VII. Velis nolis.
Aquel sería el día en que lo destaparía todo. Hitsugaya Toushiro estaba cansado de tanta tontería. ¿Y todo porqué? Él tenía muy claro desde el principio qué debía hacer y cómo. En cambio, nadie opinaba como él. Si, los asuntos de guerra se solucionan en la guerra, pero esto escapaba de lo común y corriente. Matar a tantos shinigamis no podía quedar sin castigo, y si le hubieran dejado, él habría impartido ese castigo sin dudar, pero el Seretei no quería más problemas y quería algo parecido a un juicio justo.
Se levantó de la cama con una sola idea en la cabeza: desenmascarar a Kurosaki Ichigo.
Esa era la única oportunidad.
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-Rukia-chan –dijo su empalagosa voz desde el otro lado del pasillo. Si hubiera podido habría girado en redondo para no hablar con ella.
-¿Qué quieres Senna?
-Estoy buscando a Ichi-kun –dijo con ese tono de niña que jamás había roto un plato que hacía que nadie desconfiara de ella.
-Sigue durmiendo –no quiso dar más explicaciones.
-Entonces lo despertaré.
Ante el horror de Rukia, ella quería entrar a su habitación y despertar a su marido. Logró cogerla por el cuello de su traje dos segundos antes de que abriera la puerta.
-No, déjalo, ya lo haré yo.
-Pero…
-Sin peros –achicó los ojos a modo de amenaza.
La sangre de Senna hirvió, hacía tiempo que no tenía ningún encontronazo con Rukia, pues había tenido todo el tiempo del mundo con Ichigo tras tener que ver que pasaba con su marca. Pero ahora que pensaba que poco se podía hacer, le había dado de lado para estar pegado a las faldas de esa don nadie. Y tenía que ponerle fin a esa situación. ¿Cuándo aprendería esa shinigami de pacotilla a no poner las manos en lo que es suyo?
Mientras esperaba detrás de la puerta, pensó que sólo tenía un as en la manga, y no sabía bien cómo usarlo. ¿Quién iba a penar que esa mosquita muerta era más de lo que parecía? Y todo gracias a una conversación que escuchó por casualidad. Estuvo dos días sin saber qué hacer, y ahora tampoco lo tenía claro. Al parecer la madre de Rukia había desaparecido hace años, muerta de vergüenza por haber tenido una hija con un humano. Era, definitivamente, tonta. Aunque si el dicho no erraba, la información era poder y ella tenía, entonces, un poco.
Pasaron diez minutos, y de esos sobrevinieron otros diez. El enfado de Senna era monumental. Pero fue en ese momento cuando se volvió a escuchar ese terrible sonido.
Un alarido de hollow.
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-¡Renji! –gritó la mujer a lo lejos.- ¿Cuántos has visto?
-Dirás cuantos he matado –sonrió- he perdido la cuenta.
-¿Qué demonios está pasando?
Ella llevaba su espada sin liberar, cosa que asombró al Teniente. Al parecer acababa de aparecer en escena. Le gustaría haberle preguntado a Matsumoto dónde se suponía que estaba desde que los hollows comenzaron a aparecer. Pero seguramente no se lo diría, estaba muy extraña durante esos días.
-Será mejor que no nos separemos, hay muchos por la zona –le dijo el pelirrojo.
-Si, creo que será mejor que vayamos al bosque, debe estar infectado y no debemos dejar que se acerquen a la ciudad.
-De acuerdo.
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-Algo los ha atraído –sentenció Isshin mirando a su hermano.
-O alguien –sentenció Kaien.
-¿En qué estás pensando? –frunció el ceño.
-¿Quién se ha quedado en la casa?
-Ichigo y Rukia están allí.
Kaien maldijo por lo bajo, dejando a su hermano más que asustado, y echó a correr en dirección contraria a la que debería. Se suponía que deberían vigilar el pueblo, ya que la casa estaba segura. Hubiera deseado seguirlo, pero no había tiempo que perder, era todo muy extraño.
Al llegar Kaien no parecía la escena que él habría imaginado ¿Quién iba a decir que su sobrino sería tan… galante? Pelear por una mujer estaba muy bien, sobre todo si era la de uno, pero morir por ella era otra cosa. Se alegró de que todo fuera bien entre ellos, pero ahora ya no podía ayudarlos más.
Al parecer el Capitán Hitsugaya había decidido poner las cartas sobre la mesa en el asunto, pero, sin embargo, no lo sabía y todo. Y para su desgracia el Seretei era así, siempre con intrigas y maquinaciones y él no podía desvelar, de ninguna manera el porqué estaba allí.
Hasta ahora, claro.
Aunque Toushirou era un Capitán, Ichigo le estaba pegando una buena paliza, ambos con Bankai peleando era todo un espectáculo. No era algo que se viera todos los días. Le pareció curioso que el Bankai de su sobrino fuera tan pequeño, se perdía entre el dragón de hielo del Capitán. Aún así, les estaba venciendo.
Había que parar esa locura.
Divisó a Rukia mirando sin ninguna expresión en su rostro, como se desencadenaba la pelea. Aunque ella no se había instruido en la Escuela de Shinigamis lo era sin lugar a dudas. Que maravillosa oficial del Treceavo Escuadrón hubiese sido. Su Capitán hubiese estado orgulloso al no verla pelear y dejar que cada uno solucionara sus problemas. Pero ahora llegaba el momento más duro y no había vuelta a atrás.
-Rukia –le susurró al oído.
Ella contestó sin pensar, creyendo saber qué quería saber Kaien.
-No lo sé, el Capitán Hitsugaya llegó y le dijo a Ichigo cosas incoherentes…
-Entrégate –fue un susurro que la dejó helada.
-¿Qué?
-¿Quieres que muera Ichigo? –preguntó muy serio.- ¿Quieres que él cumpla tu condena?
-¿De que diablos hablas?
-Ya no te puedes esconder más, hay cosas que el Capitán no sabe, pero yo si ¿verdad Rukia?
-De verdad que no…
-Bueno, comenzaré parando esa pelea, y luego volveremos contigo, será mejor que no huyas.
La expresión de su cara era desde luego, desconcertante. Una verdadera dureza apareció en ella y Rukia no sabía como actuar. ¿Ese era Kaien? Estaba totalmente perdida.
Kaien utilizó el shunpo e intentó ponerse entre medias de los dos. Pero ninguno le hizo caso. Pensó que la sutileza no iba a ser la mejor manera, así que tomo aire y gritó:
-¡Fue Rukia! –ninguno quiso hacerle caso.- ¡Fue Rukia!
Al segundo aviso ambos se pararon y lo miraron como si estuviera loco.
-¡Fue Rukia! –repitió para hacerlo más real.- No pudo ser Ichigo, su madre también era una shinigami.
-Mi madre también –susurró Rukia algo perdida.
-Si querida –le dijo Kaien con algo de pena- pero tu padre no.
-¿Qué demonios haces? –gritó Ichigo irritado, era algo de lo que Rukia no debía haberse enterado. Gracias a la rapidez su Bankai se colocó a su lado rápidamente.
-¿Qué pasa? –le preguntó la chica.
-No lo se.
-¿Es verdad? ¿Tú lo sabías?
-Si.
-¿Qué dices Teniente Shiba? –preguntó Toushiro un tono de autoridad que asustaba.
-Ichigo no pudo ser –repitió- creí que eso ya lo sabía, le dije a su Teniente que le avisará.
-¿Qué? ¿Cuándo?
-Ayer por la noche, cuando decidió contarme quien era su principal sospechoso.
-No he visto a Matsumoto desde ayer… maldita sea.
-Bueno, hemos parado esta locura. Masaki, la madre de Ichigo también era shinigami, no era humana. No hay más que hablar.
-Pero Kuchiki-san estuvo aquí todo el tiempo.
-No es cierto del todo ¿verdad Rukia?
-¿Rukia? –preguntó Ichigo.
-Cuando vi que no respondías fui a buscarte.
-¿Qué tu… ¿qué?
-Pero no logré encontrarte, ni a ti, ni a mi hermano, ni a nadie que conociera. Luego recapacité, pensé que sería más útil aquí que buscándote sin ningún sentido durante ¿Cuánto tiempo?
-Rukia.
-No sabía que hacer.
-Lo siento, Rukia –interrumpió Kaien- pero debo detenerte.
-¿Por qué? –preguntó la chica.
-Sobre mi cadáver –respondió Ichigo.
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¿Queda alguien que siga leyendo esto? Espero que si. El verano es mala época para todo, la playa, los helados, las fiestas, el no hacer nada… Así que actualizar me ha costado un poco. Pero bueno, aquí está. No se cuando podré coger un ordenador para poder seguir escribiendo, bueno y también un poco de tranquilidad, así que no digo nada, no está vez.
Gracias por seguir el fic, aunque sea un auténtica pesada. Espero que os haya gustado este capítulo.
