07;

«lost and found»


Los gritos de los chicos resonaban por el lugar, pero Cressidy no reparó en ellos en ningún momento; siguió corriendo hasta que sus piernas no pudieron más y se desvaneció en algún punto del bosque.

Momentos luego de que la aparición de Gotye dejara de producir estupefacción entre los niños y Lana corriera adentro debido a que tenía una llamada de su hermana, Lucas la agarró del cuello de la camiseta y la obligó a contar qué fue eso. Ibby por experiencia supo que allí terminaba el trato dulce, las palabras suaves y el buen comportamiento para con ella. Se sintieron amenazadas, ¿cuantas veces iban pasando por eso? ¿Diez? ¿Trece? No era cosa nueva que la gente al principio la tratara bien y al final intentaran matarla. Por lo que hizo lo acostumbrado; huir. Huir como la cobarde que era y no responder a los llamados desesperados de Will.

En cuanto a los chicos, todos golpearon con fuerza en los brazos a Lucas por espantar a la castaña, sobre todo Will. Él sabía que las cosas no funcionaban así con Ibby, ni con nadie. Él se defendió diciendo que era una loca, alguien de otra dimensión, que con ese tipo de personas no debían tener piedad, y Will, con una furia ciega, respondió.

—¿Y a Eleven sí le tuviste piedad? —Tras decir eso, salió corriendo en busca de la castaña.

Los tres chicos se quedaron petrificados, el nombre de la chica jamás debía ser pronunciado en frente de Mike, más si era de una forma tan despectiva. Pero, para sorpresa de sus amigos, solo le dirigió una mirada furiosa a Lucas y corrió tras Will. Se le unió al poco tiempo Dustin y, tras dudar, Sinclair los siguió con un paso tranquilo.

Will corría como si su vida dependiese de ello, aunque en realidad era la vida de otro la que estaba en juego. El chico no estaba seguro qué sentía por la niña, llevaba solo dos días de conocerla pero había algo en su forma de ser, de hablar y de hacer las cosas que le indicaba que era sensible, frágil que no estaba en ese mundo para soportar a gente como Lucas, y no estaba tan equivocado, si tan solo pudiera ver su espalda llena de cicatrices y la gran raya que iba desde su pecho hasta su ombligo...

De repente, el silencio del bosque fue interrumpido por un estridente grito, que venía de lo más recóndito de un oscuro y lúgubre lugar.

—¡Ayuda! —los gritos de Cressidy estaban teñidos de miedo, eso hizo que todos apuraran el paso.

A lo lejos, Lana no podía escuchar nada, por lo que se sintió desconcertada al ver el campamento vacío. No había ninguna nota, ni nada. Prendió su linterna, en busca de pisadas, las que habían se dirigían al bosque, dudó de si adentrarse allí. Un bosque tétrico en medio de la noche era un escenario recurrente para las películas de terror donde el protagonista salía malherido. Lana no era tonta, ni loca entraría...

«¡Lana bebé~!».

La mediocridad era hermosa.

Corrió, y se fue directo a las fauces del tétrico lugar. Con el monstruo por primera vez pisandole los talones, lo sabía, podía escuchar las fuertes pisadas siguiéndola de cerca. Escuchó con más claridad gritos de auxilio y se sangre se congeló al darse cuenta de algo: Cressidy nunca estaba sola.

—¡Ayuda! ¡Will, apurate por favor! —Gritaba sin cesar con el corazón palpitandole a mil por hora.

Gotye estaba ahí.

Con su cuerpo humano.

Intentando matarla.

Gotye no tenía piedad esta vez, rompió lo poco que quedaba de la falda de su sucio vestido para moverse más rápido, quería terminar con Cressidy de una vez para poder volver a ser humana. Ibby sabía eso, sabía que su hermana no tenía otro deseo sino matarla, podría mostrarse amable en ciertos momentos, pero solo era para que bajara la guardia. Gotye nunca fue buena con Cressidy.

Eso le quedó claro en el momento que sacó un cuchillo de sus faldas e intentó apuñalarla, con una sonrisa que nadie jamás le quitaría.

—¡Quitate!

O bueno, eso sería posible si Lana no existiera.

La pelirroja derribó a la asesina, haciendo que soltara el cuchillo, aprovechó para tomar el objeto punzo cortante y hacerse otro corte, el segundo en la noche. La asesina chilló de dolor y desapareció, pero no el miedo que provocó en Cressidy y el inmenso dolor en su estomago.

Los chicos llegaron momentos después, solo para ver como Lana intentaba despertar a Cressidy, sin éxito.

—¡Ayúdenme, tontos! —Gritó desesperada. La castaña no reaccionaba pese a la intensidad con la que la sacudía.

El corazón de Will se estrujó de una manera horrible. Encendió la linterna apresurado y enfocó a la niña. Un enorme charco de sangre la rodeaba.

—¡Ibby! —Exclamó el chico, una vez superó el shock inicial. Se acercó a la chica y la examinó, buscando el origen de la sangre.

—¡Oh, mierda, mierda, mierda! ¿¡Se murió!? —Exclamó Dustin, alterado, Will negó.

—¡Dustin, Lucas, vayan a buscar a mi mamá por favor! —Pidió, los mencionados asintieron y comenzaron a correr—. Lana, ayudame a cargarla —dijo mientras apretaba con un retazo de tela el lugar de la puñalada.

La pelirroja obedeció y cargaron entre los dos, cuando se dieron cuenta de la ausencia de alguien.

—¿Donde está Mike? —preguntó Bech, Byers se alzó de hombros.

—Debió haberse ido con los demás —dijo con simpleza el chico.

Se equivocó; Mike estaba ahí, escondido entre las sombras, siguiendo hipnotizado un extraño ruido proveniente de algún punto del bosque.


Joyce sabía las consecuencias de tener a Cressidy en su casa conviviendo con sus hijos, pero no pensó que sería tan pronto.

Su corazón casi se detuvo al ver a Ibby llena de sangre, al igual que Will y Lana. Lo primero que hizo fue gritar, lo segundo fue tomar a la niña y correr al baño a limpiarla e intentar hacerla despertar, dejandole a los niños la tarea de llamar a emergencias y a Hopper.

Una vez en el baño, la dejó en la tina, mientras buscaba un algodón y alcohol, cuando los encontró los pasó por la nariz de la niña, logrando un resultado tardío, pero despertó.

—¡Santo cielo! —exclamó, aliviada. Cressidy suprimió un quejido de dolor—. ¿Estás bien cariño? —Preguntó, con el corazón en el puño. La castaña asintió débilmente, llevando su mano a su vientre, descubriendo que allí reposaba la puñalada que le dio su hermana—. Ven, quitate el vestido antes de que se te infecte. —Pidió, ella cumplió sin decir nada, torciendo la cara en una mueca de dolor de vez en cuando.

Joyce limpió y desinfectó la herida de la niña, haciendo un vendaje improvisado mientras venía emergencias.

Mientras tanto, un silencio sepulcral se adueñó de los niños. Hasta que Dustin lo rompió.

—Debes explicarnos muchas cosas, Lana —murmuró. La chica suspiró.

—Lo sé —dijo, sentándose en el sillón—. Es una larga historia...

—Empieza, entonces —dijo Lucas, la pelirroja suspiró una vez más y miró al techo.

—Todo empezó cuando papá me llevó al lugar en el que trabajaba, ¿como iba yo a saber que era parte de algo tan inhumano como el MK Ultra? Él me engañó, me dijo que solo probaban en los niños medicinas experimentales. Y le creí. Fue un gran error. —Relataba, mientras la imagen de su padre inyectándole algo extraño a un niño, mientras que este lloraba volvía a su mente—. Ese día hubo un corte de luz general, salimos de inmediato, papá estaba tan asustado... Y no lo culpo. Porque desde entonces escucho y veo a esa cosa.

»Desde que supe que existía, quise morir, y no es para menos querer algo así. Él mismo me lo dejó claro. No me dejará hasta que muera, y una vez que muera, no iré a ningún lado sino... —Lana tragó saliva, mientras sentía como un nudo en su garganta—. A su lado. Por siempre.

El viento golpeó las ventanas con violencia, logrando que una rama golpeara el vidrio, haciendo a todos saltar en sus lugares. Lana prosiguió.

—Me he mudado tantas veces que ya no puedo contarlas, papá es perseguido por la ley, yo no puedo decir nada, porque o me golpearían, o volvería al psiquiátrico. Y yo no quiero eso. Pero, ¿qué más da? De todos modos, vivir así...

—No es vivir —completó la castaña. Todos dieron un pequeño grito, pues no habían advertido su presencia—. Sí, también digo mucho esa frase, sé lo que se siente —murmuró, Lana apartó la mirada, no tenía cara para ver a Ibby luego de todas sus bromas pesadas.

La castaña llevaba puesto un camisón de Joyce que la susodicha cosió muy superficialmente para que le quedara. Su herida estaba vendada y curándose, pero los demás no sabían de su curación rápida, por lo que hacía muecas de dolor para disimular de vez en cuando. Will la vió, un tanto preocupado.

—Ibby... —Llamó, ella se giró a verlo—. No podrán venir los paramedicos, el hospital está lleno de gente enferma, hay un virus esparciéndose por el pueblo. —Informó, ella se alzó de hombros.

—Está bien, aguantaré —dijo, con simpleza.

Lucas se encaminó hacia la chica y la apuntó con el dedo indice.

—Tú también tienes mucho qué explicar —dijo severo. Ella rió, mientras veía hacia la puerta.

—Eso pídeselo a mi nuevo papá —acto seguido, Hopper entró a la casa sin siquiera tocar.

La mirada del jefe pasó por todos los niños, hasta llegar con la niña que buscaba. Se quedó petrificado al ver las cortadas en su cara y la evidente venda que llevaba.

—Cressidy... —El verdadero nombre de la niña salió casi por inercia. Se quiso sacar la lengua una vez entendió que había metido la pata.

Will retrocedió, asustado, entendiendo todo.

Por eso se le hizo conocida, por eso su comportamiento callado y tímido, para no levantar sospechas, ¡lo peor es que Hopper la encubría! No podía creerlo, no quería creerlo. Ella era peligrosa, era lo que decían los noticieros, su otra personalidad no vacilaría en matarte, decían. Will lo había visto y confirmado en la cantera, cuando asesinó a esos inocentes peces. Una duda se formó en su cabeza; ¿y si todo este tiempo estuvo conviviendo con la asesina, que aparentaba ser una dulce niña, esperando el momento indicado para matarlo?

Su cabeza dió vueltas, hasta caer sentado en el suelo.

—Hay que irnos —dijo el jefe de policía, ella asintió y salió, tomada de su mano. Giró a ver a Will, una última vez.

—Adiós, Will.

El pecho de Will dolía, esta vez, con más intensidad.

—Oigan, ¿donde está Mike?

Mientras, Hopper conducía sin prisas, mirando a Cressidy de vez en cuando. Era impresionante el apego que la pequeña le tenía, era normal, supuso, él no había intentado ahogarla o sacarle los ojos, así que tenía su merito, se dijo.

—¿A donde vamos? —preguntó la niña, Hopper mordió el interior de su mejilla.

—A casa.

La castaña alzó una ceja.

—Este no es el camino a casa. —Dijo, frunciendo el ceño. Hopper suspiró.

—Es el camino a la tuya...

Los ojos de Ibby se abrieron de sobremanera, ¿él se refería al hospital? Sus manos empezaron a sudar, de todas las personas que esperaba la traicionaran, nunca esperó que Hopper le hiciera eso. Lo miró a los ojos por el espejo retrovisor, sus manos sudaron al darse cuenta de un detalle, y entendió todo.

—Tú no eres Hopper —dijo, el aludido alzó las cejas.

—¿Qué quieres decir, Ibby?

—Hopper no tiene ojos negros sin pupilas y su piel no es tan pálida —dijo, con superioridad. El hombre rió.

—Ah, vaya, sigues siendo igual de lista, ¿no es así, pequeña?

—Más que tú, Thessa—dijo, el ser enfureció y acto seguido, todo oscureció para Cressidy.


Su cuerpo dolía, pero no más que recordar por completo lo que la llevó a estar ahí.

Su nombre era Eleven, el onceavo experimento que se hizo con niños del MK Ultra. Su rubro era la telequinesis, a cargo de quien se hacía llamar Papá, pero su nombre de pila era Martin Brenner. De los doscientos niños en los que se realizó el experimento, ella fue la única que sobrevivió a la vida allí, además de haber tenido un rápido avance a comparación de otros experimentos, por lo que era el arma más preciada.

Aprendió a aparentar ser lo que los hombres malos querían que fuera, una niña obediente que cumplía con lo que se le ordenaba sin rechistar. Incluso cuando ellos la maltrataron física y psicologicamente. «No existes, no eres nadie, el mundo no sabe que estás viva. No intentes pedir ayuda», era lo que decían generalmente cuando la golpeaban por tener episodios rebeldes, por lo que se callaba y dejaba que sus brazos y espalda fueran magullados sin decir nada.

Poco a poco se fue convirtiendo en alguien sin fuerzas para vivir, estando solo a la merced de esos hombres malos. Un día, todo empezó a cambiar cuando hubo un corte de luz general en el laboratorio, ella tenía cerca de unos diez años. Las alarmas habían estado sonando toda la tarde, mientras los muchos científicos allí buscaban a uno de los últimos tres niños que quedaron en el proyecto. La encerraron en el cuarto oscuro, como siempre lloraba y gritaba por piedad, hasta que algo sucedió. Hubo un sonido en la habitación, luego otro, hasta que pudo sentir la presencia de alguien más. Sí, definitivamente había alguien más. Sintió que algo tocaba su pierna e intentaba abrirle la piel. Muerta del miedo, usó sus poderes como nunca, alejando a esa cosa. Cuando las luces volvieron y los hombres malos regresaron por ella, había un charco de sangre enorme, pensaron que quiso suicidarse, por lo que volvió a ser castigada.

Eso solo era el inicio.

Conforme pasaban los días, en todas las pruebas, ella siempre veía una sombra detrás de todos, expectante. No sabía qué era o qué quería, pero no tenía un vocabulario tan extenso como para hacerle saber a los hombres malos que estaba allí. Por lo que se lo calló hasta que fue el día de la prueba mayor.

Sus pesadillas se hicieron realidad cuando ese monstruo volvió por ella, para terminar lo que una pobre niña empezó.

Hubo una explosión, luego todo estaba oscuro, y de repente estaba en medio del bosque con una voz femenina gritándole que corriera. Y lo hizo. Corrió hasta que sus piernas no pudieron más. Llegando así a un restaurante de hamburguesas donde conoció a Benny, quien terminó muerto por su culpa. Así fue hasta llegar con Mike, Dustin y Lucas. Tuvo miedo de ellos. Miedo de que fueran como los niños del laboratorio y la trataran mal, pero no pasó, la llevaron a un lugar seguro y Mike le dio eso, ¿como se llamaba? Eggos.

Se sintió más viva en esa semana que en sus doce años de vida, Mike la hizo sentir viva. Le enseñó cosas que había olvidado, como reír, hablar, ser feliz, y otras no tan buenas como esa sensación en la que tu corazón se estruja y sientes que todo se cae a tu al rededor. Sin embargo, esa vez y las siguientes lo perdonó. No porque ese fuera el trato al que estaba acostumbrada, sino porque sabía que Mike podía tratarla mejor que eso.

Y allí estaba. Tendida en el agua de la cantera, flotando sin mover un musculo. El monstruo ya la había dado por muerta, así que no volvió a molestarla.

Había recordado todo eso luego de que un grito seguido de su nombre resonó por todo el lugar. Los recuerdos volvieron a su mente como gotas de lluvia golpeando contra su cara. Uno tras otro. Hasta llegar al que la hizo llegar allí; un monstruo (no como el Demogorgon, mucho peor) la perseguía. Este era más rápido y resistente, no se desintegraba con facilidad, cuando no dio más, supo que era su final se entregó a él en bandeja de plata, pero retrocedió, asqueado, resulta que estaba metida en la cantera, parecía haber algún campo de fuerza que le impedía acercarse allí, por lo que corrió hasta el centro y ahí se mantenía flotando.

Por primera vez en días, sintió la necesidad de salir de allí y buscar la forma de salir para volver con Mike. Por lo que tomó aire y intentó mantenerse recta, pero pasó algo que la sorprendió: empezó a ser arrastrada hasta el fondo. Intentó zafarse del agarre de esas manos demoníacas ¡incluso con sus poderes! Pero no surtió efecto.

«¡Ten buena vida, Elena, deseale suerte a tu reemplazo!» dijo esa voz en su oído, para luego azotar su cuerpo contra una roca, logrando que gritara del dolor.

Cayó contra algo duro, no había agua, de eso estaba segura. Se limpió la cara y se atrevió a abrir los ojos.

No podía ser cierto.

Mike estaba ahí. De verdad estaba ahí. Viéndola como si fuese una especie de milagro, mientras que Eleven solo podía pensar en si estaba muerta o algo así, porque no se sentía como en la vida real. Él dio el primer paso, luego el segundo y el tercero, hasta terminar corriendo en su dirección. El aún no cabía en su asombro. Finalmente, luego de meses sin Mike o alguno de los chicos, volvió a casa.

—¡Eleven! —el grito del chico retumbó por todo el bosque, de eso estaba segura. No se movió ni un centímetro, su cuerpo aún dolía y sus huesos seguían rotos.

El chico la atrapó, antes de que se precipitara hacia el suelo una vez más. Ella se aferró a su cuello, sin intención de soltarlo, memorizó todo de él, su aroma, su cara, su calidez, en caso de que fuera solo un sueño o una alucinación. Había extrañado tanto a su chico.

—Estás aquí —dijo, aún sin creerlo. Ella sonrió.

—Sí —respondió—. Estoy aquí, Mike.

Y sin pensarlo, la volvió a besar.

Había pasado tanto tiempo, y aún así la sensación se sentía igual. El mismo cosquilleo en los dedos, el vuelco que dio su estomago, todo era lo mismo.

Mike extrañó muchísimo a Eleven, cada día sin ella fue un constante calvario. Extrañarla era poco para lo que sentía él, quería desayunar eggos con ella, ir en bicicleta juntos, tomarla de la mano, tener un día juntos, quería hacer muchas cosas con ella, la mayoría implicaban, simplemente, quererla por siempre. Y ahora que volvía a estar a su lado, no había palabra para describir sus sentimientos.

Había que decir, sin embargo, que su reencuentro no fue del todo ideal. Llegó hasta una cueva en medio del bosque, bloqueada por rocas y una advertencia de prohibido el paso. Ya estaba dando media vuelta cuando escuchó otro sonido, parecía que algo estaba golpeando la piedra, entonces, la entrada se desgarró como papel tapiz e Eleven salió de allí, como si hubiera sido lanzada. Él esperaba algo más emotivo, pero qué rayos, ¡estaban juntos de nuevo! Y eso era lo que importaba.

El momento fue interrumpido por la voz de los chicos vía el super comm de Mike que reposaba en su mochila, se disculpó y se dispuso a buscarlo, cuando lo encontró, prosiguió a contarles a sus amigos las buenas nuevas.

—¡Chicos, no me van a creer! ¡Eleven está conmigo, de verdad está conmigo! Cambio —exclamó emocionado, la chica rió por la efusividad de Mike. Casi al segundo, Lucas respondió.

—Ajá sí muy lindo, ¡esto es más importante! —gritó, Mike alzó una ceja ¿qué podía ser más importante que el regreso de Eleven? Lana tomó el aparato.

—¡Escucha cabeza hueca, Ibby resultó ser Cressidy, esa la prófuga del asilo mental, se la llevó lo que creo es el monstruo en forma de Hopper! —gritó alterada, Mike se paralizó e Eleven se tensó al escuchar la voz de la chica—, por amor a todo lo bueno, ¡ven rápido a casa de Will! ¡Esto es serio! Cambio.

Mike miró a El, con una expresión estupefacta en su cara. Antes de que pudiera decir algo, la chica murmuró entre dientes.

—Mi reemplazo.

Wheeler parpadeó, confundido.

—¿Como dices, El? —cuestionó, ella tomó por los hombros a Mike.

—El monstruo me dejó ir porque ella es mi reemplazo. —El color abandonó el rostro de Mike, quien poco a poco unió los hilos y entendió a lo que se refería.

Habían encontrado a una, pero perdido a otra.