Fandom: D gray man.
Advertencia: Yaoi , aclaramos que significa relación chicoxchico, así que adevertidas para aquellas que no les gusta, y también para aquellos que le gustan pues sean bienvenidos.
Rango: M
Parejas: Principal, pues Yuullen. Y otras paring que no viene el caso mencionar, no broma, todavía está en proceso eso.
En tres palabras se resumía su odio, tres fáciles palabras en realidad, y una de ellas calificaba muy bien la descripción de esa persona, porque si, era una persona la causa de todo tu malestar. Una utópica felicidad negada, así es como habías aprendido actuar todo este tiempo, no creías en el amor, la felicidad mucho menos, no desde de la muerte de esa persona, y cuando arribaste a ese nuevo territorio extranjero, tus prospectos no discernían entre una desastrosa realidad que creías ya superada, y la enclenca existencia de ese espécimen amorfo.
Pero claro Yuu, cuando la vida actué por tu propia voluntad, en ese momento te puedes llamar amo y Señor del Universo. Cuando eso suceda te encargaras tú mismo de destruir por completo al Moyashi, como éste ya lo ha hecho contigo.
Si tus miradas matarán, ya un gran sector urbano hubiera desaparecido de la tierra hace mucho tiempo, y cuando las miradas dejaron de funcionar en contra de eso viejo tonto, suponías que tendría que plantearte en poner tus pensamientos a la práctica. Era como el conejo, las ganas nunca te faltaban.
- ¿Por qué la curiosidad?
- No es eso – rezongas, hartó de tanta charlatanería, se estaban yendo por la tangente desde el comienzo, no jugarías ese juego con el viejo – Es parte de mi trabajo, no daré mi vida por cualquier imbécil.
- Debes dejar de tratar a las personas de esa manera, Yuu-kun – rechinas los dientes, ahí iba, realmente estas cayendo Yuu-chan
- Che, como sea, responde mi pregunta…
- No hay nada que responder, su nombre es Neah Noé, el último miembro del Clan Noé, de extensas propiedades. Y por lo que dicen, el mimado de la familia. Pero eso sólo son rumores.
- No tienen relación de sangre, no trates de engañarme, eso lo sé, nadie en esa maldita familia lo tiene. ¿Quiénes son? ¿Qué es todo este teatro, viejo?
- Cumple con tu trabajo, es lo único que se te pide, no divergieses ideas tontas en esa cabeza tuya – era la primera, si, también te ha sorprendido, la primera vez que Froi Tiedoll te trataba así, esa seriedad, esa mirada, después de tu sorpresa inicial, la confusión e intriga, vino la furia, en realidad todo lo que respecta a ti, terminaba en furia – No digas nada, y no preguntes nada, esa es la primera regla que te enseñe hace cuatro años, ¿lo recuerdas? – no vacilaste en asentir con la cabeza, aun cuando tu mirada relampagueaba, algo que al parecer el viejo omitía deliberadamente. – "El deber es primero, darás tu vida afrontando las consecuencias", te lo pido Yuu-kun – el cambio de voz no intercedió para calmar tu mal humor, ese ruego lo incrementó por alguna razón – Si así lo deseas, te lo diré a su tiempo, pero no desesperes.
- ¿Quién es…? ¿Quién es el Moyashi? – susurraste casi amenazante, de cierta forma parecías desesperado, y puede que así sea, 14 días y contando, finalmente una oportunidad, y obtendrías las mismas respuestas desde que todo este teatro comenzó, te lo ocultaban, te ocultaban algo, y ni siquiera disimulaban echándotelo en la cara – ¿Quién es Allen?
- Nadie…
No estabas nervioso, era incompresible que lo estuvieras. Dos razones simples: el chico no era una mala persona – hasta donde sabías – y fuiste tú el que lo busco, así que retractarse no es una opción Lavi. A pesar de que Allen no te esté mirando, sabes que lo que les has dicho le ha afectado, o al menos le ha perturbado lo suficiente para que el peliblanco permanezca callado. Una de dos cosas puede estar sucediendo, ambas relativas a tu manera de ver las cosas, por demás, las cosas se han dicho, sólo queda esperar. Piedad, señor, o el advenimiento.
- Te habías tardado…
- ¿Suponías que iba a terminar averiguándolo? – querías permanecer tranquilo, la misma fachada que Allen también te estaba creando ahora mismo en su misma defensa.
- Eres su aprendiz, fuiste criado para ello, era cuestión de tiempo nada más – te miró, sus ojos eran como algunas veces había descubierto de pura casualidad, tan dolorosos que las ganas de abrazarlo te atraían bastante, pero eso se vería muy mal, era un trabajo para Lenalee supongo – Además, cuando Lenalee volvió era sólo de unir los puntos.
- ¿Era parte del plan? – lo miras inquisidor, estás temblando y te pone nervioso su silencio, sigue sin responder, mirándote con esos ojos grises tan transparentes como un manantial de agua cristalina, la verdad está ahí, pero dudas que puedas descubrirla así no más, casi seis meses, te repites constantemente, seis meses viviendo en el engaño.
- No, pero estaba predispuesto, era fácil suponer que en algún momento esto sucedería, incluso si no sabíamos cómo ibas a reaccionar. – se acercó a ti, instintivamente retrocediste sin razón, Allen no hizo un nuevo movimiento, sólo se quedó ahí, sonriéndote como siempre, como a veces veías que hacía con Yuu o la misma Lenalee, era tristeza lo que se reflejaba en su mirada – Suponía que sucedería, ¿Te doy asco, Lavi?
Eso te ha sorprendido, no sabes cómo responderle. ¿Asco? ¿Realmente sientes asco por él? No, niegas, no, repites, es imposible que sientas eso por él, Allen sólo era la victima de las circunstancias, lo que había tenido que hacer, lo que hacía, Allen no era el culpable.
- Está bien si lo haces ¿sabes? A mí también me produce asco.
- Allen…
- Es normal, Lavi, no te preocupes – porque diablos te quedas callado ¿eh? ¿Qué pasa? No puede ser tan difícil decir, no, no me das asco, cuando al fin y al cabo es verdad, pero por alguna razón las palabras no te salen, las ganas de golpearte son muchas, y la cola sigue – Sólo quiero pedirte un favor, no digas nada – le miras de nuevo, ¿Qué es lo que ves? Eso, ahí justamente, es… ¿miedo? Te acercas, eso si puedes hacerlo, quieres tocarlo, brindarle apoyo, pero te detienes, tienes el presentimiento de que si lo tocas puede pasar algo malo ¿Qué es eso? – No sé lo digas a Kanda.
- ¿Eh? ¿A Yuu? – sí, ahora que lo piensas, también había una fotografía de Yuu con una linda chica a su lado sino recuerdas mal, cierto, ¿Qué sucede con eso? No lo sabes todo, sólo una parte, ¿es suficiente? - ¿Quién es ella, Allen?
Está temblando, Allen está temblando, no entiendes porque, pero esta vez no te reprimes, le sujetas por los hombros y lo sostienes cerca de tu pecho, la albina cabellera cosquillea tu mentón ahora que te has apoyado sobre su cabeza, pero las lágrimas nunca mojan tu camisa, y de alguna forma, eso no te consuela, como desearías que llorara sólo con eso, con ese abrazo desesperado.
- No puedo, lo siento, no puedo – es casi desesperado, lo calmas, o intentas hacerlo, susurros continuos, como la madre que intenta calmar el llanto de su bebé. Allen no llora, o al menos con un llanto visible y como respuestas las lágrimas, lo hace por dentro, se rompe poco a poco, y no sabes quién es el encargado de recoger los pedazos.
- No te preocupes, no diré nada, ¿bien? Así que ya, aún hay muchas cosas que hacer ¿no? – Allen se separa de ti, sus rostros están muy cerca, pero no estás incomodo, y Allen no parece darse cuenta de su cercanía a ti – Ayudaré en lo que pueda, no le dirá nada tampoco a Yuu-chan
- Gracias – esta vez es Allen que se refugia sobre tu pecho a voluntad, y aunque eso te ha puesto avergonzado por unos segundos, te dejas abrazar, dándole pequeñas palmadas sobre la espalda, mientras sonríes tranquilo – gracias por no odiarme.
"¿Por qué iba a odiarte, Allen? "
Fueron otras palabras que no pronunciaste.
Las horas eran tan lentas, tus ojos se paseaban junto al movimiento del reloj pegado a la pared de tu habitación. La aguja más pequeña apenas y se movía de su lugar de anclaje de hace minutos que si no fuera por la más grande, no sabrías con exactitud que habían sido cinco. 3:45 minutos, esa era la hora la última vez que viste, cuando el cansancio empezó a vencerte, pero tus ojos no se permitieron cerrarse. Ey, mira, han pasado otros cinco minutos, te levantas de tu cama provisional, aquella a la cual siempre recudes alegando cansancio por el simple hecho que el fingir se ha vuelto una tarea más difícil para ti, y compartir en "familia" se ha tornado inconsecuente, menos digno de lo que era en un principio. Me equivoco, digno no es la palabra correcta a utilizar, pero es imposible describir lo detestable que se ha vuelto convivir con ellos día con día, meses a meses, años ya de por sí. El cansancio que pesa es enorme, pero te alivias a ti mismo, diciendo, pronto, pronto todo terminará. Y quizás, a esta misma hora, algún próximo día, puedas cerrar los ojos, descansar por primera vez, sin remordimientos ni dolor.
Abres la ventana, el frío viento de la costa pega en tu rostro, es de madrugada, poco a poco el cielo entre negro se irá iluminando con los primeros rayos del sol, y justo en el punto del comienzo, pero no el principio, la hora gris*. Cuando no es de día ni de noche, piensas acertadamente que ese, mi querido amigo, es un gran final, el fin de tus días, la perfecta descripción de tu lenta letanía, el purgatorio antes que el infierno. Nunca el paraíso.
Las 4 de la mañana, la hora gris se acerca, en ese punto te lo permites; ahora Allen, deja que vuele tu imaginación. ¿Cuántos días han pasado ya? Realmente odias las vacaciones, tan sólo el retraso de lo que parece ya inevitable, o eso ruegas, te has cansado de los malos pasos, de los errores de cálculo. Un pequeño porcentaje, solamente eso, no lo viste y por eso has fallado. Y no es justo, como he dicho antes, es casi menos glorioso largarnos con las manos vacías sin haberlo intentado, que quedarse sin nada, pero habiendo luchado. Suena mejor cuando triunfas.
Kanda, sí, te permites pensar en él, la hora gris ha comenzado, la primera vez que la viste fue ese día, los sucesivos fueron tan sólo el recuerdo de una lucha que creías que no tenía fin, entonces esa hora se tornó presagio, la fuerza y simple agonía que va encontrar muy pronto su final. Kanda, repites, porque a esa hora siempre te has permitido derramar tus lágrimas. La oscuridad, la tenue luz, una sinfonía en perfecta combinación. Luego de eso, otra vez al principio, fingir la malicia que a tantos le repudia, entregarse a los placeres mundanos que día con día marcan tu cuerpo, sonreírle hipócritamente al que deseas derrumbar su legado, y pagar tus culpas, con agua salada y plasma liquida, tus lágrimas y sangre. Quizás así y pueda alguna vez perdonarte.
El tenerlo cerca es un martirio, no sabes porque en primer lugar él, ¿por qué crees que lo han permitido? Desconoces la mente de Komui, pero has decidido confiar en él, y por lo menos, a pesar de que te destruya, deja a la ambivalencia ser tu aliada, hasta que tú disque familia…
- Hora despertar… - Allen, se ha abierto el telón, hora del espectáculo.
"¿Crees poder perdonarme?"
Lo besas, que más puedes hacer, ese jodido mocoso sabe cómo destruirte poco a poco, no me equivoco, sólo te está manipulando, como la marioneta que cuelga de sus hilos, tan frágiles que en algún momento terminarán dejándola caer. Ese eres tú, y te repugna esa fragilidad. ¿Dónde está la fuerza, Kanda? ¿No eras tú el que se auto convencía el amo de éste pequeño juego? Así era ¿no?
"¡¿Te gusta? ¡¿Te gusta que te utilicen? ¡¿Eres feliz así? ¡¿Lo eres? ¡¿Eres feliz?"
Eso fue patético…pero no es necesario repetirlo.
En pocos minutos ya lo tienes en la cama, apegado a tu cuerpo, aplastándole con tu peso. Es entonces cuando todo lo demás desaparece, tus ojos se clavan en las dos esferas casi plateadas de tu compañero de cama, lo recuerdas siempre, justo antes de las preliminares, dudando sobre el acto principal, y no es porque el deseo te falte, ello te ha sorprendido mucho desde el comienzo, ése, tu propio deseo no es la cuestión; lo sabes tan bien que desesperas, el odio y la rabia combinados en cierta forma dentro tuyo, no es la primera vez, no refiriéndonos exactamente a ti y al Moyashi, eso no entra en discusión; es perfectamente de tu conocimiento que nunca has sido el primero, el primer paso fue dado aun sabiéndolo, y los siguientes fueron el recordatorio de lo a que te estabas enfrentando. No eres el primero Yuu, y como muchas veces lo ha dicho tu consciencia – sí, aquella que te permite discernir entre la verdad y la mentira –, no serás el último.
- Déjate llevar – te tienta, y caes sin remedio. Es como se lleva el control, uno de los dos siempre da el primer paso, renuente el otro en un principio, pero el control siempre es del Moyashi. Y tus deseos son cumplidos por ese cuerpo maestro en el arte de la seducción y el placer.
- Jodido mocoso – y jodido tú, que aun sabiéndolo no puedes separarte.
Oh, es el profundo deseo, aquel que te ciega y logra que te inhibas para poder disfrutar más de éste momento, pasado, presente y futuro al olvido. Sólo tú y el Moyashi, ¿En qué momentos te has vuelto tan cursi, Yuu?
- Kanda… - te gusta, la manera que gime tu nombre, aun cuando no sea el tuyo el único. Te detienes por ese pensamiento, ¿Qué es lo que te pasa? ¿Desde cuándo eso es importante? – Kanda – ahí está de nuevo, ese control que tiene sobre ti, tan patético la verdad.
- Yo tampoco – sueltas de improvisto, ¿a qué ha venido eso? El Moyashi está tan sorprendido como tú, las palabras salieron sin que te dieras cuenta, y no tienen sentido, no pueden tener sentido, si lo hacen, de esa forma tan patética que tantas veces te has reprochado y burlado, suponiendo que no volverías a caer, has fallado inequívocamente, y de cierta forma es doloroso, es imposible, y aun así… ¿Realmente es lo que deseas?
- Los dos somos unos desgraciados, entonces – que así sea, es un mejor plan el del Moyashi. No darle nombre, no sé lo des, vuelve a besarlo, déjate llevar por el deseo y la lujuria, y no lo olvides, no te importa, es imposible. Tan contradictorio…
Dios… ¿Realmente es un dulce?
Notas finales de autora:
No se para don de voy. hahahahahaha, mentir, pero me esta saliendo mas largo de lo calculado, olvide que tenía este caspi hecho, ahora, subo dos en uno, nos dos de este capi, dos capi de dos historias diferente, creo que lo han notado. sigo con familia Kanda, mañana. ¬¬, espero terminarlo para entonces.
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