Disclaimer: Ni Percy Jackson ni las Crónicas de Kane me pertenecen.
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Desastres en la biblioteca
— ¡Ya vamos a llegar! —anunció Carter, feliz de cambiar del tema Los-magos-sabían-de-la-guerra-y-no-hicieron-nada. Todos se asomaron, sin embargo una buena parte de la tripulación no sabía que había que ver.
— Hey, no es por criticar los gustos egipcios ni nada, pero eso de ahí es una fábrica abandonada—señalo Leo, que veía la nave industrial y los cachos metálicos sin estar seguro como a eso se le puede llamar mansión. Los magos se vieron confusos.
— Probablemente haya alguna especie de magia que funcione también con los semidioses, quizás necesitan permiso para entrar como Bast—razono Sadie, recordando como Amos tuvo que darle permiso para entrar aun solo en forma de gata. Carter decidió que era mejor aparcar frente a la mansión, no vaya a ser que gracias al hechizo los chicos no puedan pisar el suelo de la mansión y caigan unos cinco pisos.
Luego de encontrar un lugar lo suficientemente espacioso para que cupieran el grifo y la barca, y que el dueño calmara a la mascota-a ese nivel había mucho ruido de autos-empezaron a subir por las escaleras. Thalia veía algo escéptica el lugar junto con los otros, dudando de la salud mental de sus nuevos amigos; los únicos que parecían convencidos en el juicio de los magos eran Annabeth y Percy. Igualmente no dijeron nada cuando empezaron a subir las escaleras, o cuando Sadie piso el techo industrial y los vio, indecisa.
— Bueno, si con una diosa egipcia no necesito mucho no creo que tampoco vosotros—se encogio de hombros, levantando una mano, aunque sin tocarle la cabeza a ninguno como hizo su tío Amos con la Tarta—les permito pasar.
De repente, para gran consternación de los semidioses, vieron la mansión de quince metros que tenía una estructura curiosa-entre museo y templo antiguo-con bloques de piedra caliza, marcos de acero y jeroglificos. Todos se movieron para atrás mirando la mansión, al punto que Leo casi se cae si Jason no lo llega a agarrar.
— Es increíble—murmuro Annabeth apreciando la belleza de la construcción, para luego con una sonrisa mirar a su amiga— Sadie, ¿tienes los planos de la mansión? Quisiera estudiarlos más a fondo—decía notándose el deje de admiración, si bien no le iba mucho a lo egipcio seguía siendo algo impresionante. Percy solo puso una sonrisa y rodo los ojos, eso era típico de su novia.
— Um, tendría que preguntarle a mi tío, ¿Pasan o qué? —menciono mientras les hacía una seña para que entraran, los magos pasaron sin más aunque los otros aun veían sorprendidos el lugar; todos reaccionaban igual al verla por primera vez. Percy le dio una mirada rara a lo que tuvieron al frente al primer momento: una estatua de mármol negro del dios Tot, el único dios que adoraba la casa de la vida-al menos hasta hace unos pocos años-.
— Ok, ya que estábamos conociendo a los expertos en la materia, ¿Por qué los dioses egipcios tienen cabezas de animales? Anubis no se veía así—decía recordando una vez que fue a un museo a una ala egipcia-cosas de la escuela y demás-y una de las cosas que recuerda era al dios Anubis con cabeza de perro, un raro collar y faldita; una de las razones por las cuales se sorprendió al verlo por primera vez-ni siquiera se parecía a su padre o a Hades, tenía el aspecto de un tío cualquiera excepto por el aura de poder-. Sadie tercio el gesto poniéndose al lado de su amigo.
— Lo sé, su deificado ni siquiera se parece a él, yo aún no me entero porque diantres se verían así—se voltearon a ver a Walt, que en su cabeza habitaba el único dios presente; este o bien no dijo nada o dio una respuesta confusa, porque el mago se encogió de hombros.
— ¿Así que han conocido a Tot? —Pregunto Annabeth, que mientras hablaba veía la estructura de la mansión-con el TDAH, no es como si no pudiera hacer ambas a la vez-se notaba la emoción en la voz, incluso con lo poco que sabía de los egipcios sabía que esa vendría a ser la contraparte de su madre— ¡Me encantaría conocerlo!
— Mmm mejor no, no creo que tenga una buena relación con los griegos, o bien puede que sea con Hermes específicamente—decía mientras recordaba la primera vez que se encontró con el dios, y de cómo Tot fue la forma en la que los griegos lo llamaron y de lo confundieron con Hermes, inclusive tomando su ciudad y cambiándole el nombre…básicamente, asuntos complicados de dioses— Ahora que lo pienso, Carter, ¿Qué hemos sabido de él en los últimos años?
— Ahora que lo mencionas—se rasco la cabeza, tratando de recordar—hombre, la última vez que lo vi fue antes de la batalla contra Apofis…ni siquiera nos hemos puesto a averiguar si regreso con el resto de los dioses—se notó claramente apenado, el tipo los habrá manipulado y podía ser un poco-por no decir mucho-loco, pero seguía siendo un amigo y uno de los pocos dioses en los que podían confiar. De repente se distrajo de su sentido de culpa al notar que algo faltaba, todo estaba demasiado callado— Un minuto, ¿Y los demás? —de repente los magos se fijaron en el detalle, con todos devuelta antes de lo previsto la mansión debía ser un caos, con un montón de niños histéricos recibiéndolos y haciendo preguntas sobre los nuevos amigos que trajeron a casa.
Los hermanos al verse no tardaron en tener el mismo pensamiento y recordaron a lo que vinieron, algo gordo-aunque tenía que ver con los semidioses-paso en la mansión, específicamente en la biblioteca. Sin esperar más fueron hasta la misma que tenía la puerta cerrada, recurriendo al normal mecanismo de la misma apresuradamente los magos entraron siendo flanqueados por los mestizos.
— ¡Al fin están aquí! —chillo Cleo, abrazando algo histérica a los dos hermanos que eran sus profesores en la magia, detrás de ella estaban un hombre y una mujer vestidos de lino, los cuidadores de esa semana del nomo vigésimo primero. Keops-que solía pasar mucho tiempo con Cleo en la biblioteca-se encontraba medio dormido en una de las cabezas de un shabti.
— Buenas tardes, hemos estado esperando por ustedes un rato; cuando llegaron los intrusos mandamos a los demás estudiantes a sus habitaciones, a ella es a la única que no pudimos convencer—decía el hombre mientras señalaba hasta la brasileña, que dejo el abrazo y se volteó a verlos enojada.
— ¡Me he hecho cargo de esta biblioteca los últimos dos años, todo lo que le pase viene a hacer asunto mío! ¡Y exijo que mi biblioteca sea arreglada y se haga algo con los perpetradores! —decía lo último señalando al grupo de adolescentes maniatado; era obvio que los semidioses llevaban rato tratando de soltarse-usando sus armas y lo que podían obviamente-pero tratando de un hechizo de magia egipcia…venía siendo un pelo complicado.
— ¡Vamos Cleo, no es nada que no se pueda arreglar! —decía mirando hacia la biblioteca que sí, estaba hecho un desastre-Papiros por el suelo, tachos de piedra y polvo por todas partes-pero para una maga que había tenido que invocar la Maat, no era lo peor del mundo. Agarrando una varita-probablemente de Cleo, dado que este era su santuario tenía sus cosas allí y no pasaba nada con que otro las usara— ¡Hi-nemh!—exclamo con la varita, de repente las piedras y el polvo volaron directo hacia el hueco, los papiros se amontonaron en otras celdillas y sin embargo, el hueco en la pared seguía presente, como si fuera algo intocable. La maga frunció el ceño— Que raro, debería repararse.
Los semidioses-exceptuando los que ya habían trabajado con los magos-estaban estupefactos ante esto, incluso los romanos atados parecían sorprendidos al ver como el desastre que les hubiera tomado un par de horas arreglar, ella lo hizo en menos de un segundo y sin sudar.
— No es para tanto—insistía Sadie, ya tenían muchos problemas como para ponerse en más con esos chicos— Tu ya te sabes ese hechizo, de hecho—se volteó hacia los dos adultos— ¿Por qué vosotros no hicieron esto?
— Queríamos esperar a que ustedes llegaran, son los líderes después de todo—dijo la mujer encogiéndose de hombros, aunque la maga le miro escéptica, en lo que llevaban de la semana habían tratado a los dos como si fueran un par de niños-los dos adultos tampoco eran tan mayores-y ahora venían a tomarles en serio.
— Básicamente, no querían encargarse vosotros—resumió Sadie desafiante, dándoles una de sus mejores miradas; la mayoría ni soñaría con hablarle así a dos grandes magos de la casa de la vida del nomo primero, pero para una chica que se había enfrentado a dioses, que hablaba con la misma cabezonería con los mismos-que estuvo a punto de matarla un par de docenas de veces-¿Un par de magos con demasiados humos? Venía siendo pan comido para ella. Los dos obviamente estaban entre la sorpresa y querer estrangularla-otra cosa regular que solía hacer Sadie-.
— Muy bien, como uno los dos líderes del nomo vigésimo primero, les pido que se vayan, no creo que mi hermana tenga problema—hablo Carter viendo hacia su hermana que tenía los brazos cruzados; le encantaba tenerle la contraria cuando se trataba de ser el líder-simplemente, por molestarle-pero en esta le apoyaba. El mago seguidor de Horus también se había hartado de la bravuconería de esos dos.
— Ustedes…no puede…—hablaba entrecortado la mujer, mirando estupefacta a ambos adolescentes.
— Si podemos, ¿No acaban de admitir que somos los líderes? Pues bien, como líderes les decimos que se larguen de aquí, al menos se tomaran el fin de semana—decía refiriéndose a que era viernes, y los dos iban a irse el domingo— Además, dudo que el lector jefe, nuestro tío, este muy alegre de que hubo una explosión en el colegio, nosotros desaparecimos, aquí se meten unos desconocidos y ustedes no solo no hacen nada, sino que no se esfuerzan en encontrarnos—contrataco Sadie, habían pasado a saber cuándo en el campamento y su celular no registraba llamadas perdidas ni nada; ambos palidecieron, temiendo enfrentar la ira de lo que el seguidor de Set les podía hacer por dejar desaparecidos a sus dos sobrinos. Seguido de eso, se fueron sin rechistar. La seguidora de Isis miró molesta la salida— Dioses, como odio lo chulos que se ponen los adultos a veces.
— Conozco la sensación—hablo Thalia gruñendo un poco; como revivida e inmortal, sabía bien lo que era nunca llegar a ser adulto, tener la edad-básicamente, sino fuera por su juramento tendría veinte, y de no ser por su muerte tendría veinticuatro-y que aun así no te tomaran en serio.
Nico aprovechando los ánimos más calmados, se adelantó-fue de los últimos en entrar-y vio a los romanos que seguían de rodeados por cuerda— ¡Hazel! —fue hasta su hermana agarrando su espada y tratando de cortar la soga, pero esta parecía rechazarla. Vio confuso la hoja— ¿Qué en Hades-
— Oh cielos—recordó Carter, viendo ahora a los chicos-que por lo que le dijo Percy, eran amigos suyos-y no tardo en usar el conjuro necesario para soltarlos, los romanos se vieron sorprendidos ahora libres de cuerdas— Um, mis disculpas por eso, normalmente no tenemos…invitados inesperados, a nombre del nomo vigésimo primero-
— ¡Ni una palabra más! —exigió Octavio, parándose-fue el primero de todos en recuperarse-y con una daga de oro imperial en mano se la puso en el cuello a Carter— ¡Como osan tomarnos prisioneros, y hacer una construcción cerca al campamento Júpiter! Como augur, veré que este acto sea casti-
— ¡Ajk! —gimió Keops-que por lo visto, fue despertado de su siesta gracias a los gritos del hijo de Apolo-molesto, bajo del Shabti y agarrando uno de los papiros, le dio un porrazo en la cabeza al rubio espantapájaros. El mono debía ser muy fuerte, porque ipso facto, el romano quedo tirado en el suelo inconsciente. Todos miraron boquiabiertos al babuino que se fue dando grititos.
— É-Él decía que era muy molesto—tradujo Cleo, que luego de un tiempo dominaba bastante bien el idioma babuino. Carter fue el próximo en recuperarse.
— Hombre, lo siento mucho—decía yendo hasta el chico y colocándolo sentado en una de las escaleras, con lo flacucho que era no costaba tanto. Miro hacia los chicos con las togas-no sabía mucho de roma, pero si las tenían es que debían ser de un rango alto- —Él um, ¿Era muy importante?
— El augur—resumió Frank, que se agarraba las manos marcadas por la soga y veía la biblioteca, sino fuera porque sus amigos griegos se veían tan cómodos con los magos ya se habría transformado en algo-el hechizo le impedía transformarse también- no estaba tan seguro de cuanto entenderían ellos sobre esa respuesta, no le interesaba tampoco— A decir verdad no culpo al babuino, hace tiempo que quería hacer eso—Jason y Percy gruñeron, de acuerdo con la respuesta del pretor.
— ¡Chicos! ¿Qué hacen aquí? —Pregunto Hazel viéndolos entre sorprendida y alegre, si bien solía verlos de vez en cuando-le gustaba comprobar como estaba su hermano y eran amigos después de todo-no se esperaba verlos en "California".
— Eso deberíamos preguntárselos a ustedes, ¿Cómo llegaron a la biblioteca de la mansión de Brooklyn? —Decía Annabeth, que era de los semidioses la más familiarizada con la casa-aunque sea solamente por lo poco que le dijo Sadie de esta-Reyna le miro escéptica.
— ¿Brooklyn? Llegamos aquí por el túnel Caldecott, estamos en California—insisto la pretora de Nueva Roma, por raro que se viera todo el sitio en general; no podían aparecer así como así en la otra punta del país.
— Hombre, es difícil de creer cuando ves el East River desde aquí—argumento Leo, que había salido de la biblioteca y veía desde los ventanales del balcón. Acto seguido todos fueron con él, los romanos eran los que estaban estupefactos al ver que efectivamente eso era Nueva York.
— P-Pero…—tartamudeo una de las chicas de probatio-hija de Fortuna, llevando poco más de tres meses sabiendo que era mestiza-que habían venido para la excavación. Sadie miro a su hermano.
— Creo que debemos hacer esa llamada al tío Amos urgentemente—decía, dándose cuenta del torrente de preguntar que tenían con él.
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Ya lo sé, otro cap corto; ¡Diantres, denme un respiro! Recuerden que junto con el cuarto cap, este lo he escrito de un tirón; agréguenle que estoy mareada, se está haciendo tarde y mañana tendré mi primer día de clases, no sean muy exigentes.
Lamento que esto sea demasiado relleno, quería hacerlo más largo-este incluía originalmente la charla con Amos-pero como les dije, ando mareada-llevo horas así de hecho, por poco no me desmayo cuando salí con mi madre al supermercado-y tengo la mente tan nublada que no sé qué diantres escribir, así que me he conformado con esto.
Okey, como dije, mareada y sería bueno la cama, cortó aquí;
Lira.
