No sé si se podría decir que Marinette siguió el beso, más claramente, Adrien se dejó llevar por el momento, porque la peliazul no lo disfrutó para nada.
Sentía que era un beso forzado.
Sin nada de sentimientos.
Sin nada de... amor.
Algo vacío.
Y eso le dolió, porque presentía que sólo era un simple juego para Adrien.
Lo alejó como pudo.
Siempre había soñado con que Adrien la besara, pero no de esa manera.
—¿Qué es lo que pretendes?
No había tacto en su voz, simplemente lo dijo como si se tratase de un desconocido.
Al no recibir respuesta, simplemente sonrió con tristeza e ironía.
—Ya veo. Sólo... por favor, ya no me molestes.
Y dicho esto, Marinette pasó por su lado, yéndose de allí con paso firme y decidido.
Adrien sólo suspiró.
'¿Qué hice mal?'
{...}
El sonido de unos zapatos subiendo por las escaleras de mármol se hacían presentes en el recinto.
El señor Agreste no se caracterizaba por ser un hombre de malos modales ni mucho menos se lo conocía por tener arrebatos de locura.
Era un hombre honrado y el modelo a seguir de muchas personas alrededor del mundo. Inspiraba elegancia y sabiduría.
Pero en estos momentos, se podría decir que el señor Agreste no cumplía con ninguna de las características mencionadas anteriormente.
Su cabello se hallaba desordenado y su traje elegante presentaba arrugas y no estaba en condiciones presentables.
Incluso, se podía observar una mancha de sangre cerca del abdomen.
Tan brillante y de color escarlata. Una herida reciente.
Un golpe seco a la puerta de su despacho, y ésta se abrió.
Entró lo más rápido que pudo, claramente la herida en su abdomen le dificultaba el poder caminar, por lo que con una mano presionaba aquel lugar y con la otra, se sostenía de los muebles para evitar caer.
—Maldición.
Gruñó entre dientes mientras se dejaba caer en el sofá morado, y seguía presionando en la herida.
—Ya no me queda tiempo. Pensé que llegaría.
Antes de que pudiera ver la gravedad de la herida, comenzó a toser.
Era una tos seca pero potente.
Y aquella hermosa alfombra que el señor Agreste apreciaba, quedó marcada por un líquido espeso de color escarlata.
{...}
Adrien había quedado levemente perturbado por la reacción de Marinette. No esperaba que aquello sucediera.
Imaginaba un final feliz donde ambos se abrazaban y se confesaban sus sentimientos.
Suspiró, estaba agotado. Le había salido todo mal e incluso había desaprobado la lección que sería la mitad de su nota.
Ya no le daría importancia.
Abrió la gran puerta de la mansión y entró totalmente frustrado.
Subió las escaleras de mármol a paso de tortuga, pero eso le permitió ver las pequeñas gotas de sangre que yacían sobre ellas.
'¿Qué sucedió aquí?'
Fue lo primero que pensó.
'No había nadie en la Mansión a excepción de... ¡Padre!'
Corrió el poco tramo que le quedaba de las escaleras y sin pensar en tocar la puerta, entró al despacho de su padre.
Observó a su alrededor hasta que captó una figura mirando por la ventana.
—¿Hawk Moth..?
Y luego todo se oscureció.
