Capítulo Siete.

― ¿Recuerdas el trato que hicimos por el yate? Necesito un favor. Y lo necesito ahora―le dije a Rixon, segundos después de atravesar la puerta de su casa.

Me miró un tanto enojado unos segundos, con un cubierto a medio camino de su boca.

― ¿No te enseñaron a tocar antes de entrar? ―preguntó.

Bufé.

―No veo cómo es eso necesario. No seas idiota. ¿Qué pasa con ese favor? ¿Lo harás o no?

Se echó hacia atrás en la silla y me observó de arriba abajo, mientras sopesaba la respuesta que daría.

― ¿Qué pasa si me niego? ―Quiso saber.

―Tendré mi maldito yate de vuelta―rugí.

Maldijo por lo bajo y se puso de pie, acercándose a la ventana y corriendo las cortinas. Se quedó un par de segundos observando el paisaje, y comenzó a silbar una melodía. Estaba poniendo a prueba mi paciencia, el muy maldito. Pero me quedé en silencio, esperando su respuesta. Luego de unos interminables tres minutos, al fin habló.

―Está bien. ¿Qué tengo que hacer? ―Preguntó.

Suspiré, y fui a sentarme en una de las sillas sobrantes en la mesa en la que él estaba minutos atrás.

―Necesito que investigues el paradero de Chauncey Langeais.

Rixon enarcó una ceja, curioso por saber el motivo de ese favor. Él y yo éramos algo así como lo que se consideraba hermanos. Ambos fuimos Arcángeles alguna vez, solo que él cayó del cielo primero que yo. Y caímos por diferentes motivos. Rixon tenía sed de poder, quería ser el líder de la cátedra de los siete. Quería ocupar mi lugar. La cátedra de los siete eran un grupo de arcángeles poderosos que se encargaban de mantener en la tierra todo bajo control. Un control que Rixon había destruido hace más de doscientos años.

― ¿Puedo preguntar por qué? ―pidió.

―No.

Una leve carcajada por su parte.

―Deberías ser un poco más abierto, Patch.

― ¿Así como tú conmigo?

Otra carcajada. Si yo era cerrado, Rixon era una tumba.

―Vale, te haré ese favor. Todo sea por el sexo en yate―dijo.

Sonreí.

―Necesito la información para esta misma tarde. ―le dije.

Asintió.

―Te veré en el Delphic a eso de las 9:30pm.

Y sin más nada que agregar, hice mi camino lejos de allí.

Salí de aquella cueva aún con el sol reflejándose en el horizonte. Estaba atardeciendo. El cielo tenía esa perfecta tonalidad naranja y rosa digna del crepúsculo. Suspiré mientras recordaba aquel día, hace tantos años, cuando caí del cielo…

"―No está permitido enamorarse de una humana, Jev. Eso deberías saberlo―Rugió Rafael, uno de la cátedra de los siete.

Realmente no estaba enamorado de esa chica. Yo solo… necesitaba salir de la rutina unos minutos. Necesitaba sentir… el calor de un cuerpo humano. En el cielo todo era frío, hielo, humedad. Y aunque mi cuerpo no podía sentir, mi alma lo percibía. Esa chica humana era capaz de calentar mi alma. Un alma cruel que se había perdido hace cientos de años.

¿Qué vas a hacer? ―pregunté.

Los otros seis arcángeles restantes se agruparon a mí alrededor, con una llama de furia en su mirada.

Te desterraremos. El líder de los siete no puede dar ese ejemplo al resto de la comunidad angelical. Dile adiós a tus alas, arcángel."

Regresé a la realidad sintiendo la llegada de un nuevo mensaje de texto a mi teléfono celular. Metí la mano en el bolsillo de mis pantalones y extraje el aparato. Casi solté una carcajada al ver el remitente.

Dabria.

¿Dónde estás? Necesito hablar contigo inmediatamente.

Apagué el equipo y volví a guardarlo en mis pantalones. Subí a la moto, la encendí y aceleré en dirección al Delphic. Rixon solía vivir en los túneles, igual que yo, pero luego de unos sutiles enfrentamientos por chicas (sus chicas, y los ruidos que estas hacían en la noche) se mudó a las afueras de la ciudad. Desde ese día supe lo que era dormir con tranquilidad.

Ya había anochecido, y faltaban pocos minutos para que Rixon llegara con la información que le había pedido que me consiguiera. Salí de entre las sombras sigilosamente para que nadie me notara, y entré al salón de videojuegos. Sentí que alguien me observaba, y al instante llevé a mis ojos en esa dirección. Solo logré ver la espalda de un tipo alto, que se alejaba con la capucha de su sudadera puesta.

Le resté importancia al asunto, y fui hacia una de las máquinas para jugar Nosferatu. Era un juego de terror en el que tienes que asesinar un montón de cosas. Era mi favorito. Me arremangué las mangas de la camiseta hasta los codos, y me coloqué mi gorra de béisbol que traiga en el bolsillo del pantalón para que nadie me notara. Así, comencé a jugar mientras esperaba la llegada de Rixon.

Sin embargo, un par de segundos luego de haber comenzado a jugar, sentí su presencia allí. La miré en el mismo momento en que ella me miró, y sonreí.

Nora.

Se puso nerviosa, y aprovechando la oportunidad de que su amiga no me había visto, la arrastró al otro lado de la habitación, donde no podía verla con mucha facilidad.

Volví a sonreír, esta vez para mis adentros. Tonta Nora.

Quise concentrarme de nuevo en el juego, pero al ver que Nora y Vee se acercaban a dos chicos, me detuve. ¿Qué demonios? ¿Una cita doble? Mataría a Vee. Lo haría. O bueno, tal vez no, dado que Nora estaba tan emocionada como una jirafa en un zoológico. Me percaté de nuevo en la presencia de aquel tipo de sudadera con capucha. Tuvo que sentir mi mirada sobre él, porque inmediatamente dijo algo y se retiró. ¿Quién era ese hombre? El otro chico, que era un poco más bajo pero igualmente alto, les entregó unas bebidas. Se tardó más de lo normal en entregarle la bebida a Nora.

Comenzaré a creer que realmente te gusta esa chica habló la voz de Rixon en mi cabeza. Miré a todas partes esperando encontrarlo, pero no lo vi. Y muy puntual, debería agregar Que gracioso. ¿Qué has averiguado, Rixon?

Vaya, vaya, directo al grano. No debería sorprenderme. Muy bien, te lo pondré de esta manera: Si respondes a mi pregunta, te diré todo lo que sé, ¿Te parece?

¿Qué quieres saber?

¿Cuándo pensabas decirme que ibas a convertirte en humano matando a la descendiente de Chauncey?

Me quede sin decirle nada unos segundos. No debería sorprenderme el hecho de que hubiese descubierto todo. Después de todo, había sido yo quien lo mando a investigar en un principio, ¿no?

No pensaba decírtelo, realmente

Está bien. Ahora, bien, prepárate para escuchar lo que barba me ha dicho: No necesariamente tienes que esperar a Jeshván, o hacer que Nora haga el sacrificio voluntariamente, puedes matarla. Solo que luego de matarla, deberás ligar tu sangre con la de ella. Claro, también es factible el sacrificio propio, y es mucho más directo. Pero te lo digo hermano, por si se te complica eso del enamoramiento (Si, ya sé que tienes que enamorarla). Ahora, lo más importante de todo: Chauncey sabe lo que está sucediendo. Se ha corrido el rumor de que quieres ser humano. Casi todos los ángeles caídos lo saben ya. Así que… ha venido a Coldwater para ahorrarte el trabajo. Y liberarse del juramento de lealtad. Va tras Nora, amigo mío.

Inmediatamente busqué con la mirada al tipo con capucha. ¿Sería posible que…? No, lo sabría.

Gracias, Rixon

Todo sea por el…

Sexo salvaje y fácil en el yate. Ya, lo sé

Y allí mi conversación se vio interrumpida.

―Oye, Nora, ¿no es ese Patch? ―Dijo Vee.

Se encontraban en la mesa de Hockey, a pesar de ello, podía escucharlos con claridad. Tenía mis sentidos aturdidos y agudizados.

―Jmmm―Dijo Nora, como tratando de evitar el tema.

Miré a Vee, y esta me devolvió la mirada por unos segundos, antes de concentrarse de nuevo en su amiga.

Me señaló.

― Allí, Ese es él, ¿cierto?

―Lo dudo―seguía tratando de evitarme. ―Elliot y yo seremos el equipo blanco.

―Patch es el compañero de biología de Nora―Continuó diciendo Vee, a pesar de las súplicas silenciosas de Nora de que se callara. Sonreí, y continué estudiando a Nora, y escuchando.

―Él sigue mirando para acá―Vee dijo bajando la voz. Ella se reclinó contra la mesa del fútbol, intentando que su conversación pareciera privada, pero ella susurró tan alto, que era absurdo no escuchar ―Se está preguntando qué haces aquí con…―Vee balanceó su cabeza hacia Elliot.

Nora cerró los ojos, y tuve que contener una carcajada. Estaba ruborizada. Me encantaba verla así. Me sentía… ¿Humano?

―Patch ha dejado bien claro que quiere ser para Nora algo más que compañero de biología― continuó Vee ―Y nadie puede culparlo.

― ¿Es cierto eso? ―Dijo Elliot, mirando a Nora de una manera que decía que no estaba sorprendido. Que él ya lo sospechaba. Se acercó más a Nora, y tuve que apretar los puños para no destrozar su mente en cuestión de segundos.

―No es eso―Quiso corregir Nora. ―Es…

―Peor que eso―Vee continuaba con su drama que amenazaba con partirme de risa―Nora sospecha que él la está siguiendo. La policía está a punto de intervenir.

Me quedé paralizado. ¿Qué…?

― ¿Por qué no jugamos? ―Preguntó Nora en voz alta y tiró la bola al centro de la mesa, pero nadie lo notó.

― ¿Quieres que hable con él? ―Le preguntó Elliot. Claro, ven a hablar conmigo, imbécil. Veamos cómo termina todo esto. ―Le explicaré que no estamos buscando problemas. Le diré que estas aquí conmigo y que si tiene algún problema lo puede discutir conmigo.

Eso estaba hecho. Incluso estuve a punto de ser yo quien se acercara a su mesa, y alejarlo de Nora, pero ella cambió el tema.

― ¿Qué le pasó a Jules? ―Dijo. ―Se ha ido por mucho tiempo.

―Sí, quizá se cayó en el inodoro―dijo Vee, pareciendo decepcionada.

―Déjame hablar con Patch―dijo Elliot.

Oh, claro, ven a hablar con Patch deseé.

Nora se veía dubitativa, como si sintiera el peligro que correría ese chico si se atrevía siquiera a mirarme.

―Él no me asusta―dijo Elliot. Pues ya tendría tiempo de asustarte.

―Mala idea.

―Gran idea―dijo Vee, haciendo eco de mis pensamientos. ―De otra manera, Patch podría volverse violento ¿Recuerdas la última vez?

¿La última vez?

―Sin ofender, pero este chico suena como un arrastrado―dijo Elliot―Dame dos minutos con él―Él comenzó a caminar.

Flexioné mis dedos y me preparé para darle la paliza de su vida. ¿Arrastrado, yo? Hijo de puta.

―No―Dijo Nora, agarrándolo por la manga para detenerlo. Maldita sea, Nora, déjalo que venga. ―Él, eh, podría ponerse otra vez violento. Déjame lidiar con esto. ―Fulminó a Vee con la mirada.

Bueno, pensándolo mejor, sí, que viniera Nora.

― ¿Estás segura? ―Dijo Elliot ―Estaría muy feliz de hacerlo.

Yo estaría feliz de partirte los dientes.

―Creo que es mejor si se lo digo yo.

Nora estaba completamente nerviosa. Frotó sus manos en sus jeans varias veces, tratando de controlarse. Regresé mi atención al juego por una fracción de segundos, para no entretenerme demasiado con sus piernas. Presioné los botones con demasiada fuerza mientras alejaba de mi mente los pensamientos calientes, cosa que no me resultaba fácil mientras sentía la mirada de ella por todo mi cuerpo.

Cuando llegó a mi consola, la golpeó por el lado para llamar mi atención. Cuando la miré, dije: ― ¿Pac-Man? ¿O es Donkey Kong?

Una lenta sonrisa se expandió en mi rostro.

―Béisbol. ¿Crees que puedas pararte tras de mí y darme un par de instrucciones?

Bombas explotaron en la pantalla y cuerpos gritando navegaron en el aire.

― ¿Cuál es su nombre? ―Pregunté, señalando con la cabeza casi imperceptiblemente hacia la mesa de fútbol. Como si no lo supiera ya.

―Elliot. Mira, debo hacer esto rápido. Me están esperando…

―Lo he visto antes―dije, recordando de pronto el juego de béisbol en la escuela. La primera vez que le hablé a Nora en su mente.

―Él es nuevo. Se acaba de transferir.

―Primera semana en la escuela y ya hizo amigos. Que suerte tiene―La miré con doble intención. ―Podría tener un lado tenebroso y peligroso del cual no conocemos.

―Parece ser mi especialidad.

Se quedó en silencio, esperando a que replicara por su indirecta. Se la dejé pasar.

― ¿Quieres jugar? ―Incliné mi cabeza hacia más allá de los videojuegos. Hacia la multitud en dónde solo podía ver mesas de billar.

―Nora―Gritó Vee, interrumpiendo. Maldita Vee. ―Ven aquí. Elliot me está ganando.

―No puedo―Me dijo.

―Si yo gano―Continué, como si no hubiese escuchado a Vee, y sin tener intenciones de alejarme de ella. ―Le dirás a Elliot que pasó algo. Le dirás que ya no estarás libre esta noche.

― ¿Y si yo gano?

La observé de la cabeza a los pies. Sonreí. Era fácil que esta chica me gustara.

―No creo que debamos preocuparnos por eso.

Golpeó mi brazo, y sentí chispas eléctricas quemar allí donde había tocado. Mierda.

―Cuidado―dije en voz baja. ―Ellos podrían creer que estamos flirteando.

Y eso era justamente lo que estábamos haciendo. Una parte de mí analizaba las palabras que Rixon había dicho hace unos momentos. Podía matar a Nora, podía hacerlo ahora mismo y obtener lo que deseaba. Pero estaba comenzando a necesitar algo… algo que solo tenía ella.

―Una mesa de billar―la tenté.

―Estoy aquí con otra persona.

―Ve hacia los billares, yo me encargo de lo demás.

Se cruzó de brazos, esperando lucir severa y un poco exasperada, pero luego se mordió el labio, y supe que estaba sopesando mi propuesta.

― ¿Qué vas a hacer, pelear con Elliot?

Podría ser una opción.

―Si tengo que hacerlo… Se acaba de vaciar una mesa. Ve y ocúpala.

Si es que te atreves hablé en su mente.

Se puso rígida.

― ¿Cómo haces eso? ―preguntó, nerviosa.

Me burlé internamente, observando su miedo y disfrutando de ello.

― ¿Cómo haces eso? ―Repitió.

Sonreí maliciosamente.

― ¿Hacer qué?

―No hagas eso―Me advirtió―No finjas que no lo estás haciendo.

Recliné un hombro contra la consola y bajé la vista hacia ella.

―Dime qué es lo que se supone que estoy haciendo.

―Mis pensamientos.

― ¿Qué pasa con ellos?

―Ya basta, Patch.

Observé todos lados de una manera teatral, como si tratara de hacerle una pregunta demasiado personal.

―No dirás que estoy hablándole a tu mente ¿cierto? ¿Sabes lo loco que suena eso?

Tragando, dijo intentando aparentar calma: ―Tú me asustas y no estoy segura de que seas bueno para mí.

―Yo podría hacerte cambiar de opinión.

Y vaya que seré bueno contigo.

―Nooooora―Se escuchó la voz de Vee llamar sobre todas las voces y los sonidos electrónicos.

―Encuéntrame en el arcángel―le dije.

Se alejó un paso.

―No.

Me acerqué por detrás y le susurré al oído: ―Te estaré esperando.

Luego salí de los videojuegos.