7. Plan
El móvil no paraba de sonar, una y otra vez.
Se levantó con pereza y los ojos aún cerrados. El ruido provenía del cuarto de baño. Entró y le echó una ojeada. El montón de ropa; fue hacia él, se agachó y sacó el aparato, que no cesaba de sonar ni un segundo.
–¿Quién es? –preguntó alargando las palabras.
–¡Oh! El señorito por fin se digna a contestar al teléfono –contestó una voz irónica y enfadada al otro lado de la línea.
–¿Quién es? –repitió Naruto sin entender de quién se trataba.
–Llevas tanto tiempo sin venir a trabajar que ya ni reconoces la voz de tu jefe, ¿no? Pues que te quede una cosa clara: estás despedido. Te he perdonado todas las veces, pero esta vez te has pasado, Uzumaki.
–¿Qué? –preguntó el rubio de repente abriendo mucho los ojos, como si le hubiesen dicho que iba a morirse en 5 minutos–. ¡Pero no me puedes hacer eso! ¡Tengo una explica...!
–No me importan tus excusas. Has faltado una semana y la gente la ha liado por aquí. Esta gente sin entrenador son como las gallinas en un corral. Búscate la vida, Uzumaki –dijo, colgando, el hombre.
–¿Pero qué...? Brrr... ¡Voy a matarte maldito... SASUKEEE!
Sasuke dio un bote en la cama por el susto. Enseguida se dio cuenta de lo que había sido aquel ruido.
–¡Oh, no! –musitó volviendo a tumbarse en la cama y tapándose el rostro con la almohada.
–¡TÚ! ¡ABRE LOS OJOS! –gritó Naruto entrando en la habitación–. ¿SABES LO QUE HA PASADO POR TU PUTA CULPA? ¡ME HAN DESPEDIDO! ¿COMPRENDES ESO? ¡ME HAN DESPEDIDO! –repitió agitando los brazos como loco, mirando con los ojos fuera de las órbitas a un Sasuke que pasaba de él y se tapaba los oídos. Entonces gritó más fuerte, aunque no hiciera falta–. ¡ME VOY A QUEDAR EN LA PUTA CALLE! ¿TU SABES LO DIFÍCIL QUE ES ENCONTRAR UN TRABAJO Y MANTENERLO? ¿EH? Y MÁS SIENDO YO... ¡AHORA ME VAS A MANTENER HASTA QUE SE TE CAIGA EL PELO, PORQUE POR TU PUTA CULPA ME HE QUEDADO SIN TRABAJO! GYAAA... ¡TE VOY A ESTRANGULAR!
–¡COMO NO DEJES DE GRITAR TE ARRANCO LA PUTA LENGUA!
–¡YO TE VOY A ARRANCAR A TI OTRA COSA, BASTARDO!
–MIRA, NO ME...
DING, DONG, DING, DONG, DING, DONG.
Sasuke calló al escuchar como alguien llamaba al timbre con insistencia.
–¿Quién coño viene a estar horas? –masculló Naruto mirando con los ojos entrecerrados la puerta de la habitación.
–Los vecinos, y no me extraña, con los berridos que pegas.
El rubio echó a andar hacia la puerta cuando reparó en una cosa: estaba en pelotas. Se ruborizó un poco, volvió a la habitación y se puso una camiseta y un calzoncillo. Volvió a salir, seguido de Sasuke, que iba vistiéndose por el camino, caminando con las piernas más separadas de lo normal y con una mueca en la cara.
Al llegar a la puerta Naruto se asomó a la mirilla. Fuera había dos policías enormes y armados, junto a un hombre entrado en años, bajo y con cara de mala leche.
–La pasma –murmuró separándose de la puerta y dándose la vuelta para ver a Sasuke–. ¿Qué hacemos? –preguntó en voz baja.
–Abre –respondió éste con tranquilidad.
–¿Pero qué dices?
–¿Has hecho algo malo? –preguntó Sasuke en un susurro mirando la puerta por encima del hombro de Naruto. Éste negó con la cabeza.– Pues abre.
–Uzumaki, no te hagas el sordo, sabemos que estás dentro, acabamos de oír gritos –escucharon que decía uno de los hombres detrás de la puerta.
–Mierda... –dijo el rubio haciendo una mueca. Se dió la vuelta y abrió.
Los dos policías armados le apuntaron con las armas mientras el bajo daba un paso. Sacó su placa de policía y se la enseñó.
-Soy Gatou, detective. Uzumaki Naruto, queda detenido por el asesinato de Orochimaru...
–¿Qué? –interrumpió éste–. ¿Pero qué dices? ¡Eso es totalmente imposible!
–No me intrerrumpa. Queda detenido por el asesinato de Orochimaru, el viernes a las 17:34...
–Un momento... –interrumpió Sasuke–. Eso es totalmente imposible. Estuvo toda la semana pasada conmigo, no pudo haber matado a nadie.
–Entonces está usted insinuando que es su cómplice. Quedan los dos detenidos, tienen derecho a permanecer en silencio...
…
–Eres bobo, Sasuke.
–Tú sí que eres bobo.
Estaban sentados en un banco en la celda de una comisaría, espalda contra espalda.
–¿Pero para qué te metes? No era suficiente con que me detuviesen a mí, ahora te han detenido también a ti.
–Son unos mamones de mierda...
–Callaos ya –los interrumpió un guardia.
–¿Me vas a obligar? –saltó Naruto levantándose y acercándose a las barras.
–Tranquilizate –le susurró el moreno.
–Tenéis visita –dijo el guardia yendo hacia la puerta del pasillo en el que se encontraba.
Habló algo con la persona que estaba ahí, la cual le dio un papel y después entró.
–¡Sasuke, Naruto! –exclamó Sakura–. ¿Pero en qué lío os habéis metido? Se os va a caer el pelo. ¿Y sabéis lo que pasó ayer? Tus amiguitos –contó señalando a Naruto– vinieron a joder. Tuvimos que pelear contra ellos y tú ni siquiera contestas al teléfono cuando se te llama. ¿Y tú qué? –preguntó a Sasuke–. Te creía más responsable. ¿Y vosotros qué hacéis? ¡Acabar metidos en una celda!
–Sakura, cállate –pidió Sasuke.
–No me hables así. He podido pagar tu fianza pero ha costado un ojo de la cara. Esta me la vas a pagar, estaba ahorrando para algo importante. ¿Y tú? –preguntó a Naruto–. Dicen que estás detenido por el asesinato de un tal Orochimaru. ¿Quién coño es ese y qué tienes tú que ver con él?
–Orochimaru es uno de los comunistas más famosos de la ciudad. No te puedo contar aquí todo lo que se sobre él –murmuró para que el guardia, que estaba mirando unos papeles, no lo oyera–, pero te juro que no lo he matado ni he tenido contacto directo con él en mi vida.
–Vale, vale. Oiga, abra, ¿quiere? –pidió la pelirrosa al guardia.
Éste hizo lo que le pedía y entró a por Sasuke.
–Te voy a sacar de aquí, ¿vale? –le dijo a Naruto levantándose. Se acercó a él y juntó su frente con la del rubio–. Juro que te voy a sacar de aquí. Y me las pagarán los que te hayan hecho esto.
Naruto asintió y sonrió un poco preocupado.
–Basta de mariconadas. Sal ya –dijo el guardia bien alto y claro.
A Sasuke se le puso la cara roja de ira.
–Me cago en tus putos muertos –le dijo al hombre–. Vulve a decir algo así y...
–¡Sasuke, basta ya! ¿Es que quieres que te vuelvan a encerrar? –le dijo Sakura entrando en la celda para interponerse entre los dos hombres.
El moreno miró con asco al guardia. Se volvió hacia Naruto, le dio un beso rápido y se fue sin decir adiós.
–Mierda... –susurró Sakura–. Te sacaremos de aquí, confía en nosotros –dijo con voz suave. Se acercó a Naruto y le dio un beso en la mejilla–. Cuídate.
…
–Eres hippie, reconócelo.
–Que no soy hippie, qué manía.
–Claro que sí, lo tienes todo. Mira: vistes hippie...
–Esto no es hippie –interrumpió Shikamaru molesto, tirando de su camiseta, en la que estaba dibujado el símbolo de la paz.
–Claro que sí –asintió Temari–. Fumas porros, eres pacifista...
–No tiene nada que ver. No soy hippie.
–Además de hippie, cabezota –dijo ella para sí misma.
–Oye, no te he dejado quedarte aquí para que me hagas esto.
–No te estoy haciendo nada.
–Qué problemática eres...
En ese momento llamaron a la puerta.
–Shika, soy Kiba. Han llegado Sasuke y Sakura con noticias importantes.
–Ahora voy –contestó para, después, susurrarle a Temari–. Quédate aquí y no des problemas.
–¿Ese Sasuke es quien ha estado con Naruto, no? ¿Dónde está? –preguntó acercándose a él.
–Ahora vengo y te lo cuento todo, ¿vale? Buff... qué problemáticos sois todos –murmuró el chico antes de salir por la puerta.
Pero Temari no iba a quedarse de brazos cruzados. Pegó la oreja a la puerta hasta que no oyó más ruido que el que provenía de la sala de abajo, ya que la habitación de Shikamaru estaba en el piso de arriba. Salió del cuarto sigilosamente y buscó con la mirada las escaleras. En cuanto las divisó se encaminó hacia ellas pero un ruido de pasos que subían la sobresaltó y se metió en la habitación más próxima.
–Ino, quiero dormir –susurró alguien a sus espaldas, revolviéndose entre las sábanas de su cama.
Temari se volvió bruscamente divisando una cabellera negra entre un montón arrugado de sábanas y mantas. Se acercó un poco a ver quién era aquella persona.
–¿No te vas? –susurró sin volverse el bulto.
–Sí... –contestó ella.
–Buenas noshes...
Temari salió de la habitación sin hacer ruido. Observó el pasillo durante un instante y volvió a las escaleras.
–Lo que nos faltaba –oyó que decía Shikamaru.
–¿Pero cómo...?
–Moegi –la interrumpió Kakashi–, llama a ese amiguito tuyo y de Konohamaru y dile que busque todo lo que pueda sobre Orochimaru.
La chica asintió, sacó el móvil del bolsillo y llamó.
–Bien. Repasemos –susurró Kakashi–. Naruto está en la cárcel por el asesinato de Orochimaru cuando eso es totalmente imposible, por lo que deducimos que le tendieron una emboscada. Habrá que contactar con sus amigos para saber qué enemigos tenía. Y tú fuiste detenido por "insinuar" que eres su cómplice, ¿no? –preguntó a Sasuke. Éste asintió con la cabeza–. Bien, pues encontremos a los que han montado todo este lío. Ah, y Sasuke –dijo cuando todos comenzaron a dispersarse–, ha venido un compañero tuyo de la gasolinera para ver qué te pasaba, le he dicho que estás con gripe.
–Bien –asintió el moreno.
Temari fue rápidamente a la habitación de Shikamaru, antes de que alguien la pillase, y se quedó unos minutos en silencio esperando a que el chico llegase. Cuando entró se abalanzó sobre él para contarle lo que se le había ocurrido.
–Tranquilízate, ¿quieres?
–Vale. Ha estado toda la semana con vosotros, ¿verdad?
–Menos el viernes que fue con Sasuke a no sé dónde. Sasuke dice que ese día estuvo con él y hay testigos que lo prueban. Pero...
–Vale. Escucha. Ese Orochimaru es una puta rata comunista. Naruto y él nunca se han conocido pero sé que Orochimaru tenía algo en contra suyo por darle una paliza a un tío llamado Kimimaro, que era muy amigo de la rata, o algo por el estilo. Ese tío tiene mucho poder e influencias, es muy probable que haya puesto pruebas falsas –contó la rubia hablando rápido y gesticulando exageradamente.
–Vale, nos has estado espiando.
–¡Pues claro! No me iba a quedar de brazos cruzados. Y ya no hace falta que habléis con nadie porque todos os dirán lo mismo. Además, me voy a ver a Naruto. ¿Dónde está?
…
–¡Naruto!
–Hola, Temari, ¿qué haces aquí?
–Shikamaru me dijo donde estabas, así que he venido. Pero no me voy a quedar mucho porque viene Gaara, y me la va a contar –dijo la muchacha con cara de fastidio.
–¿Shikamaru? ¿Y cómo está Gaara? –preguntó Naruto preocupado–. Me han dicho que ayer fuisteis a la okupa.
–Sí –asintió ella–. Gaara estaba fuera de sí, y tuvimos que hacerlo. No pensé que pudiese llegar a ponerse así por nadie.
Naruto la miró compasivo, sentado en un rincón de la celda. Él tampoco habría esperado nunca que Gaara se pusiese tan mal, según Temari, y menos por él.
–¿Has estado bien?
–Sí, no te preocupes –le contestó el chico sonriendo. Temari lo miraba preocupada–. Temari, ellos no son lo que creemos, en serio. Me trataron como si fuese uno más. Deberías conocerles a todos ellos... Son geniales.
–Hay algo más, ¿verdad?
–N...no... ¿Por qué lo dices?
–Porque no sabes mentir. ¡Naruto, dimelo! –exigió Temari.
–No hay nada que decir. Simplemente son buenas personas –aseguró intranquilo.
–No me lo creo. Has pasado la semana entera con Uchiha.
–No tiene que ver. No hay nada más, de verdad –mintió Naruto con nerviosismo.
–Bueno, lo que tú digas. Escucha, estoy dispuesta a hacerme "amiga" de los anarquistas con tal de sacarte de aquí, ¿vale? Así que haré todo lo posible para ayudar –le aseguró–. Y ahora me voy porque no quiero ver a Gaara. Cuídate, ¿vale?
–Vale. Adiós.
…
Ya de noche, Sasuke se encontraba en la calle, sentado en las escaleras de un teatro. Sabía que era tarde, y que todos estaban preocupados por él, ya que no paraban de llamar a su teléfono, pero no le apetecía volver solo. Había estado yendo de un lado para otro durante todo aquel día sólo para enterarse de que Orochimaru, si seguía vivo, era un proxeneta supuestamente comunista que traficaba con mujeres africanas y sudamericanas, pero nunca lo había cogido la policía por falta de pruebas. Tenía muchos contactos.
Había quitado el sonido al móvil para que no le molestase, pero no lo había apagado por si llamaba algún número oculto o desconocido. Y en efecto, Sakura llamó con número oculto, pero en cuanto oyó su voz le colgó. Después hubo varias llamadas más antes de que llegase la que esperaba. Había comenzado a llover por lo que se levantó y comenzó a caminar mientras contestaba con voz aparentemente tranquila.
–Buenas noches, Sasuke –dijo una voz de hombre que no conocía, al otro lado de la línea–. Me llamo Kabuto, y soy ayudante del señor Orochimaru.
–¿Qué...? Esa rata sigue viva, ¿verdad? –preguntó Sasuke parándose en seco.
–Muy inteligente –susurró Kabuto–. En efecto, Orochimaru está vivo, y te quiere a ti.
Sasuke se quedó en silencio pensando en lo que acaba de oír. Después de un instante dijo:
–Es un broma, ¿no? No conozco a Orochimaru. ¿Qué es lo que quiere de mí exactamente?
–Lo sabrás más adelante. Escucha con atención porque sólo lo diré una vez –dijo en voz alta y clara–. Si quieres que Uzumaki Naruto salga de la cárcel antes del juicio que habrá dentro de una semana tendrás que obedecer y hacer todo lo que yo o el señor Orochimaru te digamos, ¿entendido?
–... Sí... –musitó después de un rato.
–Bien. Reúnete conmigo mañana a las 7:00 de la mañana en el bar Rockas, en la calle Mayor(1), ¿sabes dónde es?
–Sí.
–Bien, entonces lo hablaremos todo mañana. No intentes nada raro, Uchiha –dijo para, acto seguido, colgar.
–Hijos de puta... –murmuró Sasuke antes de reanudar su camino.
Al llegar a la okupa no dio explicaciones de dónde había estado ni lo que había hecho. Konohamaru le dijo lo que Udon había averiguado sobre Orochimaru, que no era mucho más de lo que él ya sabía, y se fue a dormir, aunque no durmió.
Estuvo toda la noche pensando en lo que podría hacer. A saber qué le diría ese tal Kabuto. Supuso que él ya sabría como era, por lo tanto no tendría problema en reconocerlo. Pero había decidido: estaba dispuesto a ir hasta el fin del mundo y más allá por Naruto.
…
Se levantó de la cama a las seis de la mañana, se duchó, vistió y desayunó una tableta de chocolate, que era lo más decente que encontró en toda la cocina, la cual estaba medio destrozada, al igual que toda la casa, por la pelea de hacía dos días. Ya era martes y Naruto llevaba un día encerrado. Sólo de pensarlo le entraron terribles ganas de matar a alguien. Lo que más le molestaba era no saber la razón por la que estaba encerrado. Empezaba a pensar que conspiraban contra él, porque cada vez que era medianamente feliz había algo o alguien que lo estropeaba.
Se pasó 20 minutos recogiendo su habitación, aunque no hiciese falta y salió de la casa 10 minutos antes de lo que debía.
Cuando llegó al bar pidió cerveza y se quedó sentado en la barra. En el local había otras dos personas. Un tipo con pinta de empresario y un hombre más joven que parecía estudiante. A las 6:55 entró en el bar un hombre de pelo gris, con coleta y gafas redondas. Al igual que Kakashi, parecía muy joven para ser cano. Llevaba un periódico en la mano derecha. Se sentó en la barra, bastante alejado de Sasuke, y pidió café. A las 7:00, justo después de acabarse el café se levantó y se sentó al lado de Sasuke. Le tendió un papel disimuladamente en el que ponía: "En el parque de al lado". Después, sin darle tiempo a preguntar, salió del bar.
Sasuke pagó su cerveza y salió apresuradamente detrás de él. Se paró en la puerta del bar y miró a su alrededor con nerviosismo. Al localizar el parque echó a correr hacia él. De poco lo atropellan antes de llegar. Tenía los ojos desorbitados. Buscó con la mirada al hombre de pelo gris y tardó en encontrarlo sentado en un banco un poco alejado, de espaldas a él. Fue hacia allí decidido.
–Hola, Sasuke –dijo el hombre sin volverse, antes de que el moreno llegase hasta él.
Sasuke se paró a un metro del banco. No había duda. Aquel era Kabuto. La misma vez tranquila y misteriosa. Dio varios pasos más hasta colocarse en frente de él. Iba vestido con un vaquero negro y una chaqueta del mismo color, con mangas blancas, a juego con las Converse.
–Tú eres Kabuto, ¿verdad?
El peliplateado asintió sonriendo.
–¿Qué es lo que queréis, tú y esa rata? ¿Qué tiene que ver Naruto en todo esto? –preguntó alterado acercándose peligrosamente a Kabuto.
–Tranquilízate, Sasuke. Si haces lo que te vamos a pedir Naruto saldrá libre esta misma tarde.
–¿Qué tengo que hacer?
–Bien... –sonrió con satisfacción el otro–. Siéntate para que podamos hablar tranquilamente.
–No me toques lo cojones y dímelo –le contestó el moreno molesto.
–Muy bien. El señor Orochimaru y yo queremos que vengas con nosotros a Los Ángeles.
–¿Qué? ¿Y eso por qué? –se alteró.
–Para que nos ayudes y para ayudarte, ¿para qué si no?
–No me tomes el pelo. ¿Cuál es la verdadera razón? ¿Habéis metido a Naruto en la cárcel sólo para chantajearme?
–Exacto, muy listo. El señor Orochimaru quiere que le ayudes a introducir armas y drogas en varios países. A cambio, Naruto estará en libertad y tú podrás cumplir tu deseo: acabar con tu hermano, ya que el señor Orochimaru sabe donde se encuentra.
–¿Qué? –se extrañó. No podía creerse que pudiese, por fin después de tantos años, encontrar a su hemano y acabar con él. ¿Tan sencillo como decir "abandonaré a todos"?– Tantos años... –musitó.
–Pero también hay riesgos –prosiguió Kabuto poniéndose algo más serio–. Si las cosas salen mal podrías morir.
–¿Me ves cara de querer morir? ¿Cuándo?
–Dentro de 3 días partiremos. Encárgate de que nadie sepa nada de este encuentro hasta entonces. El avión sale a las 8:00 am. A las 7:00 iré a recogerte a este sitio –dijo Kabuto tendiéndole un papelito–. A partir de ahora tienes 72 horas para prepararte. El señor Orochimaru te estará muy agradecido. Nos vemos –se despidió levantándose del banco y comenzando a caminar.
–¿Cuándo sale Naruto? –preguntó Sasuke sin volverse a ver a Kabuto.
El hombre se remangó la chaqueta y miró su reloj de pulsera.
–Dentro de 40 minutos.
…
TOC, TOC.
Naruto golpeó un par de veces la puerta de la casa okupa.
–Está abierto... –contestó una voz de mujer desde dentro.
El rubio empujó la puerta, pero para su sorpresa ésta se cayó al suelo con gran estrépito.
–... Hola -pronunció alucinado. Sabía que había habido una pelea allí, pero no pensaba que hubiese sido tan fuerte.
–Hola... ¡Naruto! –exclamó Moegi–. ¿Qué coño haces aquí? Yo creía que estabas...
–Ya he salido.
–¿Y eso?
–Declararon que las pruebas eran falsas o algo así, no estoy muy seguro.
La chica sonrió y corrió hacia él para abrazarlo riendo.
–¡Hay que decírselo a todo el mundo! –exclamó–. ¡Todos están colaborando para sacarte de la cárcel! Aunque claro, como ya estás fuera, pues... ya me entiendes.
–Sí –sonrió Naruto.
Comenzaron a buscar a toda la gente que había en la casa para comunicar la noticia. Los que se iban enterando llamaban por teléfono a los que no estaban en la casa. Al cabo de 5 minutos todo el mundo estaba reunido en el salón medio destrozado.
Sasuke no tardó en aparecer también. Había fingido que no sabía nada del regreso de Naruto, a pesar de que tuviese muchas ganas de verlo, y había esperado a que alguien lo llamara. Sakura no tardó en hacerlo.
–¡Sasuke! –exclamó Naruto al verlo aparecer. Corrió hacia él y lo abrazó.
Sasuke correspondió al abrazo de manera muy posesiva.
–Hola –susurró cerca del oído del rubio.
–Hola –contestó este–. Oye... ¿me sueltas ya? –preguntó después de un tiempo.
–Claro.
En la sala reinaba el silencio. Todos estaban pendientes de las palabras de los dos muchachos. Estos sólo se sonrieron para después insultarse mutuamente.
–Bobo –dijo Sasuke.
–Bastardo –rió Naruto.
…
1.Ese bar existe y en esa misma calle, sólo que en mi ciudad, que es una mierda pero no tenía ganas de inventarme uno.
