Anteriormente...
—Vamos, enana. Reacciona —logré escuchar de manera distorcionada, e hice un esfuerzo por abrir mis ojos, más no pude.
Sentí movimiento alrededor mío, al igual que otras voces que no pude identificar pero que necesitaba se callasen pues me taladraban la cabeza.
—¡Tiene que despertar! ¡Haz algo, Albert! —gritó histéricamente una voz chillona, cuya dueña conocía a la perfección. Por aquella niña levantaría montañas, así que hice uso de toda mi fuerza de voluntad para abrir mis párpados, logrando ver una luz molesta y tres manchas oscuras.
Parpadee constantemente y apenas fui consciente de que estaba recostada en mi cama cuando sentí un pequeño peso arriba mío y unos bracitos alrededor de mi cuello.
—No vuelvas a asustarnos así —lloriqueó en mi hombro y no pude evitar devolver el abrazo entre risas roncas y cortas a la pequeña conejita que se aferraba a mí como si fuera el último vaso de agua en el desierto.
—Tranquila, Cream. Ya estoy bien.
Sólo podía concentrarme en el bulto chillón que tenía arriba mío mientras mi organismo y mis sentidos se orientaban.
—Pensé que algo malo te sucedía, Amy —su dulce y añiñada voz se oía distorsionada por hablar contra la piel de mi cuello.
—Me tienes aquí contigo, linda. Todo está bien —susurré en consuelo a su angustia mientras acariciaba sus suaves orejitas marrones.
Ella era la única que despertaba tan rápido en mí los instintos protectores, y con razones más que suficientes: era mi hermanita de corazón. Desde que nuestros caminos se cruzaron durante una de mis misiones de reconocimiento y rastreo en un poblado supuestamente abandonado a las afueras de Grand Metrópolis, no he hecho más que protegerla, dándolo todo por su bienestar y seguridad.
—Gracias a Chaos, estaba a punto de sacarla de la habitación —habló Albert desde algún lugar a mi derecha, con falso fastidio en su voz. Sabía que estaba actuando, pues Cream siempre supo ganarse el corazón de todos, y nadie era la excepción hasta ahora.
—Siento interrumpirlas, señoritas. Pero es necesario revisar a la Agente Rose para asegurar que se encuentre bien —dijo una voz desconocida al pie de mi cama. Levanté mi vista y le dirigí una mirada analítica al castor adulto, que por su vestimenta, debía ser el doctor—. Por cierto, soy el Doctor Durand, Especialista en Soldados de la Sub-Unidad de Armamento.
Sip, cada soldado debía asistir a un Doctor específico en caso de desarrollar habilidades especiales, como las de Armamento, Reconocimiento, Demolición o Vigilancia.
—Un gusto, Doctor.
—Ven un momento, Cream. Deja al Doctor hacer su trabajo mientras preparamos la cena para Amy —Albert se hizo notar mientras esperaba a la aludida en el umbral de la puerta. La conejita suspiro derrotada y luego de limpiar su rostro, me ofreció una sonrisa temblorosa pero sincera acompañada de un pequeño beso en mi mejilla. Bajó de mi cama y salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí.
—Bueno, tengo la leve sospecha de que su reciente desmayo se debió al golpe de emociones que la Prueba le generó. La ansiedad, la preocupación, el estrés y la adrenalina no son una buena combinación —retomó la palabra el castor mientras se acercaba por mi derecha y me limité a asentir. De repente, sentí que la energía era drenada de mi cuerpo, dejándome con fatiga hasta para formular palabras.
Permití que hiciera el chequeo de rutina y durante el procedimiento, sentí un leve cosquilleo en mi columna, justo en el lugar donde se hallaba ubicado el Nano Chip que me permitía ser reconocida como Soldado especializada en Armamento.
Fue ahí cuando recordé mi no tan pequeño problema durante la Prueba: las fallas al momento de intentar usar mi habilidad.
Me maldije internamente por mi descuido y no solicitar de inmediato una revisión completa del Nano Sistema incorporado en mi cuerpo. Sabía que podía ser grave, y aún así lo olvidé por la emociones del momento en que me presenté frente al Directorio y el Equipo Alpha.
—… puede ser resultado de su entrenamiento intensivo de los últimos días, pero haremos un chequeo más profundo y completo sólo para despejar dudas.
Esperen, ¿qué?
Aturdida, miré a Durand y sus labios se movían pero no entendía lo que decía. Parpadeé repetidamente y luego froté mis ojos para despejarme.
—Disculpe, ¿qué decía? —intenté no sonar tan estúpida como lo era la pregunta que salió de mi boca.
El Doctor suspiró con su ceño un poco fruncido y supe por su expresión que le había fastidiado el ser ignorado olímpicamente segundos atrás. Para ser sincera, aquello no me importaba. Tenía problemas más importantes que atender.
—Le decía que si bien los resultados del chequeo están dentro de los parámetros considerados como normales, debemos hacer análisis más específicos para descartar un posible cuadro de deshidratación y anemia leves.
—Y..yo… —aclaré mi garganta por el titubeo en mi voz y suspiré derrotada—. Creo que el desmayo puede estar relacionado a mi Nano Chip —hablé lo suficientemente fuerte como para ser oída sólo por el Doctor. No deseaba que Albert supiera al respecto hasta estar segura dado que haría todo lo que esté a su alcance para mantenerme alejada de mi entrenamiento diario y mis funciones en el Equipo Alpha. No podía permitir aquello, no cuando ni siquiera había asistido a un mísero entrenamiento general o a una Misión de Campo.
—¿Por qué lo dice, Rose? —su ceño se acentuó, pero por razones diferentes y justas.
Al estar insertado en mi columna vertebral, cualquier falla en el Nano Chip o su sistema, podría acabar con mi vida en lo que dura un parpadeo. Mi vida depende realmente de un trozo de metal no superior a 5 milímetros de largo y alto. Es por eso que cualquier asunto relacionado a él es delicado, y tanto el Doctor como yo, lo sabíamos.
—La Prueba. Durante ella, mi habilidad no funcionó en más de una ocasión, superando el tiempo de enfriamiento estimado. Estuve cerca de tres minutos completamente despojada del blindaje. Y ahora mismo siento un cosquilleo en mi cuello, justo donde está el Chip —hablé con pesar, sabiendo que era mucho más grave de lo que quería creer.
—Por Chaos, ¡debería haberme informado en cuanto terminó la Prueba! ¡Fue muy imprudente de su parte! —levantó un poco la voz y maldije en voz baja al ver que tomaba un pequeño comunicador de su bolsillo.
Debería hablar más fuerte. Creo que no lo escucharon en Angel Island, maldita sea.
—Escuche, no hay razón para alterarnos tanto —hablé mientras me incorporaba en la cama—. ¿No podemos simplemente hacer los estudios sin que medio mundo se entere de esto? —gruñí por saber que sus intenciones eran informar de aquello al Directorio y solo Chaos sabe a quién más.
—Creo que no me está entendiendo, Agente. Mi deber no sólo es verificar su estado de salud, si no también mantener informado a mis superiores al respecto —dijo con impaciencia y apretó un botón del comunicador, encendiendolo. Sin embargo, no pudo hacer más pues me abalancé y tome el maldito aparato entre mis manos, mirando con mi ceño fruncido al castor— ¡¿Qué cree que hace?! ¡Devuélvame eso ahora mismo! —exigió.
—Escucha, amigo —al diablo las formalidades, debía cortarle el rollo antes de que Albert lo escuchara—. No quiero que nadie se entere de esto hasta estar seguros de lo que sucede, ¿bien? No pretendo interrumpir en tu trabajo, pero definitivamente es innecesario hacer todo este escándalo si no hay un maldito diagnóstico —gruñí—. Te propongo que hagamos los estudios y luego le avisas a quien desees sobre la situación. Mejor que nadie debes saber que al Doctor Robotnik le molesta ser interrumpido salvo que sea algo urgente—intenté persuadirlo con lo último que tenía.
Al parecer funcionó porque aparentaba pensar en lo que dije. Casi podía ver los engranajes de su mente funcionando para llegar a un acuerdo, hasta que finalmente asintió pero con una leve mirada de desconfianza.
—Bien, pero haremos los estudios esta misma noche. No es seguro postergarlo. Por favor —la palma de su mano extendida en mi dirección era una obvia invitación a devolver el comunicador. Sin decir nada, lo hice.
—De acuerdo —asentí y solté el aire que sin saber, estaba reteniendo en mis pulmones.
Valió la pena comportarme como una niña malcriada, al parecer.
—Debe saber lo que está haciendo, señorita Rose. Si cualquier cosa sale mal, sepa que no me haré responsable. Diré que me amenazó o lo que sea necesario para no perder mi puesto de trabajo —habló con una expresión seria.
—Sí, sí. Lo que sea… —me vi interrumpida por la puerta al ser golpeada suavemente y luego ser abierta por Albert.
—¿Está todo en orden? —dijo. Pude detectar la desconfianza en su tono de voz. Seguramente estaba analizando la situación. Las posturas defensivas en el castor y en mí no ayudaban mucho, a decir verdad. Tampoco lo hacía el pesado silencio que nos rodeó después de su llegada.
Chaos, por favor que no haya oído nada.
—Así es —respondí con cautela, después de unos segundos. La tensión invadiendo mis músculos y mi postura.
—¿Ya saben que provocó el desmayo?
—Oh, claro —habló rápidamente el doctor. Quise golpearlo por el nerviosismo en su voz—. Fue por las fuertes emociones que la afectaron antes y durante la Prueba. S..sospecho que el entrenamiento que tuvo antes de eso pudo haber provocado un leve cuadro de deshidratación y anemia, pero para estar seguros haremos análisis de sangre en unas horas, luego de que la Agente descanse un poco.
Albert se mantuvo en silencio durante unos momentos pero finalmente asintió… despacio.
Mierda.
—¿Esos exámenes no pueden esperar hasta mañana? No creo que sea bueno que Amelia esté sin comer durante tanto tiempo solo por un análisis. Podría hacerlo mañana a primera hora, como normalmente se hacen.
Había acertado. Albert sospechaba algo. Maldita sea.
—Deseo hacerlos hoy para salir de la duda más rápido. Estoy segura que descansando luego de los estudios, estaré lista para mi primer entrenamiento con el equipo. Ya … Esto es importante para mí —si no lo convencía con eso, estaba frita. Me aseguré de bajar la mirada y hacer que mi voz sonara suplicante pero avergonzada a la vez. Eran mis últimos recursos.
Por favor, Chaos.
—Bien...pero sólo para estar seguros de que no suceda otra vez, te acompañaré hoy en los exámenes y mañana te escoltaré hasta tu edificio de entrenamiento.
Nunca antes me había sentido tan agradecida.
—Eso era todo —hablé en cuanto me reunía con Albert en el corredor que daba a la sala de estudios del Doctor Durand.
—¿Hablas en serio? —gruñó mientras pasaba una de sus manos por mi cintura para sostenerme. Necesitaba un poco de ayuda para regresar a mi habitación porque estaba un poco pálida y débil por los exámenes.
Claramente se trató de mucho más que una simple extracción de sangre. Se probó mi resistencia física y los tiempos de reacción de mi cuerpo ante ciertos estímulos; se analizó el sistema y la configuración del Nano Chip y también se puso a prueba mi habilidad. Y en todas las ocasiones, el blindaje funcionó correctamente. Extraño.
De todos modos, los resultados de los estudios en mi Nano Chip no estarían listos hasta el día siguiente, por lo que por tener resultados normales en las pruebas físicas y el análisis de sangre, podría asistir sin problema al entrenamiento.
—¿Tengo cara de estar bromeando acerca de algo? —respondí de mala gana, sabiendo a qué se refería.
—Para ser sincero, tienes la cara de un cadáver, graciosa.
—Gracias, nunca me han halagado de tal manera, buen Señor —intenté desviar el tema.
—Como sea. Volviendo a lo importante, ¿por qué demoraron tanto? Dos horas para un análisis de sangre es demasiado, y lo sabes.
Bien. Demasiada suerte para un mismo día.
—El Doctor analizó por sí mismo la sangre. Es obvio que demora más que una máquina y una computadora —esto de mentir e improvisar se me da mejor de lo que esperaba—. Y antes de que lo preguntes, me mantuvo en el consultorio para evaluar la mejora en mi cuerpo una vez que me suministró analgésicos para el dolor muscular que tenía en mi brazo derecho y pierna izquierda, consecuencia de la Prueba. También me hizo radiografías, estuve cerca de obtener tres costillas rotas. Pero por suerte no pasó a mayores —Ciertamente aquello no era del todo una mentira.
—Bien. Pero mañana descansarás. No veo por ningún lado esos resultados. Y aún estás débil.
Mentiría si dijera que su evidente preocupación no me conmovió, además de provocar culpa y pesar en mi consciencia.
—Oh, vamos. Sabes que esto no es nada para mí. Aunque me cueste admitirlo, me ha ido peor en otras ocasiones. Además, el Doctor estaba terminando los análisis y mi diagnóstico. Le pedí que te los enviara en cuanto los tenga para que confirmes que puedo asistir al entrenamiento de mañana.
Era consciente de que aquello sería necesario si quería entrenar por la mañana, ya que Albert es uno de mis instructores personales y debía tener su visto bueno para hacer ciertas cosas. A su vez, él necesitaba de un diagnóstico para evaluar la situación y determinar si estaba autorizada o no.
—Pues está tomándose su tiempo para… —su comunicador sonó y luego de revisarlo sin detener nuestra caminata, gruñó—. Bien, aparentemente estas en lo correcto. Pero sigo pensando que deberías descansar.
—Gruñón —dije con una leve sonrisa. La tensión abandonando mi cuerpo. Había tenido suerte esta vez.
—Me preocupas. Si eso me hace un gruñón, entonces bien. Lo soy.
Muy buenas! Sé que ha pasado mucho tiempo desde mi última actualización, pero sepan que es por la universidad y mis ganas de escribir. Intenté hacerlo pero cuando no tengo ganas o inspiración, simplemente no hay buenos resultados. Y de verdad quiero que este proyecto esté a la altura de un buen fanfiction.
Agradezco desde ya el apoyo que le dan a la historia, sepan que sus reviews me ayudan mucho a continuarla.
Pronto las cosas se aclararán más, no se preocupen jaja.
Cualquier consejo o crítica constructiva será bien recibida y tomada en cuenta, recuerden.
Gracias por leer, nos leemos luego!
