La detective aún estaba rebañando uno de los cartones de comida china cuando la madre de Castle entró en el office. Estaba tan concentrada intentando coger el último tallarín que no la vio hasta que se sentó frente a ella.

- ¡Martha! - dijo Kate sorprendida - ¿aún por aquí?

- Ay, no sé cómo Richard aguanta tantas horas entre gente corriendo de aquí para allá en este sitio tan... funcional. - comentó disgustada.

- El Feng Shui no se lleva en los edificios estatales. Tranquilizaría a los sospechosos. - dijo Kate mientras se llevaba a la boca el último tallarín que tanto le había costado atrapar.

Beckett notó cómo Martha se le quedó mirando durante unos segundos en silencio. Castle hacía lo mismo. Sonrió casi imperceptiblemente al recordarlo.

- Humor policial. - dijo Kate para romper el silencio.

- Menos mal, querida, - dijo aliviada - algo me dice que tienes una intuición.

Kate le sonrió pero puso cara de extrañeza frunciendo el ceño.

- Lo veo en tu mirada - dijo Martha con complicidad haciendo un gesto con la mano.

La detective se quedó pensativa. ¿Tanto se le notaba?. Cuando pensaba en Castle era como si se alejaran los nubarrones en un día gris para que entrara la luz del Sol. Junto a él se sentía capaz de todo. No era consciente que se le notara.

-No sé cómo lo hacéis, - dijo Kate, la madre de Castle la escuchaba atentamente - tanto tú como Ca... Rick tenéis esa fuerza optimista, contagiosa...

Dejó la comida a un lado y cogió una mano de Martha.

- ...y que me llena de vida - dijo Kate conteniendo la emoción.

Martha le devolvió el apretón y guardó silencio. La detective era tan diferente a cualquier mujer con la que su hijo hubiera salido antes...

- Richard... me llena de vida, Martha. - dijo tímidamente.

- Y tú a él, querida. - le sonrió.

- ¿Tú crees? - le preguntó sinceramente mirándole a los ojos - A veces pienso que sólo sirvo para machacar su espíritu de niño grande.

Martha sonrió y le apretó la mano.

- Eso es lo que Richard necesita, querida - Kate la miró extrañada - alguien que lo mantenga con los pies en la tierra, que lo acerque a la realidad. Si no él se quedaría viviendo en su mundo de fiestas y ferraris.

La detective se quedó pensativa. Tenía sentido lo que decía Martha. Desde luego nada más cercano a la cruda realidad que una detective de homicidios.

A través de la ventana vio a Esposito atravesar la sala corriendo. Beckett se irguió alarmada, Martha volvió la cabeza. Una señal de Javi llevándose la mano derecha a la oreja asomándose por la puerta, bastó para que la detective le entendiera y saliese corriendo detrás de él sin mediar palabra.

La madre de Castle también les siguió más atrás a paso ligero.