Rutina
Tenten
Lanzó el kunai una vez más, contemplando con sumo detalle los giros que hacía y los brillos que despedía el metal, lo atrapó en su caída justo al momento preciso antes de que la punta tocara su rostro para lanzarlo una vez más. Ya llevaba rato haciendo exactamente el mismo procedimiento, recostada sobre la baranda mirando el cielo del atardecer.
Aburrida de la rutina que se había auto impuesto se incorporó sin bajarse de su sitio para luego arrojar su arma al interior de la habitación, cayendo esta limpiamente a un costado de la mochila que tenía ya lista para el día siguiente.
Soltó un suspiro de resignación.
De un tiempo a la fecha salir de misión ya no le causaba tanta emoción como cuando era Genin, de hecho, ya le parecían eternas las horas que estaba fuera de la aldea y ni hablar de cuando les asignaban misiones de días, como la que le aguarda a menos de veinticuatro horas, casi dos meses, o más, dependiendo de cómo marcharan las cosas.
Ya tenía todo listo, pero al no tener otra cosa que hacer, volvió a revisar su equipaje. El pergamino de armas estaba completo, un par de mudas, bolsa de dormir, tienda de campaña… algo llamó su atención, era un cuadernillo verde que se notaba llevaba ya algo de tiempo oculto en los dobleces de la lona, debía tener años ahí, eso porque casi nunca llevaba la carpa, en palabras de su maestro: "Dormir al aire libre aviva la llama de la juventud y el sentido de aventura".
Sí, era verdad no se lo podía negar, por las noches lejos de cualquier aldea las estrellas se veían mejor y cada sonido desataba todo una serie de ocurrencias dentro de sus jóvenes mentes, al menos en la de ella, y según le había dicho Lee, en la suya también… pero el otro nunca dijo nada al respecto, difícilmente se enteraba de lo que acontecía en la cabeza del genio.
Aunque también, tenía más que claro que el frío calaba los huesos, limitaba la privacidad de ella como chica, además, despertar los tres llenos de tierra, hojas, piquetes de mosquito que a la larga se volvían insoportables.
Ya sabía lo que era el cuaderno; un diario, en realidad un cuaderno ordinario que cumplía esa función sin cerrojo ni candado, ningún método de seguridad, lo había tenido aún con la prohibición de llevar fuera de la aldea cualquier tipo de registro escrito por un ninja, y su cómplice había sido quien se lo regaló apenas se hubo terminado el rosa que tenía: verde… definitivamente aquél hombre estaba obsesionado con ese color.
Lo abrió con la curiosidad de recordar qué había escrito exactamente, pero apenas quiso comenzar la primera página su expresión cambió a una de sorpresa, todo estaba escrito en una especie de código ilustrado.
Observó con cuidado cada dibujo y su mente comenzó a hacer memoria, no se parecía a la clave ninja de la hoja, o al estilo "bestia verde", ni mucho menos al que impuso el genio Hyūga como oficial del equipo. Era totalmente diferente, infantil por el trazo, pero no podía entender lo que decía, si trataba de leer como representaciones se formaban frases sin sentido, frases que ella, por mucha influencia que el par de las mallas verdes le hubieran aplicado, no escribiría.
Se levantó del suelo, se dirigió a su escritorio, encendió la lámpara, sacó un par de hojas de uno de los cajones junto con un lápiz y se decidió a descifrarlo; un cuaderno le estaba poniendo un desafío y ella nunca rechazaba uno, menos el de un cuaderno que parecía burlarse porque lo había escrito una niña de doce años.
La noche ya había cubierto toda la aldea desde hacía varias horas, las calles tranquilas dejaban escuchar solo algún ladrido de perro, despiertos no estaban más que los encargados de la guardia, alguno que otro alcoholizado callejero, y por supuesto la maestra de armas, que se debatía en un tortuoso duelo contra un cuaderno, que le iba ganando.
El piso de su habitación se encontraba lleno de hojas arrugadas, tiradas sin piedad. Sobre el escritorio y tras una pila de libros sobre cómo descifrar códigos se asomaba la coronilla castaña, la chica, con el ceño fruncido haciendo notoria su creciente frustración, la mirada fija en el cuaderno, las manos enlazadas bajo el mentón y el lápiz en la boca. Resopló indignada ¿Cómo era posible que no pudiera resolver algo que ella misma hizo?
Ya estaba cansada, los ojos le ardían, así que decidió acostarse un rato, necesitaba quitarse toda esa tensión para pensar con calma. Su cama estaba justo detrás, así que no le costó ningún trabajo llegar hasta ella y dejarse caer.
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El sol se asomaba nuevamente, entrando de lleno por la ventana abierta de la kunoichi, sus rayos empeñados en molestar daban directo a sus ojos cerrados, ella por respuesta se giró para quedar boca abajo pero justo cuando creía haberse librado de quien interrumpía su plácido sueño, el infame despertador comenzó a exigir que se levantara. Molesta por el complot en contra de su descanso se incorporó, llevaba la misma ropa que el día anterior, hizo memoria: el diario…
Se acercó al escritorio aún medio dormida y miró la primera página, no pudo evitar el sonreír, había recordado una canción tonta que había inventado su maestro con ayuda de su fiel discípulo, y con la que los otros dos miembros del equipo fueron torturados durante su primera misión fuera de la aldea: "Cuatro gatitos ninjas… seguían el camino… no se perdían… tenían…" ¿Tenían qué? ¡Ah! ¡Canción tonta! Tantas veces la había oído y ya no se acordaba, sonrió más ampliamente, el siguiente dibujo era una rana ¡Así había llamado un niño a su efusivo compañero!
Siguió recorriendo las páginas, comprendió entonces que los dibujos no formaban ningún tipo de código complicado, era simplemente un diario ilustrado ¡¿Cómo se le había podido olvidar algo tan simple?!
Poco a poco, recuerdos en los que no había reparado en años llegaron a su mente, algunos divertidos como los gatos y la rana, otros poco menos agradables como los primeros exámenes Chūnin y la derrota de los tres, cuando casi pierde a uno de sus compañeros o la invasión a la aldea por parte del sannin traidor y los de la arena, la partida del Uchiha, la marcha del rubio hiperactivo… todo estaba ahí, llegó a la última página… él último registro señalaba su aceptación como discípula de su kunoichi ídolo de siempre: la legendaria Tsunade.
Cerró el cuaderno totalmente satisfecha, otro duelo que ganaba, se disponía a dejar aquél cuaderno en el librero y recoger el desorden que había hecho, pero notó algo más; las pastas tenían una abertura en el lomo, lo examinó, no era una abertura que el tiempo pudiera causar era una de kunai, así que revisó con cuidado, bajo el forro encontró un papel doblado lo sacó y extendió, era una nota para ella ¿De ella misma?
La leyó y sonrió tristemente, eso era lo que pasaba, por eso ya no le daba gusto salir de misión. Se secó los ojos que amenazaban con soltar alguna lágrima y se fue a bañar dejando todo en el perfecto desorden que estaba.
Ya para el nuevo atardecer, el equipo "de la llama de la juventud" se reunía en la puerta principal, solo faltaba el miembro femenino que de hecho se acercaba corriendo con una mochila pequeña a la espalda y su fiel pergamino, pero sobre todo con una radiante sonrisa, de aquellas con las que no se le había visto en mucho tiempo.
Ella los saludó con la efusividad propia de la bestia verde para luego retarlos a una carrera. La confusión de los tres fue momentánea, porque salieron detrás ella casi al instante.
Inmediatamente le hicieron la observación de que no llevaba la tienda de campaña, ella aludió que dormir al aire libre era más hermoso. Uno de ellos, un poco temeroso preguntó la causa de tanta felicidad.
—Recibí una nota. — fue su respuesta, previendo que le preguntarían el remitente continuó: —De una niña que hacía tiempo no veía, se dio cuenta que me estaba volviendo un ninja frío y sin espíritu, así que me dijo que nunca permitiera que lo urgente le ganara a lo importante.
Comentarios y aclaraciones:
Quizás algunas (algunos, también, por si hay chicos, pero quienes dejan reviews son chicas así que algunas) quedaron decepcionados porque querían a Tenten en una espectacular batalla usando todas y cada una de las armas de su pergamino, pero creo que la lucha contra la presión del entorno es la lucha más importante, ella ya estaba cayendo, perdiendo el interés en lo que una vez fue importante para ella porque era su sueño, pero gracias a si misma (en el estricto sentido de la expresión) logró salir.
¡Gracias por leer!
