Bergine
- ¡Vamos vamos! ¡levanta más ese brazo Kale! ¡tienes que anticiparte a sus movimientos! ¿no ves que iba a golpearte en la cara? – Nappa iba dando vueltas a nuestro alrededor caminando a paso rápido, mientras nos daba instrucciones sobre cómo combatir mejor - ¡hasta que no vea resultados productivos ninguna va a salir de aquí, os lo aseguro!
Cada vez me costaba más respirar. El calor que hacía en la sala de entrenamiento era insoportable, y menos mal que ahora estábamos tan solo seis chicas, porque en el turno anterior habían sido casi el doble.
La verdad es que no se me daba mal esto de combatir. Estaba poniendo en serios apuros a Kale, que jadeaba de cansancio. Se agachó e hizo un barrido en el suelo con la pierna que pude esquivar fácilmente apoyándome en sus hombros. Gracias a Dios, ella tampoco había aprendido a volar todavía y eso nos situaba en las mismas condiciones.
- ¡Muy bien muchachas! ¡hemos acabado por hoy! – ordenó Nappa dando dos palmadas - ¡mañana a la misma hora os quiero aquí… y puntuales por favor…! – dijo arqueando una ceja mientras me miraba. Yo levanté la cabeza desafiante y le aguanté la mirada - ¡ahora quiero que hagáis cinco minutos de estiramientos antes de que os vayáis! ¡vamos!
- ¡Buff! ¡estaba agotada! ¡en cuanto saliese de allí lo primero que iba a hacer seria darme un largo baño bien relajante!.
Me sujeté la clavícula y comencé haciendo círculos con el brazo rotando el hombro para desentumecer los músculos. Repetí lo mismo con el otro y continué con la cintura. No llevaba entrenando ni tres días seguidos y ya estaba medio muerta de cansancio. Lo bueno era que por las noches caía rendida en la cama, cosa que agradecía porque normalmente me costaba bastante conciliar el sueño.
Vi que Nappa cogía una de las toallas que había en una cesta y se la echaba por los hombros, antes de dirigirse hacia la salida para hablar con un hombre que se encontraba apoyado en el marco de la puerta, secundado por otros dos Saiyans.
No tuve que mirarle dos veces para saber de quien se trataba.
Allí estaba… tan magnifico como siempre, serio e imponente. Se me paró el corazón durante unos segundos mientras le contemplaba. No llevaba el típico atuendo habitual, sino otro bastante diferente que utilizaba para entrenar. De hecho, parecía recién salido de una batalla, tenía la armadura de tirantes rota por un lateral, no llevaba ninguna camiseta debajo, y una de las perneras del pantalón estaba destrozada de rodilla para abajo.
Se me secó la boca. El rey Vegeta era un hombre espectacular, y verle en ese estado le hacía parecer más varonil aun. Aquellos músculos combinados con esa tez ligeramente bronceada… ¡creía morir simplemente por tenerle cerca!
- "¡Maldita sea Bergine! ¡no puedes dejar que vea que su sola presencia te pone nerviosa! ¡pasemos al siguiente plan! ¡tienes que hacer que sea ÉL quien que se fije en ti, que te desee con todas las fuerzas de su alma!. Vamos a hacer que estos estiramientos sean más… interesantes…"
Separé las piernas formando un triángulo y poco a poco me iba inclinando hacia delante con los brazos estirados como queriendo alcanzar un punto infinito. Me quité la armadura quedándome solo con una pequeña camiseta negra ceñida que llevaba debajo.
- "Veamos Su Real Majestad… si sois capaz de resistiros a esto"
Rey Vegeta
Oí que Nappa me estaba diciendo algo pero casi no le estaba prestando atención. Esa mocosa de ojos avellana acaparaba toda mi atención en esos momentos. La vi inclinarse hacia delante, mientras hacía estiramientos, sensual y sugerente como un felino desperezándose. No podía apartar la mirada de ella. Pequeñas gotas de sudor le bajaban por el cuello, y todo su cuerpo se arqueaba lenta y provocativamente. La imaginé haciendo esos mismos movimientos, en mi cama, mientras gemía de placer debajo de mí, mientras yo… ¿Pero qué demonios…? Agité la cabeza para espantar esos malditos pensamientos que cada vez se volvían más y más reales en mi mente.
- Majestad… ¿me estáis escuchando?
Nappa me pilló totalmente desprevenido y no pude evitar sonrojarme. No sé qué rayos me estaba diciendo de la venta de un planeta… la cuestión es que en ese momento me importaba más bien poco. Hice un gesto con la mano y le dije que ya hablaríamos más tarde en mis aposentos.
- "En cuanto me dé una ducha… bien fría" - pensé con un resoplido pasándome la mano por la cara. Como siguiese así, iba a terminar volviéndome loco. No podía dejar pasar otros asuntos más importantes por estar pensando en una cría… una cría que por si fuera poco era dama de mi esposa…
¡La reina! Otro asunto que también me quitaba el sueño… gracias a Dios mi entrenamiento era cada día más fructífero, aunque todavía estaba a años luz de superar a ese malnacido de Freezer.
¡Un hijo, maldita sea, era lo que necesitaba! Un heredero tan poderoso que venciese a todos los que intentasen desafiar a nuestra raza. Un guerrero perfecto, un futuro rey que infundiese temor y respeto con solo oír su nombre. Yo no iba a vivir para siempre, cada batalla en la que participaba era un riesgo para el reino. No podían derrotarme sin antes haber conseguido un príncipe para mi pueblo. Pero eso no lo iba a lograr con la inútil de Shargot… tengo que tomar cartas en el asunto rápidamente.
Nappa
La tensión era palpable en el ambiente, tanto… que el aire casi se podía cortar con un cuchillo. Tanto el rey como la reina cenaban despacio y en silencio, ignorándose, bajo la atenta mirada de sus damas y el Ayuda de Cámara por si algo se les ofrecía.
Éste último comenzó a servir el segundo plato en cuanto yo le di la orden. Carne roja con cebolla caramelizada y salteado de verduras acompañado de un vino rosado.
La verdad es que uno de los últimos cocineros que había empezado a trabajar hacía poco, era todo un genio del arte culinario. Parecía que cada día que pasaba lo hacía mejor. A los Saiyans nos encanta comer, debido a que gastamos muchísima energía combatiendo, y aunque no somos muy especiales con la comida, es de agradecer cuando un plato bien preparado se sale de lo habitual.
Mientras tanto, tres de las damas de la reina permanecían de pie, en silencio, en una zona apartada de la habitación, observando con recato como comían sus Majestades. La cara de aquella chica de pelo corto… ¿Kale se llamaba? Era un poema, y casi pude apreciar la manera en que se relamía al ver los deliciosos manjares que había en la mesa.
A su lado estaba ¡cómo no! su amiguita inseparable… esa muchacha impertinente, Bergine, muy regia, con cara de no haber roto nunca un plato. ¡Descarada! Cruzó la mirada una sola vez con la del rey durante toda la comida, mientras él mantenía la vista fija en ella, durante unos segundos más, el tiempo suficiente para que bajase los ojos ruborizándose coquetamente. ¡Estoy seguro que ese rubor estaba ensayado por Dios! ¡era tan claramente obvio el flirteo entre ambos…! ¿o acaso yo me estaba volviendo paranoico por el simple hecho de que la mocosa fuese una insolente?
Prefiero no pensar en esas cosas… ya no entran dentro de mis competencias como hombre de confianza del rey…. ¿o sí? Él me había dicho directamente que estaba interesado en la chica.
- Majestad… - dijo la Reina rompiendo el hielo por primera vez en toda la velada - ¿ha sido satisfactoria la conquista del planeta que inició el escuadrón número diecinueve hace tres días? Me habían informado que calculaban que estaría listo para ser vendido hoy…
- Así es – respondió el Rey secamente sin dar ningún tipo de explicación más
- ¿Y cómo van las negociaciones con Lord Freezer, si se me permite preguntar..?
La voz de Shargot era serena y respetuosa, pero eso no impidió que Vegeta se levantase bruscamente de la mesa al oír el nombre del tirano. "Ese" era uno de los temas principales que le hacían alterarse la mayor parte de las veces.
- ¡Eso no os incumbe!¡ya estoy más que harto! – vociferó arrojando la servilleta de tela de mala manera sobre la mesa - ¡mejor os dedicabais a vuestros asuntos y me dejabais en paz mujer!
Salió de la estancia como un basilisco y contuvimos la respiración hasta que dejamos de oír sus pasos resonando por el pasillo. La Reina estaba pálida pero se mantuvo impasible dando muestras de una compostura sobrehumana.
A una de las damas le entró el hipo del susto, pero observé que Bergine bajaba la cabeza disimulando una sonrisa victoriosa que a duras penas conseguía ocultar.
Turles
Apuré la copa lo más rápido que pude, y puse el dinero sobre la barra para pagar lo que había bebido durante la noche. Vaya deprimente… había oscurecido hace ya varias horas y éramos cuatro gatos en toda la taberna… vale que era una de las mejores de la zona, y no todo el mundo podía permitirse pagar aquellos precios. Para ir a beber a cualquier tugurio mejor me quedaba en mis aposentos, con una buena hembra para divertirme un rato.
Y hablando de hembras de buen ver, vi que una muchacha se ponía a mi lado en la barra, mientras le pedía al mesero el mejor vino que tenía en el bar.
- ¡Bergine! – exclamé al darme cuenta de quién era aquella mujer - ¿cómo tú por aquí?
- Buenas noches Turles – contestó ella con esa sonrisa preciosa que tenía – acabo de terminar de cenar, hoy es mi noche libre…. Y ya ves… aquí estoy, sin nada mejor que hacer – se echó el pelo hacia atrás e hizo un mohín que le hacía verse adorable.
- ¿Me permites que te acompañe? – le pregunté sacando mis dotes de seductor nato.
Me senté en el taburete antes de que ella pudiese responder y pedí otra copa más… la tercera de la noche y a lo mejor no la última.
- Y bueno… cuéntame… ¿qué tal te trata la reina? ¿alguna regañina digna de mención? – pregunté mientras me llevaba la copa a los labios – he oído decir que en general es bastante benévola…
- Pues me costó bastante al principio el tener que llevar unos horarios tan disciplinados, y los entrenamientos con Nappa se me hacen duros, pero en general… me estoy adaptando bien a la vida en la Corte.
- Mmmmm… me alegro… se ve que tienes confianza en ti misma... eso es bueno… aquí es lo que se necesita para sobrevivir, aparte de dinero para tener también una buena posición social. Si no… vete despidiéndote de lugares como este y del buen vino, ya que lo único que podrás frecuentar son tabernas de mala muerte, donde, créeme… a una niña como tú, mejor que no se le ocurra entrar.
Con una sonrisa coloqué mi taburete casi pegado al suyo y me incliné un poco sobre ella en modo confidencial.
- Y aquí entre nos, tienes que cuidarte bien de ciertas… personas – susurré en tono misterioso
Ella soltó una carcajada mientras echaba la cabeza hacia atrás confiada
- ¿Personas como tú, te refieres? – dijo con arrogancia arqueando una ceja
- Mmmmmm por ejemplo… - dije guiñándole un ojo - ¡Jajajaja por supuesto que no me refiero a eso mujer! ¡ya estarás harta de que te acosen todos los hombres con los que te cruzas! ¡tranquila querida, que no estoy intentando nada indebido…! Además… ¿qué pinta una preciosidad como tú con alguien como yo? Aunque bueno… aquí donde me ves y a mi temprana edad he sido nombrado hace poco jefe de mi escuadrón – crucé los brazos sobre el pecho henchido de orgullo
- Tendré cuidado con esos "individuos" que dices Turles… tendré los ojos bien abiertos … me ha costado mucho llegar hasta aquí, y no pienso permitir que nadie pretenda pasar por encima de mí ni me menosprecie por no ser como ellos.
- Hablas con mucha pasión... me gusta… no sé por qué pero… pareces de esas personas que siempre aspiran a más… que no se conforman con poco. Yo soy un guerrero de clase baja lo sé, pero me niego a resignarme y quedarme estancado por no haber nacido en cuna de oro.
Bergine pareció quedarse pensativa y no dijo nada. Intuí que ella también era una Saiyan de clase baja pero no quise preguntarle por si se ofendía. Parecía una persona más bien reservada en cuanto a sus cosas personales. Ya habría tiempo de conocerse mejor
- La Corte puede ser un lugar muy superficial, no es como en el resto del planeta donde la gente vive su vida y no la de los demás. Supérate, asciende, conviértete en "alguien"… y no creas cuando te digan que lo más importante, lo necesario para triunfar es la fuerza física, porque no es así… no querida… lo que verdaderamente se necesita aquí es "esto" – aseguró señalándose la cabeza – y en tu caso observo que lo tienes, además de tu belleza, que créeme… otras como tú matarían por tenerla.
- Créeme que lo tendré en cuenta – aseguró ella - … además… si todo sale como espero, muy pronto podrás ver con tus propios ojos… lo que soy capaz de conseguir… - sonrió arrogante con un brillo en la mirada
- ¿En serio? – dije sorprendido – tengo una gran curiosidad por averiguar "qué es" lo que pretendes, pero… tranquila que no te voy a preguntar, todavía no nos conocemos tanto como para que me tengas confianza así que… ¡por el comienzo de una larga y eterna amistad, preciosa! – levanté la copa y la entrechoqué levemente con la suya, mientras el eco del sonido del cristal se extendía por el local, sellando nuestros destinos.
Bergine
Pasaron los días, y poco a poco notaba como con cada entrenamiento mi poder de pelea se incrementaba más y más. No es que me importase mucho, pero sentaba bien el ver que mis compañeras y yo, al principio nos encontrábamos en igualdad de condiciones, y ahora era la única que destacaba por encima del resto.
Incluso en diversos momentos durante el entrenamiento, el odioso de Nappa me felicitaba sinceramente.
- Creo que estoy un poco mareada – me dijo Kale cuando nos dirigíamos a las cocinas para cenar. Se llevó el dorso de la mano a la frente y lanzó un suspiro. Realmente estaba bastante pálida – me parece que tengo algo de fiebre
- ¿Seguro? ¿quieres que te acompañe al doctor? – me ofrecí
- No te preocupes, tengo alguna medicina en mi habitación, si tuviese unas horas para descansar… pero tengo que ir a los aposentos de la reina, hoy soy yo la encargada de atenderla…
La reina… quizás esta sería mi oportunidad de estrechar lazos y ganarme su confianza, ya que cuanto más tiempo pasase cerca de ella (por mucho que lo odiase) también podría acercarme más al rey. Era mi noche libre, y tampoco tenía nada mejor que hacer.
- Si quieres puedo hacer yo este turno por ti Kale, no te preocupes, vete a descansar que te ves mortalmente pálida, cuando termine pasaré por tu habitación para ver si te encuentras mejor, y si estás durmiendo no te despertaré.
- ¿De verdad? ¡muchas gracias Bergine! ¡tú sí que eres una buena amiga! ¡te devolveré el favor y te sustituiré entre otro momento cuando te toque a ti!
Hice un gesto con la mano quitándole importancia y me despedí de la muchacha. Pasé primero por mi habitación para ponerme un vestido más favorecedor que la ropa que llevaba en ese momento, me pinté los labios sutilmente y me oscurecí las pestañas con un ungüento que me había regalado una de las chicas que vivía conmigo en casa de lady Ulima para destacar el color de mis ojos.
Me miré en el espejo una última vez y lancé un beso a mi reflejo. La verdad es que estaba deslumbrante, y también un poco nerviosa, no lo iba a negar.
En cuanto llegué al pasillo del ala oeste del palacio, un guerrero apostado en una de las puertas me acompañó hasta los aposentos de la reina. Cualquier precaución era poca cuando se trataba de proteger a la familia real. Yo no estaba acostumbrada a sentirme observada en todo momento, ni a encontrarme con guardias al doblar cada esquina, era muy agobiante, habituada como estaba a campar a mis anchas cuando vivía con mi familia. Sobre todo durante las noches se reforzaba la vigilancia por si alguien intentaba atentar contra sus majestades, y no era para menos, el rey Vegeta tenía muchos enemigos que clamaban venganza por verse expulsados de sus planetas.
Lancé un suspiro y llamé a la puerta con dos suaves golpes. La voz firme y clara de la reina me invitó a entrar. Se encontraba sentada en una butaca leyendo un libro, con el fuego de la chimenea alumbrando tenuemente la estancia, mientras otra de sus damas de más confianza sacaba brillo a unos candelabros amontonados sobre una mesa, y otra más joven tocaba un instrumento de cuerda que en mi vida había visto, sentada en un cojín a los pies de la reina Shargot. La música era suave y triste, y no sé por qué en ese momento sentí nostalgia de mi hogar. Aunque no quisiera reconocerlo, eran muchos los momentos en los que echaba de menos a mi madre y a mi hermana.
La reina me indicó que podía dedicarme a mis tareas, las cuales gracias a Dios esta noche solo consistían en arreglar la ropa de cama y ordenar la ropa de unos baúles y los armarios.
La verdad es que era increíble la cantidad de vestidos hermosos que tenía la soberana. Un poco sosos para mis gusto, pero de unas telas exquisitamente finas y unas joyas tan bonitas que despertaban las envidias de las damas más distinguidas. Sinceramente pocas veces se le había visto en público con ropajes tan variados, ya que la reina solía vestir casi siempre de colores oscuros y de una forma un tanto austera. Se comentaba entre las gentes, que en vez de lucir las joyas, la reina algunas noches salía del palacio acompañada de unos pocos guardias , y las repartía entre los más necesitados. ¡Cómo se notaba que nunca le había faltado nada, que hasta podía permitirse el lujo de regalar semejante fortuna!.
Si yo tuviese todo ese vestuario, luciría un atuendo diferente cada noche, organizaría bailes y banquetes para que todos pudieran admirar mi belleza y mi gran suerte. ¡Qué desperdicio!.
Oí a la reina recitar algo en voz alta, mientras las damas allí presentes le escuchaban con una sonrisa en el rostro. El cantar del guerrero, se llamaba el libro que tenía entre las manos, con una encuadernación dorada muy llamativa.
El verso que leía trataba sobre un humilde guerrero que se despedía de su familia, antes de partir a la batalla, pidiéndoles que por favor, no le olvidasen si no volvía a verles jamás. El guerrero regresaba victorioso, como uno de los pocos supervivientes, y una de las damas no pudo evitar aplaudir emocionada.
La reina esbozó una sonrisa, y en cierto sentido me dio algo de lástima. La mujer tenía que disfrutar del tiempo que pasaba con nosotras, para despejar la mente, y olvidarse un poco del deprimente matrimonio que llevaba. Además de realizar las labores que se pudiesen ofrecer, en ciertos momentos parecía que estábamos allí más bien para distraerla y hacerle compañía.
Al ver que prestaba atención a lo que ella leía, la reina levantó la mirada y me tendió el libro.
- ¿Te gusta? – me preguntó amablemente
- Sí, su Majestad
- Toma, léenos algo tú ahora Bergine por favor, hay unos versos muy inspiradores en la página cuarenta y tres.
Cogí el libro con una reverencia, y busqué la página que me había indicado y la leí en voz alta.
"Aquella rosa vanidosa, era la más hermosa del jardín,
Las estrellas se regodeaban de su belleza cada noche al salir.
Los astros la contemplaban, absortos por tanta luz, mientras la rosa se abría al mundo día tras día, más llamativa y altiva.
Resistía las fuertes lluvias, sin dejarse doblegar, más un hombre que por allí pasaba, no la dejaba de admirar.
Tal belleza le obsesionaba y la tenía que raptar, pero la rosa tiene espinas, que le podían hacer sangrar.
La quiero solo para mí – exclamó el hombre excitado– su candor me pertenece y la quiero contemplar, y por lo tanto a la vista de nadie, esta rosa debe estar.
Escondida todo el tiempo, la rosa palideció, los pétalos iba perdiendo, y el jardín se ensombreció."
¡Maldita… bruja… sabía cuáles eran mis intenciones!… y yo que pensaba que la pobre ilusa no se enteraba de nada. Debía andarme con más cuidado si no quería que se me cayese el teatrito. Intenté mantenerme imperturbable mientras seguía leyendo, hasta que una de las damas me interrumpió.
- Majestad, ¿pero qué sentido tiene arrancar una rosa tan bella? ¡se va a marchitar!
- Así es… este poema nos demuestra que la belleza y la juventud no son eternas, no duran para siempre, ¿de qué sirve pues, guardar esa rosa, si al poco tiempo se va a secar?
Sabía que me estaba mirando así que no levanté la vista del suelo para evitar ponerme nerviosa.
Justo en ese momento, se abrió la puerta y el rey Vegeta entró en la estancia acompañado de Nappa, al que ordenó retirarse haciendo un gesto con la cabeza.
Todavía no me había recobrado de la indirecta del maldito poema, y mi corazón empezó a latir con más fuerza. La reina al igual que todas nosotras nos pusimos en pie, e hicimos una reverencia.
- Esta noche me quedaré aquí con mi esposa – anunció con voz profunda – su Majestad… - dijo dirigiéndose a su mujer, mientras ella asentía con la cabeza y una de sus damas la llevaba a una zona más apartada para ayudarle a cambiarse.
No pude evitar sentir una punzada de rabia y celos, si el rey se quedaba a dormir allí, eso significaba que…
- ¡Muchacha! – dijo dirigiéndose a mí. Di un respingo porque no me esperaba para nada que se dignase a hablar conmigo – te llamas Bergine ¿verdad?
- Sí, Majestad- respondí mirándole a los ojos para que viese que no me amedrentaba
- No sabía que te tocase a ti el turno de esta noche…
- No mi Señor, es que una de las damas cayó enferma y me ofrecí a sustituirla… espero que esto no le moleste - dije esto último con un tono lánguido y sumiso, para intentar parecer una muchacha cándida.
Pareció ser que le gustó mi respuesta, puesto que esbozó una sonrisa lenta que me hizo estremecer de pies a cabeza. Ese hombre era todo un Dios. No llevaba puesta la armadura y mis ojos estaban justo a la altura de su pecho, tan cerca de mí, que casi podía notar el latido de su corazón. Me sonrojé como una tonta e intenté pensar en otra cosa.
- Por supuesto que no me molesta, siempre es un placer encontrarse con una muchacha tan bonita como tú – dijo alzando la barbilla mirándome fijamente desde arriba.
- Muchas gracias Majestad, me honráis con vuestras palabras
Bajé los ojos con falsa modestia, y mi yo interior se puso a dar saltos de alegría. No podía imaginar que la primera vez que nos dirigíamos la palabra, el rey me diría algo sobre mi belleza. Aunque yo siempre he estado muy segura de mí misma, no era lo mismo atraer a unos jovencitos estúpidos e inmaduros, que a alguien tan importante y con tanto poder como el rey Vegeta.
La dama que estaba vistiendo a la reina de pronto apareció y anunció que la soberana ya estaba lista. Como por arte de magia se rompió el encanto del momento, el rey asintió con la cabeza, y nos dio la orden para que nos retirásemos de los aposentos. Pero justo antes de irme, la reina se acercó a mí, vestida tan solo con un batín de satén granate, y me agarró la muñeca poniéndome en la mano el libro que habíamos estado leyendo justo antes.
- Para tí querida, quiero regalártelo – me dijo en un susurro acercando sus labios a mi oreja – para que recuerdes siempre esta maravillosa velada.
Antes de que me diera tiempo a contestar, la dama de mayor edad ya nos estaba ordenando salir por la puerta.
No recuerdo el tiempo que tardé en llegar a mis habitaciones, entre tantas emociones tenía la cabeza embotada y me palpitaba el corazón en las sienes.
Arrojé con rabia a las llamas de la chimenea el libro que me había regalado la reina, el cual ardió en tan solo unos minutos.
Mi furia era tan grande que sentía que iba a explotar por dentro.
¡Pues claro que iba a recordar para siempre esta velada!. Y no por lo que ella pensaba, si no como la primera vez que el rey se dirigía a mí por mi nombre, no iba a darle el gusto de amargarme uno de los momentos más excitantes de mi vida.
Me desvestí, me limpié la cara y me metí rápidamente en la cama. Sabía que esa noche me iba a costar mucho conciliar el sueño. El solo pensar que esa maldita mujer estaba ahora compartiendo la cama con el rey me envenenaba. Hasta yo misma me sorprendía de la intensidad de mis sentimientos, cuando el rey y yo no éramos "nada". ¡No se lo merece! ¡esa maldita estirada no se merece un hombre como ese, que desperdicio!.
Y con esos pensamientos poco a poco me fui quedando dormida. Lo que no me imaginaba, era que en esos momentos el rey Vegeta le estaba haciendo el amor a su mujer pensando solamente en mí.
Zira3000: Buenaaas! Madre mía he estado años alargando este fic. Siento mucho la tardanza aunque me imagino que más que seguirlo las personas de hace unos años, ahora lo leerá gente nueva. Y para los más veteranos que hayan podido leer los anteriores capítulos, les recomiendo volverlo a leer, ya que he hecho muchos cambios.
Como veis empecé a escribir esta historia hace años, cuando todavía DB Súper no existía, por lo tanto la KALE de mi historia es completamente inventada.
También me voy a ceñir a lo que hasta ahora (poco) se sabe de Paragus y Broly, y no a la nueva información que pueda salir.
Ya estoy escribiendo el siguiente, así que prometo subirlos con mucha más frecuencia.
Saludos!
