Sólo faltaban tres días para que iniciaran Los 76º Juegos del Hambre. Entrenábamos a diario, aprendíamos nuevos conocimientos que nos podrían ayudar en la arena, y tendríamos oportunidad de mostrar nuestra habilidad ante los Vigilantes. En los entrenamientos le enseñaba a Sid todo lo posible. Se nos une Mircci, la tributo del distrito 11. Nos conocemos desde pequeñas. Es más fuerte que nosotros, pero nos enseña y explica muchas cosas útiles. Niwel, del distrito 1, se acercaba a veces y entrenábamos juntos. Siempre intentaba mostrarme simpática ante los otros tributos. Cuantos más posibles aliados tuviésemos, mejor.
El último día de entrenamiento, Haymitch aprueba que nos aliemos con Mircci. También nos permite aliarnos con Gerard y Kailén, amigos míos desde la infancia. La esperanza de salvar a Sid me daba fuerzas para continuar con todo eso.
Llegó el momento de las sesiones privadas con los Vigilantes. No había preparado nada, por lo que iba a improvisar.
Los tributos esperábamos mientras llamaban uno por uno. La habitación quedaba cada vez más vacía. Llamaron a Sid. Un avox lo ayudó a ir hasta donde estaban los Vigilantes. Quedé sola.
—Primrose Mellark. — Llamaron. Entré en la sala en la que me esperan los Vigilantes. Todos esos hombres tan superficiales y desinteresados que podrían decidir mi futuro con su opinión. Miré en todas direcciones, y encontré un cuchillo y pintura. Lancé el cuchillo hacia uno de los muñecos de práctica de tiro, y el cuchillo se clavó en donde debería estar el corazón. Algunos Vigilantes sonríen, otros continuaban charlando. Eso me enfureció. Tiré un cuchillo hacia ellos. Se clavó en la mesa en la que estaba la comida. Todos ellos centraron su atención en mí, algunos boquiabiertos. Sonreí, me acerqué a los muñecos y los pinté. Les pinté pelucas de colores, ropa extravagante, todo para que se pareciesen a los capitolinos. A unos muñecos les pinté pelo blanco y traje, para que representara a Snow, y a otro pelo rojo, para que representara a Coin.
Sonreí y empecé a lanzar cuchillos a todos los muñecos: A un muñeco el cuchillo le había cortado la cabeza. A otro muñeco, el cuchillo se le había clavado en medio de la frente. Así le tiré cuchillos a todos, sin parar en ninguno especialmente. Para terminar, me colgué de una barra y lancé el último cuchillo desde allí. El cuchillo se clavó profundamente en el pecho del muñeco que representaba a Snow. Me dijeron que ya podía irme. Con eso había liberado todo el enojo hacia el Capitolio, hacia Coin, hacia Snow, contenido por semanas.
Subí en el ascensor hasta mi planta. Nos sentamos todos a ver las puntuaciones de los tributos en sus sesiones privadas.
Niwel obtiene un diez, Mircci obtiene un 9, Sid un 7, Kailén también un 7 y Gerard un 8. Yo iba última.
—Primrose Mellark. Con una puntuación de DOCE.
Todos me felicitaban, menos Haymitch. Él sabía que eso no era bueno. Me quedé mirando la televisión fijamente. ¿Por qué un doce? ¿Acaso era una incentivación a los tributos para que en la arena fueran a por mí primero?
Esa noche no lograba dormirme. Estaba muy asustada. Al día siguiente comenzarían los juegos. Al día siguiente, tal vez, ya estaría muerta.
