¡Nuevo capítulo! Espero que les guste, a mí me entretuvo escribirlo. Así que lean y disfruten.
Capítulo 7: Plan de rescate
Ariadne pestañeó y los miró a ambos. Los dos se observaban con odio, casi con asco. Fijó su vista una vez más en Nash antes de decir.
-¿Qué está sucediendo aquí?
-Oh, ¿no te dijo?-contestó el otro, levantando una ceja. Arthur lo fulminó con la mirada.
-Cállate.-le ordenó Arthur, avanzando hacia él. Odiaba demasiado a ese sujeto. Nash se rió y se quedo en el mismo lugar.
-Vaya, princesita…se ve que no te dijeron todo ¿eh?-chasqueó la legua, girando su cabeza hacia ella-Dime, ¿en serio crees que tú siempre fuiste la arquitecta del equipo? Yo estaba antes…-lo miró a Arthur.-Hagamos apuestas: ¿cuánto tiempo piensas que pasará antes de que la echen a ella también?
-¿De qué está hablando, Arthur?-preguntó Ariadne, mirándolo.
-No lo escuches, Ariadne, sólo intenta llenar tu cabeza con cosas que no son ciertas.
-Anda, cuéntale…cuéntale cómo me desecharon como a un trapo sucio, cómo dejaron que Saito me entregase a Ingenería Cobol para que hiciesen lo que quisieran con mí. Me torturaron ¿sabes?
-Ariadne, no lo escuches.-le volvió a repetir.-Está distorsionando la realidad.-dio otro paso hacia Nash.-Escucha, idiota, la razón por la cuál te sacamos del equipo, fue porque siempre hacías las cosas cómo se te daba la gana. Y la última vez, tu soberbia y tu "yo hago las cosas bien" hicieron que te equivocaras en algo fundamental que casi nos cuesta la vida. Luego, como el maldito cobarde y traidor que eres, fuiste a negociar con Saito: le ofreciste nuestras cabezas a cambio de la tuya. Él, claro, es un hombre inteligente, y nos eligió a nosotros en vez de a ti. Pero que Ingeniería Cobol te haya atrapado no fue nuestra culpa, fue la tuya.-su voz era dura. Odiaba tener que lidiar como idiotas como aquel, y más odiaba aún que mintieran.
-Vaya, sigues encontrándole la vuelta a todo, como siempre.-dijo él con una mueca.-Ya nos volveremos a ver. Arthur.-levantó las cejas.-Adiós, princesita, también te volveré a ver a ti.-su voz sonaba a amenaza. Mirando a los dos, dio media vuelta sobre su lugar, y se fue.
Dom se acercó a ellos, con los labios apretados.
-¿Ese era Nash?-preguntó, intranquilo.
-Sí.-respondió Arthur.-Quédate con Ariadne, yo iré a decirle a Saito.-Ariadne notó que Arthur estaba alterado.
Dom tomó a Ariadne del hombro y la llevó hacia la barra. Evidentemente quería desaparecer de la vista de aquel sujeto.
-¿Quién es Nash?-preguntó Ariadne.
-Era el arquitecto que trabajaba con nosotros antes de que te contratáramos a ti.-respondió él, con una sonrisa.-Yo nunca confié en él, pero Arthur…Arthur lo odiaba.-Dom llamó al hombre que trabajaba allí y le pidió dos vasos de whiskey.
-¿Te refieres a como se odia con Eames?-preguntó, sin llegar a comprender bien la situación.
-No, no…-se rió-No comprendes. Arthur y Eames no se odian…sólo fingen hacerlo, porque tienen personalidades totalmente opuestas, y porque difieren en muchas cosas, pero en el fondo se admiran, y hasta se quieren, diría yo.-bebió un sorbo de su trago- Él sabe que a pesar de que Eames finja que nada le interesa y "viva de fiesta", se toma su trabajo en serio, y lo respeta muchísimo por ello. Sucede lo mismo al revés, aunque Eames afirme que Arthur no tiene imaginación, tiene en claro que casi nadie pone tanto empeño en ésto como lo hace él. Nash, en cambio…- hizo una pausa, sacudiendo la cabeza.-hace todo a la ligera, sin importarle las consecuencias. Lo único que le importa el dinero.Y hey, no digo que a nosostros no…porque a fin de cuentas, por algo lo hacemos ¿no es así? Pero a Nash sólo le importa eso. Eso y cubrir su trasero…así que comprenderás porque Arthur lo detesta tanto.
-¿Tú no lo odiabas?-preguntó Ariadne.
-En aquel entonces yo tenía la cabeza en otras cosas como para detenerme a pensar si lo hacía o no…pero como ya te dije, nunca confié en él. Arthur por suerte siempre se encargó de observarlo…es casi imposible explicar cómo se enojó cuando arruinó una de nuestras extracciones.
-Arthur mencionó aquello, ¿Qué sucedió? ¿Por qué nunca me dijeron nada al respecto?
-Resumiendo la historia, teníamos que sacar información de la mente de Saito…habíamos hecho dos niveles. El primero había sido ambientado como uno de sus departamentos secretos. Cuando las cosas se descontrolaron y se pusieron feas en el segundo nivel, tuvimos que subir a al otro. Saito cayó al piso y notó que la alfombra estaba hecha de otro material. Es decir, el idiota de Nash hizo mal las cosas, lo que provocó que Saito se diese cuenta de que aún seguíamos soñando. En otras palabras, arruinó todo.-dijo, arqueando las cejas.-Y nunca te dijimos nada porque no era relevante. Si te llegases a equivocar, algo que sé que no pasará, no te echaremos del equipo.-agregó, leyendo su mente.-Así que no tienes porque preocuparte.-se detuvo en seco, y volvió a hablar.-Ariadne, debo ir a hablar con Saito y con Arthur, parece que Toru ha llegado ya.-dijo alzando su cabeza para observar a un hombre japonés.-No vengas todavía, no puede conocernos a todos al mismo tiempo.-luego, la observó fijamente-Ten cuidado con él, mantén los ojos abiertos…no es un buen hombre.-le advirtió.
Ariadne se paró y sacudió la cabeza. Comenzó a caminar, desviando su vista hacia todas partes. Salió por una puerta que daba hacia una terraza, y se apoyó sobre la baranda, mirando el jardín. Dejó que la brisa le refrescara el rostro y cerró los ojos. Maldijo a Nash, y no por las cosas de las que se había enterado, sino porque había interrumpido su momento con Arthur: ya era la segunda vez que sucedía algo así. "Que suerte la mía" se dijo. Y entonces, escuchó a unos pasos acercarse. Antes de que pudiese reaccionar, alguien le rodeó el cuello.
-Deberías haberle hecho caso a Cobb, tendrías que haber estado alerta.-dijo una voz fría. Luego, le cubrió la nariz con un pañuelo y la durmió.
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Ariadne se despertó en una plaza que parecía abandonada. Estaba sentada contra uno de los postes de una hamaca, y tenía las manos atadas. Se desesperó, quiso gritar pero estaba amordazada. Comenzó a girar su cabeza hacia todas partes, no había nadie que la pudiera rescatar. Y fue entonces cuando lo comprendió. Sin necesidad de tomar el alfil con sus manos, se dio cuenta de que estaba soñando. Aquel lugar no era normal, estaba construido demasiado mal como para ser real. Y de repente, lo vio acercarse. Nash caminaba con pasos torpes, sonriendo macabramente de medio lado. Cuando llegó a donde estaba ella, se agachó y, con brusquedad, le sacó el pañuelo que cubría su boca. Ariadne lo fulminó con la mirada.
-¿Sabes que es lo bueno de estar en un sueño?-Ariadne no contestó, se limitó a decirle con la mirada que le de daba asco.-Que nada de lo que pase aquí, dejará evidencias allí arriba.-levantó las cejas.-Así que contéstame… ¿por qué Saito los contrató de nuevo? ¿Qué quiere hacer?-ella le escupió el rostro. Nash se sacó la saliva de su rostro con los dedos, y la miró, amenazadoramente.-¿No piensas colaborar?-le dio una bofetada. Ariadne sintió que la piel le quemaba, pero no gritó, no quería darle el gusto de saber que le estaba haciendo mal.-Dímelo, o te juro que te golpearé las veces que necesite.
-No te diré nada.-respondió ella, apretando los dientes.
-Muy bien, entonces.-le pegó una cachetada aún más fuerte.-No me subestimes, princesita, ¿sabes cuánto tiempo tenemos aquí abajo? Programé la maquina para que funcionara casi una hora, así que has las cuentas.-Ariadne tragó con fuerzas. Sabía que hablaba en serio, pero ella no diría nada…no traicionaría a sus amigos. Nash la agarró del pelo.-¿Por qué quieren entrar en la mente de Toru? ¿Qué es tan importante?
-Puedes seguir pegándome, pero yo me quedaré callada.-nunca había hablado tan en serio en su vida.
-Es una lástima…-tiró de sus cabellos muy fuerte, logrando arrancarle un gemido de dolor.-Habla.-le ordenó.-HABLA.-volvió a decir, perdiendo la paciencia. Sacudió la cabeza, e impulsó su puño sobre su pómulo, Ariadne gritó.-Vaya…al parecer, sí puedes gritar.-rió macabramente. Ariadne lo miró, asustada. "Por favor, que me encuentren ya" pidió con todas sus fuerzas. Nash la volvió a golpear, consiguiendo que gritara aún más fuerte. Ariadne comenzó a llorar en silencio: las lágrimas hacían que las lastimaduras le ardieran aún más. Su rostro ya había comenzado a teñirse de rosado y violeta por los golpes, y su labio inferior estaba ligeramente abierto.
-Puedes seguir con ésto…-dijo ella, llorando. Levantó su vista hacia él, mirándolo con todo el odio que tenía guardado dentro suyo.-pero yo te juro, que no diré nada. No soy como tú…nunca entregaría a la gente que quiero.
-No me hagas reír, Ariadne. Te llamas Ariadne ¿cierto?-se mordió la lengua.-Tú no eres nada para ellos, no les importas. Sólo te usan, ingenua. Y Arthur-dijo, sonriendo con maldad mientras le acariciaba el rostro. Ariadne movió la cabeza para que la dejase de tocar.-él sólo finge quererte, pero créeme, te desechará como a un pañuelo usado.
-Mientes.-negó ella. Sabía que lo hacía, aún así tenía miedo, tenía miedo de que hubiera algo de verdad en sus palabras.
-Sí, lo hará. Y alguien tan bella como tú, no lo merece.-se acercó a su rostro y le tocó el labio.
-Estás loco-lo acusó ella, asustada. Él se apartó, riendo, y levantó las cejas.
-Dime, ¿sigues sin pensar decirme nada?-ella se limitó a quedarse callada.-Nos divertiremos, entonces.
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Arthur comprendió que algo no andaba bien. Había visto a Ariadne hace sólo cinco minutos, pero intuía, sentía en su interior que algo había pasado: no la encontraba por ninguna parte. Y lo confirmó segundos después cuando reparó en que Nash tampoco estaba allí. Sintió como aumentó su pulso, y corrió a buscar a Dom. Él estaba hablando con Saito y Toru, Arthur maldijo.
-Se la ha llevado.-dijo, apartándolo a Cobb.
-¿Qué?-preguntó Dom.
-Nash, se ha llevado a Ariadne. Ninguno de los dos está aquí. Dom, tenemos que hacer algo ya mismo.
-¿Nash?-preguntó Saito, había dejado a Toru a solas un instante para ver qué sucedía.-¿Aquel arquitecto que trabajaba con ustedes? Pensé que Ingenería Cobol lo había asesinado.-el hombre clave negó con la cabeza. Para suerte de todos, Eames y Yusuf aparecieron allí.
-Eames, hay que ir a buscar a Ariadne.-Arthur se volteó hacia él, desespreado-Estoy seguro de que Nash la secuestró.-tanto él como Yusuf empalidecieron. El inglés sabía muy bien que las intuiciones de Arthur, terminaban siendo ciertas la mayoría de las veces.
-Bien, haremos lo siguiente.-dijo Saito.-Ustedes dos.-señaló a Arthur y Eames.-irán con Steven por un lado. Y ustedes-les dijo a Cobb y Yusuf.-irán con uno de mis hombres por otro. Ni bien vea como entretener a Toru, saldré con más gente a buscarla.
-¿Dónde demonios se pueden haber metido?-preguntó Eames.
Saito sacó el celular de su bolsillo, marcó un número y se lo llevó a la oreja. Intercambió unas palabras y cortó.
Toru se acercó a ellos.
-¿Sucede algo?-preguntó.
-Uno de mis empleados perdió unos papeles importantes.-mintió Saito.-Pero Dom, por suerte, sabe dónde están las copias de seguridad…y estábamos hablando con él por ello.
-¡Oh! Entonces los dejaré tranquilos, no se preocupen.-sonrió.
Cuando se retiró, Saito los miro y les dijo:
-Les enviaran unas coordenadas de los lugares en los cuáles pueden estar. Hay cámaras que vieron a dos autos sospechosos yéndose. Vayan rápido.
Arthur y Eames, tomaron a Steven prácticamente a la fuerza, y se metieron en un auto negro que descansaba en la calle.
-Abróchate.-le dijo Eames a Steven.-No te das una idea de lo rápido que conduce cuando hay una emergencia.
Arthur observó las coordenadas que le habían enviado. Conocía aquel lugar, habían trabajado varias veces allí hace unos cuantos años, pero hace mucho tiempo que estaba abandonado. Era el lugar perfecto para esconder a una persona: nadie buscaría allí. Apretó sus dientes, y presionó a fondo el acelerador. Le sorprendió que no lo persiguiera ningún policía, seguramente Saito tendría algo que ver con ello. Las calles estaban desoladas, quién sabe por qué, pero gracias a ello el hombre clave pudo manejar tan rápido como pudo.
Finalmente, llegaron a una especie de almacén. Arthur se bajó rápido, y seguido de Eames y Steven, se dirigió allí. Al entrar, vieron a Ariadne y Nash, acostados en el piso y conectados a la misma maquina. Arthur empalideció y corrió a sus cuerpos. Observo que al aparato aún le quedaba más de media hora. Confirmó que Nash era un enfermo "¿qué le estará haciendo allí abajo?" se preguntó, asustado.
-Ésto está mal…ésto está muy mal.-dijo, agarrándose la cabeza.-Debo entrar ahora mismo, mientras tanto ustedes busquen algo para darnos la patada.
-¿Por qué bajarás?-preguntó Steven.
-Porque hasta que encuentren con qué despertarnos, pasarán minutos, así que imagina que lo que Nash podrá hacer en ese tiempo.-respondió con impaciencia mientras se conectaba los cables a su cabeza.-Eames, apúrate por favor-y entonces, entró.
Apareció sobre un lugar muy turbio: la plaza tenía cimientos rotos y en serio provocaba miedo. Recorrió rápidamente el lugar con la vista y los vio. Ariadne tenía la frente cortada, y el rostro y los brazos llenos de moretones. ¿Quién sabe cuánto tiempo había estado allí torturándola? Escuchó un grito agudo, y entonces, montó en cólera. Bruscamente pero con rapidez, se acercó a la escena. Tomó a Nash por el cuello de la camisa para apartarlo de ella, y hundió el puño tres veces sobre su cara, lo más fuerte que pudo. Los nudillos se Arthur se cubrieron con la sangre que comenzó a brotar de la nariz del viejo arquitecto. Lo tiró bruscamente al suelo, dejándolo casi inconciente. Luego, se acercó a Ariadne, tan veloz como le permitieron las piernas, y la desató lo más rápido que pudo. La muchacha no podía hablar por culpa del llanto.
-Shh…tranquila, ya estoy aquí.-dijo, abrazándola con fuerza, y besando su cabeza con dulzura. Ariadne convulsionó contra su torso, no podía dejar de temblar. Él la estrechó más fuerte aún.-En cualquier momento nos darán la patada, tranquila…estás conmigo.-le susurró al oído mientras acariciaba sus cabellos y volvía a dale un beso. Y entonces, bajo sus brazos, Ariadne se sintió segura. Le devolvió el abrazo y hundió el rostro en su pecho, dejando caer las últimas lágrimas. Así se quedaron hasta que sintieron un revoltijo en el estómago que fue producto de una fuerza que los hizo ascender. Arthur abrió los ojos e instintivamente buscó a Ariadne con su mirada. Eames había conseguido unos cojines, y los había tirado sobre ellos. Nash seguía durmiendo en el suelo.
-Pequeña, nos tenías realmente preocupados.-le dijo el inglés, abrazándola.-¿Cómo estás?-preguntó.
-Bien, ya estoy bien.-dijo.
-Yo lo despierto-dijo Arthur.-Tú, esconde a Ariadne.-le ordenó a Eames.-y tú, quédate aquí y ayúdame a que no escape.-volvió su cabeza a Steven. El rubio asintió.
-Arthur…creo que sería mejor que sea al revés.-habló Eames. Le dijo "lo siento" con la mirada, porque sabía que Arthur odiaba la idea de dejarla a ella con Steven.
-De acuerdo.-asintió. Vayan al auto y quédense ahí. Que Ariadne vaya adelante.-ordenó. Aguardo a que salieran, y entonces, Eames y él, rodearon al sujeto.
Arthur levantó lo levantó por el torso y lo dejó caer, pero no pasó nada.
-Déjame a mí.-dijo el inglés.-Tú puedes encargarte de él después. Te dejaré hacer lo que quieras, como torturarlo, por ejemplo.
-No soy así, Eames.-masculló.-Aunque quiera aniquilarlo, no soluciono las cosas de este modo. Aunque no estaría mal darle una buena paliza.-el falsificador sonrió, y le dio una patada a Nash en el estómago que logró despertarlo. Entonces, los dos lo tomaron por los brazos y lo levantaron, sin soltarlo.
-Tú vendrás con nosotros.-le dijo Arthur.-Y creeme, las pagarás caro por lo que hiciste.
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En la fiesta había más gente aún que antes. Ingresaron por la puerta trasera, para que nadie viese a Nash, y entonces se encontraron con el resto del equipo en un salón vacío que se hallaba apartado del principal. Dom y Yusuf se acercaron a Ariadne para preguntarle cómo estaba, y ella asintió con la cabeza afirmando que se encontraba bien.
-Mira cuánto te quiere el equipo, Ariadne.-le sonrió Yusuf.
Sentaron a Nash sobre una silla y le ataron las manos para que no escapase.
-¿Por qué torturaste a Ariadne?-preguntó Eames. Él era muy bueno para sacar información sin necesidad de la violencia física. Sin embargo, se podía leer la furia en su rostro. Aquel tipo se había metido con su "hermanita".
-¿Por qué les diría? A fin de cuentas…ella no respondió ninguna de mis preguntas.-Arthur apretó su puño con fuerza y la miró. Si no hubiese sido porque Yusuf lo tomó del saco para impedir que se acercase hacia él, lo habría golpeado. Ariadne se llevó instintivamente la mano a su mejilla. "Fue sólo un sueño" se dijo.
-Quería saber por qué queremos invadir la mente de Toru.-respondió ella.
Saito giró su cabeza rápidamente hacia él.
-¿Ha sido él quién te envió?
-No.-respondió Dom, negando con la cabeza.-Si Toru supiese algo, me habría dado cuenta…-suspiró.-Ésto sólo puede significar una cosa.-tragó con fuerzas.-Ingeniería Cobol también necesita a Toru para algo, y créeme, no es bueno tenerlos como rivales.-la sonrisa que esbozó Nash provocó escalofríos.
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Llegaron a la habitación del hotel, agotados. Ariadne se metió en el baño a cambiarse y lavarse la cara: había sido un día duro. Cuando salió, descubrió que Arthur ya estaba en sus pantalones de dormir. Él le sonrió y le guiñó un ojo. Apagaron la luz de techo, y se metieron en la cama.
-Has sido muy valiente hoy.-le dijo Arthur.-Estoy orgulloso de ti.-ella no pudo evitar sonreírle.
-Gracias.-respondió, bajando su cabeza para ocultar que se había puesto colorada.-¿Qué harán con Nash?-quiso saber.
-Lo llevarán a Tokyo, a un departamento de Saito que se encuentra bastante aislado de la sociedad. Allí no causará problemas.-sonrió.-Ariadne ¿estás bien?-la miró con sus ojos oscuros.
-Sí, sí…es decir, sufrí en el momento, pero ahora estoy bien. Es como si hubiese tenido una horrible pesadilla, nada más.-respondió, mirando sus sábanas. Se humedeció los labios y giró su cabeza para mirarlo.-Gracias por haber ido a rescatarme, fue una suerte que llegaras.
-Llegué tarde.-dijo él, negando con la cabeza.-Lo siento.
-No, no digas eso.-dijo, acercándose a él para acariciarle la mejilla. Arthur cerró los ojos.-Llegaste en el momento perfecto, y me alegro de que hayas sido tú quien apareció.
-Te quiero, Ariadne.-susurró él, tomándole la mano que descansaba en su rostro. La arquitecta le sonrió, y entonces se acercó a ella para besar su frente.-Necesitas descansar.-le dijo.-Vete a dormir.-ella asintió. Se recostó y lo saludó antes de cerrar los ojos. Quería que Arthur la besase,y era evidentemente que el hombre clave quería lo mismo que ella. Sin embargo, supuso que en aquel momento él estaba controlando sus impulsos, y aunque le costó, lo comprendió.
Arthur apagó su velador, dejando la habitación completamente a oscuras. Cuando sus ojos se acostumbraron a la penumbra, giró su cabeza a Ariadne y la miró, delineándole figura con los ojos. Estaba profundamente dormida, y parecía estar soñando con algo bonito, porque su expresión era bellísima. "Encontraré el momento para darte un beso, ya verás" susurró en voz muy baja, mientras se acercaba hacia ella para rozarle la comisura de sus labios con el pulgar. Entonces, volviendo a su lugar, se durmió.
¿Y? ¿Qué les pareció el capítulo? Ya sé que no está muy bien escrito…perdonen. Pero bueno, espero que les haya gustado, y por favor ¡dejen reviews!
