¡Sorpresa!
Que sepáis que Miss Mantequilla por fin hizo sus deberes y pues aquí estamos, subiendo nuevo cap. Miss Mantequilla os da sus más sinceras y mentirosas disculpas. Aunque yo no puedo hablar muy alto...
Quiero agradeceros a todas vuestra infinita paciencia y que después de esta gran irresponsabilidad sigáis ahí al pie del cañón, vosotras sois las héroes aquí. Y agradeceré a Duhka si nos publicita como antes xD
Recuerdo que si quieres leer lo que Penitence calla debes leer el fic titulado Vita de Miss Mantequilla, encontrarás enlace en mi perfil.
Todo lo reconocible pertenece a JK Rowling , y la cancion Stars pertenece al musical Los Miserables.
Bloque I: Finis Gloriae Mundi.
.
There, out in the darkness a fugitive running,
fallen from God, fallen from grace.
[…]
He knows his way in the dark, mine is the way of the Lord.
Those who follow the path of the righteous shall have their reward
And if they fall as Lucifer fell…
The flames!
The sword!
Stars (by Javert)- Les misérables.
.
.
.
Hogwarts, 30 de septiembre de 1998.
— Debes volver a coger tu cargo como prefecta de la casa Slytherin.
Daphnee puede ver cómo Pansy alza la cabeza sorprendida y la mira con la cabeza un poco ladeada.
— ¿Por qué he de hacer lo que me dices? —Le contesta la morena de mala gana y frunciendo el ceño.
Nunca se han llevado bien, y nunca lo harán. Daphnee lo sabe, y la verdad es que no se siente mal por ello.
— No te lo pido por mí —le contesta pausadamente y sin alzar la voz—. Te lo pido por los alumnos de Slytherin, por tus compañeros. Los ataques irán a más y tú tienes las habilidades necesarias para ayudarlos.
Se quedan unos segundos en silencio mirándose sin articular palabra.
— ¿Me lo estás pidiendo cómo Daphnee Greengrass? —Pregunta finalmente su compañera en un hilo de voz temiendo la respuesta.
— No, te lo ordeno como Lady Walpurgis.
Hogwarts, 5 de Octubre de 1998.
Faltan 13 días.
Daphnee cuadra los hombros y aguanta estoica las miradas de miedo y asco que recibe por parte de los estudiantes de Hogwarts. Está acostumbrada, a los insultos murmurados, a los hechizos que le lanzan por la espalda, a que sus ojos se empañen de miedo cada vez que la ven aparecer.
Está acostumbrada a ser despreciada.
— ¡Buenas tardes Clarisse! ¿Está tu tobillo mejor?
La rubia se detiene en mitad del pasillo y observa la escena que se está desarrollando delante de ella. Clarisse, obviamente ya recuperada, está de pie en el pasillo con la cara más sonrojada que un tomate apretando algo con mucha fuerza contra su pecho. Ese… chico, se ha acercado a ella y le ha desordenado el pelo con una mano en un gesto que muy posiblemente denota cariño, ve que la está escudando de miradas mal intencionadas.
No escucha qué le dice ella entre tartamudeos y volviéndose aún más roja de lo que ya estaba, pero sí oye perfectamente lo que él le contesta.
— Adoro que me hayas traído galletas de mantequilla y jengibre para darme las gracias —escucha que el Hufflepuff habla lo suficientemente alto para que todos los alumnos en el pasillo lo escuchen—. Si alguien, quien sea, vuelve a molestarte no dudes en decírmelo y me encargaré personalmente de que mientras yo esté aquí su té esté hecho exclusivamente con baba de babuino tricéfalo.
Daphnee se aguantó la risa que ése comentario le había provocado y vio cómo él le pasaba el brazo por los hombros a Clarisse y la guiaba por los pasillos lejos de toda esa gente que la miraba con odio y con asco.
Ni se habían dado cuenta de que ella estaba allí de pie mirándolo todo y que los demás alumnos de la casa Slytherin que se encontraban presentes se habían apresurado a ponerse detrás suyo para que ella los protegiera de cualquier ataque.
Ese chico… Ese chico…
— May Queen —La voz de Nott le llega desde su derecha algo rasposa, parece emocionado por algo—. Debo comunicarle una información que ha llegado a mis oídos, May Queen —le susurra tan cerca de ella que está segura que para los demás que los están viendo debe parecer un gesto romántico—. Los Mortífagos…
— Ahora no —lo corta ella separándose y empezando a andar—. Ven esta noche a mi cuarto y dímelo.
Le ordena sin mirar atrás mientras los alumnos aprietan el paso y la siguen a las mazmorras. No le hace falta darse la vuelta para saber que Nott la está mirando y sonriéndole sádicamente. Sea lo que sea lo que le va a decir sabe que no le va a gustar.
Hospital de San Mungo, Londres, 8 de octubre de 1998.
Faltan 10 días.
Christine Granger ve como esa chica de pelo rizado que siempre los viene a ver recoge sus cosas y se dispone a irse. Hoy sólo han hablado ellas dos, no sabe por qué pero hoy le apetecía hablar ellas dos solas.
— Bueno, señora Granger, yo me voy ya —dice la chica con una sonrisa triste.
Ella simplemente se levanta, siguiendo un impulso, y la abraza.
— Cuídate, gracias por venir a vernos —puede sentir como la chica le devuelve el abrazo y la abraza con tanta fuerza que parece quererse fundir con ella, extrañamente eso no le molesta—. Asegúrate de comer sano, de dormir tus horas y de lavarte los dientes. Y sobre todo no enfades a tus padres.
— Sí, señora —se separan y ella sorbe por la nariz intentando contener las lágrimas—. Cuídese señor Granger.
— Igualmente señorita Granger, que le vaya muy bien en la escuela.
La chica sonríe y se da media vuelta. Christine se queda de pie viendo como la chica, con paso lento, sale de la sala y camina por el pasillo. Camina lenta, como si hubiera algo que le pesara, que le pesa y le impide andar, que le impide caminar derecha, que la obliga a ir encorvada y a fingir sus sonrisas.
Christine puede sentir la mirada curiosa de su marido clavada en ella. Sabe que lo ha sorprendido cuando le ha dicho que quería hablar con ella a solas, y lo ha sorprendido aún más cuando se ha levantado y la ha abrazado. Sabe que su marido quiere una respuesta pero es que ni ella misma puede dársela.
Hace un tiempo que lleva sintiendo que hay algo que la une a esa chica. No entiende exactamente qué es, y siempre que le viene esa idea se esfuma con la misma rapidez con la que ha venido. Pero la siente, y algo dentro de ella le dice que debe indagar en ese vínculo.
Cuando Hermione por fin gira a la derecha y la pierde de vista no puede evitar sentirse terriblemente triste, pero en tres segundos lo ha olvidado y se sienta en su butaca a mirar ausentemente por la ventana, no siente que le falte nada.
Casa de Andrómeda, Londres muggle, 12 de octubre de 1998.
Faltan 6 días.
— Me vuelvo a disculpar por haber venido sin avisar —dice Harry Potter sonriéndole y disculpándose por enésima vez—. Pero tenía ganas de ver a Teddy y ya que han suspendido todas mis clases he decidido venir y aprovechar así la mañana.
— No te preocupes, eres siempre bienvenido en casa de mi hermana —contesta ella intentando parecer simpática y aliviando la incomodidad del chico.
Potter le vuelve a sonreír disculpándose y le presta atención a Teddy que le está ofreciendo una pieza de Lego muy babeada.
Narcissa se ha sorprendido esta mañana al escuchar el timbre de la puerta y al abrirla haberse encontrado a ese niño de pie. Ni siquiera se ha vestido, está sentada en el comedor con su camisón de dormir y su bata encima. Teddy sí que se ha vestido. Sabe, como madre, que cuando un niño ve a una de sus personas favoritas quiere verse bien. Así que antes de que Teddy pudiera verlo y volverse loco con su padrino lo ha llevado arriba, le ha quitado el pijama de ositos, le ha cambiado el pañal, le ha puesto un peto tejano, una camiseta manga larga blanca con líneas horizontales azules, unos calcetines gruesos, lo ha peinado y le ha puesto un poco de colonia para bebés. Cuando lo ha vuelto a llevar abajo y el pequeño ha visto al niño-que-vivió sentado tomándose una taza de café ha empezado a chillar y a alargar los brazos para que lo cogiera, hasta su pelo ha cambiado a un color negro muy parecido al de ese niño.
Narcissa lleva una hora viéndolos jugar. Es una escena muy tierna, los dos riendo, la sonrisa de oreja a oreja de Teddy, los ojos llenos de amor de Potter… Quiere separarlos, llevarse el bebé arriba y decirle a Potter que no vuelva, que no tiene derecho a robarle el nieto a su hermana. Pero sabe que no puede hacerlo, que no debe hacerlo, así que se queda callada viéndoles jugar, viéndoles reírse, viendo como su vínculo va creciendo poco a poco.
— ¿Puedo hacerle una pregunta, señora Black? —le dice el chico mientras le da de comer un poco de puré a Teddy.
— Claro —dice ella sin muchas ganas de mantener una conversación con él.
— Sé que quizás es una pregunta un poco impertinente de mi parte pero… ¿Podría hablarme de Daphnee Greengrass y de la relación que mantuvo con su hijo durante la guerra?
La mujer se queda callada, aguantando la respiración, y observando atentamente esos infinitos pozos verdes que sólo contienen curiosidad.
Narcissa suspira y desvía la mirada, encima del mármol de la cocina descansa la última carta que la madre de Daphnee le ha enviado. La verdad es que no le gustan ninguna de las niñas Greengrass, la pequeña es demasiado niña, y la mayor… La mayor tuvo el valor de hacer lo que ella nunca se atrevió.
§¤§
Daphnee y Hermione llevan un rato en el aula vacía haciendo sus deberes sin dirigirse la palabra. No es un silencio incómodo, al contrario, es un silencio relajado, sin tensiones, Daphnee se siente a gusto, y puede decir que Granger también lo está.
Parece que su compañera está más relajada estos días, hace poco le comentó que había ido a visitar a sus padres. No sabía que estaban en San Mungo porque eran víctimas del hechizo obliviate. La rubia ahora veía con renovado respeto a la castaña, ella no se lo había confirmado, pero sabía que Granger les había lanzado ese hechizo a sus padres para protegerlos.
Daphnee cree que ese es uno de los mayores actos de amor y sacrificio que ha visto jamás.
Lleva un par de días dándole vueltas a un asunto, y tomando de modelo a las chicas de su casa, cuando tienen un problema como el suyo suelen contárselo a sus amigas en la Sala Común. Algo que siempre había encontrado tremendamente ridículo porque a ver, las chicas querían que todo quedara en secreto, ¿no? ¿Entonces por qué se ponían a cuchichear dónde todo el mundo podía oírlas? A no ser que en realidad no quisieran no ser escuchadas, porque entonces todo tenía sentido y…
— ¿Te pasa algo, Greengrass?
Daphnee parpadea un par de veces intentando volver a la realidad.
— ¿Qué?
La castaña suspira pesadamente y deja la pluma con la que ha estado escribiendo a un lado del pupitre.
— Llevas un rato mirándome atentamente sin parpadear y con el ceño fruncido, la verdad es que dabas miedo —Granger le da unos segundos para pensar y que la vergüenza le coloree levemente las mejillas de rojo antes de continuar—. Si tienes algún problema puedes hablarlo conmigo, ¿vale?
— Sí que tengo un problema —suelta rápido y entorpeciéndose con las palabras—. Bueno, no es exactamente mío el problema, es de una amiga…
— Yo no tengo ningún problema, Greengrass.
La rubia no sabía si reír de alegría por ese comentario o pegarle una colleja a la castaña. Optó por sonrojarse y desviar la vista incómoda.
— Tengo más amigas aparte de ti, Granger.
— Ajá…
La heredera de los Greengrass intenta no formar un puchero con sus labios pero le es imposible.
— Bueno… Esto… Yo… Mi amiga… Sí, mi amiga ha recibido, recientemente, una declaración de amor.
— ¿Y qué tiene de malo eso? —Le preguntó la castaña inclinando la cabeza a un lado mientras sus ojos marrones brillaban llenos de confusión.
— ¿Me dejas acabar? —Le contestó la rubia un poco mosqueada por la interrupción.
— Por supuesto, continua, por favor —su compañera pegó un bote en la silla, se enderezó y le sonrió insegura mientras le hacía un gesto con las manos invitándola a continuar.
— Bueno, mi amiga no conoce a este chico. A pesar de estar en la misma escuela nunca se había fijado en él, nunca se había dado cuenta de su existencia. Y este año de repente, de la nada, él ha empezado a saludarla por los pasillos, algo terriblemente molesto, y un día así de la nada le confiesa que está enamorado de ella ¿¡Pero en qué piensa ese chico!? ¿¡Es más tonto que un gigante o qué!? ¿Cómo se le ocurre decir algo así? —pregunta a la nada en un murmuro mientras Hermione se ríe disimuladamente.
— ¿Y tu amiga qué hizo cuando ese chico le declaró sus sentimientos? —Preguntó la castaña curiosa.
— Lo rechazó, por supuesto —admitió la rubia como si fuera lo más obvio del mundo y cualquier otra respuesta fuera inconcebible.
— ¿Tu amiga le dio la oportunidad al chico de explicarse?
Daphnee parpadea confusa y mira a su compañera sin saber muy bien qué decir.
— ¿Qué tenía que explicar? No hay nada que explicar, él es un estudiante que mi amiga nunca antes ha visto y no hay razón lógica para que él guarde esos sentimientos para con ella.
El silencio las envuelve durante un rato y la castaña es la primera en romperlo.
— Yo creo que deberías darle una oportunidad.
— No estamos hablando de mí… —Pero Granger no la escucha y sigue hablando.
— La verdad es que a mí, por cómo me lo describes me parece un buen chico, algo impulsivo pero con buenos sentimientos. Creo… Creo que necesitas mucho valor para declararte así a una persona, y… Y él lo ha tenido. Es tu vida Greengrass…
— Nadie se me ha declarado…
— No te diré qué debes hacer —sigue Granger marcando el no y alzando un poco la voz mientras la fulmina con la mirada—. Pero no puedes decirle a algo que no conoces no, quizás deberías arriesgarte, darle una oportunidad.
Daphnee frunce el ceño y mira durante un rato sus manos cruzadas que están encima de su pupitre.
— Le daré tu consejo a mi amiga —murmura finalmente—. Gracias por aconsejarla.
— De nada. Y dime… ¿Quién se te ha declarado? —Pregunta emocionada la castaña.
— ¡Te repito que la historia no tiene nada que ver conmigo, Granger!
Hogwarts, 15 de octubre de 1998.
Faltan 3 días.
Draco está solo. Sabía que si era paciente su oportunidad se presentaría, y ahí está. Ni Granger ni el gato están en la habitación. Después de dos días en los que Granger parecía vagar como un alma en pena por su cuarto parece que se ha centrado lo suficiente para salir y volver a actuar con normalidad, y el gato ha aprovechado y se ha ido.
Es su oportunidad. Quiere darle un escarmiento a Granger, ahora no sólo se olvida de darle de comer, sino también de limpiarle su cajita donde hace sus cositas, de ponerle agua, de cortarle sus uñas… ¡Granger se olvida de todo lo que tiene que ver con él!
Y es diferente de que se olvide de lo que concierne a ese gato, esa bola peluda puede salir y buscarse la vida, el gato tiene una libertad y una independencia que él no.
Está enfadado, muy enfadado. Es injusto, todo es muy injusto.
Da tres pasos atrás, coge carrerilla y salta, se agarra a las cortinas y con cuidado de no romperse las uñas empieza a desgarrarlas. Lo siguiente que rompe son las fotos que Granger tiene puestas en las estanterías y seguidamente llena todo el cuarto con las plumas de la cama y de los cojines.
El hurón no para hasta que todo el cuarto de la castaña está desordenado y hecho un desastre.
§¤§
Carta de la Sra. Zabini a Blaise:
Querido Blaise, mi hijo, mi tesoro…
Lamento escribirte esta carta con tan nefastas noticias, pero debes volver a casa de inmediato. Como tu temías no ha sido buena idea pedirle dinero prestado a esa gente. No tienen clase, me están reclamando más del doble de lo que me prestaron. Qué poca clase que tienen…
Es por eso que debes volver a casa, mi hermoso bambino, debes volver al lado de tu mamma, debes volver Blaise y…
§¤§
Granger y el gato han vuelto a la vez, es tarde, muy tarde, supone que es por eso que Granger no ha empezado a chillarle y a maldecirlo como él se lo había esperado.
Él está descansado hecho bolita en mitad de la cama mirándola atentamente. Primero se ha enfadado, ha juntado los labios formando una fina línea blanca y ha fruncido el ceño mirándolo todo con atención, pero su enfado se ha esfumado y ahora sólo puede ver una infinita tristeza empañando sus ojos castaños.
— ¿Por qué ha hecho esto? —Le pregunta ella con la voz quebrada y mirándolo incrédula—. Entiendo que no es la mejor de las situaciones, ésta que vivimos, ninguno de los dos quiere estar aquí, pero…
Ella se acerca a él y él, por instinto, se pone de pie y le gruñe, o lo que sea lo que los hurones hacen cuando están enfadados. Eso parece volver a molestarla.
— ¿¡Quién se ha creído que es usted!?
Ella continua chillando, reprendiéndolo por cualquier cosa, descargando toda su furia en él. Y cuando hace amago de cogerlo él salta y se va corriendo a la cocina. Como es de esperar ella lo sigue hecha una furia. Ella sigue con su diatraba y él lleva a cabo su táctica, la finalidad de todo esto es que Granger se dé cuenta, se dé cuenta de verdad, que hay dos vidas dependiendo de ella y que no está mal que esté rota, pero debe empezar a recomponerse, y debe hacerlo ya.
— ¡No pienso ponerle comida después de lo que ha hecho! —Le chilla después de que él le acerque el bol con la nariz.
Eso no le basta. Así que chilla llamando su atención, para que se calle y lo escuche. No funciona y él vuelve a acercarle su bol. Vuelve a chillar y se mueve rápido entre su bol, su aseo, el baño de ella y de vuelta a dónde empezó. La castaña calla y lo mira extrañada, sin entender. Él vuelve a repetir el proceso, al ver que sigue sin entenderlo acerca el bol de comida del gato, que desde que lo lavó hace tres días no le ha puesto nada de comida, el suyo también lo acerca hasta sus pies, y lentamente vuelve a hacer el recorrido, cuando acaba se sienta con las patas traseras y la mira expectante.
— Oh —es lo único que ella dice con los ojos muy abiertos al comprender lo que él ha querido decirle.
Draco no sabe por qué pero empieza a sentirse un poco mal del estómago.
Hogwarts, 17 de octubre de 1998.
Falta un día.
— No te muevas.
Rolf se queda tieso en mitad del pasillo y gira el cuello lentamente para ver como Daphnee Greengrass se acerca a él con paso lento pero seguro. Traga grueso nervioso al darse cuenta de que están solos y es obvio que ella quiere hablar con él.
— Buenas tardes —lo saluda ella inclinando levemente la cabeza en un mudo saludo y mirándolo directamente a los ojos.
— Bue… Buenas tardes —contesta imitando el mismo gesto.
— He venido a disculparme —eso le sorprende pero la rubia no le da tiempo a interrumpirla—. Aunque sigo creyendo firmemente que eres una molestia y que tu forma de hacer las cosas no es la más acertada de todas… Creo que te traté muy duramente —Rolf parpadeó sorprendido y si no la conociera parecería que Daphnee estaba sonrojada y nerviosa—. Así que me gustaría disculparme.
— No tienes por qué disculparte —se apresuró a calmarla él—. He estado pensando detenidamente en lo que me dijiste y la verdad es que tienes razón, yo sólo quería conocerte y que me dieras una oportunidad para conocernos, y no me aproximé a ti de la mejor forma, la verdad es que me avergüenzo profundamente, porque siempre que estoy cerca de ti me pongo muy nervioso, porque por Merlín, eres guapísima, y súper genial, y…
— Hablas demasiado —lo cortó ella con la cara tan seria que pareciera que había matado a alguien.
Rolf se sonrojó y desvió la vista avergonzado.
— Lo siento.
— ¿Lo dices de verdad? —Le preguntó ella con un hilo de voz—. ¿De verdad quieres conocerme?
— Más que nada en el mundo —intenta mirarla directamente a los ojos, quiere transmitirle que a pesar de no saber hacer las cosas muy bien se esfuerza y es sincero en sus sentimientos.
— Tres oportunidades —le dice ella al fin—. Te daré tres oportunidades para que me conozcas, estas... citas, por llamarlo de alguna manera, deberás encargarte de organizarlas tú. Quieres que te conozca, no la cagues —Daphnee vuelve a inclinar la cabeza y se da media vuelta yéndose por donde vino—. Te doy tu primera oportunidad este sábado 24, a las cinco de la tarde en la entrada del colegio, no me hagas esperar.
Rolf parpadea confundido mientras la observa marchar ¿De verdad Daphnee acaba de concederle tres citas?
Hogwarts, 18 de octubre de 1998.
Faltan 3 horas.
Haymitch Dreyar tiene un mal presentimiento recorriéndole el cuerpo. Es como si algo malvado, muy malvado, estuviera acechando a esos niños para acabar con ellos. Eso, si no acababan entre ellos antes.
El auror se acerca a un par de estudiantes de Hufflepuff que están intimidando a un alumno de Slytherin, pero se queda de pie sin decir nada, a dos pasos al escuchar la suave y melodiosa voz de una chica dar una orden.
— Apártate de Jon, Hubert.
Los alumnos se quedan tiesos en su sitio del miedo y el chico de Slytherin aprovecha para escabullirse y se va corriendo hacia dónde están todos los alumnos de la casa de las serpientes. Están apartados, como si no pertenecieran al colegio, como si hubieran venido sólo a observar, como si no les interesara, parece que están de paso y que se esfumaran en cualquier momento.
— Ninguna mortífaga me da órdenes, Greengrass —le escupe el chico con odio y rencor—. Su padre me hizo cosas horribles durante el entrenamiento.
Haymitch no es la primera vez que escucha sobre los campos de entrenamientos. Durante la guerra tuvo la oportunidad de desmantelar uno y la verdad es que eran horribles. Se acuerda de haber leído algo de que Daphnee Greengrass acabó dirigiendo uno, el más importante de todos, y que cuando fueron a recuperarlo, sin esperanza alguna, ella les abrió las puertas y se rindió pacíficamente.
Siempre ha querido hablar con esa niña.
— Estás vivo gracias a mí —le contesta ella pausadamente y sin rastro de emoción en la voz—. Ten en cuenta que puedo remediarlo en cualquier momento.
— ¿¡Lo ha oído profesor!? ¿¡Ha oído cómo nos ha amenazado!? —Le pregunta el tal Hubert girándose hacía él.
— Oh, sí, lo he oído perfectamente —dice él con una sonrisa amable en su rostro—. He oído cómo ustedes dos eran castigados por intimidación a un alumno menor. Por favor, entren en el castillo y vayan a ver a la profesora Hook, creo que apreciará mucho que se ofrezcan a lavar los uniformes de todos los equipos de quidditch del colegio. Y no se olviden de las protecciones, de todas las protecciones.
Los chicos marchan cabizbajos y fulminando a Greengrass con los ojos mientras ella se queda tiesa como una estatua y sin mostrar ninguna emoción.
— Disculpe mi intromisión —le habla muy educadamente—. ¿Pero es verdad que sólo vendrán usted, el profesor Hagrid, el profesor Slughorn y la profesora Trelawney a Hogsmeade con nosotros?
Haymitch parpadea y la mira directamente a los ojos.
— Sí.
— No son suficientes, deben venir más profesores, incluso algún auror —dice la alumna ansiosa.
— Yo soy auror —recalca la palabra y sonando más duro de lo que quiere sonar—. No debéis temer, no os pasará nada.
La chica junta los labios en una fina línea, le hace una pequeña reverencia y se gira airada. Mientras la observa marchar no puede evitar preguntarse si ella sabe algo que ellos no.
Hogsmeade, 18 de octubre de 1998.
Faltan 1:30 horas.
Luna acaba de salir de sortilegios Weasley, ha entrado con la intención de ver a Ron o a George, pero ninguno de los dos ha podido venir. Suspira cansada y se arregla distraídamente los puños de su sudadera.
No se ha vestido especialmente bien para ir a Hogsmeade, lleva unos vaqueros, unas zapatillas gastadas y una sudadera verde. Sabe que vestida así no le va a causar una buena impresión, pero aunque no la crean y no pueda explicar porqué, ella sabe que hoy van a ser atacados, y esta ropa es la mejor para luchar y huir si es necesario.
Al menos espera que los hechizos de McGonagal aguanten lo suficiente para poder poner a todos los alumnos a salvo, aunque ya puede sentir el aire a su alrededor crisparse, la magia crepita, los hechizos ya están siendo rotos.
Theodore Nott capta su atención, parece marchar rápido mientras tiene cogida muy fuerte a Parkinson del codo y le susurra furioso alguna cosa. La chica ni lo mira, mira en frente como si no estuviera siendo sermoneada por su compañero de casa.
Quizás hoy vuelve a matar a alguien.
¿Qué pensaría Pansy de ella si le confesara que ella mató al padre de Nott?
Faltan 50 segundos.
Rolf ya tiene planeada su primera cita con Daphnee, aún no puede creérselo, ni siquiera sabe qué ha provocado ese cambio de opinión tan repentino. Y sinceramente no le importa lo más mínimo.
No puede evitarlo, está emocionadísimo, por fin tendrá la oportunidad que lleva deseando desde la primera vez que la vio.
Hoy está especialmente hermosa, las botas altas le favorecen, y ese recogido alto la hace parecer mayor de lo que es. Daphnee siempre resalta allá donde va aunque no lo pretenda. Daphnee Greengrass es perfecta. Ella…
.
De repente, una explosión mágica de gran magnitud hace temblar el pueblo entero y todo queda sumido en el expectante silencio de la muerte.
Lo sé, somos horribles ¿No?
Me encanta.
