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THE ONE

FOO FIGHTERS

Quería gritar. Llorar. Patalear. Maldecir. Hacer una rabieta inolvidable para ninguna generación en Hogwarts. Quería…

Seguramente no lo haría. No podría hacer nada de eso. Iba en contra de su naturaleza. Ella no podía…

Se sentó a orillas del lago negro, en un tronco caído. Una parte, pequeña –perversa- de su persona, quería que en realidad algo muy malo le pasara a Neemaná Smith. Y otra parte –mucho más pequeña aún- quería darle un coscorrón a James por lastimarla de aquélla forma.

− Él ni siquiera lo sabe − suspiró Mía mientras una lágrima rebelde surcaba su mejilla.

¿En qué mundo Neemaná Smith podía pasar por ser humano normal y agradable?

Si era fría. Altiva. Arrogante. Superficial. Snob. Y… y guapa. Y alta. Y rubia. De ojos azules. Y con facciones de barbie.

Un nuevo sollozo escapó de entre sus labios, pero rápidamente limpio las lagrimas, furiosa consigo misma por comportarse así.

− Sonríe… sonríe − se decía a si misma mientras abrazaba sus rodillas con más fuerza.

Dolía. Dolía verlos besándose a la entrada de la casa de los gritos. Ver como James la llamaba muñeca mientras besaba la comisura de los labios de esa…

− Ese pequeña arpía…

− No pensé que Mía Müller tuviera esa palabra en su vocabulario − dijo James, burlón, sentándose junto a Mía. Esta trató de esbozar una sonrisa, aunque no muy convincente.

Guardaron silencio. Mía veía un punto a la orilla del lago que James no podía distinguir. Estaban tan callada, tan ausente… no parecía la Mía de siempre.

− En verdad, ¿te cae tan mal Neemaná? − preguntó de improvisto, fijando sus ojos castaños en los de ella. Mía solo bajo la cabeza, triste.

− Ya te dije que no pienso volver a molestarla. Fue una broma tonta. Lo lamento James − y se oía tan lejana, tan impropia…

− ¿Qué fue lo que te hizo?

Y Mía recordaba como Neemaná había reído de ella, junto con sus amigas.

− ¿Celosa por que James está contigo?, ¿en qué mundo podrías competir conmigo, Müller?

El que dijo que los Hufflepuffs no podían ser crueles se había equivocado.

− No tiene importancia James. Un error lo comete cualquiera…

Y de nuevo, el silencio. El viento llevándose algunas hojas de otoño y el frío que ya amenazaba con colarse en sus huesos.

− Voy a terminarla − dijo James, serio. Cosa poco usual en él.

Mía abrió mucho los ojos. Una extraña sensación de paz la embargaba. ¡James iba a dejar a Neemaná!, ¡por ella!, ¡él iba a…!

No, ella no dejaría que él hiciera algo así. Además, si le gustaba ella…

− No James. No debes hacerlo. En verdad − dijo con una sonrisa que si bien, no era la de siempre, estaba cargada de su ternura particular.

James asintió mientras pellizcaba una mejilla a su amiga.

− Eres la cosa más dulce que conozco, Mía Müller. Mataré a quien te quiera robar esa inocencia. − Mía soltó una risita, algo más alegre. James no sabía nada acerca de lo irónico de sus palabras. − Además, no tienes por que enojarte con Neemaná. Será mi novia, pero eso no te quitará tu puesto. Tú eres la única.

James Sirius Potter no sabía el efecto que sus palabras tenían sobre Mía, pero eso a ella no le importaba. Podía aguantar a Neemaná y muchas cosas más. Solo por él. Solo por él… que era el único para ella.

"Everyone makes one mistake.
One more time for old time's sake.
One more time before the feeling fades.
One that's born of memories.
One more bruise you gave to me.
One more test just how much can I take…"

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¡Oh!, ¡mujeres y nuestro amor incondicional!

Cambio caramelos de cianuro por reviews.