El último. Quizá habría podido ser más largo, pero creo que queda bien así, que simplemente las cosas podrían haber sido distintas para ellos, distintas para mejor XD menos oscuras, menos dramáticas, más simples y también más felices, y con el mismo sentimiento que nos enganchó desde el primer momento ;)

Como siempre gracias por llegar hasta el final :)

-KEY WEST-

Le despertó el claxon de un camión que venía de la carretera cercana y lo primero que hizo fue pensar en ella y abrió los ojos al momento y la buscó pero no vio ni rastro de Kate. Se levantó y miró alrededor y la llamó pero nadie contestó.

Después impulsado por una sospecha que le dañaba, pero que a la vez necesitaba confirmar, buscó la cartera y las llaves del coche. Y encontró las dos cosas. En la cartera estaban los trescientos dólares intactos. El orgullo herido dejó entonces pasó a la preocupación.

Se dijo que quizá estaría en la gasolinera o dando un paseo. No podía haber ido muy lejos…

Se maldecía por no haberla oído levantarse… Había pasado casi toda la noche sin poder pegar ojo, tirado en aquel campo de hierba y hojas secas mientras veía como ella dormía tranquila y relajada, como si descansase en un lecho de plumas y nada pudiese turbar su sueño…

Apenas le había preguntado si todo estaba bien y ella no le había respondido, solo le había besado y había apoyado la cabeza entre su barbilla y su pecho y había musitado algo así como solo vamos a dormir… y aunque le costó creerlo cinco minutos después ya estaba dormida…

Y ahora había desaparecido como si nunca hubiese estado allí…

Llegó a la gasolinera. Era pequeña, ni siquiera tenía tienda.

Un hombre mayor se acercó.

- Quería llenar esto.

Le llenó el bidón con el surtidor. Una parte de él se resistía a preguntar pero otra no podía contener el deseo de querer saber.

- ¿No habrá visto esta mañana a una chica joven… morena… con una camiseta verde?

- Sí… sé quién dice. Se presentó aquí en cuanto abrí la verja… Se fue con Bill.

- ¿Con Bill? ¿Qué Bill?

- Es un camionero que vive aquí cerca... Llegó a la vez que ella y oí como le preguntaba si la podía acercar a la autopista. Bill hace ruta hasta Miami… Así que se fue con él. ¿Por qué? ¿Ocurre algo con ella?

El hombre le miraba ahora con curiosidad. Él sacó un billete de la cartera y se lo dio para que se cobrase.

- No, no ocurre nada.

Se volvió caminando hasta dónde se había quedado el coche tragándose el resentimiento como si se tratase de una medicina amarga. Ni siquiera había sido capaz de decirle que se marchaba, ni siquiera había podido despertarle y esperar a que hubiese sido él quien la llevase hasta algún lugar civilizado. Ni siquiera le había dicho adiós.

Llegó al coche con la camisa comenzando a pegársele por el sudor. Hacía ya mucho calor a pesar de lo temprano de la hora. Consiguió ponerlo en marcha y volver a la autopista que después de todo no estaba tan lejos…

Condujo rápido y concentrado en el tráfico que era bastante intenso. Inconscientemente sus ojos se iban cada dos por tres hacia la derecha de la vía esperando encontrarla de nuevo. Ahora estaba otra vez preocupado por ella… Si al menos se hubiese llevado algo de dinero. ¿Cómo podía ser tan inconsciente y tan impulsiva? ¿Quién diablos era ese Bill? Pensaba en Bill, sentado a su lado en la cabina, observándola mientras ella miraba el paisaje por la ventanilla y le entraba una irrefrenable furia homicida… y aunque Bill no fuese un puto obseso sexual como eran prácticamente todos los camioneros ¿qué iba a hacer ella cuando estuviese en Miami? No tenía dinero, no tenía trabajo, no sabía por qué pero estaba convencido de que tampoco conocía a nadie en Miami. Y si no le había mentido no iba hasta Miami… Iba a Key West que estaba aún cien millas más al sur. ¿Por qué por todos los santos querría ir ella a una base militar? ¿Y qué pasaba con su casa y con su familia? ¿Por qué no le había preguntado ninguna de esas cosas?

No le había preguntado nada porque se había dicho que no era cosa suya… Primero se había visto tentado por la idea de convencerla para que se quedase con él y le ayudase con las estafas… Habría sido perfecta, porque era la viva imagen de la honradez y la inocencia, y evidentemente tenía muchas posibilidades de hacer un buen trabajo… Después lo había desechado tras un súbito ataque de conciencia…

No podía hacerle eso a ella, no tenía derecho a joder de ese modo su vida. La suya hacía tiempo que ya no tenía arreglo… Hibbs estaría esperándole. Después del inevitable intercambio de insultos y amenazas le había explicado lo más importante por teléfono. A la una estarían todos en el Westin Tampa Bay y algunos días más tarde él tendría cien mil dólares que ni siquiera había pensado en qué emplear pero que no le durarían mucho…

Cuando lo conseguía el dinero le quemaba las manos, como si necesitase gastarlo con rapidez para olvidar como lo había obtenido…

Era lo que hacía y lo hacía bien… hoy lo haría bien también y se olvidaría de todo por un tiempo. También de ella… Después buscaría a otra. Ya lo tenía pensado… Alguna recién divorciada, nada de maridos, nada de hijos… Una mujer desengañada, rica y aburrida a la que dar un poco de diversión y de la que sacar a cambio algo grande… Sí, esos eran sus planes… Esa era su vida…

Paró a llenar el depósito y a tomar algo caliente y sólido. Inevitablemente eso le hizo recordarla de nuevo... ¿Habría desayunado siquiera o iría por ahí con solo media chocolatina en el cuerpo desde el día anterior? Quizá Bill la invitase… Se obligó a dejar de pensar en eso. ¿Qué mierda era lo que pretendía sacar de ahí? Se había largado. Había dejado bien claro que no quería nada más de él y seguramente era lo mejor, para ella y también para él.

En aquella cafetería también había un expositor con cintas de música. Lo giró lentamente. Una llamó su atención y le pidió a la camarera que se la pusiese también en la cuenta. Cuando volvió a montarse en el coche no la puso en la radio sino que la guardó sin sacarla del plástico en la guantera.

Salió de nuevo a la autopista. Un cartel anunciaba la distancia que aún le quedaba por recorrer Tampa 12 millas – Miami 293 millas. Las once… El tiempo justo para llegar al hotel, darse una ducha, ponerse un traje y una corbata y convertirse en alguien que despreciaba… Todo lo demás iría rodado y por su propio peso… Solo había que ponerlo en marcha…

Vio el cartel anunciador de Tampa Bay. Había muchos automóviles en el carril de salida, en cambio los otros se extendían ante él prácticamente vacíos… Sujetó más fuerte el volante y pisó el acelerador. Al infierno con Hibbs, al infierno con todos ellos, hoy no se sentía capaz de hacer el juego. Que se las apañase él solo. No le debía nada a Hibbs.

No tuvo que preguntarse qué haría a continuación. Solo había una cosa que podía hacer. Solo había una cosa que realmente le importase y le preocupase. Ni siquiera esperaba nada de ella. Solo necesitaba asegurarse de que estaría bien…

Pasó el día al volante. A las siete de la tarde había cruzado prácticamente toda Florida de norte a sur, había atravesado los Everglades y había visto caimanes tumbados tranquilamente al sol, había recorrido los cayos a través de una autopista que era como una cinta que se extendía sin fin sobre el agua, había visto hoteles de lujo y playas de ensueño pero no la había visto a ella. Y había estado tentado decenas de veces de dar la vuelta y olvidarse de todo aquello y sin embargo no lo había hecho. Había continuado por aquella carretera que en algún momento se acabaría y por la que a la fuerza tendría después que regresar.

También había perdido la esperanza de encontrarla y solo continuaba por la estúpida inercia de llegar hasta el final cuándo vio una figura solitaria, una camiseta verde, el cabello largo y rizado recogido en una cola de caballo...

Estaba de pie mirando el horizonte en la orilla de una de las lagunas interiores. Detuvo el coche y caminó hasta ella aliviado y sintiéndose a la vez como un idiota por haber pensado que realmente él podría haberla servido de algo.

Pero Kate sonrió cuando le vio llegar.

- ¿También mentías cuando dijiste que ibas a Tampa?

Eso le sentó muy mal pero consiguió no darse la vuelta y largarse.

- ¡No he ido a Tampa! ¡Estaba preocupado por ti! ¿No tienes el más mínimo conocimiento? ¡Podría haberte ocurrido cualquier cosa!

Pensó tarde que podía haber dicho todo eso sin gritar. Pero ella no dio señal de haberlo notado.

- Me apaño bien sola.

Él sacudió la cabeza reconociéndolo.

- Sí, ya me doy cuenta...

Kate le miró con curiosidad.

- ¿Y qué pasó con tu trabajo?

- Lo he dejado.

Ella contuvo una sonrisa.

- ¿Así? ¿Tan fácil?

Odiaba darle la razón.

- Sí, así de fácil.

- ¿Y qué vas a hacer ahora?

- No lo sé. Aun no lo he pensado.

Ahora fue ella la que asintió, como si aquello fuese algo muy razonable… Apartó su mirada y la volvió hacía el agua.

- ¿Y por qué tuviste que irte así?

No era un reproche. Era un lamento. Ella se volvió otra vez.

- No quería entrometerme… Pensé que si de veras querías encontrarme terminarías haciéndolo y… ya ves… Además tenía que llegar hasta aquí… Se me ocurrió que si me quedaba contigo… no sé… tal vez no sería capaz de hacerlo...

Él no podía entenderlo.

- ¿Pero a dónde has llegado? ¿No quieres ir a la base?

Ella negó con la cabeza.

- No, no hasta la base. Solo hasta aquí… - Ella hizo un gesto con el que abarcaba todo lo que había a su alrededor.- El último verano… antes de que mi madre decidiera divorciarse lo pasamos aquí. Mi padre… bueno, en realidad… - Kate se paró pero siguió enseguida. – No importa, mi padre estaba destinado en la base… Veníamos aquí muchas tardes. Fui muy feliz ese verano… Después ya todo estuvo mal…

- ¿Y has venido a verle a él?

- No. Está en Bosnia o en Kuwait o en algún lugar de esos…

- ¿Y tu madre?

- Mi madre está en Des Moines… supongo…

- ¿Y entonces?

De verdad quería comprenderlo, de verdad quería saber porque ella había recorrido más de mil setecientas millas solo para venir a ver como el sol se ponía entre los manglares.

- Solo necesitaba venir una vez más. Quería olvidar lo que pasó después y empezar de nuevo… Quería asegurarme de que seguía estando aquí, que no era solo un recuerdo borroso y ya sabes, idealizado quizá…. Quería comprobar que seguía siendo hermoso y especial.

Quizá si lo entendiese, aunque no era posible que fuese más hermoso y más especial que ella, de pie con la mirada perdida en aquella inmensidad azul, verde y dorada.

- ¿Y lo es?

Se volvió hacia él y le sonrió. Parecía muy feliz.

- Sí, lo es. Es exactamente tal y como yo lo recordaba.

Cruzó los brazos y se quitó la camiseta, después se desabrochó los vaqueros y se quedó solo con un conjunto estampado con minúsculas florecitas. Eso le hizo olvidar la casi dolorosa emoción que ella le había hecho sentir un momento antes y despertó en él otro impulso mucho más primario. Ella le miraba como si adivinará sus pensamientos y le parecieran muy divertidos.

- Vamos, ven conmigo. Nos daremos un baño.

Se fue hacia unas rocas dispuesta a saltar al agua y consiguió preocuparle de nuevo.

- ¿Estás bromeando? ¿Sabes cuantos caimanes he visto de camino hasta aquí? Es una maldita charca. ¿Al menos no puedes buscar una playa? Las hay a centenares al otro lado.

Ella se rió.

- No. Tiene que ser aquí… No seas quejica. No hay caimanes a esta altura. El agua está demasiado salada para ellos… Solo están en el aire.

Por un momento eso le confundió aún más.

- ¿Cómo dices?

Kate señaló al cielo desde la roca a la que estaba subida.

- ¿Ves esas nubes? – Las veía. Eran unas alargadas y pacíficas nubes de verano.- Parecen caimanes ¿no crees? Un poco… Sam siempre decía que esos eran los únicos caimanes que podrías encontrar aquí… Venga, ven. Nos merecemos algo bueno después de todo…

Estaba esperando. No quería hacerla esperar… Se quitó la ropa y fue junto a ella. Kate saltó al agua antes de que la alcanzara. Saltó detrás. No sabía si lo merecía o no, pero de veras era algo bueno…

Cuando montaron en el coche hacía ya un largo rato que los últimos rayos de sol habían desaparecido en el agua, pero el atardecer se alargaba aún perezoso... Ella buscó entre las cintas y la descubrió al primer vistazo.

- ¿¡Dónde la has conseguido?

- La vi en una gasolinera y pensé en ti…

Había hecho más de cuatrocientas millas detrás de ella y ahora apenas era capaz de decirle algo tan sencillo. Kate sacó la cinta del plástico dónde aún estaba envuelta y la puso en la radio. Ventura Highway sonó perfecta y mágica.

Kate sonrió y después cerró los ojos mientras el aire agitaba su pelo.

No la preguntó adónde quería ir…

Ya lo sabía…