Disclaimer: Hetalia no me pertenece, es propiedad de Hidekaz Himaruya. Si fuese mío, aparecería Reino Unido en su totalidad, y por qué no, Latín Hetalia. Pero que lastima, la vida es cruel.
Advertencias: Yaoi, boy love, homosexual, gay, fleto, como quieres llamarle.
N/A: No tengo nada que decir, aparte de disculparme por no actualizar a su debido tiempo.
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Antonio estaba en lo mejor de su sueño cuando sintió que el lugar donde estaba se meneaba lentamente.
Al principio intento abrir los ojos, para comprobar que era lo que perturbaba su siesta, pero la pesadez en sus parpados era superior a su voluntad, por lo menos en esos momentos.
Lo intento una vez más, esta vez logrando entreabrir apenas unos milímetros que no fueron lo suficiente para enfocar bien lo que tenía enfrente. Solo pudo ver con dificultad como una mancha borrosa se encontraba frente a él, sin ejercer movimiento alguno.
Aunque a decir verdad, esa mancha borrosa se le hacía extrañamente familiar.
Una vez más, y como se dice, la tercera es la vencida, Antonio logro abrir completamente los ojos. Pero hubiese preferido no abrirlos.
¿A-arthur? –Fue lo único coherente que logro decir en aquel incomodo momento. Arthur estaba sobre él, con cada brazo a un lado de su rostro, observándolo con una mirada indescifrable, incluso le pareció algo… ¿lasciva? Bah, seguramente alucinaciones suyas…
Bien, seguramente era uno de esos sueños llamados pesadillas. Porque no creería que Arthur apareciese en uno que no fuese de ese tipo… ¡Mierda, no era momento para bromas consigo mismo! Además, era imposible. Si, completamente imposible e improbable. No había manera de que al inglés se le ocurriese de repente observarlo, de esa manera tan extraña, y sobre el…
Iba a seguir con conjeturas y suposiciones al respecto cuando vio como de golpe el inglés acerco su rostro al de él, pronto sintió como los labios fríos del otro le atrapaban en un beso brusco, sin cuidado alguno. Sin una pisca de delicadeza.
Solo por la estupefacción y la lenta reacción a tal osada acción, y solo por eso, claro, -no es que le gustara aquella sensación húmeda, por supuesto que no- Antonio correspondió el beso, dejándose llevar.
Arthur lo estaba besando.
Y siendo sincero, no estaba tan mal, aunque si estuviese más despierto y atento podrá corresponder de mejor forma y…
Esperen, algo no estaba bien en esa situación…
Solo entonces cuando su cerebro relaciono las palabras "Arthur" y "besar" en una misma oración, lo comprendió. Aunque no por entenderlo era comprensible ¡Arthur lo estaba besando! ¡Por dios, besando! ¡Y él estaba hay, sin hacer nada y comportándose como idiota! No, no, no y no. Se llevaban mal, Arthur era un niñato malcriado y con un humor de los mil demonios, además de ser demasiado autoritario, y creerse dueño del mundo. ¿No era acaso que no se podían ni ver? Aunque últimamente no se estaba llevando tan mal… ¡Pero eso no quitaba lo bizarro de los hechos! Y claro, ¡Ambos eran chicos, por la mierda! ¿Ahora qué hacer? ¿Golpearle? ¿Empujarle? ¿Seguir…? ¡NO!- pensó reprochándose aquel último pensamiento- Lo único prudente y sensato sería aparatarle, ni tan brusco ni tan suave, lo necesario para hacerle entender que debía apartarse.
Incluso sentía como sus mejillas comenzaban a arder, aunque seguramente del nerviosismo de no saber cómo reaccionar, si, por eso, obviamente.
Un último pensamiento cruzo la mente del español como un rayo. ¿Y si solo le estaba besando como una broma de pésimo gusto? Era lo más creíble, sobre todo si venia de parte del británico. Una broma, una puta y muy bien pensada broma. ¿Cómo no haberlo pensado antes? Está clarísimo, solo lo estaba besando para humillarle y después restregarle en la cara el cómo correspondió el beso como niñata enamorada. ¡No! El muy hijo de puta no se saldría con la suya…
Con todas las fuerzas que pudo acumular en ese momento, apoyo ambas manos en el pecho del británico y le empujo lo más lejos posible. Solo en el instante en que separo sus labios de los del otro, un amargo sabor a alcohol se hiso notar en su boca, causándole un leve cosquilleo. Creando solo aún más dudas sobre el motivo del inglés por la acción. Estaba ebrio… ¿Solo habría sido una desfachatez de borracho, nada más? ¿O quizás era de todo consiente?
Al diablo, en esos instantes le parecía más probable la primera idea.
Antonio estaba listo para lanzarle una ola de improperios al inglés cuando observo confundido como Arthur se levantaba pesadamente, pero con esfuerzo, arrastrando una maleta con él, más específicamente, su maleta. Aquella que guardaba bajo la cama.
Lo último que vio antes de caer desmayado al suelo fue cómo Arthur le estampaba la maleta en la frente, sin remordimiento alguno.
Perfecto, si incluso parecía un capítulo de la novela de la tarde. Ahora solo tendría que ocultar el cuerpo antes de que el curioso vecino descubra la verdad y vaya a parar a la cárcel. Bueno, no es como que lo haya golpeado tan fuerte como para haberlo matado, pero sí que le había estampado esa maleta con todas sus fuerzas. SI incluso sentía, en el fondo, muy en el fondo, una pizca de remordimiento. O tal vez solo era todo producto del alcohol en sus venas. En fin, ahora solo quería echarse a dormir. Sentía los ojos pesados y las fuerzas por el suelo. Más tarde arreglaría todo el embrollo con el español, su cerebro aun no lograba asimilar todo lo ocurrido, o más bien, lo que había hecho. Ya habría tiempo de arrepentirse más tarde… ¿Verdad?
Casi por inercia se tocó los labios, sintiendo aun la calidez de los labios españoles contrastando con la frialdad de los suyos propios. Se había sentido bien, incluso mejor que besar a cualquier otra persona, incluso mejor que cuando besaba a su novia, o a su ex novia, se podría decir…
Era diferente, de una manera extraña pero lo era, al fin y al cabo.
Echó una última ojeada al español, que yacía tirado en el suelo, producto del impacto que el mismo le había dado. Otra vez estaba dormitando con esa sonrisa brillante que le llamaban a volver a lo que hizo hace un rato. Pero claro, con lo poco que podía razonar, pudo entender que esa no sería la mejor de las opciones.
Se dejó caer en su camarote, extenuado.
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Apenas Antonio hubo abierto los ojos, un profundo y abrumador dolor de cabeza le devolvió a la cruda realidad. Intento poner un brazo como soporte para erguirse, pero otra oleada de dolor el doble de intensa le hizo reconsiderar tal acción. Aun así y ante todo logro levantarse.
¿Cuánto había dormido? Estaba jodidamente mareado, con náuseas y por sobretodo, con la cabeza hecha añicos, sentía que todo daba vueltas. Todavía podía sentir la maleta de lleno en su rostro y…
Arthur.
No, el bastardo inglesito no se salvaría de esta, no después de haberle provocado la peor de las humillaciones -el beso, pero no quería ni volver a pensarlo, se sentía patético- para luego golpearle y dejarle tirado ahí, como si nada, y encima, echándose a dormir plácidamente, como si pegarle a alguien en la cara fuese cosa de todos los días. Sabía que los ingleses podían tener costumbres bizarras, pero estaba claro que aquello no era más si no una acción malintencionada.
Sin pensarlo dos veces, y con todo lo que puede ser una bien llamada impulsividad, fue en dirección a la cama del británico, donde este seguía durmiendo calmo y tranquilo.
Ignorando el vigente dolor y mareo en su cabeza, tomo al otro por el cuello de la camisa, despertando algo sobresaltado.
-¿W-what? – Pero no alcanzo a decir más, pues el puño del español impacto furioso en su mejilla, provocándole soltar un quejido adolorido.
-¡Que creías, ingles de mierda! ¿Qué golpeándome con ese maleta ibas a salvarte y salir ileso? ¡Hijo de puta!
De qué mierda estas… -Pero entonces la realidad lo golpeo como un balde de agua fría, muy fría. La resaca mostro sus primeros signos de aparición, primero enmarcando sus ojeras y un profundo pesar en su cabeza.
¡No te hagas el desentendido, bastardo! –Antonio no lograba controlar sus impulsos, quería moler al inglés a golpes, le importaba una mierda todo. Solo una cosa tenía claro, con él no se bromeaba, no de esa forma- ¡Responde, cabrón!
-¡Qué quieres que diga, Bloody hell! A-además… ¡Tú no te apartaste al instante!
Antonio enrojeció. Era cierto, e incluso a él le parecía estúpido el haber correspondido esos segundos.
¡Idiota! Eso era p-porque… ¡Estaba soñando con la chica del clima, y c-creí que ella me estaba besando! –Bien, ese sí que había sido un pretexto de lo más estúpido. Tan solo le ocasiono un nuevo sonrojo, acompañado de un golpe para evitar mirar la mueca de profunda burla y sorna del británico.
Arthur no se hizo de rogar, enseguida y con la mano que primero reaccionó, apunto directo al rostro del español, pero solo logrando rozar su mejilla pues este lo esquivó.
Desde ahora, y reconsiderándolo, todo lo que había hecho estando borracho le parecía el peor de los errores. ¿Cómo se le había ocurrido hacer tal cosa? ¡Besarlo, por dios! ¿Ahora qué haría? De seguro el maldito español pensaría cosas raras de él…
El puño que venía directo a su rostro le hizo despertar de sus pensamientos, tratando vanamente de evitarlo, pues impacto directo en su ojo derecho.
¡Bloody git! ¡Que mierda haces, spaniard! ¡No tienes derecho de tratarme de esta forma! –Já, ni el mismo se creyó sus palabras. Si él estuviera en el lugar del español, de seguro hubiese reaccionado mil veces peor. En ese momento las imágenes del beso de hace unas horas se hicieron presentes en su cabeza, provocándole una leve sensación de satisfacción. ¿Por qué se sentía así? Sí que había sido uno de los mejores besos que había dado… ¡P-pero eso no significaba nada! ¡Al menos no para el!
Estúpido alcohol y el poder que ejercía ante él. Tomo como nota mental -otra de muchas anteriores- nunca más volver a beber. Si, como no y Francis no es un pervertido…
Nuevamente el puño furioso de Antonio logro impactarle en la cara, pero pudiendo evitarlo de mejor manera. No esperó para responderle, con éxito.
Ambos estaban ahora tirados en el suelo, cansados, enojados.
E-eres… un- La respiración agitada de ambos hacía eco en la habitación- gran hijo de puta… A-arthur…
El rubio bufó, limpiándose con la manga del suéter el hilillo de sangre que se escurría por sus labios. Solo se ganó una mirada furibunda por parte del otro.
No perderé ante ti, Kirkland –Fue lo último que formuló Antonio antes de lanzársele encima, contra todo dolor de cabeza, a golpearle y darle su merecido nuevamente.
El británico no tuvo mucha suerte, pues el enfadado español se le tiro sobre él antes de que pudiese reaccionar. Era extraño, pues cada vez que le miraba los labios recordaba el momento exacto en que su borrachera sobrepaso todo límite de cordura y le besó.
Se había sentido bien, más que bien, realmente. Esa sensación húmeda y ardiente que le provocaba un intenso cosquilleo recorrer todo su cuerpo, como un leve choque eléctrico. ¿Estaría exagerando su imaginación, acaso? El ya había besado ates, sin embargo, nunca después lo sintió de esa manera. Era distinto, era… más excitante. Poder sentir que aquello era lo más prohibido del mundo y lo más incorrecto también. Chicos, si ambos lo eran. Recién conociéndose, y sin embargo, ya odiándose ambos con todas sus fuerzas. Era desesperante, todo lo era, desde la actitud de ese español y su misma mirada oliva, desafiante.
Quería probar de nuevo, y comprobar si verdaderamente todo no es más si no producto de su ya retorcida imaginación. Quería saber si todo ese cúmulo de sensaciones nuevas eran tan reales como las sentía. ¿Qué perdería? Pues, mucho. Pero que va, si ya el español sabia tanto del como para avergonzarle frente a todos.
Decidido, tomo a Antonio por una de sus muñecas, inmovilizándola. Luego la misma acción con la otra. Pero el español no era fácil de controlar, le era bastante difícil sostenerle y no sabía cómo diablos sacaba fuerzas para retenerle.
Con un movimiento ágil y brusco, acorto la distancia permitida, uniendo nuevamente sus bocas en un contacto abrasador.
Antonio, por su parte, no opuso resistencia alguna. Vaya que le había gustado el beso anterior, por mucho que le costara aceptar. Un embriagante sabor metálico inundo su paladar, incitándolo a más. La herida del labio de Arthur seguía sangrando, provocando que se fundiera junto con el ósculo.
El inglés lanzo sin cuidado al otro, posicionándose sobre él, golpeándole al mismo tiempo con el suelo, ante el cual el español respondió con un gemido ahogado, el cual se perdió entre el brusco beso.
Ambos querían más, probar todo del otro. Todo era tan insólito, chocante, sorprendente. Las pasiones ardían y la posibilidad de detenerse se esfumaba a medida que pasaban los segundos. El deseo de saborear la boca ajena inundaba y colmaba sus pensamientos.
Y para mala suerte de ambos, aquello les deleitaba, demasiado tal vez.
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Ya me había demorado en actualizar, me siento tan mal, okno(?)
Bueno, no hay mucho que aclarar en este capítulo, que para agregar es bastante corto, lo sé. Pero las pruebas y trabajos del colegio me tienen enferma y con los nervios de punta, que daría por tener todo el tiempo libre para escribir más y más *O*
Me di cuenta de los errores que tengo en los otros capítulos, pero ya los arreglare luego. Fanfiction siempre quita los últimos signos, pareciendo un error de la autora. Maldigo a la página xd. Además me di cuenta de que en algunas ocasiones yo ponía spaniard y me cambiaba el Word a spain. :lol:
Ya más tarde afinare todos esos detalles, ahora me da mucha paja. (Entiéndase como flojera xd)
¡Ciao! Y dejen reviews, o incendiare sus casas(?)
