Ha pasado un año desde el asesinato de la única familia que le quedaba. Hoy al momento en que el reloj marcara las siete de la noche, él saldría libre.

El individuo que mató a sus abuelos sin una pizca de compasión.

Quiero que pague. Que pague muy caro. Y no me interesan los medios para alcanzar mi fin. Incluso si tengo que hacer que corran ríos de sangre.

Lamentarás haber provocado a mis demonios, Taichi Yagami.


Sentía como si hubiese sido transportada a un lugar en el que solo existían ambos.

Su piel poseía trazos de tinta de diferentes colores. Era extraño verlo así.

— ¿No piensas responder? — Dijo seriamente.

Él se encontraba del otro lado del vidrio con un teléfono en su oído para poder escuchar y con el usual uniforme naranja que todos los presos sin excepción debían usar.

— Olvidé qué preguntaste.

— ¿Qué demonios haces aquí? V Repitió poniendo los ojos en blanco con fastidio — Te dije infinidad de veces que no vinieras. ¿Cómo podría encararte?

— Ya pasó un año — Contestó firmemente— Supéralo, Taichi.

— Deberías odiarme. Tanto que incluso en tus sueños ese odio se hiciera más grande.

— Lo hice. Te odié cómo no tienes idea, pero…

Golpeo con su mano libre la superficie de la mesa — Estoy hasta la puta coronilla de que quieras involucrarte conmigo, Mimi — Su voz resonó con gravedad — Si continuas esto, siempre estarás en peligro.

— Hablé con Koushiro y tu abogado — Dijo decidiendo ignorar lo que Taichi le reclamó — Saldrás muy pronto de aquí.

Taichi sonrió de lado con ironía — Vaya regalo para un bastardo que merece más tiempo aquí.

— Deja de decir eso — Susurró débilmente.

Tiró el teléfono sobre la mesa y salió de la sala de visitas, dejándola sola. De nuevo.

— Señorita, el tiempo de visita terminó — Un oficial la escoltó hasta la entrada.

Afuera Daisuke y Daniel la esperaban.

— ¿Cómo te fue? — Ambos le cuestionaron la unísono, a lo que ella solo suspiró cansada.

— Una gran conversación — Respondió subiendo a la camioneta para que posteriormente Daniel iniciara el recorrido devuelta — Él no quería verme.

— Tienen un año entero de no verse — Daisuke se encogió de hombros — Dale tiempo para que se tranquilice.

— Me sentí una estúpida. No supe qué decir al verlo… ese cambio tan radical en él… — Dijo rememorando los tatuajes en ambos brazos.

— ¿Estás diciendo que no se veía genial? Si yo fuera una mujer o un marica, hasta yo le diría que me coja — Con descaro y sin vergüenza alguna le guiñó un ojo.

— No hablo de que se vea mal, Daisuke. Solo… me tomó por sorpresa.

Mimi sintió el arranque del motor hacia la mansión Ravens… muy pronto, en poco tiempo estarían juntos…

— ¿Cómo fue que Taichi se tatuó estando en prisión? — Esa duda había estado flotando constantemente desde que vio a Taichi irse.

Daisuke contestó con simpleza sin apartar la mirada de la ventada — Mi hermano es un criminal peligroso, temido y respetado, Mimi. Fácilmente lo dejaron salir para hacerse lo que le venga en gana.

Al llegar se dirigió a la habitación de Taichi sin mediar palabra con nadie, y se encerró ahí. Caminó hacia la cama mientras observaba su alrededor.

Esa recamara, como siempre se mantenía en un pulcro orden. Tal y como él.

¿Cómo sería la situación cuando Taichi volviera? ¿Todo seguiría igual?

Estaba furiosa. Todo por sus estúpidos pensamientos de malcriada. Si nunca hubiese deseado que sus familiares estuviesen muertos, nada de esa mierda habría pasado.

Le llevó trabajo. Demasiado.

Superar todo eso. Los recuerdos, las pesadillas, incluso llegó a pensar que realmente se estaba volviendo loca. Sin embargo, sí pudo.

Si ella que fue la afectada logró sobrellevarlo. ¿Qué le impedía a Taichi hacer lo mismo?

Lo odiaba en cierto punto… pero en su mundo, en su pequeño, limitado y pobre mundo, él era importante. Realmente lo quería.

Su celular vibró en la bolsa de su chaqueta y lo sacó para leer el mensaje que le enviaron.

Hey. ¿Estás libre? ¿Qué tal un café? Necesito ver a la linda, Meems.

Me encantaría. Te veo en mi apartamento en un rato.

Bloqueo su celular, dejó las llaves de la camioneta que le correspondía sobre la mesa de noche que yacía en una esquina junto a la ventana y salió dirigiéndose a su "verdadera" residencia.

Desde aquel día en que se reencontró con su viejo amigo de infancia, Michael, estuvo durante todo ese año en contacto con él.

Se había recibido como oficial, y fue quien estuvo a cargo del caso de Taichi, y, sorprendentemente, también estuvo involucrado en el asesinato de quién denunció el prostíbulo.

Él la ayudó a recuperarse del shock respecto a la situación de su familia. La hizo sentirse protegida como hace tanto no se sentía.

Sería un elemento clave para ella y su venganza.


Tocaron a la puerta de su apartamento y con rapidez fue a abrir, no obstante, quien estaba del otro lado no era Michael.

— Tachikawa… ¿Esperabas a alguien? — Yamato arqueo una ceja al ver la prisa con la que ella abrió la puerta.

— No realmente… — Respondió.

Se mantuvieron en un enfrentamiento de miradas por unos momentos.

— Entonces…

Un saludo proveniente lo interrumpió seguido la de sonrisa de Michael — ¡Hola, Mimi!

Demonios.

Observó como la mirada zafiro de Yamato examinó a su amigo y temió lo peor. Si se enteraba de que Michael era un oficial las cosas se iban a poner feas.

— ¿Podemos hablar a solas un momento? — Le cuestionó es voz baja, sin embargo, esta era tan grave que incluso aun no la levantara se sentía como si fuera una amenaza dicha a gritos.

Con una diminuta sonrisa se disculpó con el recién llegado y cerró la puerta de entrada junto con Yamato.

— ¿Qué demonios hace ese hijo de puta aquí, Tachikawa? — Volvió a preguntar en voz baja pero grave.

— ¿Por qué reaccionas así? Ni siquiera sabes quién es, Yamato.

Sonrió, y no era una linda y amable sonrisa. Todos en esa familia poseían una sonrisa carente de humor — No me trates como a un pendejo y responde. ¿Qué mierda hace un oficial aquí? — La sacudió de los hombros con fuerza – Más te vale que respondas o lo mato en este momento.

— Está bien. Está bien.

¿Ahora qué diablos iba a decirle?

— Yo lo llamé porque de camino a aquí me asaltaron. Quería interponer la denuncia pero estaba muy nerviosa y no me sentía bien para ir a la delegación.

Esa mirada escéptica decía que no le creyó absolutamente nada. Y cómo no. Era una mentira patética.

Nuevamente, trató de sostener esa gélida mirada, hasta que el rubio se acercó a la puerta — Si me llego a enterar de que estás en algo turbio, te mato. Y luego seguirá él…

Bufó irritada por las constantes amenazas y le sostuvo la mirada otra vez

Apenas Yamato se retiró, Michael entró mirándola con curiosidad — ¿Algún problema?

— Todo bien, Mike — Dijo sonriéndole ampliamente.

La leve y amigable sonrisa del rubio desapareció quedando una fina línea formada por sus labios — Escuché que Taichi Yagami será puesto en libertad más pronto de lo que te imaginas.

Mimi caminó hasta el sofá sin prestarle atención al rostro de su acompañante.

Si supieras… que fui yo quien pidió eso.

— Algo oí de eso — Respondió quitándose un mechón de cabello del rostro.

— Es increíble el ver cómo una persona que asesinó a una inocente pareja de ancianos solo haya pagado año y medio de castigo por algo semejante — Aquellos ojos celestes se oscurecieron con enojo luciendo como un cielo que avecinaba tormenta.

— Estoy de acuerdo.

— Mimi… — Ella hizo un ruido como señal de que lo estaba escuchando y por lo tanto, que prosiguiera — Me dijeron que fuiste a verlo.

— Eso no es algo que te incumba.

¿A usted qué lo vincula con la señorita Tachikawa? Su abogado fue serio y sin mostrar señal alguna de temor hacia el moreno.

Tenemos una relación Sintió la pesada mirada de Taichi sobre ella. Y ese poder resguardado provocó que un escalofrió la recorriera de pies a cabeza.

¿Relación amorosa o…?

Meramente laboral, señor Había contestado con sorna No estaría con alguien que no comparta el mismo nivel económico que tengo.

Michael fue rápido, y acorraló contra la pared — Algo me dice que estás mintiendo, Mimi

— No estoy mintiendo — Inició alejándolo de un empujón —Y si así lo crees, es tu problema.

— De acuerdo. De acuerdo. ¿Qué harás ahora que ese asesino estará libre?

— No me hagas reír, Mike. ¿Qué podría hacer yo?

— Sabes que de niños siempre te protegí. Y lo seguiré haciendo — Le aseguró acariciando la blanca mejilla de la oji miel.

El cálido aliento del rubio chocó contra sus labios — ¿En serio? — Preguntó sujetando una de sus manos.

— Por supuesto. ¿Quieres dejar todo en mis manos, princesa…?

— ¿Qué harías?

— Podría fácilmente hablar con alguien y hacer que ese hombre pase el resto de sus días en el pasillo de muerte.

— No quiero que te pongas en peligro. Ya sabes de lo que es capaz y…

— Él debe pagar por lo que le hizo a tus abuelos. Y quién sabe… pudo hacerles algo así a muchas personas más y nadie estaría enterado. Por ti… yo me encargaré de todo.

Y ante esas palabras, ella sonrió.

Rodeo con sus brazos el cuello del oficial y acercándose lo más posible lo besó en esa sección de piel sensible, al punto de dejarlo sin aliento y escucharlo dejar escapar un leve gruñido de excitación, cosa que hizo que su sonrisa se ampliara. necesitaba que Michael, incluso solo por sexo hiciera lo que ella planeaba. No era necesario saber detalles.

Entre menos supiera mejor.

Solo importaba la autoridad que él podía darle.


Washington se levantó con brusquedad del sofá de su residencia y se alborotó el cabello con gran frustración.

Nada.

Eso era lo que tenía hasta ahora.

No había conseguido encontrar información acerca de Taichi Yagami. No existían archivos. Expedientes con antecedentes de absolutamente nada.

Solo contaba con la información que se le había proporcionado durante la investigación y arresto del tipo que estaba por ser liberado:

Taichi Yagami. Veintitrés años. Nacido en Hikarigaoka. Actualmente reside en Tokio. Condenado a quince años de prisión por homicidio en primer grado, no obstante, debido a falta de pruebas en su contra el juez falló a su favor, por lo que será puesto en libertad prontamente.

— ¡Esto no me sirve de nada! — Gritó lazando las hojas con los escasos datos que poseía.

¿Quién demonios era ese sujeto?

¿Por qué el juez falló a su favor? ¿Le pagaron para reducir tan considerablemente la condena?

Se creía capaz de convencer al juez para refundir a Yagami en el pasillo de la muerte, pero necesitaba pruebas irrefutables, pruebas que por el momento no encontraba.

La última ocasión en que estuvo frente a frente con ese hombre fue hace tres semanas cuando estuvo en un innecesario interrogatorio que al final no sirvió de nada ya que no obtuvieron ningún dato nuevo.

Él llevaba tatuajes en ambos brazos.

Sabía que en la prisión los tatuajes eran tan comunes como el simple hecho de lavarse los dientes, sin embargo, las técnicas para hacerlos eran repugnantes y peligrosas. Los reclusos utilizaban su propia orina con goma quemada para grabar sus pieles, y en muchos casos, como resultado se producía gangrena, septicemia o tejido necrotizante.

¿Por qué Yagami lucía tan pulcro? Si llegó a someterse a esos métodos tan primitivos y dolorosos… ¿Cómo siquiera estaba bien?

No había registros. No decía nada respecto a familiares, conocidos, alguna pareja, conexiones… nada.

Cómo podría ayudar a su amiga si ni tan siquiera sabía por dónde comenzar a recabar información sobre alguien que parecía no existir, o que, al menos, parecía vivir con un "bajo perfil".

— Maldita sea… — Se quejó luego de que al morder con enojo su labio inferior degustó el sabor metálico de su propia sangre — ¿Qué hago para ayudarte, Mimi…?

Recordó la noticia que le dieron hace poco, su amiga había ido a ver a ese hombre…

Estaba casi seguro de que Mimi tenía más que una relación laboral con él… otra cosa que no tenía forma de corroborar.

Haría pagar a este sujeto por lastimar de esa forma a la castaña. Alguien como ella que había sufrido tanto, primero la muerte de sus padres, luego se vio obligada a estudiar en el extranjero por tantos años, y ahora perdía a sus abuelos al verse involucrada con un criminal…

Su hilo de pensamientos fue cortado por el sonido del timbre en la entrada, por lo que fue atender al que luego notó que era un mensajero.

— Señor… — Dijo el muchacho leyendo la tarjeta — ¿Washington?

— Sí — Respondió. Recibió el paquete que le fue entregado, y luego de cerrar la puerta fue hasta la mesa para abrirlo.

Seguramente era de su mamá que vivía en Osaka, siempre le enviaba pequeños detalles o algo con qué abrigarse cuando ella consideraba que hacía frío en Tokio.

— Ella no cambia… — Murmuró sonriendo levemente.

Y al abrir la pequeña caja tuvo que salir corriendo al baño a regresar todo lo que contenía su estómago. Vomitó y estuvo con arcadas durante varios minutos en lo que la imagen del contenido de ese paquete se repetía una y otra vez en su mente.

Finalmente, cuando se creyó capaz de no vomitar de nuevo volvió sobre sus pasos y con un temblor esparciéndose por cada hueso de su cuerpo miró otra vez aquello que le causó horror.

Un dedo ensangrentado. Y con el anillo de bodas que su madre nunca se quitaba.

Dentro había una nota pegada a uno de los costados:

NO ES BUENO METERSE EN ASUNTOS AJENOS. MI FAMILIA Y MI TRABAJO. AHORA ME METERÉ EN LOS TUYOS. OJO POR OJO, WASHINGTON.

¿Había sido Taichi Yagami…?

No. No se trataba de él.

Era el dueño del prostíbulo.

En ese momento no le importaba nada de eso. Solo necesitaba saber, asegurarse de que su madre estaba completamente bien. Que eso solo era un truco sucio para ahuyentarlo o enseñarle una lección.

Llamó a la oficina central y pidió que enviaran una patrulla cuanto antes a la residencia de su progenitora.


Yamato suspiró con fastidio mientras se recostaba contra la deteriorada pared de cemento — ¿Qué debería hacer ahora?

Frente a él Daisuke se encogió de hombros, este se encontraba sentado en el suelo evidentemente aburrido con la situación, a su parecer, la diversión ya había acabado, al menos hasta que no hicieran algo que pudiese emocionarlo — Mátala y ya. Tengo cosas que tratar con Mina en casa.

Aquellos ojos fríos y tan azules como un zafiro se fijaron en la mujer mayor que se encontraba en la misma habitación.

La madre del amiguito de Mimi yacía sentada sobre una silla, el suelo debajo de esta salpicado de sangre aquí y allá, la ropa también manchada, y cómo no, si él mismo se había encargado de cortarle todos los dedos y enviarle el anular al policía en cuestión.

Caminó hasta ella y la obligó a encararlo — ¿Michael tiene hermanos?

Un rostro cansado, anestesiado por el dolor y el miedo, ahora se mantenía con una clara expresión de resignación ante el destino — Solo mátame.

— Pregunté… ¿Michael tiene hermanos? — Repitió alzando la voz.

— Ya han hecho lo que quieren conmigo. Dejen a mi hijo en paz.

— Responde la maldita pregunta, vieja — Se quejó Daisuke levantándose — O haré que tu preciado hijo conozca bien el infierno antes de acompañarte al panteón.

Sin embargo, la mujer permaneció sin inmutarse ante la amenazas, a pesar de que interiormente lloraba y agonizaba con solo pensar en lo que esos hombres sin corazón pudieran hacerle a su hijo. Siempre lo admiró por escoger esa carrera, por arriesgar su vida con tal de ayudar a los demás y ajusticiar como se debe a los criminales, criminales como los que ahora la privaban de su libertad, pero no, lo único que ellos no podrían arrebatarle sería su amor de madre, que en ese momento se traducía en proteger a su hijo.

Aquel silencio hizo que el moreno se exasperara, odiaba que lo dejaran hablando solo, y eso, sumado a que se aburría no era bueno, no para ella.

— Supongo que necesitas algún incentivo para que dejes de ser tan estirada — Yamato vio el cambio de expresión en su hermano menor, y supo que esa señora debió hablar cuando se le pidió por las buenas.

Daisuke se acercó a ella con una sonrisa enferma adornándole el rostro ensombrecido por el sadismo, la forzó a levantarse, bajó su ropa interior mientras él retiraba el cierre de su pantalón… — Graba esto — Le dijo al rubio.

Esa mujer fue penetrada una y otra vez, las fuerzas la habían abandonado, ahora solo se limitaba a llorar amargamente por el suplicio que vivía.

Yamato grabó con su celular, hasta que, a través de la pantalla observó que la sangre comenzó a descender por las piernas de ella — Suficiente, Daisuke.

— Envía ese video — Le gritó molesto por el tono demandante del oji azul.

— ¡Dije que ya fue suficiente, joder! — Respondió alzando aún más la voz. El menor se detuvo, más no soltó a la mujer hasta que estuvo consciente de que el video fuese enviado.

Washington quedaría traumado de por vida.

Se acercó al cuerpo tembloroso de aquella lamentable persona y le tomó el pulso. Este estaba tan débil que dentro de muy poco moriría.

— La pobre vieja... Al menos tuvo su cogida de despedida — Daisuke rio entretenido como un niño que acaba de cometer una travesura — Pero la muy perra me manchó de sangre. Haz algo antes de que me enoje más.

Y él no le respondió, levantó su arma y le apuntó a la cabeza.

Con un tiro certero le hizo más rápida la muerte.

Ella… era una persona que no cometió nada malo, nada qué castigar, únicamente protegió a su hijo, sin embargo, justamente por los errores de ese hijo… tuvo que pagar.

Igual que su madre lo había hecho.


Había pasado más de una semana en la que no tenía contacto con Michael. Lo llamó a su celular, le envió correos, mensajes, incluso mensajes de voz en la contestadora de su oficina.

Mimi empezaba a tener un muy mal presentimiento sobre todo eso, por lo que decidió ir directamente a la oficina central para preguntar por el paradero de su amigo.

Una de las oficiales de menor rango se encontraba tecleando, quizás algún informe en su portátil.

— Hola. ¿Puedo ayudarte? — La saludó amablemente.

— Hola. Eh… sí. ¿Michael Washington ha venido normalmente a trabajar estos días?

La mujer de cabello negro frunció el ceño y desvió la mirada — ¿Acaso… acaso no lo sabes?

— ¿Disculpa?

Vio como ella suspiraba intranquilamente y le indicó que la siguiera, ella la dirigió a la oficina de Michael y cerró la puerta — No debería hacer esto, ya que es evidencia confidencial, pero dado que eres su mejor amiga supongo que es algo que tienes que saber.

La expresión de la tal Anika ya la había inquietado lo suficiente como para que ahora su manera de hablar como si estuviera vigilada también le pusiera los pelos de punta.

— Michael… A él… le enviaron un paquete con… — Le dio la espalda y fue por un expediente que yacía sobre el escritorio — El dedo anular de su madre.

El color abandonó su piel, y con escalofríos adueñándose de cada fibra de su cuerpo sostuvo el expediente y lo abrió. Dentro había fotografías del dedo mutilado de la pobre señora, y una nota que rezaba:

NO ES BUENO METERSE EN ASUNTOS AJENOS. MI FAMILIA Y MI TRABAJO. AHORA ME METERÉ EN LOS TUYOS. OJO POR OJO, WASHINGTON.

Esa nota tenía la marca de los Ravens… la viera por donde se le viera.

— ¿Ya atraparon al culpable?

— El caso sigue abierto ya que aún no encontramos a su ejecutor.

Mimi arrugó levemente el expediente al apretar su puño — Sé quién lo hizo — Susurró con voz tensa.

— ¿De qué estás hablando? – Le cuestionó la oficial sujetándola con fuerza de los hombros — ¿Estás segura?

Cerró su mano libre se clavó las uñas en su palma con fuerza limitándose a asentir.

Estoy muerta.