Capítulo 7

— Pensé haberte dicho que nunca le volvieses a poner una mano encima a mamá — Severus siseó, poco a poco caminó amenazadoramente sobre su padre, su varita estaba lista para hacer cualquier daño irreversible.

Los ojos de Tobías estaban estupefactos lo miraba sobresaltado, con rabia y temor. Severus podía ver cada vena roja palpitando sobre su pálida piel — T-tu n-no, tú no te atreverías — Tobías murmuró —. Se lo merece, como la bruja mentirosa que es.

— ¿Dices que no me atrevería, padre? — Severus preguntó en un tono sedosamente peligroso — Fallaste al tratar de comprender lo que la magia puede o no hacerte, bastardo. No tienes ni la más remota idea de lo que soy capaz de hacer. ¿Sabías padre, que los otros niños en la escuela me han acusado de saber muchos más hechizos Oscuros que nadie más en la escuela sabe?

Tobías extendió sus manos hacía él conciliadoramente, meneando su cabeza lentamente — N-no, e-eso, eso es una mentira. Eres sólo un chico. Un desperdicio miserable de chico.

Por el otro lado, Severus vio a su madre tratando de intervenir. Eileen estaba sollozando y suplicando patéticamente por ellos — Severus por favor… Tobías es sólo un chico…

Severus la ignoró, mientras que ella se quedó fuera de su camino, no podría mágicamente unirla — Ya has hecho mucho daño aquí, padre — escupió —. Aquí están tus elecciones; agarras tus cosas, te largas y nunca regresas, o sufres todo mi recibimiento de mi ira hacia ti. La elección es tuya, padre, y si yo fuese tú, escogería la primera opción.

Severus estaba imaginando, con un placer retorcido, usando su propio hechizo; Sectusempra, para cortar los genitales del hombre, sacándoselos… y eso, sólo sería el principio. Sabía que no tenía que usar magia siendo menor de edad, y pese a que su padre lo sabía, Severus vivía con su madre quien era una bruja, aunque ella no había hecho magia en años.

Estrictamente hablando, si él hiciese magia, sería menor de edad y rompería el Estatuto Internacional del Secreto de la Magia, pero el Ministerio ni siquiera supervisaría casas con al menos un padre mágico. Lo que el Ministerio no sabía es que no podría lastimarlos… y lo más importante, no podrían lastimar a Severus. Sonrió maliciosamente en su interior. Todo era muy conveniente, después de todo.

Cuando Tobías no le contestó rápidamente, Severus dijo; — He estado en mi buena conducta, padre, pero eso puede ser fácilmente remediado, es tu elección. Ahora, escoge.

Tobía tuvo la audacia de reír — ¿Tú crees que seré engañado por tus vacíos trucos, niño? No puedes…

— Créeme padre, no querrás tratar con mi paciencia ahora mismo — Severus susurró cerca del hombre —. Ahora para tus lloriqueos y dime ¡¿qué decisión tomaste?! — Gruñó.

Echando una mirada de odio a Eileen, quien aún estaba gimiendo impotente del lado de Severus. Tobías contestó: — Bien, bien… me iré.

Había algo en la voz de su padre que Severus no confiaba del todo, así que él dijo: — Muy bien. Ahora, ve y empaca tus cosas y lárgate de una vez por todas de aquí. Te ayudaré.

Tobías miró cuestionando a su hijo por su repentina "ayuda," Severus quiso seguir a su padre a su cuarto para asegurarse que él actualmente hiciese lo que él tenía qué hacer — Vamos — Severus ordenó, sin dejar de dirigir su varita a Tobías.

Tobías susurró un par de obscenidades por debajo y arrastró los pies hasta su habitación — Esto no es necesario, Severus — Comentó, tratando de razón con su joven hijo —. Te lo prometo.

— Cállate — Bramó —. Has perdido el derecho de hacer promesas vacías hace mucho tiempo. Tienes cinco minutos, después te que termines te quiero enfrente de la puerta.

Tobías tropezó con el armario, sacando una maleta de ahí y comenzó a tirar ropa dentro de él. Al mismo tiempo seguía murmurando palabrotas y ocasionalmente le pedía a su hijo quedarse — Por favor, Severus — imploró desesperadamente usando por segunda vez el nombre de su hijo —. Muestra misericordia… ¿dónde iré?

— Te estoy mostrando misericordia — Severus gruñó —. Y realmente no es de mi cuidado donde vayas. Vete a la casa de tus amigos por accidente. Tus amigos borrachos estarán encantados de verte, no dudo eso. Lo mucho que ustedes pueden conseguir juntos es que se tienen los unos a los otros para hacer sus jergas.

Tobías sabía que sus cinco minutos habían terminado — Vamos — dijo Severus —. Ahora.

— Pero-pero… — Tobías comenzó a protestar.

Perdiendo la poca paciencia que le quedaba, Severus cruzó el cuarto donde su padre estaba parado y presionó la punta de su varita en la espalda del hombre — Vete, ya.

Tobías medio pasado de copas, cruzó el cuarto, pasó por el pasillo y bajó las escaleras. Una vez que ellos estuvieron en frente de la puerta, Severus la abrió y dijo; — Confió en qué empacaste algo de dinero ¿no?

— Sí — contestó. Después él agarró su maleta y quiso agarrar la varita de Severus, pero él fue mucho más rápido. Ser joven y tener varios años de experiencia en el combate estaban a su favor.

— ¡Romperé tu varita, como hice con la de ella! — Dijo furioso.

Severus no se tomó ni un momento para pensar. Mágicamente, aplastó a Tobías a través de la puerta con un poder muy fuerte, el hombre estaba en la calle, muchos metros lejos, tumbado en el pavimento. Severus a continuación hizo lo mismo con la maleta y cerró la puerta duramente, poniendo seguros en la puerta para que con magia se protegiera. Ya ni le importaba hacer magia aunque fuese menor de edad, en su mente, él era un mago adulto. Su madre había sufrido lo suficiente. Procedió a proteger las ventanas y la puerta de atrás.

Por último la calma, sabiendo que Tobías no podría entrar aunque él lo intentase muy duramente, Severus encontró a su madre sentada en el piso en el mismo lugar en el que ella se encontraba antes. Había dejado de llorar, pero sus rodillas estaban pegadas a su pecho, con sus brazos alrededor de ellas, se balanceaba de atrás hacia adelante Su posición era pequeña y aterradora.

Se encogió cuando Severus le dio su mano para ayudarla a levantarse. Sentía ira por lo que había hecho su padre y también a sí mismo por nunca haberla ayudado en su vida pasada, hervía dentro de él. Eileen alzó la vista para ver la cara de su hijo y jadeó con un sofocante sollozó, pensando que él le iba a hacer daño por la ira que se mostraba en la cara de su hijo.

— Está bien, mamá — comentó áspero —. No estoy molesto contigo. Sólo… agarra mi mano. Te-te prometo, nunca hacerte daño.

Eileen vaciló, pero finalmente estrechó su mano. La levantó e instantáneamente envolvió sus brazos protectoramente alrededor de ella — Ya se fue, mamá. Ya se fue. Nunca te lastimará otra vez, te lo prometo, estás a salvo ahora.

Eileen lloraba en la camisa de su hijo. Después de unos minutos, la dejó en el sofá y gentilmente la forzó a sentarse. Se quedó con ella hasta que se hubiese calmado.

— Severus tú… tu usaste magia — dijo con voz ronca algo temerosa.

— Si — comentó llanamente —. No tenía elección, mamá.

— Pero sólo tienes dieciséis.

— Sí, pero el Ministerio no sabrá quién la habrá hecho. Tú eres una bruja, mamá. Seguramente espero que no hayas olvidado eso.

Eileen frunció el ceño — Pero… no he hecho magia en años.

— Eso no importa. Ellos saben que tú vives aquí, también. Estaremos bien de ahora en adelante. Quizás podríamos ir al Callejón Diagon y para que tengas una varita mágica — sugirió, tratando de animar el ánimo de su madre.

Pero Eileen no respondió a eso. Se encerró de nuevo en su mente. Suspirando tristemente, Severus la dejó acostada en su cama y regresó a su propio cuarto después de eso. Mientras reflexionaba en lo que había pasado, se dio cuenta que con la vergüenza y la derrota quizás había sido demasiado tarde para su madre. ¿Tobías había causado demasiado daño en ella que nunca podría ser reparado? ¿Eileen le tendría miedo a la magia ahora?

Severus recordó una plática que había tenido con su madre cuando ella decía que amaba a su esposo. Le preocupaba que no viera las razones fáciles como él esperaba.

— ¿Qué te ha hecho, madre? — Severus preguntó, mirando el techo — ¿Qué hizo, él?

Al igual que en tiempos pasados cuando se sentía especialmente triste y aislado del mundo, Severus sacaba su varita y mataba moscas.


Notas de traductora: Lo siento no tengo perdón de nadie por tanta tardanza pero suelo ser muy impulsiva y emocionarme al traducir otras historias o escribir de mi autoría. Pido mil perdones y espero que este capítulo les haya gustado.

¡Feliz 2010!

Dejen reviews

●๋•Ashαмєd●๋•