SAINT SEIYA
EL ÁRBOL DE LOS DIOSES
(FANFIC AEBAEZR)
Capítulo VII
LA LEYENDA DE LA QUE DEVORA PECADOS
-"Es increíble que este lugar sea tan inmenso"- pensaba Hyoga mientras se adentraba a la rama del Cuarto Nivel -"Además se siente un aire fantasmagórico, no sé porque"-
Pronto empezó a oír una voz, era la de un anciano, hablando en un idioma que no Hyoga no entendía, pero aun así, notaba su premura al hablar, su miedo impreso en cada palabra era como si se apenara de sus palabras, pero aun así, hablaba con presura.
Al terminar su recorrido, Hyoga vio la imagen de donde provenían aquellas palabras.
Un hombre viejo de piel de cacao, yacía tirado en el suelo desnudo, era quien hablaba y su aspecto era el de alguien enfermo, a punto de morir, a su lado sentado estaba quien seguramente era el cuarto Tlatoani, poseía un aire de femenino, pero Hyoga no se atrevía a conjeturar sobre su género, este tenía una armadura también de color negro profundo y brillante como el oro, pero a comparación de la Xibalba esta estaba más ataviada, incluso tenía unas cosas que parecían ser alas de algún monstruo de las fabulas.
De pronto la mirada del tlatoani encontró a Hyoga, sus ojos eran penetrantes, pareciera que dirigía toda su atención a tal grado que el moribundo lo noto y lastimeramente trato de llamar la atención del Tlatoani hablando más fuerte pero a la vez se notaba cierta torpeza en sus silabas.
-"Sigue, te escucho"- dijo el tlatoani mientras cerraba los ojos y dibujaba una risa sarcástica, y aunque parecía que esas palabras más bien eran una burla hacia el moribundo, este se calmo y siguió narrando lo que estuviese narrando. De pronto termino de hablar y miro al tlatoani como si esperara su aprobación, aunque su semblante era enfermizo lo que causaba lastima en Hyoga.
-"Ya veo"- empezó a hablar el tlatoani -"Tu vida fue un desperdicio, no hiciste nada que valga la pena recordar en los cantos, desechare tu alma pues no tienes salvación, y vagaras ciego en el Mictlan por haber vivido con tal torpeza"- termino mientras tocaba con su izquierda al ser postrado a sus pies y como si jalara algo suavemente, Hyoga vio que el esqueleto del individua salía como un espectro de su propio cuerpo a voluntad de la mano del tlatoani, esta floto un rato, y después se desvaneció como humo. Mientras el cuerpo abandonado ardía en llamas y se hacía polvo.
-"Mis queridos fieles difuntos"- dijo el tlatoani dirigiéndose a una centena de moribundos que estaban detrás de su trono esperando su turno, todos oían con miedo pero dispuestos a acatar las palabras del tlatoani como ley -"Deberán esperar un momento para contarme sus vidas, porque un Santo de Atena reclama mi atención, no tardare y no traten de modificar la historia de su vida, porque me daré cuenta, y como castigo los quemaría vivos por toda la eternidad"-
-"¡Así que tu eres el tlatoani del cuarto nivel!"- se dirigió Hyoga, con cierto asco en sus palabras a quien trataba así a quienes estaban al borde de la muerte.
-"Así es"- dijo el tlatoani -"Pero no creerás que soy igual a quienes han vencido niveles abajo que son reencarnaciones de espíritus, yo soy la encarnación de una Diosa"- y observo a Hyoga mientras sus palabras estaban cargadas de un aire de sabiduría infinita -"Yo soy Tlazoltéotl, la diosa que devora los pecados de los moribundos"-.
-"¿Tu eres una diosa?"- dijo Hyoga con cierta incredulidad
-"No, soy la encarnación de una, y bien Santo del Cygnus, Hyoga"- dijo Tlazoltéotl provocando sorpresa en Hyoga que no se había presentado propiamente -"No debes asustarte, con solo ver tu rostro tu historia es transparente para mí, pero dime Cygnus Hyoga, ya estás listo para contarme tus pecados"-
-"No seas absurda"- dijo Hyoga desafiante -"te venceré aquí y ahora"-
-"Absurdo por favor"- dijo el tlatoani que dejo en claro que a pesar de ser representante de una diosa, su género era masculino.
De pronto el cuerpo de Hyoga se volvió pesado y cayó de rodillas al suelo, todo a voluntad de que Tlazoltéotl había levantado su mano, pronto la gravedad se hizo más pesada, Hyoga puso sus manos no debía permitirse caer, lo presentía.
De pronto Tlazoltéotl estaba mágicamente a su lado, no por efecto del movimiento físico sino por un desplazamiento en espacios, y hablo tiernamente -"Habla te escucho"-
Hyoga no deseaba hablar pero algo en su interior luchaba por salir pensaba que debía retenerlo no debía permitir al tlatoani verlo
-"¡Esta bien! si no deseas confesarte no te obligare"- dijo Tlazoltéotl abandonando la dulzura y delatando cierta burla en sus frases -"Mandare tu espíritu directamente al vacio"- y con su mano izquierda toco la frente de Hyoga y jalo suavemente.
Hyoga se sintió debilitado de repente, todos sus sentidos se desenfocaban mientras el espectro de su esqueleto salía lentamente de su cuerpo
-"NO"- pensó Hyoga "-No fallare a mis amigos"- y empezó a elevar su cosmos
Tlazoltéotl se separo de él. Y los sentidos de Hyoga volvieron a él así como la ligereza de su cuerpo.
-"Yo estoy aquí para vencerte"- dijo con desafío a Tlazoltéotl
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-"Ikki ¿Ya te encuentras mejor?"- pregunto Shyryu
-"No debes preocuparte, mi cosmos esta casi completo de nuevo"- dijo Ikki
-"Ya veo"- dijo con alivio Shyryu mientras se acercaban al quinto nivel del árbol -"Aun así me gustaría pelear en el siguiente nivel"-
-"De acuerdo Shyryu"- dijo Ikki -"Nos reuniremos de nuevo más adelante"-
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-"Ya veo, asi que no te entregaras a la tranquilidad de la muerte, tan fácil"- dijo Tlazoltéotl -"Cygnus, Hyoga"-
Hyoga miraba con expectativa a Tlazoltéotl quien de pronto elevo sus manos
-"Está bien mortal"- dijo conteniendo su entusiasmo Tlazoltéotl -"Juguemos"-
Una nube oscura se formo sobre de ellos y empezó a girar, adquiriendo poco a poco más velocidad, hasta que al final se volvió como un agujero negro que devoraba todo lo que no estuviera bien sujeto al árbol, los moribundos fueron jalados como si se tratase de piezas de papel, pero se golpeaban torpemente los unos con los otros en el frenesí de la velocidad del agujero.
Hyoga también era succionado por el agujero, pero su cosmos le otorgaba un poco de peso, que aun lo anclaba al suelo. Lo único que parecía no inmutarse por el hambre del agujero era Tlazoltéotl.
-"No temas Hyoga"- hablo tranquilamente el tlatoani -"después de todo nos dirigimos a tu interior"-
