Renuncia de derechos: Harry Potter y todo su universo son de J. K. Rowling, solo tomo parte de ello por diversión, sin fines de lucro. Por otro lado, trama y algunos personajes sí son míos, por lo que me reservo su uso.
Advertencia: la presente viñeta puede insinuar detalles que no siguen el canon debido a que está ligada a la Saga HHP, escrita por su servidora antes de leer HP6 y HP7, así que no se admiten reclamos por la ausencia y/o presencia de personajes y situaciones que Rowling jamás escribió.
La presente viñeta participa en "¡Te reto! Sí, a ti. Escritor de fanfics", de TanitbenNajash.
G de Graham (I).
En honor a la verdad, Robert nunca se fijaba demasiado en el sexo opuesto.
Estaba en aquel país por orden del Cuartel General de Aurores, así que lo intimidaba sobremanera rondar sin rumbo fijo por lo que llamaban "la Plaza", el centro de reuniones en las instalaciones de la Secretaría de Magia. Había cometido el error de otros compatriotas al creer que México apenas si tenía magos, y ahora lo pagaba.
Peor aún: sentía, ridículamente, que una mujer le había gustado a primera vista.
La susodicha aún no le decía su nombre, lo cual era un inconveniente. De hecho, no estaba seguro de que entendiera bien su idioma, solo lo suficiente para que le tendiera la pluma de águila que tenía en la mano cuando la necesitó para firmar un informe.
Acordarse de ello lo hacía sentir más extraño si cabe. ¡Solo le había prestado una simple pluma! Ah, pero la perdición de Robert eran los ojos femeninos, no era capaz de ignorarlos cuando eran bonitos, y los de esta mujer ciertamente le fascinaron al instante.
—Roberto —llamó un hombre a su espalda, al tiempo que sentía una palmada en un hombro. Al girarse, se topó con aquel que hacía el papel de su anfitrión en aquella nación —¿Qué te parece la Secretaría? Ni parece subterránea, ¿verdad?
—Pues no, aunque me está gustando más que el Ministerio inglés. Parece que los techos son más altos que allá. Además, aquí hay más luz, lo que me parece estupendo.
—Y allá hay niveles, cuando aquí casi todo lo tenemos en una sola planta. Oye, el señor Armendáriz dice que podemos irnos a comer, ¿qué te parece? ¡Te invito!
—Sí, pero…
—¡Nada! Sé de unos tacos muy buenos aquí cerca que… ¡Abil! ¿Vas con Armendáriz?
Robert miró por encima del hombro a quien veía su interlocutor, topándose con la mujer de los ojos bonitos. Pudo fijarse un poco más en ella, notando su cabello castaño de corte muy pequeño, casi varonil, y su tez morena. Bien mirado, no era nada fea.
—Iba, pero seguramente me ordena volverme nahualli —la mujer parecía algo despistada minutos antes, pero en cuanto se fijó quién le hablaba, sonrió, aunque luego torció la boca —Como si no fuera suficiente ser de Inteligencia Mágica…
—Eso sí. ¿Quieres ir a comer? Iba a llevar a Roberto a que pruebe los tacos de tripas.
—¿En serio? Me apunto. ¿Usted es Roberto, verdad?
El aludido asintió, preguntándose por qué su nombre no sonaba tan mal dicho por ella de esa manera. De pronto se acordó de lo que llevaba en la mano y se lo tendió.
—Le agradezco que me la prestara hace poco —pronunció con cautela.
Estuvo a punto de soltar un bufido de enfado consigo mismo, ¿cómo se le había ocurrido hablar en su lengua materna?
—No hay problema —contestó ella, sorprendiendo a Robert al emplear el inglés para ello —Un segundo idioma es requisito indispensable para trabajar en mi departamento —aclaró, encogiéndose de hombros con aire divertido, para luego tender la diestra —Me llamo Abil Nicté, señor. ¿Viene de Europa, verdad?
—Sí, de Londres. Soy Robert Graham.
—Ya me lo figuraba. A Ócelotl se le facilita recordar los nombres en español.
—En realidad no me molesta. Solo es una letra.
Abil asintió, sonriendo otra vez, antes de mirar al mencionado Ócelotl.
—¿Ya van por los tacos? —inquirió.
—Sí, Armendáriz nos mandó a comer ahorita. Pero si estás muy ocupada…
—No, vamos.
Los tres fueron hacia donde estaba la puerta de visitas, la cual daba directamente a una de las calles más pequeñas y transitadas en las cercanías del Zócalo de la Ciudad de México. A Robert le seguía pareciendo interesante que los magos de aquel país tuvieran semejante medida con la entrada a la Secretaría, pero Ócelotl se echó a reír cuando lo comentó, asegurando que en esa ciudad, los macehualtin (la palabra que ellos usaban en vez de muggles) apenas se fijaban en lo que hacía la persona de junto cuando caminaban por las aceras. Debió darle la razón al descubrir dónde habían salido: en el interior de un edificio antiguo restaurado y que era usado como plaza comercial.
—Te digo, Roberto, esos tacos están para chuparse los dedos.
—Ócelotl parece adorar ese platillo —comentó Robert a Abil, intentando iniciar conversación mientras iban rumbo al sitio donde comerían.
—No es "platillo" como tal, pero sí, le gusta. Ya lo verá usted.
En realidad, a Robert le importaba poco lo que fuera a llevarse a la boca en ese instante. Solo le interesaba seguir conociendo a aquella mujer, sin quererse acordar que volvería a Inglaterra en dos días.
Aunque no lo admitiera, quizá ya estaba enamorado.
–&–
Bienvenidos sean a esta letra de las viñetas. Espero que les gustara.
En esta ocasión, la G le corresponde a un personaje de mi saga: Robert Graham, un auror que por una misión en el extranjero, terminó en la Secretaría de Magia de México. Los lectores habituales de la Saga HHP lo habrán reconocido y quizá nunca imaginaron su personalidad, pero yo sí, pues su hijo Henry se le parece bastante en ese punto. Al pobre hombre no lo menciono seguido por una sencilla razón (que no desvelaré aquí para no echarles a perder la saga, si un día la leen), pero siempre lo he visto como uno de esos aurores serios, amables y muy competente en el cumplimiento de su deber.
Ahora, respecto a otros detalles: el Departamento de Inteligencia Mágica de la Secretaría de Magia mexicana es el equivalente al Departamento de Misterios del Ministerio de Magia británico. Por otro lado, la palabra nahualli es la que usan en México para designar a un animago.
Cuídense mucho y nos leemos a la próxima.
