7. La tradición de los Dashwood
Las semanas pasaron rápidamente, desde el dichoso castigo la relación de Ron y Hermione se había limitado solo a hola y adiós. El chico estaba realmente sufriendo ante la indiferencia de la castaña. Ese desinterés hacia que Ron se refugiase en sus amigos y en Lavender. Aunque él no tenia ningún interés especial en ella, al menos lo hacia sentirse bien. Se veía que la chica estaba colada por el pelirrojo y él se dejaba llevar. Harry y Ginny se volvieron espectadores de una lucha de la que ni los mismos protagonistas eran conscientes de tener. Cuando Ron y Hermione estaban cerca hacían lo imposible por molestar al otro cuanto más mejor. La chica era mas cariñosa con Draco, si sabia que Ron la estaba mirando y el pelirrojo dejaba que Lavender le acariciara el cabello, si la que los observaba era Hermione. La guerra había empezado y Harry y Ginny se limitaban mirarse uno al otro y poner los ojos en blanco resignados. Los exámenes estaban a punto de finalizar y eso era motivo suficiente para que todos estuviesen un poco más irascibles.
En la mansión Dashwood todo estaba revuelto, se acercaba el famoso baile de la víspera de Navidad. Ese evento era tradición en la residencia desde que la difunta Lady Dashwood vivía. Era muy importante, porque a él acudían las familias más notables de la región, muchas de las cuales tenían negocios con los anfitriones. Julie había decidido no acudir esos días a la oficina y dejarlo todo en manos de Matthew y Lupin. La relación entre ellos se había vuelto menos tensa desde que Julie se enteró, por Snape, que el motivo de que Matthew estuviese en la casa, era un inminente divorcio de su esposa, Bellatrix. Por lo visto ella había decidido cambiarlo por su mejor amigo y socio, eso era lo que le había llevado también a dejar su trabajo en el bufete. Cuando la madrina de Ron se enteró se sintió afligida por Matthew, pero después se arrepintió de ese momento de debilidad, dejándose llevar por su orgullo. Aun así ya no se notaba tan tensa cuando él estaba cerca.
La noche del baile llegó, aquella tarde había sido un caos ultimando todos los detalles. Ron no había salido de su dormitorio casi en todo el día, probablemente para evitar llevarse algún que otro regaño. Se miraba al espejo mientras terminaba de vestirse y sin poder evitarlo pensaba en Hermione, lo bella que estaría esa noche, en lo afortunado que era ese patán de Draco y lo desesperado que estaba por decirle cuanto la quería. La puerta se abrió y Julie se asomó por ella.
- ¡Oh! Ron estas… guapísimo, a ver deja que yo te ayudo - dijo mientras le acomodaba la chaqueta, luego se puso frente a él, cogiendo con sus manos la cara del chico - no sabes lo orgullosa que estoy de ti – y miró a Ron como una madre mira a su hijo llena de satisfacción, le dio un beso en la frente y le dijo con una pícara sonrisa – ¿para quien te has puesto tan guapo? ¿La conozco?
Ron se puso rojo, Julie le alborotó el cabello y le indicó que ya era hora de bajar, los invitados habían llegado. El chico volvió a colocarse bien el pelo y le ofreció a la joven su brazo y juntos salieron hacia el salón de baile.
En las escaleras los esperaba Matthew, oficialmente Julie debía entrar del brazo de él, así que Ron le cedió el honor y pasaron los tres al salón.
Todo el mundo se quedó en silencio cuando los anfitriones entraron, Julie hizo un gesto con la mano al director de la orquesta y comenzó a sonar un vals. Matthew agarró suavemente a su acompañante de la cintura y ambos empezaron a bailar quedando oficialmente abierto el baile. Una a una las parejas se fueron uniendo a los anfitriones y la gente comenzó a divertirse.
Ron buscaba a sus amigos entre la multitud de bailarines, camareros, ofreciendo canapés y copas y personas hablando y riendo de sus cosas. Era imposible encontrar a nadie allí, algo llamó su atención en un pequeño grupo. Todos eran rubios y muy guapos, sin duda debían ser los Malfoy, y si allí estaba Draco, Hermione tendría que estar también. Pero no la veía, ¿donde estaba entonces?
- ¡Te encontré!
Ron dio un respingo, Harry se rió encontraba divertido el sobresalto de su amigo.
- ¿Que mirabas tan concentrado? Casi te mato del susto – seguía riendo.
- Nada, te estaba buscado ¿y Ginny?
- En el jardín con Lavender y Hermione – y le guiñó un ojo.
Ron decidió ignorar el gesto de su amigo, aunque sabia porque lo había hecho. Se oyeron risas femeninas, eran Ginny y Lavender. La pelirroja dio a Harry un tímido beso en los labios y Lavender se acercó insinuante a Ron. Cuando éste pensó que volvería a besarlo en los labios, la joven se desvió, se lo dio en la mejilla, y se separó con una sonrisa pícara en su rostro. El pelirrojo sonrió, aquella chica lo descolocaba totalmente.
- Ahora vamos a bailar – dijo tirando de Ron hacia la pista de baile.
El chico sabía que la danza no era precisamente su fuerte, era su asignatura pendiente con Snape. De todas formas había mucha gente para que alguien notara lo patoso que podía llegar a ser. Agarró a Lavender por la cintura y comenzaron a moverse por la pista. La chica era buena bailarina así que Ron se dejo llevar, aquello no estaba tan mal, se divertía. Inesperadamente notó que su espalda tropezó con alguien, se volteó para disculparse y allí estaba ella. Hermione bailaba con Draco, estaba aun mas hermosa que en sus sueños. Su vestido de seda color marfil ondeaba con la mas débil brisa y llevaba el cabello recogido dejando ver toda la belleza de su rostro. El corazón del chico comenzó a latir tan fuerte que lo notaba en la garganta y le impedía decir nada. Los cuatro estaban en medio de la pista paralizados, mientras la gente ajena a todo bailaba a su alrededor.
- Weasley, ¿tampoco sirves para dar unos cuantos pasos de baile? – Draco había roto el hielo con su acostumbrada diplomacia.
Pero el pelirrojo no dijo nada solo contemplaba a Hermione como si lo hubiese hechizado, la muchacha también lo miraba y Ron notó como su pecho se movía, debajo de aquel vestido, agitado por la respiración.
Draco comenzó a impacientarse y molesto ante el desaire de Ron, tiró bruscamente del brazo de la chica arrastrándola con él y desaparecieron entre la multitud.
- Me haces daño Draco ¡suéltame! – grito Hermione a su novio
- ¿Que hacías ahí parada sin decir nada? ¿Pensabas quedarte toda la noche mirando a ese Don nadie? – el rubio estaba muy enojado, quizás mas por el hecho de haber sido ignorado, que por ver como su novia miraba a otro chico – ¡Bah! Da igual, voy por unas bebidas.
Hermione se colocó bien el vestido mientras veía alejarse a Draco. Se sentía extraña como si parte de su alma se hubiese quedado allí, con aquel chico de pelo rojo. Estaba más guapo e interesante que nunca. Hacia mucho tiempo que ella notaba en su interior que Ron le gustaba, pero no podía permitirse el lujo de enamorarse de otra persona. Draco y ella habían estado predestinados desde siempre, sus familias tenían un interés especial en que esa relación funcionara y debía pensar solo en él. Y de repente cuando todo en su vida estaba ordenado, vino ese chico a desbaratarlo todo y volverla del revés. 'No es justo', pensó 'tengo que hacer algo para sacarlo de mi cabeza porque sino acabara adueñándose de mi corazón también y hay demasiadas cosas en juego para dejarme llevar por un capricho'.
Draco tardaba demasiado en traer los tragos, Hermione decidió salir un poco al jardín y así despejarse un poco la cabeza. Caminó durante un rato intentando no encontrarse con conocidos que no la dejaran pensar, cuando llegó al borde de una escalinata distinguió la figura de Ron apoyado en el brocal. Se detuvo, no podía llegar hasta él y tampoco debía saber que ella estaba allí. Dio la vuelta muy despacio y comenzó a andar en la otra dirección, apenas llevaba dos pasos cuando tropezó con Snape.
- Señorita Granger ¿Por qué tanta prisa?
- Buenas noches Señor Snape, buscaba a Draco antes de que empezara el próximo baile.
- Siento decirle que no lo he visto, aunque si lo que quiere es bailar se le soluciono el problema pronto- dijo mirando por encima del hombro de la muchacha – ¡Ron! Ven aquí.
El pelirrojo venia andando despacio hacia ellos, pero no los descubrió hasta que oyó la llamada de Snape, dudó si continuar o no caminando, pero se decidió a seguir.
- Ron tengo a una dama en apuros, quiere bailar la siguiente pieza y no encuentra a su acompañante ¿Por qué no invitas a la Señorita Granger a bailar?
Hermione miraba al suelo visiblemente nerviosa, Ron sabía que no tenía alternativa y aunque en el fondo de su corazón era lo que mas deseaba, entendía que su deseo no tenía nada que ver con el de la chica.
- Hermione ¿te gustaría bailar conmigo el siguiente baile? – dijo al fin, ante la insistente mirada de Snape.
- Si…, gracias Ron.
El le ofreció la mano y ella la tomó notando el calor de la piel del pelirrojo. Con los corazones a punto de estallarles entraron en el salón, precedidos por Snape.
La música comenzó a sonar, Ron colocó la mano que le quedaba libre en la espalda de Hermione, el vestido de la chica tenía un amplio escote que dejaba al descubierto casi toda su espalda y el joven percibió el suave tacto de su piel. La castaña dejó caer la mano sobre el pecho del pelirrojo y se dio cuenta de que ese chico aparentaba ser menos de lo era en realidad. Iniciaron su baile, Ron no le quitaba la vista de encima, y el aroma de su perfume lo hipnotizaba, tenia que apurar cada segundo, porque quizás seria la última oportunidad de tenerla tan cerca. Hermione no se atrevía a mirarlo siempre la había intimidado y temía flaquear ante él. De pronto un escalofrío le recorrió todo el cuerpo, el muchacho había deslizado suave y lentamente la mano por la espalda de ella y la sujetaba por la cintura. Ron sintió a la chica estremecerse y sonrió satisfecho, al ver que ella se dejaba llevar. Decidió ir mas allá y con un impulso la atrajo hacia sí, quedando su cuerpo pegado al de ella. Hermione se sorprendió, pero no hizo nada para alejarse de él. Sentía latir con fuerza el corazón del muchacho y el calor de su aliento en su cuello. Se decidió a mirar al chico y al voltearse sus labios quedaron a pocos milímetros de los de él. Por un instante parecía que el salón estaba vacío y los únicos que bailaban eran ellos. Ron hubiese dado la vida por detener ese momento, pero lo bueno nunca dura demasiado y la música cesó. Hermione se apartó de él rápidamente, lo miró un momento y salió corriendo hacia el jardín. El pelirrojo se disponía ir tras ella, cuando alguien le agarró el brazo y lo detuvo.
- Te dejo solo un segundo y ya me cambias por otra
- ¡Lavender! – Ron parecía desubicado
- Vamos salgamos un poco y así te despejas. Tengo cosas que contarte.
Caminaron juntos hasta el brocal donde Ron había estado unos momentos antes, escuchaba como Lavender le hablaba pero la oía muy lejos. Su mente aun seguía en aquel salón, con el cuerpo de Hermione pegado a suyo. ¿Ya no podía estar equivocado? ¿Había notado como se estremecía cuando la acarició? ¿Por qué se resistía Hermione tanto? Sus ojos y su cuerpo habían dicho lo que su boca estaba callando. De fondo Lavender seguía con sus historias.
- Y luego esa Luna casi derrama sobre mí una extraña bebida que ella misma había mezclado y que tenia un color horrible – dijo poniendo una mueca de asco - ¡Oh! vaya parece que Hermione ya encontró a su querido novio.
Ron dirigió sus ojos hacia donde su amiga le señalaba, efectivamente allí estaba la pareja, charlando y riendo junto a Harry y Ginny. La expresión del joven cambió súbitamente y en su cara se dibujo una mirada de rencor, Draco cogía a Hermione fuertemente por la cintura y la besaba sin importar que sus amigos estuvieran presentes, la chica correspondía a su beso. El pelirrojo bajó la mirada sin comprender como Hermione era capaz de besarlo de esa forma, si un momento antes se estremecía entre sus brazos. Sintió que ardía por dentro de ira y Lavender que seguía empeñada en una conversación que no estaba escuchando. Miró a la rubia con resignación, 'en realidad es muy bonita' pensó y 'está loca por mí' suspiró profundamente, '¿porque no? yo también tengo derecho a intentar ser feliz'
-¿Lav, quieres ser mi novia? – probablemente lo dijo y luego lo pensó, pero ya estaba hecho.
La chica dejó de hablar por un momento y lo miró con la boca abierta sorprendida por la proposición.
- Creí que nunca me lo pedirías
Y se abalanzó sobre Ron asiéndolo fuerte por el cuello para besarlo, al principio él se quedo inmóvil pero un instante después comenzó a corresponder a la chica.
En el otro extremo del jardín, Hermione observaba el beso de la pareja mientras una lágrima caía por sus mejillas, manchando su hermoso vestido de seda.
