Nuevo capítulo, espero que lo disfruten todos, gracias.


¿Somos amigos?

Se sentó en su cama casi riendo al recordar a James. Aunque tuvieran quince años casi dieciséis se comportaba como un niño pequeño de primer año, incluso peor. Tumbándose pensó en el profesor Dumbledore. Era un hombre brillante. Algo loco, pero brillante. El concurso era una gran idea, subiría los ánimos a alumnado. El problema era que debía organizarlo no solo con Potter al lado, sino con las otras casas y ya sabía lo que significaría eso. Muchas, demasiadas discusiones. Unos querrán una cosa, los otros lo contrario y tenía la sensación de que no se pondrían de acuerdo.

- Me pregunto quiénes serán los de Slythering. Con ellos si que tendremos grandes problemas.

- ¿Hablando sola, Lily? – la voz de una de sus compañeras de cuarto la sobresaltó.

Esta tras recuperarse del susto sonrió levemente y siguió sumida en sus pensamientos ignorando a la otra persona.

A la mañana siguiente se despertó con cierta pereza de su cama, pero al hacerlo se tropezó con algo que había en el suelo y cayó provocando un ruido sordo en la habitación que llamó la atención de las demás chicas. Rachel al ver a Lily en el suelo, sin quererlo comenzó a reír. Y las demás chicas la siguieron mientras ayudaban a Lily, aún con cara de dormida, a levantarse del frío suelo.

- No tiene gracia – se dirigió a Rachel molesta – podría haberme torcido el tobillo.

Como respuesta, su amiga siguió soltando sonoras carcajadas mientras intentaba pedir perdón por reírse. Pero no podía parar. Lily refunfuñó y miró con qué se había tropezado. Un gran libro de tapa dura y desgastada. Lo cogió y comprobó que pesaba tanto como había pensado al ver su grosor.

- ¿De quién es esto? – levantó ligeramente el brazo con el objeto y miró a su alrededor, nadie respondió, todas estaban ocupadas arreglándose – A veces tengo la sensación de que soy invisible.

Bostezando lo dejó en su mesilla de noche. Se dirigió al baño mientras se arrascaba la cabeza, se lavó la cara a conciencia para despejarse. Se duchó y se vistió con prisa (se había retrasado demasiado debajo del agua caliente). Llegó sin aliento al comedor y comió alguna cosa de las pocas que quedaban en la mesa, al menos en su mesa. La de Gryffindor estaba casi vacía, sin embargo las otras tenían aún, apetitosos mangares del desayuno.

Cuando divisó a lo lejos, un pequeño dulce de chocolate, se mojó los labios con ansias y sin poder reprimirse se dirigió hacia él. Antes de siquiera rozarlo el dulce desapareció de la bandeja en el que estaba depositado. Una mano pálida lo había apresado entre sus largos dedos.

Contrariada, Lily levantó su vista y vio a un chico, de tez clara que resaltaba su oscuro pelo (algo grasiento). Por unos segundos la pelirroja frunció el ceño intentando recordar quien era. Al posar sus ojos verdes en los del chico, que eran negros como dos pozos sin fondo, se dio cuenta de que era un Slythering, estaba en la mesa de las serpientes, y delante de ella estaba Severus Snape.

El chico dibujó en su rostro una mueca de disgusto y miró con desagrado a la leona. Esta no pudo hacer otra cosa que intentar retroceder, pero la voz grave de Severus hizo que se detuviera.

- Robar no está bien visto, Evans. Pensaba que alguien tan inteligente comprendía esto tan sencillo – escupió con sarcasmo.

- No estaba robando Snape – remarcó bien su apellido algo enfadada.

- Eso dices tú – con una sonrisa maligna dejó caer el apetitoso dulce al suelo – Ahora lárgate de aquí, sangre sucia.

Ante aquella muestra de desprecio la chica no pudo evitar que los ojos se le humedecieran. Desde que había llegado a ese mundo (fantástico al principio) algunas personas la habían tachado de ser alguien despreciable, alguien indigno de dirigir la palabra con una sola excepción. Insultarla y demostrarle (según ellos) el lugar donde pertenecía.

Sintiéndose indefensa, aun siendo miembro de la casa de los valientes, se fue de allí sintiendo la mirada de triunfo de aquel chico. Cuando estaba de camino a su primera clase del día, Transformaciones, se dio cuenta de que no había comido casi nada. Y en ese momento, su estómago le pedía atención gruñendo con fuerza.

Resistiendo a la tentación, de transformar a su pobre ratón (cedido por la profesora para la práctica) en una gran tableta de chocolate, atendió a la lección de la profesora. Quien en ese momento apuntaba, con magia, en la pizarra los pasos a seguir.

Sintió como alguien le tocaba ligeramente el hombro y ella miro por encima de este. Sirius Black la miraba con ojos de cordero degollado (como se solía decir en el mundo muggle, aunque en el mágico la palabra cordero se sustituía por hipogrifo). Casi se había olvidado de él. Con todo lo que había pasado, Laura Dennis, James… el concurso que debía organizar junto al último, y Rachel con sus desamores. No había tenido tiempo de recordar al que había sido su primer amigo hasta que un día le descubrió, sin querer, diciendo cosas horrorosas de su persona a James. Aunque ella en ese momento ya no estaba saliendo con el chico Potter, le dolió. No sólo el hecho de que su amigo le clavara aquella apuñalada, sino que además lo hiciera con James. Su gran amor. Sabiendo cuanto sufría, quiso creer que él la apoyaría. Sirius no muchas veces tenía en cuenta los sentimientos de los demás, pero con sus más allegados, sus amigos, siempre hacía lo imposible por ellos. Y al ver ella aquella traición, en toda regla, supo que su amistad no valía nada comparada con la de su compañero, su hermano James Potter.

-Quisiera hablar contigo – susurró él sin dejar de mirarla.

- Estamos en clase – se volvió para asegurarse de que la profesora no se había dado cuenta de que estaban hablando – No podemos…

- Después, cuando acabemos – pidió, el chico parecía algo desesperado así que Lily lo único que hizo fue asentir – Gracias.

Esta no dijo nada más. Tomó apuntes y realizó la tarea con éxito, como siempre en esa clase. Su varita era idónea para Encantamientos y además, a ella le encantaba esa asignatura.

Al salir, hablando con Rachel, alguien la detuvo. Sirius la agarró del brazo y la arrastró en otra dirección, ignorando las protestas de la amiga de la pelirroja. Sin decir nada, Lily se dejó llevar. Ya se esperaba algo así de él. Sirius era el perfecto Gryffindor, impaciente y muy tozudo.

- Verás…no sé como empezar – dijo cuando se hubieron parado en un pasillo vacío – Cuando James… te dejó, admito que... ¡yo estaba confuso! Lo siento Lily de verdad, pero es que él… yo… - dejó escapar un gemido de frustración por no saber expresarse.

- No te juzgo, Sirius – le interrumpió ella, pues el chico quería continuar diciendo palabras sin sentido – Cierto es que me sentí traicionada pero lo comprendo. Es tu amigo, es tu hermano.

- Yo…Lily lo siento mucho. Pensé que… primero pensé que tú habías sido la que había cortado con él. – resopló con angustia – y por eso dejé de hablarte y te ignoré.

- ¿James no te dijo nada? – preguntó la chica sorprendida.

- ¿James? – rió con sorna – Lo único que me dijo es que vuestra relación se había acabado – recostándose en la pared siguió hablando, algo más calmado – Ese chico, con lo que se refiere a ti, es muy reservado. Pero yo sabía que te amaba de verdad. Y por eso, la respuesta más lógica a la pregunta de quién había cortado, fue muy simple para mí. Pensé que fuiste tú, quien cortó con él. Me sentí culpable por James, estaba destrozado, yo fui el causante de que os acercarais. Sino hubiera sido por mí, pelirroja, nada de esto hubiera pasado.

- Eso no es cierto, Sirius – intentó consolarle, el chico parecía cada vez más triste a medida que hablaba – No fue culpa de nadie.

En cierta manera estaba mintiendo, ya que en numerosas ocasiones había despotricado contra Sirius todo lo que se le venía a la mente, y en su interior lo había acusado de ser el causante de su dolor. Sin ser cierto.

- Sí que lo fue, fue mi culpa. James me pidió un día que le presentara a una chica de nuestro curso. – le empezó a contar Sirius – Me pareció extraño que él no fuera por sí mismo y se presentara (como normalmente hace con todas). Le pregunté el nombre de la chica y me respondió "Lily, se llama Lily Evans".

Con los ojos bien abiertos la pelirroja había escuchado como el primogénito de los Black le decía que el chico al que amaba, en el pasado, le había pedido que se acercara a ella, con el fin de poder conocerla. Con el corazón casi a mil por hora continuó escuchando el relato.

- Me sonó tu nombre, y no sé por qué, me vino a la cabeza una gran mata de pelo rojo levantando la mano en todas las clases. – rió él y Lily le contestó con una sonrisa algo tierna – Sabiendo ya quien eras lo demás fue fácil, hice un encantamiento desilusionador y te rescaté del suelo. Lo que pasó luego lo sabes tú mejor que nadie.

Ya quisiera ella no acordarse, pero cerró los ojos y pensó en el momento, en que conoció verdaderamente a James Potter.

En ese momento se encontraba charlando con Sirius Black, no recordaba sobre qué, pero era algo gracioso pues en el instante que se cruzó en su vida, ella había estado riendo. No se percató de que unos pasos se acercaban, ni que su amigo dejaba de mirarla para observar algo detrás de ella. Cuando una persona se paró delante de ellos con una extraña mirada anhelante, Lily, dejó de reír. Su mente se había quedado en blanco al mirar a ese chico, al que ya conocía de vista y poco más. Todo el mundo de Hogwarts lo conocía, a él y a sus amigos (incluido Sirius). Eran algo inalcanzable para la pelirroja, ella era un persona cualquiera. Casi nadie se percataba de su existencia de no ser por sus buenas notas. Y allí estaba, con dos chicos de lo más populares.

Cuando Sirius los presentó a ambos, la chica al darle la mano como saludo, James la retuvo más de lo necesario. Clavó sus ojos en ella y eso la puso nerviosa. Al final él sonrió y le devolvió su mano.

Desde ahí, quedaban los tres juntos para hablar y divertirse en las horas libres, a veces se incluía en el grupo Remus Lupin (siempre con su cara enfermiza), y pocas Peter Pettigrew(el pobre chico andaba siempre encogido, como si estuviera asustado). Compartieron sonrisas, miradas, pequeños roces y Lily se enamoró completamente de aquel chico. Se sentía llena cada vez que estaba con él, su corazón latía desbocado al notar su presencia a su lado, comenzaba a temblar cuando él le cogía, durante pocos segundos, la mano. No le molestaba en absoluto y a James tampoco.

Al besarle por primera vez sintió la necesidad de estar con él el resto de su vida. Sentir sus labios contra los de ella, detenerse en el tiempo y seguir besándole hasta el fin de sus días.

Sonrió al pensar en sus besos, siempre suaves. Su aliento sobre su cuello, causando que un estremecimiento le recorriera todo el cuerpo. Todo aquello le parecía tan lejano, y a penas habían pasado cinco meses.

Sintiendo la necesidad de huir de su pasado abrió los ojos y observó a Sirius, que esperaba continuar su relato. Ladeó la cabeza dándole a entender que tenía su atención y el chico decidido, volvió a abrir la boca.

- Cuando James se dio cuenta de lo que sucedía entre tu y yo, me reclamó – suspiró y se separó de la pared en la que había estado apoyado – Estaba furioso, nos enfadamos. Al final me dijo la verdad, había sido él. Él había dejado la relación.

- ¿Te dijo por qué? – preguntó Lily algo curiosa a la vez que desesperada - ¿Te dijo que no me amaba¿Qué ni siquiera me quería?

- No dijo palabra al respecto, me obligó a no meter la nariz en ese asunto y yo obedecí. – pidiendo perdón sonrió levemente a la pelirroja, pero esta no dio señales de haberle visto – Me arrepiento de haberte hecho eso Lily, sé que me necesitabas pero… intenta comprenderme.

- Ya lo hago y aunque no hay nada que disculpar, te perdono. Si eso te alivia, te perdono. – se acercó al atractivo chico y le abrazó, este la apretó con fuerza transmitiéndole su agradecimiento - Pero nada volverá a ser igual.

Aquello sorprendió a Sirius, que se separó de ella y la miró profundamente. Después de unos segundos asintió. No podía decir que estuviera satisfecho con el resultado, sin embargo, no podía pedir más por parte de la pelirroja. Ella sonriendo le volvió a abrazar.

- Llegamos tarde a Defensa – le señaló el atractivo chico.

- Solo un poco más – pidió sintiéndose a gusto en el regazo de Sirius.

Este aspiró el aroma del cabello de Lily y la estrechó entre sus brazos, más fuerte que antes.

- No sabía, Black, que te gustaran las sangres sucias – comentó una voz femenina con mucho asco – si lo hubiera sabido, no te habría besado ayer.


Pali Evans gracias por todos estos reviews, me ayudan mucho. Besos.

Taoku heart, espero que sigas dandome apoyo. Besos.