N. del A. ¡Hola, hola! Les traigo el final de la historia. Espero que les guste. ¡Gracias por leer!
Lan y Guest: Les agradezco mucho sus comentarios pasados. ¡Besos y abrazos! \(n_n)/
Capítulo seis
TRAS EL ÚLTIMO INCIDENTE
Los cambios pueden tener lugar despacio,
lo importante es que tengan lugar.
(Confucio)
En algún lugar de Japón
10 de abril, por la mañana
SHIZUO POSÓ SU mirada en el paisaje que se mostraba a través de la ventana del tren. Como no era permitido fumar en el interior del vagón, decidió distraerse repasando aquel sueño que tuvo durante la noche anterior. Sueño que luego se transformó en una larga serie de recuerdos.
Había soñado sobre su época de estudiante, en Raijin, pasando por las clases de literatura y deportes hasta llegar al incidente que ocasionó alguna vez en el gimnasio (¿qué habría sido de aquella chica? Creía recordar que su nombre era Minami o similar).
Al final, recordó la noche que peleó a muerte contra Izaya Orihara. Una transición perfecta entre buenos y malos momentos, se dijo Shizuo apenas hubo despertado por la mañana. Aunque, en ese entonces, renegó de sus experiencias en la academia tuvo que reconocer que fueron soportables. Tenía que estar convencido sobre este último punto porque, de lo contario, no se explicaba la decisión que tomó horas atrás; preguntó por el paradero del informante.
-o-O-o-
Al caer el atardecer, el guardaespaldas llegó al lugar señalado por Shinra y, pese a que ahora conocía la nueva rutina del informante, Shizuo pensó que éste se encontraba en aquel parque porque el médico clandestino le dio aviso de la visita que era probable recibiera.
Shizuo se acercó e intentó ignorar la silla de ruedas.
Izaya le dio un vistazo y luego apoyó la mejilla en su muñeca.
Shizuo tomó asiento al lado de Izaya. Y el informante entendió que, con ese gesto, el monstruo buscaba no intimidarle, así como había hecho durante sus días de Raijin. El guardaespaldas se recostó en el pasto y colocó sus manos por detrás de la cabeza.
–No pensé que vendrías a cobrar la apuesta –dijo Izaya mirando uno de sus anillos. Lo contempló durante unos momentos más antes de entregárselo a Shizuo y, estaba a punto de ofrecer el segundo anillo, cuando Shizuo se lo impidió.
–Quédatelo. Después de todo sigues vivo. Cumplí la promesa solo a medias.
–Tú dijiste que lograrías que me marchara de Ikebukuro. ¿Buscabas también matarme?
–Quizá. No lo sé.
Entre ambos se asentó el silencio durante unos minutos.
–¿Shinra te visita a menudo?
–Vino dos veces y solo para decirme que mi problema iba más allá de lo físico. Por el contrario, se debe a… otras cuestiones –dijo Izaya llevando sus dedos a las rodillas–. Mairu y Kururi han venido en tres ocasiones y en algún momento me comuniqué con Namie. Está en América, por lo que no me enteré por ese medio de lo que ha sucedido en Ikebukuro.
–Pues no hay mucho que decir –dijo Shizuo.
Era cierto, al menos en lo que al guardaespaldas respectaba.
–Es porque no sabes dónde mirar. Siempre acontecerán situaciones que, seguramente, serían muy interesantes y divertidas. Al menos para mí.
–¿Querrías volver?
–No. Al cabo de estos cinco años he terminado por hacerme a la idea de que, aunque me aventurara una vez más por Ikebukuro, mis peones ya no serían de mi agrado.
–Típico de ti, ¿eh? Peones…
–Yo no he cambiado, Shizu-chan. ¿Tú sigues siendo un monstruo?
–Sigo siendo un recolector que no tarda en montar lo que llamarías un "espectáculo". Pero… hoy en día todo resulta muy aburrido –Shizuo no pudo evitar confesar aquello.
Izaya le miró por encima del hombro.
–¿Extrañas jugar conmigo?
–Ja, así que lo pensaste como un juego.
–Respóndeme.
–Sí. Hasta la fecha nadie más ha querido seguirme el paso.
–No te creo tan listo como para haber hecho un doble sentido –comentó Izaya con media sonrisa–. Tal vez no te haya venido mal un poco de paz.
–A nadie le ha sentado mal.
No podrías imaginar siquiera que tanto me afectó tu ausencia.
–Así que no hay quien me extrañe –dijo Izaya en tono despreocupado–. Muy lindo de tu parte venir a contármelo. ¿Por qué has venido?
–Estaba aburrido. Si no habías muerto, pensé en dar contigo y terminar el trabajo.
–¿Y podrías hacerlo? No te equivoques; el que no pueda moverme a mi gusto no ha logrado que decida cambiar de profesión. Mis pasatiempos siguen siendo los mismos.
Shizuo se irguió hasta sobrepasar la altura del brazo de la silla.
–¿Amas a los humanos todavía?
–¿Tienes que preguntar? ¡Claro que los amo!
–Humm. Si eso es cierto, ¿por qué no consideras que ganaste también?
Izaya se tomó su tiempo en responder. Cuando lo hizo, evitó mirar a Shizuo.
–Porque el día de hoy me di cuenta de que, puede suceder, que no sea capaz de amar a todos. En cualquier caso, Ikebukuro ya dejó de ser parte de mi tablero.
Shizuo se puso de pie e hizo el ademán de querer rozar el hombro del informante, pero se contuvo. Se decidió por que habían hablado lo suficiente y se dispuso a marcharse.
–Ah, Shizu-chan. Entonces, creo que nuestras nuevas conclusiones son que: es posible que aún no hayamos llegado al final, de tal modo que falta ver quién muere o… ¿cuál era nuestra tercera opción en ese tiempo? –preguntó Izaya escudriñando al otro.
–Izaya –el guardaespaldas se detuvo apenas dio algunos pasos–. Este es nuestro final.
Al estar de espaldas, Shizuo no logró ver la expresión de Izaya.
–No tomes la ruta fácil. Me debes una carrera. No creas que fue barato llegar hasta aquí.
Shizuo le dio un vistazo antes de retomar el camino.
–Yo volveré. Así que espérame, pulga.
Mientras se alejaba, a Shizuo le pareció que Izaya soltó una risilla aliviada. Éste no tardó en cubrirse el rostro cuando vio que, a la distancia, el guardaespaldas se había puesto el anillo entregado en el dedo anular. Shizuo se despidió del informante con esa mano e Izaya solo confió en que le vería una última vez. Si acaso tenía suerte puede que se vieran unas cuantas más.
Aunque este humano nunca me dejará de sorprender.
Sin embargo, la promesa de Shizuo no tardó en cambiar. Al cabo de poco tiempo, prefirió decirle a Izaya "no me iré" en lugar de "regresaré". Y fue entonces que al informante no le importó haber perdido la apuesta y rendirse ante la opción que pensó más improbable cuando joven.
-FIN-
