Era de noche, con ligeras ráfagas de viento circulando por ahí, meciendo las copas de los árboles continuamente, haciendo crujir sus troncos de manera brusca. La luna ocupaba gran parte del firmamento, luciéndose con un hermoso brillo que bañaba a la torre de los dormitorios de los chicos de Gryffindor. Se colaba por la ventana, dejando ver a dos jóvenes que, sentados, platicaban desde sus camas.
- No lo sé, Ron – se arremolinó bajo las sábanas – Aunque diga lo contrario frente a otros, me muero por quedarme aquí.
- Te comprendo. Pero si te quedabas no lograrías otra cosa que salir lastimado y creo que nadie quiere eso – tomó una pausa, buscando las palabras adecuadas – Tengo esperanzas que, a tu partida, mi testaruda hermana reaccione y… bueno, todo se arreglará.
El pelirrojo no obtuvo respuesta inmediata, pero tampoco se desesperó porque sabía que Harry estaba reflexionando y que necesitaba de silencios, de esos silencios donde pretendes encontrar respuesta a todas esas dolorosas preguntas que te rondan por la cabeza hasta el cansancio. La respuesta lo descolocó por un momento, pero supo entender.
- No, Ron… no lo hago para que Ginny regrese. No suelo jugar de esa forma. – Harry se recostó en su cama y esperó a que su amigo hiciera lo mismo – Podrán llamarme cobarde porque me alejo de los problemas, pero no lo soy. Deseo que al viajar a otro lugar, consiga demostrarme que puedo vivir sin ella. Esto será un reto.
- Todo esto se escucha muy bonito, pero recuerda que aun no recibes la carta del Ministro donde acepte tu traslado – objetó Ron, con naturalidad
- Ya lo sé, aunque no veo ninguna escusa disponible para que no lo haga
El pelirrojo se limitó a asentir, sabiendo que el tema había terminado por ese día. Su mente comenzó a divagar en otro asunto, asunto que lo tenía preocupado. Era serio, definitivamente, más si se estaba relacionado con Hermione, su dulce Hermione.
- Oye Harry – titubeó, inseguro ante la reacción de su amigo – Quería hacerte una pregunta… no es muy importante, sólo que…
- Suéltalo, hermano
- Ya sabrás que dentro de pocos días Hermione y yo cumplimos meses de novios ¿no?... quiero regalarle algo, hacerle un detalle, pero no tengo la más mínima idea ¿Me entiendes? ¡Tengo el cerebro seco!
Clavó su mirada en el techo del umbral, con la boca ligeramente abierta, tratando de resolver ese inconveniente y fracasando estrepitosamente. Era cierto; tenía el cerebro seco, y esperaba ansiosamente, que Harry pudiera serle de ayuda ya que, en esos casos, él siempre había sido más hábil… definitivamente el amor era difícil.
- Pensaré en ello, no te preocupes – se quedó pensando por un momento, hasta que decidió agregar – Aunque no deberías preocuparte tanto. No es tan importante el regalarse cosas cuando cumplen meses de novios
- En "Un corazón de bruja al descubierto" aconsejan al novio, que obsequie cosas en los primeros meses de noviazgo. Es un buen libro, aunque a veces muy cursi – se quedó meditando un poco, frunciendo el ceño, y después cogió las sábanas y las subió hasta el cuello para evitar el frío – Mañana será otro día, y podremos pensar mejor si dormimos lo suficiente ¿No crees?
- Tienes razón, buenas noches
Después, ambos chicos cerraron los ojos para conciliar el sueño, y fue Ron quien rápidamente lo hizo, llenando la estancia de ronquidos en cuestión de minutos. Harry, al contrario, se removía por la cama, frustrado por no poder descansar y también, por no para de pensar en la carta al ministro y en… Ginny.
Desesperado, decidió levantarse y salir de la habitación en busca de algo que pudiera despejar su mente y así, poder dormir. Ofuscado, bajó las escaleras con rudos pasos porque no pudo evitar clavar la vista en la puerta del dormitorio de las chicas, esperando que, mágicamente, apareciera Ginny y se lanzara a sus brazos. Bufó ante su estúpido comportamiento. De esta forma, se tiró en el sofá y comenzó a jugar con sus dedos a la altura del pecho, intentando calmar al rebelde demonio que rugía y refunfuñaba por su mala suerte; se encontraba de mal humor y estaba a punto de soltar un puñetazo a un desafortunado cojín cuando, de pronto, la vio.
Se paró instantáneamente, incrédulo ante lo que veía. Ante él, estaba Ginny, con claras marcas de lágrimas y sus ojos abiertos, sorprendida por su inesperada aparición. Tan concentrado había estado en su enojo, que no se dio cuenta de que alguien había entrado por el retrato de la dama gorda; esa persona, era Ginny, que venía con el cabello desalineado, con la ropa arrugada y ligeras manchas de tierra… pero Harry le dio más importancia a sus ojos, que se encontraban opacos, turbios y melancólicos.
- ¿Pero qué…? – El muchacho, consternado por lo que veía, ni se movió, sólo se quedó parado al pie del sillón – Ginny ¿Estás bien?
- Harry… - fue lo único que susurró porque después, se lanzó a los brazos del ojiverde.
Sorprendido, él sólo la abrazó fuertemente y con ternura, acariciando su brillante y desordenada melena con sumo cuidado, rogando que lo que fuera que le pasara a la chica, no fuera lo suficientemente grave. Trató de ser paciente, dulce y comprensivo y ciertamente, en su cabeza sólo pensaba en la forma de preguntar el motivo de su estado, pero de manera sutil. Ginny, al contrario, intentaba dejar de pensar y creer que todo era un sueño… un mal trago del destino; pero al darse cuenta que no era así, se aferraba más a Harry, consolándose con su presencia. Porque ahora sabía que él nunca le había fallada, sino ella, con su tozuda forma de actuar; lo arruinó, definitivamente, ella había arruinado lo que, juntos, crearon. Y eso dolía porque, a pesar de todo lo ocurrido con Malfoy, supo en ese instante, en sus brazos, que jamás se enamoraría de alguien más que no fuera él, su incondicional Harry. Lloró con más insistencia, incapaz de reprimir sus sentimientos.
– Olvida lo que pasó entre nosotros – Harry tomó su rostro entre las manos y la obligó a que lo mirara a los ojos –Y trata de confiar en mí... cuéntame lo que te sucede. – esperó respuesta, pero la chica se limitó a esconderse, nuevamente, en el pecho de él – Si no quieres hablar, te entiendo.
Ante esas palabras, Ginny se estremeció y derramó más lágrimas. Simplemente no se merecía aquel trato tan tierno, no después de todo lo que había hecho semanas antes, no después de creerse enamorada de otro; se quería alejar de él, porque no era digna de su cariño y, sin embargo, su cuerpo reclamaba esa cálida cercanía que aceleraba su corazón. Sabía que al día siguiente, se sentiría terrible por el instante de debilidad y llorar en el hombro de Harry, pero por el momento, lo único que quería era sentirse nuevamente amada por él. Lo demás, ya no importaba. Después de un rato, esas ideas comenzaron a disiparse, dejando un vacío enorme y doloroso… vio todo con más claridad, y supo que tenía que marcharse.
– Lo siento, Harry – se separó de él como si el contacto quemara, incapaz de verlo a los ojos – Lamento que presenciaras esto. Prometo no volver a molestarte.
– Pero Ginny… No te vayas…– aturdido por aquella reacción, se quedó viendo como ella se levantaba torpemente y caminaba a las escaleras – Ginny, te amo.
Ya la había perdido una vez, pero no de nuevo; con ese abrazo que mantuvieron momentos antes, con ese instante tan íntimo, algo dentro de Harry comenzó a vibrar sin control llegando al punto de impulsarlo a pronunciar esas importantes palabras. Con sólo aspirar nuevamente su aroma y sentir su calor cerca de él, los deseos de besarla y acariciarla por siempre se hicieron presentes y golpeteaban su corazón de manera irracional. Su mente y su cuerpo se descontrolaron y no supo en qué momento siguió a Ginny y la detuvo en medio de la escalinata. Ambos tenían la respiración entrecortada y las mejillas sonrosadas. Y Harry, aturdido por el remolino de sensaciones y la adrenalina del momento, clavó su mirada en la de ella sólo para tratar de calmar sus miedos; supo entonces, que jamás se libraría de aquel testarudo amor que le atenazaba el corazón cruelmente.
La besó. La besó de una forma desesperada y urgente, temeroso de una negativa reacción. Porque ya no podía seguir sin su contacto.
Ginny se estremeció y una onda electrizante le recorrió el cuerpo cuando le aprisionaron los labios. Ignorando cualquier asomo de racionalidad o culpa, correspondió al beso de la mejor forma que sabía hacerlo; necesitaba sentirse importante y amada, no un simple juguete que acataba órdenes. Entonces Harry, sabiéndose aceptado, puso las manos en su cintura y la acercó a su cuerpo, eliminando la brecha que los separaba. Había pasado tanto tiempo desde que sucedía algo así, que Ginny por un instante olvidó lo que anteriormente le ocurrió en los campos de Quidditch, pero después la realidad le golpeó como un mazo y entonces, mientras retiraba sus labios, recargaba sus manos en el pecho del chico, poniendo distancia entre ambos. Tenía los nervios de flor a piel, y las manos le sudaban.
– Harry… lo arruiné – se lamentó Ginny, con la mirada agobiada – Arruiné lo nuestro.
– No digas eso, linda – la consoló cuando la volvió a cubrir con sus brazos de una manera sutil y delicada –Podemos solucionarlo, sólo es cuestión de decidirnos.
Internamente derrumbada, Ginny se dejó mimar porque lo necesitaba… añoraba intensamente sentirse protegida, importante y valorada, tal como se sentía cuando Harry la abrazaba; extrañaba esa mirada tan profunda, arrebatadora y tierna, que le producía un cosquilleo por todo el cuerpo y un agradable peso en su estómago.
– Te extrañé mucho –declaró ella, con el rostro escondido en el pecho de Harry – Pero Harry, cometí muchos errores. Tal vez, no podremos llegar a ningún lado, por mucho que lo deseemos… tal ves, ya no podremos estar juntos.
Harry hizo una extraña mueca y rodó los ojos. Con premura, le tomó las manos a Ginny y la jaló hasta sentarla en el escalón más cercano. Él hizo lo mismo.
– Ginny, poco antes de que tú llegaras – dijo Harry con pasividad – me sentía extremadamente perdido, confundido, solitario… me hacías falta, y creí que no volvería a estar así contigo – con un movimiento de cabeza, señalo sus manos, que se encontraban entrelazadas – Y ahora míranos, volvemos a estar juntos, uno al lado del otro; sin proponérnoslo, hemos terminado juntos nuevamente.
– Pero Harry…
– Escucha, Ginny – interrumpió el chico – Algunas cosas, por mucho que lo evites o lo ignores, inevitablemente suceden. Y lo nuestro, es una de ellas.
Volvió a besarla, pero esta vez se tomó su tiempo, deseando grabar cada segundo transcurrido. La estrechó posesivamente, imponiendo un ritmo lento al beso, que torturaba a ambos y ponía las sensaciones a flor de piel. Harry pasó su lengua por los labios de ella, disfrutando del dulce sabor y después la tomó del cuello, para darle más profundidad al contacto. Y Ginny realmente lo estaba saboreando, enredando sus dedos en la despeinada mata del joven, alegrándose por saber que no todo estaba perdido; que, a pesar de todo, esos labios y ese chico en general, seguían siendo de su entera pertenencia… y fue ahí donde un nudo se le formó en la garganta, provocándole un sabor amargo; no podía ocultar lo que sucedió con Malfoy en los vestidores, no a Harry.
– Espera, Harry – ya no lloraba, pero su voz aún se oía frágil y pastosa – No soy lo que piensas. He cometido muchos errores… no merezco todo lo que me ofreces. Eres alguien especial para mí, y no deseo causarte más dolor de que ha te he hecho. Tienes que ser feliz.
– Sólo puedo ser feliz, si estoy a tu lado – su tono era tranquilizador y suave, tal como sus ojos, que ahora lucían brillantes y llenos de esperanza – Yo sé quién eres, te conozco. No importa qué sucedió mientras estuvimos separados… te amo, y eso siempre lo tendré en cuenta. – Con el dorso de su mano, acarició lentamente a mejilla de Ginny y ella quedó embelesada con el tacto – Sé que tuviste ligeros cambios en cuanto a tus amistades; Esta tarde, cuando te vi a ti y a Malfoy entrar tan juntos al Gran Comedor, herví de celos… pero dijiste que son sólo amigos, y te creo – Ginny se tensó al escucharlo hablar del tema – No te preocupe, Ginny. Aunque no me guste, prometo respetar esa amistad… porque para mí, tú lo eres todo. Quizá Malfoy no sea tan malo como todos pensamos.
La chica se sintió muy avergonzada, y no fue capaz de mirarlo a los ojos ¿Cómo Harry era tan bueno con ella? Sintió un tremendo impulso de contarle todo, sin importarle los resultados de su confesión. Tal vez él dejara de buscarla, pero era su deber ser sincera.
– El problema es que… - Ginny se separó de Harry sin darse cuenta – Malfoy no es mi amigo.
– Ginny… ¿Tú y él son…?
Esa pregunta le dolió en el alma a la chica, adivinando los pensamientos de Harry.
– Antes que nada, quiero que sepas… que te amo – confesó la muchacha, con la barbilla en alto. Ya había sido suficientemente débil por esa noche.
– Explícate ¡No entiendo nada! – se impacientó Harry
Hubo un silencio incómodo, donde ninguno de los dos musitó palabra. Se miraron a los ojos fijamente, traspasándose… pero ninguno pudo desvelar los pensamientos del otro ¿Tan distanciados estaban? ¡Que pena! Si tan sólo un tiempo atrás, se conocía como la palma de su mano. Antes que novios, habían sido amigos, y muy buenos.
– Drac… Malfoy – se corrigió rápidamente, con la mirada puesta en un lugar lejano – se acercó un día a mí y me dijo que estaba arrepentido de todo lo que hizo en el pasado… Harry, te juro que intenté no confiarme, pero…
– ¿Pero qué? – apremió Harry, inquieto.
– ¡Le creí! – Exclamó Ginny, decepcionada de sí mismas – Creí en todas sus patrañas; en su amistad, en su arrepentimiento, en su… en su amor – agregó en voz baja, aunque Harry escuchó perfectamente. – Pensé que sus buenos tratos eran verdaderos, y yo me dejé llevar. Necesitaba sentirme viva, y dejar de pensar en ti.
– Ginny ¿Te… te enamoraste de él? – preguntó el ojiverde, aterrado de la posible respuesta. – Contesta con la verdad… no importa cuál sea.
Harry no se dio cuenta en qué momento se levantó y miraba acusadoramente a la chica, con un agudo dolor en el corazón ¿Ginny enamorada de…? Se sintió desfallecer y las piernas comenzaron a fallarle. Miró en otra dirección, tratando de controlar sus salvajes instintos; quería golpear algo, hacer un estúpido berrinche y lanzarse a llorar. Sonrió amargamente porque recordó los besos que tan dulcemente habían compartido minutos atrás, y ahora parecían lejanos e imposibles. Una vez más, la había perdido.
– Eso imaginé…. Hasta hoy – contestó Ginny, con una turbia mirada – Intenté ignorar mis sentimientos hacía ti y me obligué a creer que se habían esfumado, que se perdieron con el tiempo. Malfoy me ayudó a reafirmar mi treta, pero esta noche se derrumbó y con ella… yo también. Hoy reviví este amor iracundo y asfixiante que te profeso desde que tengo memoria… para mi mala suerte, jamás te olvidé.
Las esperanzas resurgieron nuevamente en Harry, con un agradable golpeteo en el pecho. Era su corazón, que nuevamente volvía a latir feliz, descontrolado y satisfecho. Regresó el brillo a sus ojos pero al buscar los de Ginny, descubrió que algo andaba mal… estaba melancólica y las lágrimas, pugnaban por salir otra vez. No era la verdad completa, faltaba algo más de confesar.
– ¿Qué más sucedió, Ginny? ¿Qué te hizo ese maldito hurón?
Ginny apretó los dientes y con su antebrazo, borró cualquier indicio de lágrimas en su rostro. Ella era fuerte, no débil. Continuó con su relato.
– Hoy escuché la conversación que tuviste con Cho, afuera del Gran Comedor – informó Ginny, manteniendo la mirada – Y lamento todo lo que nos ha sucedido desde que nos separamos; ha sido mi culpa.
– Así que sabes la verdad.
– Sí
– Entonces, si sabes que no te fui infiel – Harry volvió a sentarse a su lado y le tomó la barbilla con su mano, acercándola a él - ¿Por qué estás tan triste? – La chica, con un brusco movimiento, quitó su cabeza - ¿Tiene algo que ver Draco Malfoy? – Ella asintió - ¿Te hizo daño?
– Me citó en los vestidores de Quidditch y… ¡fui una estúpida! – Ginny escondió su cabeza entre sus rodillas - ¡No debí de ir!
– ¿Qué pasó?
– No pensé que me fuera a hacer daño… ¡no pensé absolutamente nada! – Hablaba atropelladamente, sin atreverse a ver a Harry – Se aprovechó de mi confianza… confié en él y fui, a sabiendas que no habría nadie en ese lugar.
– Ginevra ¿Fuiste a ese lugar, sola… a estas horas? – Harry tragó saliva, mientras sus manos comenzaron a sudar. – Me estoy comenzando a asustar. – murmuró quedamente, sin poder contener su mente e imaginar ciertas cosas que…. ¡No! Eso no pudo suceder.
– ¡Huele horrible! – Ginny deliraba, decía incoherencias y no se preocupaba por explicarse bien – Tenía tanto miedo cuando se me acercó ¡Ni siquiera besa bien!...
– ¡¿QUÉ?... ¡¿TE BESÓ?
Pero Ginny seguía en su letanía, ajena al terror que aparecía en el rostro del chico.
– Pero podía soportar, en serio… prefería eso que… cuando él me tiró al suelo y comenzó… ¡Por Merlín! Prefería sus asquerosos besos que a sentir sus manos en todo mi cuerpo… cuando… cuando me levantó la… la falda, yo…
De pronto enmudeció, con su pecho subiendo y bajando rápidamente y sin parpadear un sólo momento. Harry esperó a que terminara, pero se había callado completamente y no sabía si era capaz de continuar. Sabía lo que seguía a continuación, pero no se vio con el valor para preguntarlo hasta que, sorprendiéndose a él mismo, la pregunta salió de su boca automáticamente.
– Ginevra ¿Malfoy te…? – Respiró hondamente - ¿Él te violó?
Nota de Autora:
Hola!
Volví! Jaja lo que pasa es que he tenido demasiado trabajo en la escuela… los exámenes finales, trabajos, en fin! No tengo ni un respiro jeje ¬_¬ Ok, también le flojeé un rato jiji me mantuve desconectada de la página por cierto tiempo. Pero volví.
Y cómo quedó el capitulo? Jejeje me gustó dejarlo en ese punto de… suspenso, por así decirlo. Había dicho que el capitulo se llamaría "de vuelta la felicidad" pero cambié de opinión jeje ;)
Gracias a ricitos de menta, también a Gabbita Potter Weaslie y a Estrelladakm. Uy! Y a Ginevra Blair Potter… se me hace ligeramente raro llamarte así, Blair jeje estoy acostumbrada de otra forma =D
Trataré de actualizar más seguido, lo prometo =)
Saludos a todos!
Espero sus comentarios, que me alegran enormemente… y me impulsan a actualizar más rápido ;) jeje es plan con maña
