Tinieblas internas
Frío, frío es lo que siempre sentía al despertar en este calabozo…
La Cámara de un número indeterminado de víctimas, y que crecía día a día, hora a hora, infectando cada pared, cada resquicio visible, de indistinguibles restos de seres vivos, aprisionaba al sometido y al amo, si, al amo más que nada, y ahora le hacía retorcerse de deseos sublimes.
-¡Levántate!-fue el primer sonido que acompañó el despertar de la pelirroja, que restregándose los ojos, se dio vuelta para atender al llamado de su captor. Él no le dio tiempo a ponerse de pie por sí misma, la tomó de un brazo y elevo bruscamente. Ella se quedó de pie, inmóvil, indecisa de decir o hacer algo, el miedo siempre seguía allí, a pesar de que se había propuesto liberarse, aún persistía en ella el valor por la vida.
-Te dejé a tu suerte la última vez, y te salvaste solo por azar…(mientras recordaba al maldito engendro..Valtiel)….eres inútil, creo que deberías haber muerto allá afuera, si no fuera porque me está prohibido...-era inútil intentar no pensar en ella de la manera en que lo hacía.
Un suspiro escapo por la boca entreabierta de ella, seguido de un temblor general casi imperceptible debido al esfuerzo que hacía por ocultar su horror. Sería acaso muy dolorosa la muerte en manos de él, realmente no quería averiguarlo aun.
-¡Deja de provocarme, maldita ramera!-gruñó sonoramente, petrificando la expresión de la mujer en una aterrorizada mueca, y provocándole una palidez que la hacía aún más hermosa.
El plan, si, el plan era arrojarla a los monstruos y esperar a que sus instintos afloraran, pero la última vez eso no salió nada bien…tendría que enseñarle, corromperla, quebrarla.
Se giró dándole la espalda como siempre, y salió abriendo los pesados portones de la entrada con una sola mano mientras con la otra arrastraba su arma dejando a su paso la estela inconfundible de pianísimo tono.
La muchacha inhaló el oxígeno por el que suplicaban sus pulmones mientras contuvo inconscientemente la respiración en un absurdo intento por no llamar la atención de la malévola criatura. Se puso de pie y aburrida de su pasividad diaria, comenzó a explorar la cámara en que se alojaba, bajo sus zapatos la inmundicia era insana, hedía por todos lados a cadáver, y ello ya no le causaba asco. Al otro lado de la habitación se encontraban unas celdas cuyos barrotes estaban cubiertos de óxido mezclado con sangre, y la oscuridad dentro de éstas era tan profunda que se hacían insondables por el ojo humano, más aún desde 2 metros de distancia. Lilith se acercó confiada a mirar, a medida que el trecho entre ella y la celda se acortaba, iba percibiendo una respiración ligera y casi humana, luego un sonido parecido al quejido de un animal herido, con cada nuevo respiro de ese "algo" que se escondía allí su corazón iba disparando las pulsaciones. Tragó saliva antes de posar sus manos en los barrotes sucios, con el cuerpo adrenalinizado al máximo hizo caso omiso de su instinto de supervivencia y del sentido común que le rogaba se alejara de allí; entonces, cual Pandora, no pudo evitar la tentación de apretar su rostro a la jaula, en un intento de oír mejor y de ver entre la penumbra. De la nada y en un abrir y cerrar de ojos, un rostro gris, venoso y putrefacto se topó con el de ella, la mirada perdida pero al mismo tiempo hambrienta y furiosa la lanzó de espaldas sobre sus pasos. Desde el suelo y mientras se arrastraba alejándose, pudo observar en plenitud a la bestia quejumbrosa que se ocultaba; le faltaban los brazos, era de aspecto masculino y fornido, el cabello no demasiado largo caía negro y grasiento sobre la cara, los labios amoratados como los de un muerto se entreabrían descubriendo afilados y verdosos dientes, pero sonreía maliciosamente a pesar de sus mutilaciones, como si no tuviera conciencia de ellas mientras la miraba. El ruido que el jadeo animal de este ser producía, despertó a otros seres de las celdas contiguas, los que se aglutinaron estirando los brazos entre los espacios de sus cárceles, en un iluso intento de agarrarla. De entre esas alimañas divisó a una de esas "enfermeras", el dolor y el resentimiento de los recuerdos la sobrecogieron hasta las lágrimas, sintiéndose impotente frente a la fuerza de esos seres, pero al mismo tiempo la embargaba el odio, uno que no sentía en mucho tiempo…, haría pagar a Todos.
Nublada por la rabia, buscó enajenada algún objeto corto punzante, no había cosa alguna que pudiera usarse, miró y miró a su alrededor, y de pronto una idea le atravesó el seso; se apuró hacia el cristal que protegía la amapola roja que flotaba en la viscosa y transparente sustancia, y con brutalidad empujó la campana de vidrio haciéndola trizas en el suelo, y derramando por doquier la sustancia, tomó uno de los filosos despojos; enajenada se aproximó a zancadas contra la fémina, sus mejillas se elevaron junto con su sonreír en una mueca grotesca, y sus esferas oculares parecían brillar de gozo. Una vez junto a la verja, alzó el brazo y como si su mano fuera dirigida por una entidad extraña, clavó en toda la cabeza repetidas veces el pedazo de cristal, mientras la fiera rugía tras los barrotes sin poder defenderse. Una vez hubo caído aquel ser, derramando negra sangre, Lilith volvió a la realidad, y pasmada observó sus manos ensangrentadas, su sangre al apretar el arma, y la sangre del enemigo. Se dio la vuelta, y ahí estaba inmóvil como una columna de granito, el señor del inframundo, que de brazos cruzados parecía satisfecho.
Hasta el momento en que despegó su atención de esa imagen tan macabra y hermosa, no había notado los vidrios en el suelo, la sustancia, ni la flor….
Quiso destruirla ahí mismo, en ese instante, pero una voz le dijo – Tienes toda la primavera ante ti, la más terrible y perfecta-.
Persistió detenido observando su "flor"; de alguna manera lo era, colorida, delicada, perfumada,….exuberante de feromonas, como una orquídea que imita la forma de una avispa ella emulaba con igual altura la belleza de la naturaleza.
-Yo…no quise…-, las palabras no salían de esa boca temblorosa, sólo una mirada de espanto llenaba el vacío de la voz. Se puso a recoger con la mano destrozada, los vidrios y la flor, respecto de la cual recién en ese minuto reparó; mientras ordenaba los despojos de lo que alguna vez fue, de a poco avanzaba hacia ella Él. Se agitó su respiración, el corazón retumbó como un tambor dentro del tórax, y por último un sudor frío bañó su frente. Con la cercanía de aquella enorme mano cerrando el espacio entre la vida y la muerte, se ennegreció todo ante sí.
Antes que cayera y se golpeara, la tomó en sus brazos, la cubrió con su frialdad. Tomó asiento en la esquina de siempre, y guardó el sueño de ella, el desvanecimiento de su musa, musa que no tenía idea que lo era, y mejor que así fuere. Acarició la frente blanca con sus toscos dedos, y ese contraste hiso patente que él ya no vivía, era nada más que una sombra de la vida, un espectro atormentado por sus propios pecados, incapaz de alcanzar la luz.
Se sentía renovada cuando se estiró entre los brazos del piramidal incógnito, estaba relajada y no sintió miedo al saberse como encima de una trampa para ratones, algo del peso de su "dolor" se había aligerado, pero esa liberación alimentó aún más su ímpetu violento, quería descargar su rabia contra las causas más remotas de su desdicha, ya no le importaban esas bestias carentes de conciencia, quería que pagaran los que podían ser culpables, quienes dieron comienzo a la vorágine de eventos desafortunados que constituyeron su corta vida y la muerte abrupta de su madre. Su mirada estaba perdida en algún punto del cielo de esta mohosa morada, en realidad en nada y ello le daba el aspecto de quien acaba de morir y no alcanza a cerrar los ojos.
Él también despertó aunque nunca se podía decir a ciencia cierta si alguna vez dormía; la miró y sintió como si estuviera "ida", notó entonces que la transformación había tenido comienzo hace unas horas, quizás antes, sin que él hiciera cosa alguna para provocarlo, salvo por cierto, dejarla Sola.
En la soledad, en el abandono estaba la clave para todo su poder, ahora conocía la herramienta para pulir ese diamante.
