Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, obviamente.
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Hola a todos. ¿Cómo están? Espero que bien. En fin, para no retrasar demasiado la actualización de las historias y de este capítulo, me veré nuevamente forzada a hacer una nota genérica de autor con los agradecimientos. Perdón por eso, pero no quiero faltar a mi promesa. De verdad, sepan que les estoy agradecida de todo corazón, leer de ustedes me hace muy feliz. En mi opinión, no es el número de reviews lo que cuenta sino el hecho de saber que hay alguien que disfruta lo que uno escribe. Además, encuentro los reviews más personales. En todo caso, gracias. Por todo, por su opinión y por leer mi historia. He aquí el nuevo capítulo.
Yuxtaposición de soledades
Irracional
VII
"Hipócrita"
Una sensación de cosquilleo en su oreja lo alertó de que ya era de día, aún así, no abrió los ojos sino que, muy por el contrario, intentó cerrarlos aún con más fuerza. En vano, pues el cosquilleo insistente no cesaba sino que se hacía más seguido y más fastidioso. Abriendo un ojo, se encontró con la expresión de Ino sonriendo alegremente y una hoja verde entre los dedos. La misma hoja con la que había estado haciendo cosquillas hasta recién en su oreja. Fastidiado, tiró la cabeza hacia atrás y cubrió sus ojos con el brazo, farfullando algo inentendible antes de regresar a dormir. Una vez más, lo punta de la hoja danzó por los pliegues de su oreja latosamente, seguido de una risita infantil y maliciosa.
—Despierta, holgazán —exclamó en un tono demasiado agudo para registrarlo con su oído sin sentir que su tímpano estallaba, o, quizá, era todo su imaginación y esa era la voz habitual de Ino. Solo que él no quería oírla, Shikamaru quería dormir. A veces le sorprendía, el hecho de que Ino pudiera actuar en un instante como una niña de seis años y en otro como la mujer de 18 años que era. El contraste era sumamente absurdo.
Arrebatándole, con la mano libre, de un movimiento la hoja de las manos de ella sin siquiera moverse ni descubrir sus ojos, masculló —Vete, mujer problemática. Quiero dormir.
Ella replicó casi al instante —Eso no podrá ser, Shikamaru. Tenemos una misión, ¿recuerdas?
—Tsk... —bostezó— Aún es temprano.
—No lo es, ya pasó el alba.
Aún grogui, finalmente abrió ambos ojos y se incorporó hasta quedar sentado hacia delante, ambas manos en el suelo entre sus piernas —¿Qué demonios quieres, Ino?
—No deberías holgazanear de esa forma. Eres el líder, después de todo.
—¿Eso que te dice? Que yo digo cuando partimos... —negó con la cabeza, resignándose a volver a dormir. Mujer problemática. Ahora, sabía, vendría la verdadera reprimenda. Ino era aún peor que su madre, pues sin ser –en efecto- su madre se tomaba el atrevimiento de reprocharle todo aquello que podía.
—¡¡Nara Shikamaru!! Levanta tu patético y perezoso trasero del suelo ¡Ya!
Sin más remedio que acceder, se incorporó, quedando de pie y sacudiendo sus pantalones de cualquier rastro de césped o tierra que hubiera quedado en ellos —Bien, bien... ya me levanto. ¡Cielos!
La rubia asintió satisfecha —Eso está mejor.
Él asintió —¿Contenta?
—¿Por qué lo estaría? Tú deberías ser capaz de levantarte solito y por tu cuenta cuando corresponde.
Él dejó caer su cabeza rendido y suspiró. El problema con Ino era que, con ella, nunca se podía ganar. Nunca se la podía satisfacer. Siempre tenía algo que alegar, algo que decir al respecto. Era ineludible e inevitable.
Sin embargo, al parecer, por más que evitara situaciones problemáticas Shikamaru parecía atraído a ellas. O, al menos, a las personas problemáticas causantes de ellas; lo cual no sabía si considerar mejor o peor. Probablemente lo segundo. Si, lo segundo era correcto. Y el sonido de un violento golpe y algo quebrándose no advertía más que problemas. Al levantar la vista, vio como Naruto yacía en el suelo –con la nariz partida- y Sakura lo observaba de pie, furiosa, gritándole insultos de todos los colores, entre otras cosas. Algo que había notado, tanto en Ino como en Sakura, era la amplitud de su vocabulario colorido. Definitivamente, ambas sabían insultar –quizá mejor que él, quizá porque rara vez insultaba- y no podía dejar de pensar que lo habían aprendido juntas, en discusiones y discusiones inútiles que duraron años y que aún duraban. No que a él le importara, Ino y Sakura podían hacer lo que quisieran, gritarse las profanidades que quisieran, siempre que lo hicieran lejos suyo. Cuando volvió a alzar la vista, Naruto yacía de espaldas en el piso tocando su nariz y Sakura acababa de marcharse entre unos arbustos a quien sabía donde. Por el momento, la prioridad era Naruto y su obviamente fracturada nariz.
—Ino, ¿crees que puedas reparársela?
Ella alzó el mentó y dio un coletazo al rostro de él con su largo cabello sujeto en una cola —Claro que puedo, Shikamaru. La frente de marquesina no es la única que puede hacer algo así.
El moreno asintió cansado, rendido. ¿Por qué con Ino todo tenía que ser una competencia? —Tsk. Solo ve... mujer problemática.
La rubia le dedicó una mirada bastante desagradable y se marchó de su lado, directo a donde se encontraba Naruto; aún en el piso y sangrando. Sujetando su nariz como si fuera a caérsele.
—Mira que eres idiota, Naruto —le dijo tranquilamente al llegar y acuclillarse a su lado, una sonrisa en sus labios.
El chico simplemente se sentó de golpe y se cruzó de brazos, rehusándose a mirar a la recién llegada Ino —Solo repárame la nariz.
La rubia retiró la mano enfadaba, a ella nadie le daba órdenes; menos aún un tonto que por cometer estupideces lograba que le quebraran la nariz de un golpe. Quien lo había mandado, de todas formas, a cometer la tontería de intentar besar a Sakura mientras dormía —Lo haré si quiero.
Naruto cerró la boca y asintió, aceptando quedarse quieto durante el proceso de curación, permitiéndole a Ino obrar con la comodidad adecuada. Aún así, se quejó una o dos veces, como era de esperarse de él. Habían pasado solo unos segundos cuando una pregunta de Ino –quien continuaba con ambas manos sobre la nariz del rubio, fluyendo parte de su chakra a través de ella-, lo forzó a mirarla. Ino a él no lo miraba, al menos no a los ojos, simplemente miraba atentamente el área sobre la que estaba obrando.
—¿Por qué la frente de marquesina? Ella nunca fue amable contigo —lo cuestionó juntando las cejas en señal de concentración. Su largo flequillo dorado cubriendo uno de sus ojos celestes.
Naruto respondió seriamente, como solía hacerlo cuando hablaba sobre Sasuke —Sakura-chan solo quería ser reconocida...
Ino parpadeó, una, otra vez. Era cierto, ella más que nadie lo sabía. Sakura, desde niña, había estado sola y había sido burlada por el tamaño de su frente. Siempre siendo menospreciada por ello y por sus habilidades nada especiales. Sakura no pertenecía a un clan, no tenía kekkei genkai, no tenía nada especial. Al menos no desde el punto de vista de los demás, Ino difería rotundamente. Al parecer, Naruto también opinaba igual que ella en el asunto; lo cual hacía el momento del todo un poco más extraño. Ino nunca pensó estar de acuerdo con el rubio en algo.
—Pero ella nunca fue amable contigo —insistió. No entendía como alguien podía estar tan sujeto a una persona que ni siquiera dedicaba una segunda mirada en su dirección. Era absurdo, en su opinión. Ella lo sabía mejor que nadie, Sasuke jamás había mirado en su dirección.
—Sakura-chan puede ser amable... Cuando no está enfada e intentando golpearme —sonrió alegremente. Dejando entrever aquella brillante sonrisa perlada. Había algo en la forma de sonreír que el chico tenía que confundía a Ino. Naruto era genuinamente feliz en los momentos en que sonreía, aún con todo lo que había tenido que soportar a lo largo de su vida y aún con lo que tenía que soportar en el presente, del mundo. No lo entendía, simplemente no podía hacerlo. Y la sonrisa de Naruto le irritaba, era demasiado brillante, demasiado positiva, lastimaba sus ojos.
Quería hacerle entender que era tonto perseguir una causa como la que constantemente perseguía —Sakura quiere a Sasuke-kun. Solo a Sasuke-kun. No a ti.
El rubio volvió a sonreír, como si todo estuviera bien, pero la curva de su sonrisa quebrada lo decía todo. Naruto estaba sufriendo, como todos ellos. Como todo el resto. Y eso la reconfortaba un poco, si Naruto podía sobrevivir ella estaría bien. Naruto le hacía desear, verdaderamente, querer creerlo. Pero era difícil, demasiado difícil. Asuma había muerto y no volvería, junto con otra serie de cosas que Ino había perdido en el camino. La inocencia siendo una de ellas, sino la más valiosa.
—Yo traeré a Sasuke de regreso y cumpliré mi promesa.
Y no lo dudaba. Naruto era capaz de eso y mucho más, Naruto era cambio y esperanza. Naruto era todas las cosas que uno deja de creer de niño pero que desearía volver a creer en ellas ciegamente. Naruto era una promesa, en sí y porque sí, y eso era suficiente para todos ellos.
Aún así, le irritaba de sobremanera que siguiera sonriendo de esa forma, como si todo estuviera bien. Luciendo fuerte e irrompible, como si jamás pudiera volver a romperse. Ino lo sabía, lo había intentado –allá en los tiempos de academia donde solo shuriken de madera sin puntas podía provocar pequeños chichones y nada más-, había intentado quebrarlo de mil y una formas. Había sido cruel y maliciosa, le había llamado perdedor una y otra vez hasta que la palabra dejó de tener sentido, lo llamó payaso y otro sin fin de nombres que ya no podía recordar. Y, aún entonces, frágil como eran en aquel entonces, no había podido quebrarlo. No había podido derribarlo. Ni siquiera la partida de Sasuke había logrado romperlo; sino, simplemente, rearmarlo. Animarlo. Avivar la flama que Ino imaginaba debía tener el rubio en algún lugar oculto de su corazón. Y Sakura estaba apagando esa llama como si se tratara de una simple vela, una vela más. El solo hecho simplemente le irritaba.
Enderezando en último fragmento de hueso en el lugar en el que correspondía, se puso de pie y sacudió su falda —Listo —exclamó, poniendo la mejor sonrisa en su rostro. Luego se marchó en busca de Sakura, quien había desaparecido detrás de unos árboles próximos.
Al detenerse frente a ella, dedicó a Sakura una mirada de desaprobación. Ambas manos en la cadera y cintura quebrada, su largo cabello dorado meciéndose suavemente con el viento.
La pelirrosa, que en el momento parecía estar colocándose sus siempre habituales guantes, se volteó a verla. Enfado claramente visible en su rostro —¿Qué quieres cerda? —espetó.
Ino se cruzó de brazos, alzando la barbilla y clavando sus incisivos ojos cobalto en los verde esmeralda de ella. Sakura estaba a la defensiva, lo sabía, ella la conocía mejor que nadie; y si lo hacía era por alguna razón. Culpa, quizá. Culpa definitivamente era. No que eso importara, Ino siempre se había preguntado qué era exactamente peor; si cometer un pecado sin saber que se trataba de uno o si cometer un pecado sabiéndolo erróneo y seguir cometiéndolo de todas formas. Hasta el día de la fecha no lo sabía pero empezaba a pensar que la segunda opción; al menos esa persona es capaz de hacer una elección, la primera no. Sakura tenía una opción, solo que era muy cobarde para hacerla.
—Reparé la nariz de Naruto, no creo poder reparar de la misma forma el resto.
Sakura, ofendida, enderezó de la misma forma su postura —No tienes autoridad alguna para sermonearme, tú haces exactamente lo mismo. Solo... —se detuvo un instante, vacilando sobre si soltar la palabra que sabía haría una grieta en la mente de su amiga, y pondría su amistad en términos no tan amistosos, o no. La decisión no fue tan difícil como pensaba—. Solo que eres muy hipócrita para darte cuenta.
Hipócrita. Pensó amargamente. Si, quizá lo fuera, quizá fuera hipócrita. Quizá necesitara serlo, quizá necesitaba creer las mentira que ella misma elaboraba, quizá se sentía atraída por aquellas personas que podían darle exactamente eso: un, "todo estará bien" para guardarlo y atesorarlo hasta que se marchitara y no tuviera más uso, hasta que de los labios de esa persona esa frase no tuviera más significado, entonces buscaría a otra persona; porque las mentiras duran lo que un hálito. Pero ella necesitaba más, siempre un poco más. Al fin y al cabo, todos tenían una adicción que los ayudaba a sobrevivir. La de Sakura era Naruto, la de Naruto era Sasuke, la de Sasuke era la venganza que prometía una redención que en el fondo sabía jamás conseguiría, la de Shikamaru era el cigarrillo (aunque no lo admitiera, ella sabía que de vez en cuando fumaba), la de Chouji era la comida con la que taponaba su propio vacío existencial. La de Neji era el entrenamiento así como también lo era la de Tenten, la de Hinata eran las palabras de aliento de Naruto y la de Kiba era el aroma de Hinata. La suya eran las mentiras. Ino era adicta a las mentiras, tanto que a veces se convertía en una.
Ino, con la cuota de dignidad restante que le quedaba, y el ego herido –como solo Sakura podía herirlo- dio media vuelta grácilmente y se marchó de regreso a donde se encontraban el resto; mascullando un —Nos vamos —antes de desaparecer. Segundos después, Sakura la siguió. Lo supo pues pudo verla por el rabillo del ojo caminar tras ella.
Cuando arribó a donde se encontraba el resto de el grupo encontró a Shikamaru acuclillado con Neji y Shino repasando –probablemente- el plan de acción pues continuaban examinando el mapa en medio de ellos una y otra vez, como si contuviera la respuesta a algo que Ino no comprendía. Aún molesta, caminó estampando el pié contra el suelo y hasta donde se estaba Shikamaru, quien ahora se había vuelto poner de pie y parecía elegir adecuadamente sus palabras antes de dirigirse al resto. De hecho, el Nara parecía hacer eso a menudo: elegir sus palabras, e Ino lo encontraba sumamente fastidioso. Él nunca decía si –menos a ella y a cualquier capricho que tuviera en el momento- pero aún así se rehusaba a decir no. Nunca decía nada, solo lo justo y necesario para dejarla insatisfecha. Fastidiada. Shikamaru disfrutaba fastidiar a Ino.
Luego de unos segundos, su compañero pareció decidir que lo más adecuado dada la situación era partir cuanto antes, ya que, por razones más que obvias, habían perdido demasiado tiempo; al menos demasiado más de lo que habían planeado. Por lo que se marcharon inmediatamente, recobrando la formación de viaje que habían mantenido hasta el momento; ella junto a Shikamaru. Y así viajaron, en silencio, todo el camino hacia la guarida, la cual se encontraba prácticamente en el corazón del bosque, exactamente en el centro.
—Aquí —exclamó súbitamente a su lado Shikamaru y descendiendo de las ramas se encontraron atravesando un pequeño desfiladero que llegaba a su fin con la entrada tallada en piedra de la que parecía ser, efectivamente, la guarida Uchiha. El símbolo del clan pintado en la roca confirmó el hecho al instante. Sin detenerse demasiado allí ingresaron al lugar, llegando –en un primer momento- a una especie de vestíbulo rocoso de techo alto, bastante amplio, y que se continuaba con cuatro angostos corredores de techo bajo y de estrechas paredes que, obviamente, llevaban a caminos diferentes.
Shikamaru observó con cautela el húmedo y mohoso ambiente y luego fijó su vista en los corredores. A continuación, indicó a Neji que con la mirada examinara los recorridos de cada uno a lo largo de la cueva. El Hyuuga asintió y procedió a activar su Byakugan, segundos después, aseguró que solo podía ver hasta 15 metros de profundidad. Más allá de esa distancia, por una razón u otra, no podía visualizar nada; solo oscuridad.
Shikamaru supuso, entonces, que la trampa que habían estado aguardando era exactamente esta y al final de cada corredor los aguardaría alguien, ya fuera para retenerlos y hacerlos perder el tiempo o para asesinarlos. De una forma o la otra, no servía. Deberían separarse, y así cubrir más terreno. Si armaba las parejas adecuadamente, deberían ser capaces de sobrevivir.
Naruto, irritante como siempre, exclamó en tono demasiado impaciente para el gusto del Nara —¡¿Qué esperamos?!
Sakura, quien permanecía al lado del rubio, lo reprendió —Sería estúpido simplemente ir Naruto, no sabemos lo que nos espera.
Shikamaru se enderezó —Le ordené a Neji que observara con el Byakugan y aparentemente no parece haber trampa alguna en el camino. Sin embargo, por una razón u otra no puede ver más allá de un rango de 15 metros; por lo que debemos movilizarnos con cuidado —Tenten, Shino, Neji, Kakashi, Ino asintieron. Sakura simplemente contempló hacia los caminos que se bifurcaban delante de ellos y Naruto bufó fastidiado—. Iremos dos por cada corredor.
Dos. Pensó, analizando cuidadosamente la selección que haría pues de ella dependía la misión. La última vez, la gran mayoría de su equipo había resultado herido por su mala decisión; no permitiría que esta vez sucediera lo mismo.
—Ingresaremos de esta forma: Neji y Tenten, irán por el corredor de derecha —era simplemente la más lógica de todas las decisiones. El estilo de corta distancia de Neji encontraba su complemento y variedad en el estilo agresivo y a larga de distancia de Tenten. Además, estaba el hecho de que habitualmente entrenaban juntos, por lo que el trabajo de equipo entre ambos sería sincronizado y correcto.
Continuó —Al siguiente, ingresarán Sakura y Naruto —ambos contemplaron la entrada, se miraron entre ellos y asintieron. Había considerado enviar a Naruto con Kakashi y a Sakura con Shino pero, una vez más, estaba la cuestión de equipo y; además, contemplaba que la imprudencia de Naruto necesitaría de alguien capaz de sanar las heridas que probablemente tendría si no se controlaba en un principio. Así que así sería.
Una vez más, alzó la cabeza y explicó el resto —Luego, iremos Ino y yo por el siguiente —por supuesto, esta no era la decisión más lógica. Probablemente hubiera sido adecuado alguien de pensamiento racional con él, como Shino o Kakashi, pero no era sensato dejar a Ino con alguien que no conociera lo imprudente que la rubia podía ser. O lo emocional. O lo problemática. Y prefería ser él quien lidiara con ella; al menos Shikamaru tenía años de experiencia, Kakashi y Shino no.
—Y por último; Shino y Kakashi ingresarán por el de la izquierda. ¿Entendido?
Todos hicieron un gesto u otro de asentimiento, se colocaron en la entrada del corredor correspondiente que deberían recorrer y a la señal ingresaron al mismo tiempo. Apenas dieron unos pocos pasos, Shikamaru se detuvo y extendió su mano para tomar a Ino por el codo; ésta se volteó hacia él fastidiada, observando con una ceja enarcada el lugar donde sus cuerpos hacían contacto.
—¿Si? —lo cuestionó sacudiendo su cabellera con un leve movimiento de cabeza, su voz presumida y airada.
Él dejó escapar un suspiro. Esta era la Ino falsa, la hermosa mentira, la fachada. La que actuaba con rudeza y –contradictoriamente- con delicadeza. La manipuladora. La que estaba, a su forma, a la defensiva. Ésta era la coraza. La Ino que no escuchaba. Aparentemente, la rubia no le haría las cosas fáciles, sino por el contrario, más difíciles —Ino, no hagas nada imprudente o estúpido.
Ella soltó de un tirón su codo y continuó caminando, meciendo sus caderas peligrosamente de lado a lado, adentrándose más y más en la oscuridad del corredor.
Rápidamente, Shikamaru la siguió. Ciertamente no quería perderla de vista, no deseaba cargar su cadáver de regreso a la aldea, y a este ritmo, Ino solo lograría que la mataran. Quizá su deseo de una muerte glamorosa y digna de ser recordada, se cumpliera.
Él lo evitaría a toda costa. Suicida mujer problemática.
