SUEÑOS Y LAMENTOS
A muchos kilómetros de allí, días atrás, un joven rubio dormitaba intranquilo en su cama, rehusando levantarse, para desesperación de su madre, que ya no sabía qué hacer. Narcisa había interrogado a su hijo hasta la extenuación, pero tercamente, el joven se había negado a decirlo porque se había fugado durante el verano, o la causa de su depresión actual. Lo único que había logrado sacarle era que todo estaba relacionado con su pareja, y que no había esperanza para él.
Absolutamente resuelta a salvar a su hijo, Narcisa había recurrido a Severus, y este había acudido a su llamado. Pero ni siquiera las dotes de legermens del hombre habían conseguido penetrar las barreras mentales de Draco, aun más decidido a proteger a Harry de su madre y del mortífago. Sin embargo, una cosa si había traslucido para el hombre: que su pareja lo era todo para él, y que el joven estaba perdidamente enamorado, no solo vinculado por su herencia y magia, por lo cual, Severus supuso que se trataba de alguna compañera de Hogwarts.
Así que recurrió a un medio desesperado para obtener respuestas, ya que hacerlo suponía violar gravemente la confianza del muchacho y podía agravar aún más la situación. Draco estaba, al parecer muy alterado, y el hombre adulteró el frasquito de poción calmante del joven con veritaserum, esperando poder obtener las respuestas deseadas.
El joven acababa de tomar una nueva dosis, y su padrino entró, sentándose a su lado y murmuró:
¿Cómo te encuentras Draco?
Horrible…
Murmuró somnoliento el muchacho, arrebujándose en la manta, helado de frío, pese al vivo fuego que ardía en la estancia. Los síntomas de decaimiento eran cada vez más graves y Severus sabía que si había sido francamente rechazado, solo su compañera podía hacerle salir de esa situación, así que sabiendo que el muchacho le odiaría luego, continuó su sutil interrogatorio.
¿Quieres algo?
No, solo quiero estar solo…y abrazar esto…
Draco apretó un bulto informe entre sus manos y Severus vio que era alguna clase de prenda, y adivinó que era de su pareja.
¿Es suyo? ¿Te lo dio?
No, lo cogí sin que se diera cuenta…
El joven empezó a removerse, molesto por las preguntas, semiaturdido por el sedante, pero Severus necesitaba saber, desesperadamente:
¿Quién es ella Draco? ¿Te rechazó?
Draco se movió, nervioso, aun bajo los efectos combinados de las pociones, pero sonrió tristemente, notando la compulsión de responder y dándose cuenta finalmente de lo que sucedía:
Él no me ha rechazado. Y esto es inútil padrino, no voy a darte su nombre. Le pondría en peligro. ¿veritaserum?
El hombre se sonrojó, y asintió suavemente, después de todo, amaba al muchacho como si fuese su propio hijo.
Al menos dime como es, Draco.
Con ojos soñadores, el muchacho sonrió de nuevo y miró al hombre.
Es…poderoso, inteligente y valiente, fuerte y tierno a la vez, padrino. Tal vez, si las cosas hubiesen sido diferentes, podríamos haber estado juntos…pero es imposible…
Draco comenzó a llorar en silencio y susurró:
Por favor, padrino, déjame solo, por favor, déjame...
El hombre abandonó la estancia, aun más confuso, preocupado, y sin saber que decirle a Narcisa, ya que evidentemente, el compañero de su hijo estaba en el bando opuesto al de su familia en la guerra que se estaba librando en el mundo mágico.
Finalmente, llegó la mañana de Navidad y Draco ni se molestó en bajar, como siempre. Sus regalos permanecían olvidados sobre los pies de la cama, cuando a media tarde, un elfo entró en la habitación, trayendo una bandeja con un pequeño paquete verde y plateado. Incorporándose súbitamente, el joven tomó con manos temblorosas el regalo, que olía a su amado Harry y lo abrió. Dentro de la cajita de terciopelo, encontró dos pequeñas serpientes de metal, engarzadas la una en la boca de la otra. Los ojos eran topacios, y observando mejor, vio que el nivel de detalle era asombroso. Las serpientes eran de una mezcla de negro y verde oscuro, con un brillo metálico en sus escamas. Al cogerlas vio que apenas pesaban y que eran sorprendentemente flexibles. Bajo ellas una pequeña nota sin firma:
"Espero que te gusten Draco, son amuletos protectores, puedes llevarlas juntas en el cuello, o separadas en los tobillos o las muñecas. Si alguien te ataca, incluso pueden paralizar al agresor por unos momentos. Las hice con parte de la piel del basilisco y un par de mis plumas, para que siempre estés protegido.
Feliz navidad, Draco"
Draco se colocó las serpientes en torno a las muñecas, y estas se ajustaron a su contorno, sin apretarle ni molestarle con un suave movimiento y por un instante, parecieron realmente vivas. Acariciándolas, el joven veela notó el rastro de la magia de su amado en ellas y sonrió levemente, aunque la tristeza aun cubría su rostro.
"No vas a dejarme ir, verdad? Me atas a ti cada vez más, aunque me haya alejado, te importo, pero…¿Puedo resistir el dolor de verte alejarte una vez más? Daría cualquier cosa, cualquier cosa Harry, por una sonrisa, un último beso, una última noche…"
Se giró hacia el elfo y pregunto con voz vacilante, casi sin poder contener los nervios:
¿Cuándo y cómo ha llegado este regalo, Mimy?
Un elfo de Hogwarts nos lo envió, Amo. Como otros años.
Alzando una ceja, el muchacho pregunto, desconcertado:
¿Y saben dónde estamos?
Retorciéndose las manos, la criatura contestó, nerviosa, y temiendo haber enojado a su amo:
No Amo. Es nuestra magia y nuestra costumbre, Amo. Ellos tenían algo para Ud y nos lo confiaron a nosotros. ¿Debí haber traído el regalo antes?
No, está bien, Mimy. Puedes retirarte.
Draco se levantó vacilante, y tras una apresurada ducha, se vistió con ropa confortable y abrigada, un suéter de fina lana de cuello vuelto de un gris muy oscuro, sobre una camiseta blanca y unos pantalones negros. Cepillo su pelo y lo dejó suelto, cayendo sobre sus hombros, y comenzó a bajar al saloncito.
Narcisa se sobresaltó al verle, levantado por primera vez desde su regreso, y saltó sobre sus pies:
Draco! Hijo mío, siéntate conmigo…
Su padrino le contempló con ojos cautelosos, evaluando su gesto y su mirada, aun inseguro de porque el joven estaba de nuevo entre ellos. Draco tomó una simple taza de té, mientras su madre parloteaba incesantemente, tratando de ahogar el tenso silencio del joven. Mirándola fijamente con una extraña expresión en los ojos, el joven hizo abrió por primera vez la boca.
Madre, quiero que me respondas a una pregunta.
Narcisa guardó silencio y estudió el rostro pálido de su hijo y asintió suavemente:
Por supuesto, hijo mío.
Draco suspiró levemente, mientras su padrino seguía observando atentamente la escena, desde el otro lado de la mesa. Los ojos grises de Draco se centraron en los azules de su madre y murmuró:
¿Sentiste alguna vez la atracción, ese el impulso irresistible hacia Padre?
Removiéndose imperceptiblemente, Narcisa se tensó en su silla. No era esa la clase de pregunta que esperaba, pero contestó pese a todo.
Ya sabes que los genes veela están inactivos en mí, al menos en ese aspecto, Draco. Amo a tu padre, pero no le necesito para vivir, ni él a mí tampoco, si es eso lo que quieres saber.
La mirada de Draco se perdió en las llamas de la pequeña chimenea y reprimió un escalofrío. Sin mirar a nadie murmuró:
No se entonces si entenderás lo que estoy pasando Madre. Me estoy muriendo, literalmente, solo por estar separados…pero si regreso, no me espera un futuro mucho mejor, solo tal vez más largo…
Su madre contuvo una exclamación de horror y preguntó, deslizando su mano en la suya:
¿Te ha rechazado?
Denegando, Draco murmuró:
Aun no, pero solo es cuestión de tiempo… hasta que encuentre a su propia pareja…
¿Él es otra criatura?
Preguntó sorprendido su padrino. Draco asintió sin mirarles y susurró:
Lo siento…
El Slytherin se levantó y se sentó junto a su ahijado, colocando una mano sobre su hombro y murmuró:
¿Quieres hablar conmigo?
El joven denegó y susurró:
No, es solo que elija lo que elija, no hay un camino para mí, no uno que me apetezca recorrer al menos. Si regreso con él, probablemente nunca más nos veamos Madre, y eso también duele.
Pálida como el papel, Narcisa murmuró, los ojos sospechosamente brillantes:
Prefiero saber que estás vivo Draco. Si te quedas, no tendrás una oportunidad.
Draco sollozó y abrazó a su madre, dejando que esta le abrazara suavemente, tratando de consolarle. Severus rumió cuidadosamente la información, y decidió que lo único que podía hacer era intentar averiguar con que otras criaturas se había relacionado Draco en Hogwarts.
