Chapter 7

– ¡Somos malditamente afortunados, esa moto tiene las llaves puestas! – gritó Leon.

– ¡Cuidado, hay un zombie debajo! – gritó Noiholt a su vez.

El agente dio un rodeo y sin perder el tiempo, pisó la cabeza del infectado y se subió al vehículo. La hizo partir de inmediato y movió una mano, apurando a la chica.

Noiholt dio un salto y cayó sentada al vehículo, se aferró a la cintura de Leon y partieron raudos, huyendo del horrible Tyrant que, aparentemente, no se había percatado aún de su presencia. Las ruedas chirriaron sobre la tierra y dejaron una marca al ingresar al asfalto.

– ¡La chica del transmisor dijo que no podía conseguirnos más tiempo… que debemos huir antes del atardecer!... ¡necesitamos ver tu GPS!

– ¡Tómalo de mi chaqueta!

Lo hizo, no sin antes pasar por todos los bolsillos sin encontrarlo. Cuando por fin dio con él, se dio cuenta que debían virar pronto a la izquierda… le indicó a Leon que lo hiciera, cuando el Tyrant rugió su furia de improviso.

¡Verdammt! – exclamó – ¡nos vio, acelera!

El monstruo apenas necesitó un par de zancadas para quedar cerca de ellos. Noiholt devolvió el GPS a su lugar y desenfundó la Colt Phyton .357, disparando a la cabeza lo mejor que podía considerando sus dificultades para apuntar. No dio en el blanco.

– ¡Voy a girar, agárrate fuerte!

Leon frenó un poco la moto y se lanzó a la curva, bajando una pierna para no volcarse. Una vez salieron del peligro, volvió a acelerar y todo se volvió un borrón alrededor de ellos. Todo menos el BOW que los perseguía más furioso que al principio por no poder pillarlos. Bramó su rabia en un alarido ensordecedor, golpeó uno de los edificios de alrededor y lanzó pedazos de concreto hacia la moto, haciendo que Leon maniobrara frenético para no perder el control, o ser aplastados por algún escombro. Noiholt volvió a disparar, esta vez acertando en pleno cráneo. Sirvió para dejar al Tyrant desconcertado, que se movió hacia atrás sacudiendo la cabeza.

– ¡Estamos más cerca, Leon! – gritó la chica – ¡yo sé dónde es!

Continuaron el camino de asfalto a toda velocidad, cuando a lo lejos divisaron movimiento. ¿Qué eran?, Leon enfocó la vista… parecían sapos mutados, con cabeza anfibia y cuerpo de ser humano, verdes y piel gomosa… había leído algo de aquello, pero nunca había tenido el placer de conocerlos en persona. Les llamaban Hunter y por la forma que tenían estos, eran de clase gamma, los más mortíferos. Maldición… el informe de Valentine, al que había tenido acceso por casualidad, los describía como "criaturas nacidas para matar, con una habilidad sorprendente gracias a sus garras filosas… podían descabezar un humano con total facilidad, aunque su especialidad es engullir a las personas. Eso sin contar la altura y distancia que consiguen sus saltos gracias a sus piernas de anfibio".

Tragó saliva. Un Tyrant detrás y Hunters delante… ¿es que se habían puesto de acuerdo para fastidiarles la huida?

– ¡¿Qué rayos son esos sapos?! – preguntó Noiholt.

– ¡Sé que son peligrosos, pero nunca me he enfrentado a ellos…! – chasqueó la lengua – ¡trataré de eludirlos, baja la cabeza!

La chica obedeció, mientras Leon maniobraba la moto de tal forma que cuando un Hunter saltó, aceleraron para pasar sin problemas bajo él. Frenó levemente para esquivar el segundo, pero el tercero que estaba más lejos los esperaba con sus garras filosas.

Noiholt levantó la cabeza, subió las piernas y se arrodilló en el asiento, y como si fuera de goma, una de sus extremidades inferiores se enrolló en la cintura de Leon para no perder el equilibrio. Tomó la escopeta que llevaba el agente en su espalda, quien por supuesto no entendía nada, ni tenía tiempo de cuestionar la flexibilidad de Noiholt… el caso es que ésta, apoyada en él, apuntó la escopeta y se preparó para disparar.

– ¡Baja la velocidad cuando te diga! – chilló.

Leon asintió. Continuó sobre la pista de asfalto, viendo al Hunter acercarse cada vez más a ellos… y temió por la integridad de sus cabezas. Sin embargo, confiaba en Noiholt y por consiguiente en su plan, aunque no tuviera idea cómo lograba equilibrarse sujetándose de él con sólo una pierna.

– ¡Ahora, Leon!

El aludido frenó ligeramente y aguantando el peso de la chica sobre sus hombros, contuvo el volante para que no se descontrolara la dirección. Noiholt murmuró algo en alemán y disparó hacia la cabeza del Hunter, volándole los sesos. Leon tuvo que eludir su cadáver y la chica casi se cayó de la moto, pero se aferró a él con todas sus fuerzas y logró volver a sentarse.

– Uno menos, nos quedan dos y el Tyrant… – murmuró Leon para sí.

Y lo que no esperaban ocurrió… uno de los Hunter vivos reventó la rueda trasera del vehículo con sus filosas garras…

– ¡Salta hacia el costado! – gritó el agente.

Noiholt y él se arrojaron a la tierra y rodaron caóticamente, justo en el momento en que el otro monstruo despedazaba la moto, partiéndola fácilmente por la mitad. Debido a la velocidad con la que cayó, al raspar el asfalto dio chispas que rápidamente prendieron la bencina, creando una espectacular explosión que acabó milagrosamente con uno de los anfibios. Tal parecía que la suerte se había volcado hacia ellos, por fin.

Leon se levantó rápidamente y revisó sus armas, estaban todas en su lugar. Vio que la escopeta había quedado lejos, seguramente Noiholt tuvo que soltarla para no herirse. La encontró levantándose con cierta dificultad y revisándose la herida… parecía estar bien. Sin embargo, su hombro desnudo no había tenido tanta suerte. La chica miró a Leon e interpretó su preocupación, rápidamente se quitó lo que le quedaba de camiseta y se vendó a la velocidad de la luz. Así que finalmente sí terminé huyendo en sujetador. Sonrió torcido con ese pensamiento.

El agente se giró y sacando una TMP que tenía reservada para emergencias, disparó contra el último de los Hunter y descargó completamente el arma, convirtiendo al bicho en un colador. Sólo quedaba el Tyrant… y las municiones no alcanzaban como para, siquiera, pensar en herirlo.

– ¿Cuánto nos falta para llegar? – preguntó Leon.

– Estamos muy cerca.

– Vamos a correr. Aprovechemos que el Tyrant está distraído… ¿cómo va tu herida? – señaló su cintura.

– Bien. Duele, pero aguanta la carrera. No se va a abrir.

– ¿Tu hombro?

– Estoy bien, Leon – dijo, ligeramente exasperada – no perdamos el tiempo.

Ambos entonces se precipitaron hacia la dirección que Noiholt señaló, rogando para que el monstruo no se fijara en ellos aún… y lo vieron. Ahí estaba. Una puerta gigante de metal se abrió lentamente, indicando que quienes estaban del otro lado también los habían visto. Apresuraron el paso entonces lo más que podían, y el Tyrant por fin se dio cuenta de lo que ocurría… Leon se giró, tomó una granada y la arrojó de tal forma que impactó en el costado de un edificio, convirtiendo una esquina en polvillo y encegueciendo momentáneamente al monstruo, que bramó enloquecido por haber sido burlado. El agente volvió entonces a girarse y corrió de nuevo, alcanzando a la chica.

El punto de control estaba justo casi delante de ellos. Leon extendió su mano mientras corría y tomó la de Noiholt, por si alguno de ellos tropezaba sería más fácil ayudarse. Vio que estaba lleno de militares de las fuerzas especiales y había uno con una… ¿bazooka?, eso no era buena señal para ellos. El Tyrant de pronto recobró la vista y al darse cuenta que los dos jóvenes corrían lejos de él, se lanzó como un misil para alcanzarlos.

Leon se dio cuenta que si no pasaban rápido la puerta del punto de control, los matarían junto con el BOW y sin derecho a reclamo.

– ¡Sólo un poco más Noiholt! – gritó para animarla – ¡este maldito no nos puede ganar!

– ¡No! – respondió, corriendo con todas sus fuerzas – ¡luchamos demasiado como para perder!

Sí, sólo unos metros más…

El chillido del Tyrant resonó como un grito de guerra por todo el lugar. Desgarrador, y si tuviera alma, estaría lleno de frustración. Pero seguía corriendo, pues sólo tenía un objetivo en la vida: matar al que tuviera al frente. De pronto se detuvo y golpeó el suelo con tal fuerza, que el concreto se levantó sobre los pies de Leon y Noiholt. Perdieron el equilibrio por la carrera que llevaban y el impulso los acercó al maldito BOW

Leon se aferró con una mano a la porción de concreto que se alzaba y con la otra sujetó a Noiholt, aliviado interiormente de haberla cogido para correr segundos antes. La levantó lo más que pudo y como la chica era liviana, no le costó demasiado. Ambos escalaron y saltaron hacia la tierra suelta al mismo tiempo, rodando y parándose del suelo frenéticamente para acortar la pequeña distancia que los separaba de salvarse. El Tyrant gritó de nuevo su ira y se lanzó a la carrera otra vez, pero ya era tarde… pues con la velocidad de una exhalación, Leon y Noiholt cruzaron el punto de control al mismo tiempo que el hombre de la bazooka disparaba hacia el BOW, destruyéndolo por completo.

La enorme puerta de metal se cerró, comenzando con esto la cuenta regresiva para la destrucción de Grüneger. Leon se apoyó sobre las piernas mientras recobraba el aliento, jadeando por el escape y por la adrenalina que le indicaba un hecho específico: estuvieron a punto de morir. Otra vez el peligro rozaba la mejilla de Leon S. Kennedy y lo había burlado. Sonrió torcido, sus pensamientos eran por lo menos extraños para tales circunstancias. Bueno, después de lo de Raccoon City…

Pasaron dos minutos en los que Leon se recuperó por completo. Enderezó el cuerpo y suspiró con los ojos cerrados, diciéndole adiós al sufrimiento de esos días.

De pronto, con la velocidad de una flecha, se acordó de Noiholt. Giró la cabeza buscándola y la halló de pie, con sus grandes ojos color cielo mirándolo atentamente. Parecía estar con la mente en otro lugar, y de no ser por el temblor delator de sus manos, Leon habría pensado que estaba, por lo menos, catatónica.

Giró sobre sus talones y encaminó sus pasos hacia ella. Posó una mano sobre su hombro y la miró por unos instantes. Se veía algo maltrecha, con un vendaje improvisado en la cintura y otro en el hombro… pero viva, aunque parecía no entenderlo de momento.

– Ya está. Ganamos, Noiholt – dijo suavemente, impresionado del celeste claro en los ojos de la alemana.

– ¿Es todo…? – preguntó ella a su vez.

– Sí.

Como si la afirmación fuera un detonante, Noiholt se dejó caer sobre sus rodillas sin decir nada más. Sus manos temblaban sobre su regazo y su respiración había cambiado, pero lo que más le preocupaba a Leon era su silencio. Le dolía que no expresara lo que estaba sintiendo… ¿por qué?

Se agachó hasta quedar a su altura y tomó sus manos trémulas. Las apretó para conseguir alguna respuesta de ella… y nada ocurría – háblame, Noiholt… necesito saber qué pasa por tu cabeza… – pensó.

Unas gotas cayeron sobre sus manos… ¿llovía?, el joven miró al cielo, estaba despejado. Nuevas gotas lo distrajeron… y lo entendió… eran lágrimas.

Leon mordió su labio inferior. Así que Noiholt podía llorar… se sintió culpable por haberla creído un robot en algún minuto. Entonces efectivamente estuvo esos días concentrándose en no derrumbarse para sobrevivir. No, era más que eso. Ella estuvo a punto de romperse muchas veces, y se las arregló para impedirlo… por él. Para no retrasarlo en su escape, pues sabía que a pesar de sus habilidades no tenía el entrenamiento especial que él sí poseía. Ahora todo tenía sentido – soy un idiota… – se regañó sin ganas – me lo dijo, y le creí sólo hasta cierto punto…

– ¿Leon…? – murmuró la chica de improviso, con una voz que el aludido nunca había escuchado.

– Estoy aquí – respondió de inmediato, sujetándole las manos con más fuerza.

Noiholt se lo había advertido en muchas ocasiones y él no había comprendido la magnitud de esas frases hasta ahora: "estoy destrozada por dentro, de verdad"; "no quiero perder la cabeza, Leon"; "ni siquiera me atrevo a llorar por mi madre porque tengo miedo de irme a la mierda, de caer en un lugar oscuro de mi mente y no ser capaz de regresar…"… y podía seguir pensando en todos esos detalles que delataban su real estado. ¿Por qué pensó que era un robot?, ahora no podía parar de recriminarse por ello. Y recordar el gesto contenido de dolor cuando le escuchó decirlo… maldición…

Leon descubrió que Noiholt le importaba más de lo que ya había pensado. Porque verla llorar era lo más duro que había tenido que enfrentar… prefería recorrer las calles de Raccoon City mil veces si eso detenía sus lágrimas.

Podría jurar que sintió el corazón de la alemana destrozarse justo delante de él. ¿Qué podía hacer para ayudarla?

– Leon… – Noiholt volvió a llamarlo con voz quebrada.

– Aquí estoy.

– ¿No te irás…?

– No – negó atropelladamente.

– ¿Crees que podré… superar esto?, ¿recomponerme, reconstruirme?

– Sí – respondió con firmeza – lo harás. Lo sé.

– ¿Soy muy egoísta porque no quiero que me dejes…? – dijo sin levantar la mirada.

– No.

Leon se sorprendió de su respuesta aunque sabía que era cierto. Pero no esperaba reconocerlo a sí mismo tan fácil… quizás las palabras de Noiholt le afirmaron sus propios sentimientos por ella – la quiero… ¿es posible?, sólo han transcurrido unos días… – pensó desconcertado.

En ese momento, Noiholt levantó la cabeza y le permitió ver su rostro, los ojos color cielo se clavaron en él de tal forma que no pudo apartar los suyos. Sintió la necesidad de protegerla incluso de su propio sufrimiento. Entendió que la chica se derrumbaba delante de él, y aunque no le pedía ayuda él debía dársela. Se lo había prometido, no permitiría que se hundiera en la oscuridad… porque la quería…

– No me iré, Noiholt – aseguró, mirándola directo a los ojos – no te voy a dejar. Aquí estoy.

Los ojos de la chica brillaron a través de sus lágrimas como si le sonriera, pero sin llegar a concretar el gesto. Se inclinó lentamente hacia adelante y al ver que no era rechazada, hundió la cara en el hueco entre el cuello y el hombro del agente, sintiéndose segura y protegida tal como imaginaba que sería… subió una de sus manos temblorosas y la apoyó en el pecho trabajado de él, aferrándose a la dura tela de la chaqueta mientras desahogaba su pena en silencio.

Leon la recibió sorprendido de su avance hacia él, y sintió que ésta era la forma de sostenerla, de impedir que perdiera la razón. La abrazó delicadamente por la cintura y sin decir una palabra. En su corta vida como policía y luego como agente secreto del gobierno había aprendido a ser duro, aunque su necesidad de proteger a la gente era un contrapunto que le permitía ahora ser un apoyo para Noiholt. Perdió la cuenta del tiempo que pasó conteniéndola, permitiendo que le empapara el hombro… pero no le importó. Lo haría cuantas veces fuera necesario, porque ella lo valía.

La pobre alemana descargó todo el sufrimiento que cargaba y sintió que el alivio estaba cerca, porque la oscuridad de su alma maltratada no la estaba rodeando, se mantenía prudentemente lejos… y allá se quedaría. Lejos.


Yes people, as I promised :D aquí se acaba el escape, chao Grüneger xD hola Leon y Noiholt, aunque aún ni se declaran ni nada… ya tengo todo calculado para ese momento.

¿Les ha gustado hasta esta parte?, ahora se vienen nuevas aventuras xD si esto no se acaba aquí… aún falta que entre más gente al baile… no podía ser todo con ellos solos, obvio xD

Muchas gracias por leerme a todos! :D

Cayendoenelolvido: Hola :D como te conté, ya salieron xD ahora se viene lo que sigue de ellos… cómo será?, ya lo tengo escrito xD

Fatty Rose Malfoy: Hola :D los Lickers me encantan a mí también, aunque como leíste ahora, los Hunters también me fascinan *.*

Diana Ramirez: Hola :D no entendí por qué creíste que lo terminaba en el cap anterior, pero te puedo decir que falta harto aún de historia ^^ gracias por leerme!

Ary: Querida mía :D tú siempre me halagas, gracias :D la inspiración sigue ahí, no se quiere ir xD aquí Leon (creo que eso no lo he puesto en la historia :P) tiene 23 años, fue un poco más de un año después de lo de Raccoon, lo quise así para que fuera un punto medio de su madurez :D

Pronto subiré el siguiente, que contendrá (me "spoileo" a mí misma xD) el inicio de algo nuevo entre mi OC y Leon… Noiholt, cuídalo o te elimino jajajjajajaja

Besos, nos vemos! ;)