Capítulo siete: Estereotipos
Una de las cosas que más detestaba eran los estereotipos colocados por la sociedad. En una época donde debería haber más aceptación, donde se supone que no tendría que discriminarse a nadie bajo ningún concepto o circunstancia; pese a ello, los estereotipos aún existían. Y sí, la discriminación estaba penada por la ley, no obstante eso no evitaba en que muchos se formaran ideas equivocadas a la primera que ven a alguien.
Un ejemplo sencillo; Levi era un hombre homosexual, no de clóset sino abiertamente gay. Y no, no quería decir que tenía la palabra "homosexual" tatuada en la frente ni nada parecido, pero no es como si ocultara aquel hecho en el caso de que alguien se lo preguntara. Entonces, recordaba a la perfección a esa chica a la que tuvo que rechazar brindándole esa información y, cómo no, la reacción de esta:
─ Es broma, ¿verdad? ─la chica rió con la simpatía impresa en su sonrisa.
─ No, ¿Por qué bromearía con eso? ─cuestionó ahora Levi con su rostro serio, ni una pizca de broma había en él.
─ Sólo es una manera de rechazarme, ¿eh? ─suspiró─. Vamos que ni siquiera luces como uno…
─ ¿Y cómo "lucen"…?
─ ¿Eh? Ya sabes cómo son los gays… Ropa súper apretada, colocan la voz más aguda y mueven el culo cada vez que caminan por ahí.
¿Qué carajos fue eso? No, en definitiva él no era así, pero eso no significa que tuviera una atracción hacia las mujeres. No había ni una puta relación entre su manera de vestir y comportarse con el hecho de que le gustaran los penes.
Y bien, está muy claro que como esa chica abundan muchísimas personas prejuiciosas, de las cuales, sin tener que ir tan lejos, también consideraban a alguien con tatuajes un criminal, alguien peligroso o sino un narcotraficante. He allí otro caso donde no hay ni una pizca de relación entre apariencia y personalidad.
Por lo tanto, no es como si se esperara una nota de invitación como esa, mucho menos de un muchacho que pareciera ser mimado por su madre. No lo podía asegurar, quizá tuvo la fortuna de tener padres sin una mente tan cerrada. ¿Exageraciones? La verdad no, pues ya había tenido que lidiar una vez con el padre de una chica que ─pese a que era mayor de edad─ le llegó con el reclamo de haberle tatuado el hombro, por lo tanto, no era una exageración pensar así.
─ Entonces, ¿no vas a ir a contestarle? ─incitó Farlan mirándolo fijamente.
─ Quizá estaba ebrio.
─ Eso ni te convence a ti mismo ─rió.
─ Es mi maldito problema si le contesto o no ─replicó Levi─. En fin, ya tengo que cerrar ─ dicho esto se ocupó de cerrar el gabinete donde almacenaba los materiales.
Al final de todo Farlan se bebió la cerveza, con una sonrisa sutil al notar cómo su amigo guardaba el papelito en su billetera antes de ubicar las llaves y abrir la puerta del local. Las luces se apagaron y ambos caminaron hasta el estacionamiento sin hablar más del tema.
Al día siguiente Levi fue al trabajo tan puntual como siempre, pero en un momento en la media mañana en la que no estaba con citas que atender se ocupó de salir del local para llegar al de al frente. La vitrina era amplia, transparente, dejando ver el diseño de decoración muy colonial, había un anuncio grande en la parte de arriba al igual que el que estaba indicado en las ventanas «Süßigkeiten Jägerbuns»
Entró, esperó su turno y fue atendido por el muchacho de cabello castaño. Se ocupó de hacer su pedido, al momento de pagar dejó el papelito en el mostrador.
Esa fue su respuesta silenciosa, pues aquel muchacho tampoco estaba para nada mal después de todo.
.
N/A: Ok, estoy reapareciendo :'D Lo lamento mucho, pero para recompensarles la terrible espera estaré haciendo un maratón de esta serie de drabbles. Pues sí, haré el esfuerzo de publicarles a diario por toda esta semana, y luego volveré a las actualizaciones semanales.
¡Gracias por leer!
