Después de despedirme de Dee, fui hacia mi habitación, y cogí algunas cosas que me hacían falta si quería estudiar con Severus, o hacer como que estudiaba. En el transcurso de ida me puse a pensar en lo que me había dicho: "Mañana entonces, te busco y te ayudo ¿Vale? ", realmente no había quedado con él en ningún lugar, ¿y ahora como podría encontrarlo? Me buscaba él, vale, ¿y como lo haría? "Volveré a ver si todavía está merodeando por el comedor" pensé. Y así lo hice, el camino estaba solitario, no había mucha gente pues todos estaban en el pueblo.
Una vez en la puerta, eché un vistazo rápido. "Vaya no está por aquí, ¿Dónde se habrá metido?"

-¿Me buscabas?
-Oh, hola Severus. Te gusta presentarte siempre por sorpresa ¿ehh?
-Hago lo que puedo, ¿y bien? ¿Preparada para empezar a estudiar?
-No, la verdad es que no, pero si no hay otro remedio…
-Venga, no seas vaga. – Y empezó a empujarme para que caminase.
-Está bien, está bien.

Ya en la biblioteca, nos sentamos en una mesa, la primera que pillamos, y Snape se dedicó a explicarme aquello que no entendía, que no era poco, no sé cómo no salió corriendo de allí. En un momento de esos en los que me explicaba le dije:

-Vaya Sev, explicas que da gusto.
-Jeje, gracias.
-¿No has pensado en dedicarte a esto?
-Pues no, no sé. Continuemos.

Y era cierto, explicaba muy bien las cosas, hasta el punto en que llegué a entenderlas, pero eso no quita el aburrimiento que siento con los estudios. Llegó un momento en el que deje de prestarle atención, y me dediqué a estudiar, pero a estudiarlo a él, que obviamente era más interesante que todo lo que me estaba contando. ¿Qué haces estudiando teniendo semejante monumento delante?, me decía a mí misma. Con lo guay que hubiese sido ir juntos a Hogsmeade…

-Adrienne, Adrienne ¿Me estás escuchando? – Sin darme cuenta me había metido tanto en mis pensamientos que no lo escuchaba, y me golpeó en la cara.
-¡Ay!..Perdón ¿Qué decías?
-¿Me estás escuchando o estoy perdiendo el tiempo?
-¿Qué? No, no, claro que te escucho.
-¿De verdad? Que la que necesitas esto eres tú, que yo ya me lo sé.
-Bueno vale, no te estaba atendiendo, pero porque yo me aburro fácilmente cuando estudio y me pongo a pensar en otras cosas, con Dianne me pasa lo mismo.
-Pues vaya, tienes que tenerla contenta.
-Ehh, está todo el día con el estudio, que si hay que estudiar, que si no, no conseguiré nada. Claro como a ella le gusta...
- Tiene toda la razón, porque a ver ¿Qué tienes planeado para el futuro?
- Pues quiero ser dragonolista.
-Vaya vaya ¿te gustan los dragones?
-Me encantan, son criaturas fascinantes, increíbles…- Después de eso, traté de volver a concentrarme en lo que me estaba explicando.

Como manía mía de toquetear las cosas, y de tener algo en las manos, cogí uno de los cuadernos de Sev. Había algo escrito en la tapa, por dentro:

- ¿Qué pone aquí? "Príncipe mestizo". ¿Qué es eso de príncipe mestizo?
- Eh bueno, esto, es un nombre. No es nada…
- ¿Un nombre? ¿De quién?
-Pues… eh… Mío, con ese sobrenombre firmo las cosas.
-Ahh, ¡mola! ¿Y por qué ese nombre?
-Pues mi padre es muggle y mi madre, bruja por eso lo de "mestizo"; y el apellido de soltera de mi madre es Prince.
-Ahh, por eso lo de "príncipe".
-Exacto.
-Está bien pensado. –Y se hizo el silencio durante unos segundos, segundos en el que nos miramos varias veces sin saber que hacer – Bueno Príncipe, ¿podríamos dejar esto e irnos a hacer algo? Lo que sea, pero salgamos de aquí.
-Jajajajaja Está bien, ¿pero luego podrás continuar sola?
-Claro, claro.- ni idea de cómo iba a hacerlo, pero con tal de escapar de la biblioteca besaría al calamar gigante.- Vayámonos a hacer otra cosa que si no, me deprimo.

Salimos de allí directos a los jardines, que estaban nevados. Y comenzamos caminar, sin saber de qué hablar, y como a mí no me gustan los silencios, paré y él siguió hacia delante. Aprovechando la oportunidad, me agaché, cogí un poco de nieve, la que me cabía en las manos, le hice forma de bola y la lancé con todas mis fuerzas, llegándole a dar en toda la cabeza a Snape, que se dio la vuelta con cara de pocos amigos.

-¿Pero qué haces? – Y antes de que pudiese terminar la frase ya tenía otra bola estampada en la cara.
-Ohh te la estás jugando. –Me dijo a continuación, mientras preparaba el otra bola de nieve – Te vas a enterar.
-Eso será si logras alcanzarme- y salí corriendo.
-De esta no te libras. – Y salió detrás de mí.

Corriendo, corriendo llegamos al lago, que por el frío, se encontraba helado. Y al pararme, la bola de nieve chocó contra mi cara. Estaba cansada de correr y me senté en la nieve, él se sentó a mi lado.

-Que cosa más bonita. – Y me tumbé en el suelo.
-¿Tan cansada estás? –Me dijo
-Un poco, cuando quieres corres un montón. – "Será una defensa contra los merodeadores" pensé. Y se me escapó la risa. "Que mala soy".
-¿De qué te ríes?
-De nada, de nada. – y cambié rápido de tema. -¿Sabes lo que pegaría ahora?
-¿El qué?
-Patinar en ese lago. Estaría genial, pero no tenemos patines.
-Eso no es problema, si lo que quieres son unos patines sé cómo conseguirlos. –Seguidamente sacó su varita y tras unas palabras que no llegó a pronunciar, mis botas se transformaron en patines de hielo.
-¡Vaya! Que chulada ¿Cómo sabes hacer eso? – Mi cara no salía del asombro.
-No es difícil. Bueno venga ve a patinar como tanto querías.
-Si claro – Y me levanté y con pasos un tanto patosos me acerqué al lago – ¿Pero tú no vienes?
-¿Yo? – Y se levantó hasta donde me encontraba- Yo no sé. ¿Me ves con cara de ser un tío que patina sobre hielo?
-No importa, yo te enseño.
-No, si yo estoy bien aquí…
-¿Y qué vas a hacer? ¿Mirarme mientras patino?
-Esto... ¿no?
-Claro que no. Venga por favor. No me hagas recurrir a mi cara de pena.

-No, no. Déjalo.

-Tú me ayudas a estudiar, ¿no? Porque se te da bien y a m no, ¿verdad? Pues ahora me toca a mí- y me señalé con el dedo, como si le estuviera empicando algo a un niño de 5 años-, que se patinar, enseñarte a ti – y le señalé a él -, que no sabes.- Ahora le puse mi cara de sonrisa de bebé.
-Jaja Está bien.- Y Snape hizo lo mismo con sus zapatos.

Ya el mantenerse de pie le costaba, así que le agarré de la mano para que no se cayera. No hace falta mencionar como estaba por dentro. Empecé por enseñarle lo básico.
-Venga un paso, otro paso, un paso, otro paso.
-Me siento ridículo. Parece que me estás enseñando a andar…
-Jajaja si, estamos un poco ridículos haciendo esto, pero si no sabes tendrás que aprender, ¿no?
-Bueno suéltame, que creo que ya se.- No se si es que aprende rápido, o que es demasiado independiente para sentir la necesidad de que alguien lo mantenga en pe o que le da repelús estar cerca mía (¡por Merlín, que no sea eso!
-Venga valiente jajaja- estaría bien ver como se abre de piernas y se come el hielo. Cuando yo aprendí, me pasaba la mitad del tiempo con el trasero en el suelo. Dio unos pasos y perdió el equilibrio, alcancé a cogerlo antes de que se cayese.
-Aun te falta un poco, pero le estás cogiendo el truco.

Y así nos tiramos unas horas, patinando en el frío lago. Nos dimos unos cuantos culazos, Snape unos cuantos más que yo, y nos estuvimos todo el rato riendo el uno del otro. Me lo estaba pasando genial y no quería que eso terminase. Pero antes lo digo, antes pasa y llegó la hora de comer.

-Tiene que ser ya la hora de comer ¿No crees? – Me dijo Snape.
-Supongo, ya llevamos un buen rato aquí metidos.
-¿Nos vamos ya?
-Vale. – Nos dirigimos a la orilla del lago y nuestros zapatos volvieron a ser lo que eran.

Y en el camino al castillo:
-Me ha encantado este día. Lo repetiremos ¿verdad?
-Bueno si, mientras el lago siga helado- Dije
-No, no me refiero solo al lago- Dijo mientras con una sonrisa en la cara, negaba con la cabeza.- ¡Oh oh oh Dree, contrólate!
-Ah pues entonces, no sé.
-Lo del lago es solo una parte; es el hecho de poder compartir experiencias así con alguien. Es...- puse cara de "¿Qué pasa, no tienes amigos?" Pero hasta yo se que eso no se le puede decir a una persona, y menos cuando empiezas a caerle bien. Así que por una vez me callé. Pero me parece que intuyó lo que pensaba y me dijo – No sé, no suelo hablar mucho con la gente, y nadie me había enseñado antes a patinar; a casi nada, creo. Pero está bien hacer todas esas cosas y hablar contigo.
- Ahh pues… Gracias. Repetimos todas las veces que quieras, cuando quieras – Y le puse mi mano sobre su hombro sonriendo, y con el pelo fosforito.
-Gracias.
- Jaja de nada hombre. Ya estamos aquí de vuelta. Yo me voy a cambiar de ropa, porque con tantas caídas tengo la falda que da pena.
-Está bien, nos vemos.
-¡Adiós!

Una vez me despedí, salí corriendo, ya todo me daba igual, había pasado toda la mañana con él, y esa felicidad me iba a durar toda la semana.

Me cambié y bajé al comedor, una vez allí comí todo lo que pude, pues patinar me había dado mucha hambre. Al terminar de comer, me fui a hacer algo relajado, una lectura sobre dragones en la calentita sala común era lo ideal. Mientras aguardaba la llegada de Dee.