y delineó un par de líneas por los brazos y antebrazos de Naruto hasta llegar al dorso de cada mano, donde dibujó un círculo con líneas más gruesas y un pequeño punto en el medio. Terminado esto suspiró y volvió a checar al rubio. Hasta el momento no había ningún signo de cambio que tuviese que ser revisado.
Tras tomarse un pequeño descanso, liberó el cinturón que sostenía la parte baja de la túnica de Naruto; allí usó su tacto para encontrar la piel de sus piernas, y trazó otras líneas siguiendo el mismo patrón, hasta llegar hasta sus pies; allí repitió el dibujo de los círculos. Hecho todo, suspiró y volvió a juntar sus manos, mientras comenzaba a rezar; las líneas comenzaron a brillar primero en azul, luego en rojizo y luego en un color entre el índigo y el púrpura, para luego detenerse.
Estando prácticamente terminado el dibujo se acercó a su rostro, pálido, con algo de ojeras y aún durmiente; tomó el pincel y dibujó una línea gruesa desde la parte superior de su cejas, pasando con delicadeza por sobre sus párpados y llegando casi hasta la altura de la comisura de sus labios. Viéndolo en retrospectiva, parecía una imitación de la cicatriz que Kakashi tenía en su rostro, sólo que este dibujo estaba repetido sobre ambos ojos. Eso evitaría que el poder del jagan se saliese de control por completo y lo matara en el momento menos indicado.
Una sonrisa cansada surcó sus facciones y sus manos se unieron, resonando con una débil palmada; al momento las líneas brillaron y se desvanecieron, como si nunca hubiesen estado ahí. Las vendas volvieron a su lugar sobre el rostro de Naruto y ella suspiró, apagando la luz dorada de sus ojos. El cansancio al usar su técnica era una señal inconfundible de que su energía vital se apagaba con el correr de los minutos, y tenía que aprovecharlos muy bien. Era irónico, que teniendo todo el tiempo del mundo durante toda su vida para esperar y entrenar al siguiente jaganishi, tuviese que correr cuando estaba a punto de morir para cuando menos completar su apertura.
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-¿Gyoma-sama? –preguntó uno de los monjes de pie ante el portal del templo y que se encargaba de apagar las pocas luces que aún quedaban en torno a la centenaria construcción– ¿va a salir a esta hora?
Una sonrisa surcó el rostro del maestro, que asintió un poco. Se ajustó el manto oscuro que llevaba sobre sí para poder lidiar con el frío de aquella noche.
-Me antoja caminar un poco, es todo –asintió, mientras se dirigía hacia el camino del río– buenas noches
El monje en cuestión sólo negó un poco, y apagó las luces. El templo, al igual que todo Manjidani, quedó sepultado bajo un manto oscuro. Lo único agradable de todo aquello es que el cielo se veía impecable incluso con el acuciante paso de la niebla por sobre sus pies; las estrellas se veían claras, a diferencia de la mayoría de las aldeas de hoy, donde el alumbrado eléctrico impedía ver con claridad el cielo que alumbró mucho antes de que el primer hombre abriera sus ojos a este mundo, y que alumbraría incluso cuando el último cerrara sus ojos.
La caminata nocturna no era algo que practicase muy a menudo, sobretodo desde que decidió dejar de lado el ser ninja para convertirse en un asceta tranquilo, viviendo a sus anchas en una aldea que ni siquiera había visto un ninja en más de doscientos años. Aún ahora, conocedor y dominador –en algún grado– de las habilidades de su Rin'negan, no era muy proclive a caminar en las noches. Quizá porque le traían recuerdos de un pasado que si bien no detestaba, prefería no recordar. La vida tranquila que llevaba hasta ahora lo tenía más que satisfecho, e incluso con las pequeñas escaramuzas que protagonizaban algunos en su búsqueda, no es que se preocupase demasiado.
Pero ahora, por alguna razón, se sentía preocupado. La razón, y lo sabía de sobra, era ese muchacho que le había sido confiado; por muchísimo tiempo no había entrenado a nadie, y el último había resultado ser un prospecto muy prometedor, pero cuya suerte no había sido la mejor. Desde entonces no había entrenado a nadie…y ahora, prácticamente de la nada se encontraba con un muchacho, que encima de jinchuuriki también había sacado de ninguna parte una técnica tan letal como podía llegar a ser el ojo maligno.
¿Acaso ese jagan sería capaz incluso de rivalizar con el Rin'negan, la técnica que el creador del mundo ninja empleaba?
Su cabeza no daba con una respuesta contundente y eso –entre otras cosas– no lo dejaba estar en paz consigo mismo…hasta que unos cuantos kunai se clavaron a poca distancia de él. Gracias a sus cuatro sentidos más desarrollados, pudo evitar ser ultimado de manera poco grata.
-¿Quién va? –preguntó una voz juvenil, saliendo de la bruma y poniéndose en el rango de "visión" de Gyoma. Era Neji, que había percibido la presencia del maestro.
-Esa debería ser mi pregunta, joven –respondió Gyoma, hablando con seriedad y estudiándolo– no acostumbro a ver mucha gente por aquí.
Neji calló un instante y luego lo miró con detenimiento, sin emplear todavía su Byakugan.
-¿Muroga Gyoma?
-¿Quién desea saberlo? –preguntó de nuevo el aludido, tomando posición de guardia bajo su manto, preparado para cualquier cosa que pudiese presentarla.
-Uchiha Sasuke –respondió de repente el sorpresivo tercer interlocutor. El hombre en cuestión miró hacia un árbol, donde en una de sus ramas bajas estaba el muchacho cuyos ojos ardían en los colores del Sharingan. Era obvio que Sasuke no esperaría para una charla con el hombre; le sacaría lo que sea que tuviese por la fuerza.
-Un Uchiha…–inclinó el rostro entonces Gyoma, como si mirase para el suelo– y percibo un fuerte aura combativa. ¿Qué es lo que desean, forasteros?
-Usted tiene a Naruto…y usted va a devolvérnoslo –reiteró Sasuke, poniéndose de un salto junto a Neji, y mirándolo fijamente con el Sharingan activado– o lo lamentará.
-He oído historias sobre usted, Uchiha-san…–dijo él, levantando el rostro– sin embargo, no debería tomarme a la ligera.
Antes de que hubiese una respuesta de alguien, Gyoma cruzó tres sellos en sus manos. Eso fue lo que sucedió antes de que con un susurro abriera sus ojos, brillantes incluso en medio de la niebla. Ni Neji ni Sasuke habían tenido la oportunidad de contemplar el Rin'negan, por lo que se estaba presentando una oportunidad única: tres de los dojōtsus más poderosos estaban a punto de enfrentarse.
Notas de autor: R. Van Halen escribiendo desde una mazmorra.
Bueno, no me tomaré el trabajo de repetir la infame excusa que por culpa de la universidad, el nuevo manga de Evangelion (hay nuevo manga y nueva historia, hell yeah!), xxxHOLIC, TRC y por supuesto Naruto, no haya actualizado nada de nada. De hecho, el capítulo estuvo como un tercio aproximadamente dos semanas, hasta que ayer decidí a terminarlo. Espero que no les disguste en demasía esto de las introspecciones, porque de cierta manera lo que se espera lograr –ya que Kishimoto-teme no se toma la molestia sino de adular al maldito Uchiha– es que tomen en cuenta la importancia del niñito rubio. Que no se les olvide quien tiene al zorro de nueve colas.
Una vez concluida mi disertación de naderías, debo agradecerles los reviews. Sin embargo, por cuestiones de tiempo (mañana es lunes, lo que quiere decir que tengo que madrugar de manera inmisericorde) no puedo sino nombrar a quienes, amablemente, me han ayudado con la historia para que tenga la astronómica suma de reviews que ustedes pueden contemplar ahí arriba, justo después de la cantidad de banners y publicidad. (Bueno, quizá no es astronómica, pero son mis reviews y casi casi me casaría con ellos, de no ser que sería algo enfermizo y poco creíble). Así que a:
Karurosu-sempai
Javier de Jesús Segura
Rromy
Kaoru Tsukimine
Shadow Noir Wing
Always Mssb
Muchísimas gracias. También mención especial para Kassie L.K., que aunque nunca deja review, se acuerda de comentarme por la ventanita del MSN. Y ahora sí…hasta la próxima.
