Careless Memories

Summary:

Harry no tiene padres y hay un hombre-serpiente que quiere matarlo y ha hecho de su vida un infierno. Por eso Draco Malfoy y su odio no son gran cosa en comparación, pero aún así Harry se sorprende al abrir la puerta de un compartimiento que creía vacío para encontrarlo allí durmiendo.

Disclaimer:

¿La propiedad es relativa? Demándenme. Lo negaré todo.


Capítulo Séptimo-.

"Se siente como si conduciéramos peligrosamente, cuando hablamos.

Es divertido mientras dura, y es más rápido que caminar.

Pero nadie va a comprender cuando nos estrellemos.

Dirán: "Te pegas contra lo que te arrojas, recibes lo que pides"

Y nosotros diremos que no sabíamos, que ni siquiera lo intentamos.

Que un minuto había un camino bajo nosotros, y al siguiente, sólo cielo."

Ani Difranco – Falling is like this


Mientras Draco alza las cejas y se sienta, Blaise se apropia de la revista y suelta un silbido, antes de reírse entre dientes.

"Esos no son reales", dice mostrándole los vibrantes ojos azules de un modelo de cabello azabache, que escoge ese momento para hacer con la lengua un gesto decididamente no apto para niños.

Crabbe se inclina sobre la revista, con la cabeza ladeada.

"El parecido es increíble", hace notar.

Blaise se ve pensativo y Draco toma un poco de su leche con miel (celosamente preparada por el primero) antes de fijarse en el otro modelo, de cabello rubio, que le guiña un ojo con una expresión perversa en el rostro.

Lo poco de leche que todavía no había bajado por la garganta de Draco sale disparada por su boca durante el ataque de tos que lo acomete y chorrea alegremente por su mentón.

"Sí, es él", asiente Pansy, mientras los ojos de más de alguna persona siguen el recorrido de las pequeñas gotitas, que amenazan con expandir su territorio.

Blaise le pasa una servilleta, mientras observa ese rubor huidizo que se esparce por su cuello y bajo la ropa, que hace que apriete los puños muriéndose de ganas por saber cuanto más se extiende.

"No puedo creer que esté trabajando para Corazón de Bruja", suelta finalmente el rubio, recuperando la compostura.

"Es tu primo?", inquiere Goyle, mientras Blaise inhala el texto que acompaña la fotografía.

"Del que no hablamos en mi familia, muchas gracias", agrega Draco, levantando la nariz en el aire y adoptando un aire de perfecto snobismo. Mira la fotografía una vez más, y fiel a lo que predica, desvía la vista y olvida el asunto.

"Nosotros también tenemos de esos.", sonríe Pansy. "Y hay uno que una vez…"

Blaise clava los ojos en Millicent, mientras el resto escucha el tórrido affair del primo (en tercer grado) de Pansy con su estilista.

" "Drake" y "Harold", eh?", sisea cerca de su oído y un escalofrío la remece.

"Me pidieron que así lo hiciera. Perdona, Blaise.", se defiende ella, avergonzada. "Es la fantasía de por lo menos el sesenta por ciento de Hogwarts! Facultad incluida."

Blaise Zabini entrecierra los ojos y deja con cuidado la revista a un lado, el primo no reconocido de Draco aferrándose al cuello de su acompañante con un puchero.

"Me gusta como escribes, Millie. Pero tal vez deberías sacar tus personajes de tu rizada cabecita, está claro?"

Millicent Bulstrode asiente, sintiéndose miserable, y Blaise mira desafiante hacia la mesa de Gryffindor, en donde Parvati Patil sonríe con la seguridad de aquél que sabe.


Ron Weasley entra hecho una furia al baño de chicas abandonado y acto seguido agarra a patadas la puerta de uno de los lavabos.

"Maldita Hermione", gruñe, sin importarle que los nudillos le duelan cuando los estrella contra la pared.

" "No, Ron, un beso es más especial que eso, así que no, no voy a besarte ahora."", imita en una voz aguda y mandona. " "No, Ron, no quiero, pero puedes tomarme la mano. Eso no te basta? Eres tan inmaduro, Ron.""

Se mira fijamente en los espejos sucios del lugar y tuerce los labios

" "No es que no me gustes, Ron, pero me siento incómoda. Esperemos un tiempo, tal vez sea lo mejor."", y la voz se le quiebra.

Se cubre la cara con sus manos grandes y pecosas e inspira dolorosamente.

"Cuándo voy a ser lo suficientemente bueno para ti? Cuándo voy a poder ir a tu ritmo? No deberías aceptarme tal como soy y quererme de esa manera?"

Ron se deja caer al piso e ignora a Myrtle la Llorona, que se ríe tras la puerta que Ron acaba de patear segundos atrás.

"Si no la quisiera todo sería tan fácil.", y en un nuevo arrebato de ira, golpea el suelo frío con las palmas de las manos. "Por qué mierda tiene que ser tan complicada! Por qué si yo quiero, ella no!"

"Oooh, otro con penas de amoooor?", se burla Myrtle, flotando con una sonrisa retorcida en su semblante transparentoso.

"Cállate, Myrtle.", amenaza Ron, mirándola de reojo. "Además, no hay nadie más aquí. Quién querría visitarte?"

Con una risita acuosa, Myrtle atraviesa la puerta de uno de los lavabos y canturrea:

"Espejito, espejito en la pared… Quién es la chica más gorda y horrible de Hogwarts? Hm? Pansy?", con una pausa dramática, Myrtle estalla en carcajadas desagradables. "Oh, sí, ella es!"

Ron se levanta rápidamente del piso cuando la puerta se abre y Pansy Parkinson sale temblorosa del cubículo, sollozando quedamente.

Ron no sabe qué decir por unos segundos, pero mira a Myrtle con rabia.

"Cállate, asquerosa. No tienes idea. No reconocerías algo bonito ni aunque te lo arrojaran por la cabeza."

Myrtle la Llorona entrecierra los ojos, tras sus lentes gruesos, con ningún rastro de su anterior risa en su cara plagada de acné.

Pansy se seca las lágrimas con la manga de su túnica, sorprendida.

"Oh? Te gusta Pansy-Panzona?", pregunta la fantasma, con su vocecita aguda.

"Le voy a decir al Director que andas atormentando a los estudiantes. Soy prefecto.", insiste Ron, indicando su insignia.

"No la defenderías tanto si supieras lo que hacía allí adentro!", chilla Myrtle, estremeciéndose de cólera, antes de voltearse hacia Pansy.

"Cuántas veces vomitaste ahora! Dos, tres? Eres igual de obesa y fea que el primer día que viniste aquí, estúpida Pansy!"

Ron se alza en toda su impresionante estatura, los ojos azules brillando amenazadoramente, y agarra a Parkinson de un brazo.

"Perra!", le grita a Myrtle con convicción, antes de arrastrar a la rubia hacia la Enfermería.


La sola idea de Draco con alguien más hace que Blaise se enferme.

El pulso se le acelera, suda frío y es como si una cosa que escupe ácido se situara detrás de su cabeza, chorreando su veneno nocivo por su espalda, por sus cuerdas vocales, por sobre sus encías, por debajo de sus uñas; por entre la carne tierna tras las rodillas y por arriba de todos sus ánimos.

Pensar que Draco pudiera involucrase con una persona; llorar y reír por ella, dedicarle esas sonrisas que son como tardes de otoño, mirarla con esa mirada que es como una risa, como una cascada helada sobre piel demasiado caliente.

Blaise sabe que es egoísta pretender que Draco sólo le hable a él, que sólo se fije en él, que sólo se vuelva hacia él.

Blaise sabe que Draco es libre, que está cambiando, que está hecho de viento y olor a hojas secas.

Blaise sabe, también, que si algún día cae en la tentación de apretarlo contra su cuerpo, cubrirlo de besos y pequeñas mentiras dulces, Draco sólo lo va a mirar – De esa manera en que sólo él sabe mirar – y se va a alejar.

Desvanecer.

Como la niebla cuando juegas a atraparla.

Blaise no quiere que eso suceda.

Esta dependencia exquisita que Draco ejerce sobre él lo está volviendo loco. Es como una droga que no puede evitar consumir.

Que no quiere dejar de probar.

Blaise cree que tal vez esto es estar enamorado.

La necesidad, la ternura, el deseo.

Todo ese remolino de colores y sensaciones que nace en su garganta, de desliza a su estómago y se sitúa bajo su ombligo; que es como luchar permanentemente contra la gravedad, contra dejarse caer y ser arrastrado por la fuerza de la corriente.

Y el dolor.

Las agujas que lo atraviesan cada vez que Draco lo mira y no lo ve, cuando elige otras cosas por encima de él, cuando Potter está en la misma habitación.

Blaise jamás ha sido envidioso.

Pero últimamente tiene unos impulsos locos por volarle los dientes al Chico-Que-Vivió con un bien plantado puñetazo, por atreverse a entrar dentro del vértigo que rodea a su rubio preferido.


No sabe si esta es una nueva faceta de su personalidad, o si sólo las cosas se han dado de esa manera, pero Harry últimamente se ha encontrado pasando un buen montón de tiempo a solas.

Caminar agachado por el estrecho corredor de piedra se ha vuelto más difícil con su nueva estatura. Como un fantasma hecho de humedad que nadie nota, la noche va trepando por sobre las torres de Hogwarts, oscureciendo las esperanzas y los ojos de Harry, que entra inadvertido a la Casa de los Gritos, como si no fuera más que una capa de polvo más por sobre los muebles destrozados.

Nunca nadie se da cuenta de la diferencia de contraste de blanco con blanco.

Con una exhalación que agita telarañas e ilusiones ocultas, Harry sube la escalera crujiente y en el umbral de la puerta de la habitación siente una mano fría y traslúcida que roza su nuca y se cierra sobre su corazón.

La culpa, el arrepentimiento y la desesperación son primas hermanas.

Y Harry es perfecto para reuniones familiares.

Con unos cuantos pasos débiles, Harry se tiende sobre la cama polvorienta y abraza la almohada, que hasta puede imaginar todavía tiene un poco del olor a tibio que Sirius expelía.

Acunado por el sonido del silencio, y las marcas de uñas grabadas en la cabecera de la cama –Tal vez demasiado cortas para no ser humanas – como testigo, el espíritu de Harry se desliza y se sumerge en donde ya nada puede alcanzarlo, y es como si de pronto, el universo se detuviera, sólo para darle esos minutos de descanso.


"No necesito que me acompañen al baño", se queja Draco, con Crabbe y Goyle a cada lado.

"Estás loco?", dice Vincent, sonriéndose. "Y si te asaltan, o te violan, o quién sabe qué cosa?"

Goyle pellizca la retaguardia de su novio por detrás del rubio.

"Cierto", dice, mientras Crabbe le lanza una mirada juguetona.

"No soy una niñita", gruñe Draco, y dos chicos menores de Hufflepuff se ríen al pasar por su lado.

Sin siquiera ponerse de acuerdo, los tres Slytherins dan media vuelta y encaran a los enanos, que continúan sonriendo, con descaro.

"Algún problema?", sisea Draco, mientras Goyle adopta su actitud más amenazadora y Crabbe aprovecha de devolverle el pellizco.

Uno de los chicos le da un codazo al otro, y compartiendo una mirada cómplice, vuelve a reír.

"Muéstrame eso que tienes ahí.", ordena Draco, cuando ve la revista, apretujada entre sus manos.

El rubio pone una mueca desagradable al ver que es Corazón de Bruja, y palidece cuando ahora es su turno de ser pellizcado, por Crabbe, que se siente ofendido.

"Sólo nos preguntábamos… si es verdad… que te gustan los chicos.", suelta uno de los mocosos, con una mirada insolente.

Crabbe y Goyle se miran de reojo y hacen crujir los nudillos.

"De dónde sacaste esa idiotez?", amenaza Draco, inclinándose sobre los pequeños.

"Lo que pasa es que todas las chicas lo andan comentando.", se arma de valor el otro. "Lo parecido que eres al marica de esta historia."

Cuando Goyle intenta agarrarlo de la túnica, Draco lo impide.

"Qué historia?", y el sonido es casi inaudible.

"La que todo el mundo dice… que son tú y…", viéndose culpable, el chiquillo agrega. "Harry Potter."

El rostro de Draco es una máscara fría, y Gregory puede ver los músculos de su cuello tensándose.

"Es verdad?", pregunta el anterior. "Te gusta y eres marica?"

Con una risa que es casi un ladrido, Draco sigue su camino.

Los Malfoy no son maricones. Los sangre pura no deberían serlo.

Limpieza de castas, conservación de la especie.

Da igual quién lo sea, mientras no sea un Malfoy.

Vergüenza y oprobio. Draco ha aprendido bien sus lecciones.


Notas:

Ehh... Sí. Me demoré un poco en actualizar esta vez. Son las consecuencias de una vida académica y social. No prometo nada, porque no sé cuánto me demore para la próxima actualización.

Sólo ruego comprensión, y un poquito de fidelidad.

Ojalá les haya gustado este capítulo; hago lo que puedo.

Y para los que sí lo notaron, yesh, hubo desarrollo de trama masivo.
Ojo con sus repercusiones.

Si me dejan reviews, me comprometo a apurarme.

Ven que llevo 100? Ah, no, esto merece celebración…

(Como nota aparte, creo y espero que el próximo capítulo va a ser más largo.)