Los personajes no me pertenecen, sólo a Stephenie Meyer, excepto por algunos que han sido creados por mí. La historia es mía. Espero que les guste.
Y ya el 6to capítulo de Nueva Vida. Nessie descubre cosas nuevas, en todos los sentidos de la palabra. :)
Creo que les va a gustar
Gracias por leerme! Besos!
CAPITULO 6 ~ IMPULSOS
- Despierta. – escuché una voz conocida cerca de mí, pero no quería abrir los ojos. – Despierta, Renesmee, tenemos visitas.
Cuando abrí los ojos al fin, tenía a mi madre con una enorme sonrisa esperándome. Me incorporé y ella sacó las cobijas de encima de mí y me levantó como si fuese un bebé para sentarme en el sillón que tenía la alcoba.
- Mamá, eres una cargosa. – gruñí aún un poco dormida.
- Anda, vístete, ha venido mi padre con Sue y Seth. – dijo toda entusiasmada. – Te están esperando.
No me quedó otra alternativa más que cambiarme. Elegí unos jeans un poco ajustados y una blusa con tirantes algo escotado. Sabía que papá se cabrearía así que no me la cambié. Todavía seguía enojada por cómo me había tratado por el móvil. Hacerle la contra unos días no me vendrían nada mal.
Bajé las escaleras y me encontré con todos allí. Mi abuelo estaba en una silla de ruedas aún con una bota en su pie pero se lo veía con ánimos, Sue estaba a su lado sonriéndome al verme y Seth estaba despatarrado en el sofá mirando la tv.
- Hola abuelito. – le dije dándole un abrazo.
- Hola mi niña. Pero qué linda estás. – me dijo. – ¿No tienes frío? Podrías cubrirte un poco si quieres. – dijo sacándome la sonrisa. No sabía que Charlie fuese celoso. Seth lanzó una carcajada.
- Estoy bien así, abuelo. – le respondí para luego saludar a Sue con otro abrazo.
Después de eso me senté junto a Seth y miramos la tv un rato. Un rato bastante largo diría.
- Bueno, Nessie, debo irme. – dijo poniéndose de pie. No había nadie allí más que nosotros, los demás seguramente estaban en la cocina o en la sala.
- ¿A ti tampoco te gusta mi nombre? – me reí.
- No es eso. Jake me lo pegó. – oír su nombre hizo que mis piernas temblaran, era absurdo si estaba sentada.
- Ah. – sólo eso salió de mí.
- Nos vemos luego, ¿vale? Dile a mi madre que tuve que ir a… trabajar. – se despidió.
- De acuerdo. Tú… - se frenó. - … tú mándale saludos a Jacob.
- Lo haré, se pondrá contento.
- ¿Ah sí?
- Claro. Tú le caes muy bien. La última vez se ha ido un poco mal de aquí, pero ahora ya está mejor. Creo que anoche habló con tu madre y lo invitó, quizás venga en un rato. Yo lo tengo que cubrir. Así que… debo irme o me matará y no es broma. – rió, yo hice lo mismo y luego se fue.
¿Vendría? ¿Lo podría ver otra vez? Tenía muchas ganas de hacerlo. Quería disculparme y decirle que podría venir cuantas veces quisiera. Había sido una tonta en alejarlo. Eso sólo sirvió para que lo pensara cada día con más intensidad.
Fui a la cocina luego de ver un último video musical, que prácticamente ni miré, y allí encontré a los demás, tal como me lo imaginaba.
Me quedé un buen rato hablando con ellos, así descubrí que mi abuelo era muy parecido a mi padre. Había vuelto a insistir en que me pusiera algo encima, pero no le hice caso, para desgracia de mi padre.
Recordé que había olvidado el móvil en la mesa del living y fui a por él dejando solos a los demás por un momento.
Ningún mensaje. Me asombré puesto que Jason siempre me hablaba por la mañana, por la media mañana, por la tarde, por la noche, siempre. Hacía unos días que no era tan insistente. Al principio me preocupé pero me había dicho que todo estaba genial, pero hoy directamente no me había enviado nada.
Respiré y me tranquilicé un poco. Seguramente eran paranoias mías. Tal vez más tarde me llamaría o algo.
Salí de mis pensamientos cuando alguien tocó a la puerta. Sabía quién era pues su aroma ya había entrado a mi organismo para revolucionarlo.
- Renesmee, ¿puedes abrir? – dijo la voz de mi madre desde la cocina.
- Ya voy. – dije y di pasos temblorosos hasta abrir la puerta.
Allí estaba con una sonrisa en el rostro, la más bella de las sonrisas, la más perfecta. Me quedé encandilada con ella un rato hasta que su dueño carraspeó sacándome de mis bobadas y haciéndome sonrojar más de lo debido.
- Ho… hola. – tartamudeé. ¡Idiota, disimula!
- Hola Nessie. ¿Cómo estás? – me dijo con una mueca, con una perfecta mueca que dejaba a la luz sus perfectos dientes blancos. ¡Detente, tonta! Pero no lo hice, la estúpida de mí no se detuvo y lo que pasó a continuación no tuvo respuestas.
Me abalancé sobre él, enredé mis brazos a su cintura acomodándome en su pecho desnudo y cálido. Al principio se quedó helado ante la sorpresa, pues hasta yo misma estaba sorprendida. Pero luego me envolvió entre sus brazos fuertes musculosos haciendo que me pusiera más cómoda en donde estaba.
Toda la vergüenza, el temor, las preguntas al porqué estaba reaccionando así, desaparecieron. No existió nada más que nosotros en aquella entrada. Podía sentir el golpeteo de su alocado corazón, y seguramente él sentiría el mío porque parecía querer salirse fuera.
Lo apreté un poco más a mí y pegué mi nariz a su piel para inhalar su maravilloso y delicioso efluvio. No existía nada más dulce que su aroma. Me enloquecía, me hacía temblar, me asustaba, pero no iba a soltarlo.
Sentí cuando apoyó su cabeza en la mía y también cuando al igual que yo inspiró mi olor. Me estremecí. No pude evitar hacerlo. Era un simple humano y no entendía por qué era diferente a los demás. Jason me olía bien pero Jacob era completamente diferente. No tenía ese olor humano, era distinto, inexplicable para mí.
Perdí la noción del tiempo sobre su pecho hasta que un carraspeo que provenía de detrás de Jake me sorprendió. Me aparté casi con sufrimiento y totalmente enrojecida para saber quién estaba detrás. Allí vi a un hombre en sillas de ruedas de piel morena y pelo largo. Llevaba una camisa de cazador y un sombrero en su cabeza. Mi rostro se enrojeció más y el de Jacob parecía que también.
- Lo… siento. – dije mirando al amigo de mamá y luego al hombre que lo acompañaba.
- No te preocupes. Tú debes ser la hija de Bella y Edward. Eres muy parecida a tu madre. Muy bella. – dijo este último.
- Sí, lo soy. Bueno digo, lo de ser la hija de mis padres, bueno de Bella y Edward. No me creo bonita ni nada, sólo sí a lo primero. – dije estúpidamente nerviosa. El hombre se sonrió.
- Nessie, él es mi padre, Billy. Papá, sí, ella es la hija de Edward y Bella, Nessie. Bueno, Renesmee. – me presentó Jake. Lo miré con una sonrisa y por poco me perdía en su mirada otra vez, pero pude evitarlo sino seguiría pasando vergüenza frente a su padre.
- Nessie está bien. – le dije. – Pasen, por favor.
- Gracias, niña. Creí que no se despegarían más, me estaba helando allí afuera. – dijo Billy mientras entraba. Mi rostro no podía más de toda la sangre que estaba acumulada en mis mejillas.
- Lo… siento. – volví a decir.
- No te preocupes. ¿Dónde está tu abuelo? Llevo siglos queriendo verlo. – dijo mientras su hijo caminaba detrás de él.
- Pasen por aquí. – les señalé llevándolos hasta la cocina. Todo fue un alboroto en cuanto todos vieron a Billy. Mamá se mostró contenta al verlo y también sonrió mucho cuando vio a Jake, tanto que corrió a abrazarlo. Sentí un poco de envidia, pero no tenía por qué tenerla, hace minutos lo había abrazado yo.
Mi abuelo estaba muy feliz. Decía que por fin estaban todos juntos y un par de cursilerías más.
- Nessie, ¿tienes un momento? Me gustaría hablar contigo. – me sacó de mis pensamientos Jacob. Me puse nerviosa, pero asentí y caminamos hasta la sala que estaba vacía.
Nos sentamos en los enormes sillones mirándonos de frente. Ambos nos carcajeamos de la nada. Me sentí completa mientras me reía sin razón junto a él.
- Siento lo de la entrada. – dije ahora más suelta.
- No, está bien. Me ha gustado. – respondió con esa sonrisa suya. Me quedé embobada unos segundos pero luego sacudí mi cabeza disimuladamente para despabilarme.
- Guay. – sonreí. – No sé por qué lo he hecho. Sólo me salió hacerlo. Y… a mí también me ha gustado… y mucho.
No dijo nada, sólo levantó su mano y acarició mi mejilla haciéndome temblar ante el tacto de su piel caliente. ¿Por qué hervía tanto? Mi ceño se frunció y él lo notó.
- Vale. Te contaré mi secreto. – dijo decidido.
- Oh no, Jake. No tienes por qué hacerlo. Deja así las cosas. – dije.
- Leah no volverá a intentar hacerte daño. – soltó desconcertándome.
- ¿Leah? ¿Quién es ella? – pregunté. Seguramente sería su novia. Sí, me estaba diciendo que tenía novia, que ese era su secreto. Por eso quería decírmelo, tal vez para que no me hiciera ilusiones. ¿Ilusiones? Pero qué creído era, si fuese así. Sólo había sido un abrazo. Sí, tal vez me quedaba con cara de tonta mirándolo pero eso no significaba nada. ¿O sí? – Mira, tu novia no tiene por qué ponerse celosa. El abrazo sólo…
- Leah no es mi novia. – rió.
- Entonces explícate. – le exigí seria.
- Nos has visitado ayer, ¿recuerdas?
- No sé dónde queda tu casa, Jacob, no te… - entonces todo tuvo sentido. Mi mente comenzó a intentar entender todo lo que estaba suponiendo. Ayer al único lugar que había ido era a ese bosque ajeno. Y con los únicos que me había cruzado era con esos dos… No. No era posible. Mi padre me había dicho que no existían los licántropos. No era posible que Jake fuese… uno de esos lobos.
- No quiero que te asustes, ¿vale? – me dijo pero yo tenía mi mente en otro lado. Me puse a pensar en su aroma. Yo misma había dicho que no entendía por qué era tan distinto a los demás humanos. Luego, su piel. Su piel era extremadamente caliente, quemaba. Eso no era normal y él me había dicho que era por lo que era.
¡Claro! Él mismo me había dicho que era mitad y mitad como yo. ¿Por qué no lo vi antes?
- ¿Eres un lobo? – pregunté temerosa. De pronto se me vinieron esas palabras de mi padre que me decían que eran nuestros enemigos, que estaban hechos para matarnos.
- Sí. – hizo una pausa. – Sé que es raro, pero lo soy. – me miró fijo. – Pero no quiero que tengas miedo, sé lo que te ha explicado Edward pero yo no te haré daño. Yo soy… tu amigo. El amigo de la familia.
- ¿Por eso no me hicieron nada cuando nací? ¿Eras tú la influencia? ¿Tú estuviste con mamá mientras yo crecía dentro de ella?
- Sí. Los demás no te hicieron nada porque yo estaba del lado de tu familia.
- ¿Eras el lobo que me acompañó hasta el río? – sé que le estaba haciendo demasiadas preguntas pero necesitaba saber.
- Sí. Era yo, quería asegurarme de que llegarías a salvo. Leah, la loba blanca, no es de muy buen carácter aunque estaba obligada a obedecerme. – me explicó.
- ¿Una loba? Espérate. – respiré profundo. - ¿Dices que debe obedecerte? ¿Eres su jefe?
- Lo soy. Ella, Seth, Sammy, quien has conocido la última vez que nos vimos y otros más. Ellos son mi manada, Nessie. Ellos no te harán daño porque yo se los tengo prohibido.
- Jake… - intenté hablar pero al colocar mi mano sobre su brazo todo se me olvidó. Es que su piel se sentía sumamente tersa, tan suave a mi tacto y tan cálida que era una experiencia nueva para mí.
Mi mano siguió camino hasta llegar a su pecho. Él se estremeció al sentirme y eso me gustó porque se sentía como yo que tenía estremecido hasta el último hueso. Recorrí sus músculos, mi corazón parecía querer salírseme fuera.
- No quiero que me tengas miedo, Nessie. – susurró.
- No te tengo miedo, Jake. Eres… eres muy hermoso. – le confesé aunque estando con la mente fría jamás se lo hubiese dicho. Sonrió y me acarició la mejilla haciendo que mis ojos se cerraran para sentirlo mejor.
- Tú eres hermosa, Nessie. No hay ser más bonito que tú. – me dijo haciendo que mis mejillas se pusieron rosas. Abrí los ojos y vi cómo los suyos brillaban, o tal vez eran el reflejo de los míos. No entendía por qué me hacía sentir de ese modo. Estaba acariciando a un hombre-lobo, creado desde su naturaleza para matar vampiros. Pero no le tenía miedo, no. Me gustaba. Sí, me gustaba tenerlo cerca, me completaba, me llenaba de energías.
Pronto mi móvil sonó y nos hizo pegar un pequeño saltito en el asiento. Habíamos estado tan metidos en nuestras caricias que parecíamos no estar en este mundo. Pero de sopetón, el sonido del móvil nos trajo de vuelta a la realidad.
Saqué mis manos con dificultad de su torso y cogí el móvil llevándomelo a la oreja.
- Hola. – dije sin prestar atención, pues toda estaba puesta en aquel hombre que tenía enfrente y que me sonreía.
- Hola mi amor. – dijo la voz al otro lado, haciendo que me girará mirando hacia la nada, pues de golpe, no me sentí muy cómoda.
- Hola Jason. – dije poniéndome de pie y caminando de un lado a otro.
- ¿Cómo estás?
- Bien. ¿Tú? – dije cortante.
- ¿Qué te sucede? Te siento rara, cielo. – me descubrió. Me sentí culpable. No tenía derecho a sentir todo eso por Jacob cuando sólo debía sentirlo por mi novio, que me esperaba, que me echaba de menos en Alaska.
- Nada, amor. Lo siento. Es que estoy con visitas. Ha venido mi abuelo con su mujer y unos amigos. – le conté.
- ¿Tu abuelo? ¿Ya está mejor entonces? – hizo una pausa, tal vez esperando a que respondiera. – Eso significa que pronto volverás, ¿verdad? Eso es bueno, te estoy echando demasiado de menos, cielo.
- Y yo a ti. – respondí. – Tal vez ya esté pronta a regresar. ¿Cómo va todo por allí? ¿Me estoy perdiendo mucho del instituto?
- Pues sí, cariño, no sé cómo harás cuando regreses. Te estás retrasando muchísimo. Pero no te preocupes, yo te echaré una mano.
- Gracias. – sonreí, si supiera que me sabía todo lo del programa. Mi padre se había encargado de eso.
- Renesmee, ¿sabes una cosa? – me dijo de pronto.
- Dime.
- Te necesito, amor. Necesito tenerte conmigo. No sabes lo difícil que se me está haciendo.
- Yo también te echo de menos. – dije bajando la voz, era tonto de mi parte, pues era mi novio. Jacob parecía no prestar atención de todas maneras. Había encendido la tv y se lo veía entretenido.
- No es sólo eso, amor. Quiero tenerte. Tú sabes… Tengo ganas de estar contigo. Muchas.
- Oh. – dije. – Jason, eres un salvaje. – reí sonrojada.
- Sí, cielo. Tú me pones así.
- Vale, amor. Pronto volveré y tendremos tiempo para nosotros. Ahora sólo enfócate en los estudios, ¿vale? No te desconcentres, sino no podrás ayudarme cuando regrese.
- Ok, es difícil concentrarse. Pero lo intentaré. – suspiró. – Ahora debo irme. Tengo entrenamiento. Vuelve pronto, cariño.
- Lo haré. Adiós. Cuídate. – dije y colgué.
Caminé hacia el sillón y me senté nuevamente al lado de mi nuevo amigo, por así decirlo. Seguía mirando un programa, o eso creí hasta que habló.
- Así que tienes novio. – soltó haciéndome abrir los ojos como platos. ¿Cómo lo sabía?
- ¿Cómo…?
- Soy un lobo, nena. Mi oído está agudizado tanto como el tuyo. – dijo girándose y clavándome la mirada.
- Ah, no lo sabía. Debes contarme qué otras cosas tienes. Me interesaría saberlo. Y… sí, tengo novio. Siento no habértelo contado antes.
- No lo sientas. Es tu vida, tú me cuentas lo que quieres. – sonrió. – Y… ¿hace cuánto que están juntos? – preguntó ahora serio.
- Dos años. Nos conocimos en el instituto. – le conté.
- ¿Lo amas? – preguntó sin darse vueltas.
- ¿Por qué quieres saber eso? – le dije. – No es de tu incumbencia.
- Lo siento. No tendría que haber preguntado eso. – dijo poniéndose de pie, pero cuando estuvo por dar el primer paso para alejarse, mi mano lo frenó tomándolo del brazo.
- Lo amo. Fue mi primer amor, mi primero en todo. – le confesé, no sabía por qué lo estaba haciendo realmente, pero me sentía cómoda mientras le contaba. Se volvió a sentar.
- ¿Es… humano?
- Sí, lo es. ¿Raro, verdad?
- Pues, un poco. Aunque no me extraña. Viví todo el romance entre Edward y Bella. Quizás eres igual a él. ¿Quieres chuparle la sangre? – preguntó haciéndome reír.
- Ahora no. Al principio fue horrible, me atraía mucho su sangre. No sólo lo quise devorar en el sentido que usan los humanos, sino que en el mío propio. Fue una lucha conmigo misma, pero lo amé tanto, lo amo tanto que ya no quiero hacerle daño.
- ¡Vaya! – soltó algo apenado. – De veras que lo amas.
- Sí. – respiré. - ¿Tú no tienes novia, Jake? Sé que estuviste muy enamorado de mamá. Y ella de ti…
- Eso fue hace mucho tiempo. Ella también fue mi primer amor. Hasta le di mi primer beso. – bufó. – Eso fue hace mucho tiempo. – repitió perdido en algún recuerdo. – No. No tengo novia ahora, antes estaba con alguien, pero por estar. Sé que suena feo, pero era un acuerdo mutuo.
- ¿Acuerdo mutuo? – pregunté interesada.
- Sí, ambos teníamos el corazón roto, ambos pensábamos en otras personas pero teníamos las necesidades que tienen todas las personas. Y bueno. Eso. – contó nervioso.
- ¿Ahora sigues con ella?
- Ya no. No puedo hacerlo. Ya no la deseo, no la quiero ni la veo de esa manera.
- Eso suena un poco cruel. – dije. - ¿Se lo has dicho como me lo estás diciendo a mí?
- Sí, algo así. – me miró. – Pero no es nada machista si es eso lo que piensas. Es todo lo contrario.
- Yo no le veo lo contrario.
- Es algo que nos pasa a los lobos, pero esa historia te la contaré otro día. – acarició mi mejilla. – No me extraña que estés con alguien, yo no te dejaría pasar.
Listo, eso fue la gota de sangre que rebalsó en mis mejillas. Tuve que bajar la mirada de la timidez que me provocaron sus palabras.
- Lo…siento. No quería incomodarte. – dijo poniéndose de pie nuevamente, y tal como pasó antes, lo frené.
- No, no te vayas. Por favor, quédate conmigo. – le imploré. Me miró atravesándome con su mirada profunda y tomó mi mano y la empujó para ponerme de pie. Quedamos muy cerca el uno del otro.
- No me iré si tú no lo quieres. – dijo acariciándome con su dulce aliento. Me estremecí otra vez. Todo mi cuerpo estaba tiritando como nunca.
- Pues… no quiero que te alejes de mí. – le confesé y por alguna extraña razón ahora yo le estaba clavando mi mirada, su cara se volvió más tierna que lo normal y no pude evitarlo.
Me paré en puntitas de pie y entrelacé mis brazos en su cuello empujando su cabeza lentamente hacia mí, mientras que yo a la vez me acercaba más a él.
Sabía que lo que iba a suceder estaba mal, sabía que era incorrecto, pero no pude evitarlo.
Mis labios rosaron los suyos haciendo estallar en mí millones de mariposas en mi interior. Mi piel se erizó por completo y mis pies parecían estar despegándose del piso. Sí, me sentía flotar. Y más aún cuando nuestros labios comenzaron a moverse de una manera tan natural, tan pasional y tan dulce. Jamás nadie me había besado así.
Mi boca cabía en la suya a la perfección, todo en nosotros era perfecto, como si fuésemos dos piezas de rompecabezas que encajan en su excelencia.
Y todo cobró más vida cuando me pegó con sus brazos a su cuerpo, tanto que no había ni un milímetro por rellenar. Parecíamos una sola persona. Lo éramos.
La respiración comenzó a faltarme pero no quería despegarlo de mí. ¡Pero cómo me atrevía!
Estaba equivocándome, todos esos sentimientos eran equívocos, erróneos. Jason estaba esperándome, minutos antes había colgado con él, le había dicho que lo echaba de menos, le había dicho al mismísimo Jacob que lo amaba. Y ahora lo estaba engañando. Por más fuerza extraña que me atrajera al lobo, debía detenerme, no era correcto lo que estaba haciendo.
Me despegué de él bruscamente empujándolo un poco hacia atrás. Nos miramos con los ojos llenos de deseo, pero debía frenarme. Respiré hondo y me giré dándole la espalda.
- Nessie… - me susurró tomándome de la cintura por detrás, pero yo lo aparté nuevamente con un poco más de fuerza.
- Esto… esto está mal, Jacob. Mejor… debo…
- Tranquila. – me dijo calmado. Eso me extrañó así que me giré para verlo y su rostro estaba tan calmo como sus palabras. Le fruncí el ceño. – Siento haberte… besado. No volverá a pasar. No te sientas mal por esto. Ha sido mi culpa.
Sabía que era mentira, sabía que yo había iniciado todo esto. Pero no lo contradije.
- No. No volverá a pasar. – le dije seria. – Debo irme.
- Nessie… - dijo frenándome ahora él mientras iniciaba el viaje hacia mi habitación. Me giré una vez más para verlo. – Lo siento. No volveré por aquí si así lo quieres. Estuve mal.
- No. – dije con rapidez. No quería que desapareciera de mi vida, sólo quería que me diera tiempo. – No quiero que dejes de venir. Sólo… sólo necesito estar sola ahora. Ve a la cocina con los demás. Pero vuelve. – medio le rogué.
- De acuerdo. Lo haré. – me sonrió y yo hice lo mismo tontamente. Volví a girarme y seguí mi camino.
Me quedé sobre la cama mirando el techo, sin pensar en nada. No quería hacerlo y todavía era capaz de manejar mis pensamientos. Me puse los auriculares y me perdí en la música.
No sé por cuánto estuve así. Cuando bajé nuevamente a la sala, Billy y Jake ya no estaban. Suspiré. Mi abuelo ya comenzaba a despedirse también porque se estaba haciendo tarde. Papá los llevaría hasta su casa.
Saludé a Charlie y a Sue con mucho cariño y muy contenta por su recuperación, y sin decir nada volví a subir a mi habitación. Por suerte mi madre no se vino tras de mí, me dio placer que respetara mi espacio y más en ese momento, pues no me apetecía hablar de nada. Menos de Jacob.
En sí, en ese beso. Ese beso que nos dimos y que nos hizo temblar. Por lo menos a mí, me había gustado tanto que me asustaba. Siempre había creído que Jason era el hombre de mi vida. Lo creí tanto que me entregué a él en todas las formas posibles. Incluso lo seguí creyendo cuando vine a Forks de visitas a mi abuelo.
Pero lo comencé a dudar cuando lo vi por primera vez a Jacob. Ya, desde ese instante sólo su mirada me había cautivado en su totalidad. Para cuando me besó, todo mi ser lo reclamaba.
Sí. Jason se borró de mi mente en ese instante y junto con él todos los momentos que pasamos juntos. Todo el amor hacia él se vio inundado por la sensación más hermosa del universo, esa que me hacía sentir Jake al tenerlo tan cerca.
Luego, mi novio volvió y me sentí culpable. Yo lo amaba. Pero algo comenzaba a despertarse dentro de mí. Algo que sólo Jacob sabía activar en mi interior, sólo él y nadie más.
Me dormí pensando en lo sucedido hasta el punto de soñarlo.
