El sol había salido ya, pero su pequeño ángel aún no abría sus dorados ojos, ella no había dejado de mirarla ni un solo segundo, perdida en aquel rostro tierno, perdida en sus propios pensamientos, sintiéndose todavía humillada por no haber podido salvarla de aquella demente sádica, todas aquellas lecciones para convertirse en una asesina parecían ahora inútiles, ¿De qué sirvió practicar tanto si no puedo ni salvar a una niña?, sus ojos estaban enrojecidos, había llorado varias veces esa noche, pues no podía sacarse de la cabeza las terribles imágenes de Takechi torturando a Kirigaya, ni tampoco podía olvidar qué por un instante la muerte había estado a punto de tomar a la chica qué más quería, Senpai había prometido matar a toda costa a Hitsugi y para tratarse de un primer intento ya había demostrado que tan cruel y peligroso podía ser aquel retorcido "juego". Sus pensamientos fueron rotos cuando aquellos ojos tan hermosos por fin se abrieron, por unos segundos ambas chicas se miraron sin decir nada, entonces Kirigaya vio aquellos ojos escarlata llenarse de lágrimas

-Chitaru-san…-dijo con una suave voz poco audible, como respuesta obtuvo un abrazo, un suave y delicado abrazo ya que Namatame no quería lastimar más su cuerpo

-Hi…Hitsugi…lo lamento tanto-

-¿De qué hablas Chitaru-san?-

-yo…yo no pude protegerte, por mi culpa Takechi te ha lastimado-

-eso no fue culpa tuya…-

-yo había prometido protegerte-

-sí, pero…Chitaru-san no quiero hablar más de eso, no lamentes eso ya que no fue culpa tuya…olvidemos esto, ya no importa, lo único que importa es que estoy contigo-Kirigaya paso lentamente sus dedos por el rostro de Chitaru limpiando aquel par de lágrimas que se le habían escapado, después beso su mejilla y no dijo nada más, Namatame no quería incomodar a Hitsugi así que no hablo más del tema, supuso que para la chica era difícil, Kirigaya recargo la mejilla en su hombro y dio un suspiro

-¿Pasa algo Kirigaya?-

-Estoy un poco cansada-

-Trata de dormir un poco más-

-No creo…poder-

-¿Por qué no?-

-porque…una pesadilla me despertó…no quiero volver a soñar lo mismo-

-¿Qué soñaste?-

-yo soñé…soñé con Takechi…soñé que ella volvía- La pelirroja abrazo a la chica y hablándole al oído dijo

-duerme, yo me quedaré aquí…yo te voy a proteger- Kirigaya se dejó caer en el pecho de su amada sintiéndose segura a su lado pues sabía que nada le pasaría teniendo a Chitaru a su lado, miro el rostro de la pelirroja y paso lentamente su mano sobre la herida que Otoya le había causado

-Chitaru-san ¿Te duele?- Namatame sonrió para tranquilizar el semblante preocupado de Kirigaya

-estoy bien, ya casi no duele-Kirigaya se acercó a su rostro y beso tiernamente la herida

-Chitaru-san te amo- dijo la niña antes de quedarse dormida

-yo te amo a ti Hitsugi- …así, una en brazos de la otra se entregaron a sus sueños, les esperaba un largo camino, muchas pruebas por afrontar pero hasta ahora su amor seguía creciendo.

Habían pasado un par de semanas desde lo ocurrido con Takechi Otoya, las heridas que le habían sido provocadas ya estaban sanadas casi por completo aunque no así su mente ya que seguía soñando con "Jack el destripador", Namatame la había cuidado con mucho esmero, era muy amable con ella y hacía cualquier cosa tan solo para hacerla feliz, Hitsugi correspondía su amor llenando a la pelirroja de abrazos, besos y dulces muestras de cariño, se sentía feliz con su Chitaru-san.

Namatame aunque estaba feliz con Hitsugi no podía bajar ni un minuto la guardia, no se sentía tranquila cuando Kirigaya no estaba a su lado así que opto por tenerla junto a ella el mayor tiempo posible, ponía atención a todo cuanto las rodeaba tratando de hallar algún indicio del próximo ataque de su senpai, parecería que se había vuelto paranoica, pero ella sabía que el siguiente asesino se presentaría en cualquier momento y sin dar aviso alguno, era mejor estar preparada.

Y sus sospechas no eran infundadas ya que en aquel mismo instante mientras ella estaba sentada junto a su pequeña, la cruel profesora tenía frente a si a la próxima asesina

-¿y bien? ¿Qué me dices? ¿Aceptaras la misión o no?- la chica sonrió vagamente

-No debo pensarlo mucho, leí las descripciones que usted me dio, mi objetivo, Angel Trumpet parece ser un blanco muy fácil, los envenenadores son muy confiados y a veces descuidan sus espaldas, además es tan solo una insignificante niña, podré con ella…lo que realmente me intereso es su alumna, parece ser una excelente oponente de pelea, amo las peleas así que espero que ella me dé una buena batalla-

-No te preocupes por ello, Namatame-san ha sido la mejor de mis alumnas-

-muy bien señora, entonces aceptare su oferta, yo me encargaré de matar a esa chica-

-Perfecto, entonces confiare en ti-

-¿Desea que lo haga algún día en especial?-

-Dejare esos detalles en tus manos, hazlo cuando mejor te parezca- la chica hizo una leve inclinación y salió del lugar. La profesora se quedó sentada en su escritorio, tomo la fotografía de su hija

-¡Esta vez esa maldita morirá!- llamarón a la puerta en ese instante, era su mayordomo

-Su té está listo mi señora-

-muy bien, déjalo aquí por favor-

-¿La señorita se ha marchado?-

-hace un instante-

-¿acepto hacerlo?-

-sí, le agrado la idea-

-mi señora, puedo hacerle una pregunta-

-adelante, te escucho-

-Tiene muchos colaboradores a su servicio, ¿Por qué no simplemente envía a alguno de ellos a que le dé un tiro a la chica?- la mujer río

-Tienes una mente muy práctica, la verdad es que en un principio considere esa opción pero debo aceptar que simplemente matarla no me satisface, no, yo quiero algo más, quiero que esa maldita sufra, quiero que su sangre sea derramada, quiero que su cuerpo experimente el mayor dolor posible, que su mente sea herida una y otra y otra vez hasta volverla loca, quiero romperla en muchas partes hasta que suplique morir- la mujer siguió riendo, su mayordomo era consciente de la locura de su ama, pero le pagaba bastante bien como para renunciar a aquello.

-¿Desea algo más mi señora?-

-Nada por ahora, puedes retirarte- el hombre se marchó dejando a sola a la profesora, pensaba en Namatame,

-…eras la mejor de mis estudiantes, siempre amable, siempre dispuesta a ayudar, no comprendo que te sucedió, supongo que ese maldito Black Group te afecto la cabeza, ¿Por qué me habrás traicionado de esa manera Namatame-san?...- La mujer miro por la ventana, afuera todo estaba oscuro, igual que en su interior, pues desde la muerte de su querida hija toda luz en ella se apagó, la vida había perdido su color y todo sentido, desde aquel horrible día ya nada había vuelto a ser igual, aún recordaba aquella tarde, cuando vio a su hija caer al suelo, en un principio no supo el porqué, horas después el médico le informo que en el cuerpo de su hija habían hallado una aguja, envenenada, su hija había sido blanco de un asesinato… dejo de pensar en ello secando sus lágrimas con el dorso de su mano

-…No me importa si a ti también deben matarte Namatame, quiero venganza y nada me importara para conseguirla…-.

Era una noche muy despejada, las estrellas brillaban acompañadas por una hermosa luna llena el ambiente estaba un poco cálido y muy silencioso, Kirigaya y Chitaru habían decidido salir a dar un paseo, caminaron por las calles hasta llegar a un solitario parque rodeado por altos árboles, Hitsugi estaba disfrutando del paseo pero Namatame no, desde que habían salido del departamento tenía la extraña sensación de que alguien las estaba observando, agudizo el oído esperando escuchar pasos o algo parecido pero hasta ahora nada se había presentado, miro a Kirigaya quien parecía encantada con mirar la luna, caminaron por las veredas del parque en total silencio, conformándose con tomarse de la mano, Chitaru decidió dejar sus sospechas, tal vez era simple paranoia, pero entonces lo que había estado esperando sucedió, algo había roto el silencio que las rodeaba, era un ligero silbido, como si algo cortara el viento, en milésimas de segundo Chitaru actuó haciendo que Kirigaya se tumbara en el suelo, ella la protegió con su propio cuerpo, entonces con un ruido sordo algo había ido a parar al tronco del árbol más cercano a ellas, Chitaru miro en dirección opuesta esperando ver a su atacante, pero lo único que vio fue una sombra alejarse con mucha velocidad, aquel súbito ataque fue desconcertante, se puso de pie y ayudo a Kirigaya a levantarse

-¿Te encuentras bien?-

-sí, estoy bien, ¿y tú Chitaru-san?-

-estoy bien-

-mira eso Chitaru-san-dijo la chica señalando el un árbol, hay había lo que parecía ser un cuchillo clavado, Namatame se acercó, si, aquello era un cuchillo pero en su empuñadura tenía enrollada una hoja de papel, ella la tomo, era una nota escrita con una muy pulida caligrafía

"Namatame Chitaru

Sé que eres buena con la espada, así que te reto a un duelo, quiero que me des tu mejor batalla, si te niegas iré por Kirigaya Hitsugi y la mataré frente a tus ojos.

Te veré en este mismo lugar el próximo jueves a las 03:00 am.

Te estaré vigilando así que no intentes escapar".

Namatame leyó dos veces la nota, no comprendía aquel mensaje, era corto y muy directo en lo que pedía, la amenaza de matar a Hitsugi le provoco escalofríos, "Debe ser cosa de mi senpai" pensó

-Chitaru-san ¿Qué es eso?- Namatame le mostro la nota, no tenía sentido ocultárselo, la niña leyó el papel y después de algunos instantes miro a Chitaru

-¿Lo harás?-

-¿Qué cosa?-

-¿Pelear?- lo pensó unos segundos

-Debo hacerlo, no quiero que te lastimen-

-pero esto, no puedes…-

-No te preocupes por nada Kirigaya todo va estar bien…yo solo deseo protegerte- Hitsugi no quería que Chitaru pelara pero la vio tan decidida, entonces abrazo a su amada

-gracias Chitaru-san-.

Esa noche al volver a casa Namatame estaba tomando una ducha aunque no paraba de pensar en aquel extraño reto ¿Quién sería su oponente?, pero su cabeza se quedó sin ideas y sintió como si su corazón fuese a salir de su pecho, ya que en ese momento apareció Kirigaya, la chica completamente desnuda y con su inocente mirada solo le dijo

-Chitaru-san ¿Te molesta si tomo un baño contigo?- Namatame solo negó con la cabeza, era la primera vez que veía a Kirigaya así, desnuda, la chica siempre había rehusado ir al baño público cuando estuvieron en la academia Myojo, podía sentir sus mejillas arder, debía estar muy ruborizada, Kirigaya no parecía incomoda en absoluto, por el contrario, sus brillantes ojos se perdían en el atractivo cuerpo de Namatame

-¿Chitaru-san?-

-¿s…si?-

-Tus pechos son muy lindos- La pelirroja se puso aún más roja que antes, no tenía idea de que hacer

-¿Puedo tocarlos Chitaru-san?-…

Namatame debía prepararse para aquel duelo, era complicado ya que sería a mitad de la noche y lo que era peor, seria con un completo desconocido, pero de cualquier forma era hora de tomar las cosas más en serio, así que esa tarde volvió a una habitación que casi nunca abría, un pequeño cuarto donde había encerrado todos sus tristes recuerdos, le dolía un poco mirar ahí, pero debía tomar su mejor arma, aquella espada regalo de su fallecida madre, no era momento para estar triste, la vida de Kirigaya estaba en juego, así que entro y cogió el arma y sin mirar más nada salio y volvió a cerrar la habitación, miro la espada en su funda, una autentica espada japonesa, una katana fabricada en plata con bellos grabados tradicionales, la desenfundo, seguía tal como la recordaba, brillante muy afilada y tan ligera que le era sencillo maniobrarla, la sujeto y comenzó a cortar el aíre con ella, había aprendido a pelear con aquella arma, le era tan conocida que la sentía casi parte de su cuerpo, practicaría un poco, el día estaba cerca.

El día había llegado, sentía tantos nervios que no podía quedarse quieta en ningún lugar, caminaba de un lado a otro por todo el departamento, Kirigaya la miraba, se sentía tan mal por ella, se sentía culpable por hacer pasar por aquello a Chitaru, eran las 02:05 horas, estaba a punto de salir de casa, entonces Namatame tomo asiento junto a la peli azul

-Kirigaya, es casi hora de que me vaya-

-¿Qué? Espera, ¿No vas a dejar que vaya contigo?-

-lo siento, pero es muy peligroso…-

-Pero…Chitaru-san-

-Por favor, hazlo, escucha Kirigaya si yo…si yo no vuelvo en una hora toma esto y vete, vete lo más rápido y lo más lejos que puedas- le tendió un sobre de color blanco, pero Kirigaya no lo tomo

-No hace falta, tú volverás a casa conmigo- Namatame dejo en sobre en el regazo de la pequeña

-Debo irme Kirigaya- entonces la chica se lanzó al cuello de la pelirroja abrazándola con fuerza, entonces la beso, Namatame sintió sus labios ser tocados por los de su pequeño ángel, eran tan suaves, Hitsugi rompió el beso y le dijo

-Prométeme que vas a volver- Chitaru la miro a los ojos

-Te lo prometo, voy a volver-

-Te amo Chitaru-

-Yo te amo a tu Hitsugi- con una última sonrisa ambas chicas se despidieron.

Chitaru salió a las oscuras y desiertas calles, el beso que le había dado Hitsugi disipo casi por completo su miedo inicial, debía ser valiente por su pequeña princesa, pero aun así no podía dejar de sentir cierta inquietud, ya que posiblemente se dirigía a una trampa; después de caminar por casi treinta minutos por fin llego al parque, ahí no había nadie, salvo un par de callejeros gatos que salieron corriendo en cuanto notaron su presencia, Chitaru aguardo ahí alerta a cualquier sonido, esperando un ataque sorpresa, sus ojos escarlata escudriñaban cada centímetro del sitio, entonces escucho el crujir de una rama tras ella, volvió enseguida la mirada y ahí oculta entre las sombras estaba una persona

-Me complaces, has aceptado mi reto- la voz del desconocido le indico que se trataba de una chica

-¡¿Quién eres?! Muéstrate!- la extraña dio un par de lentos pasos y revelo su rostro pálido a la luz de la luna, para Namatame resulto toda una sorpresa

-¡Azuma!- la chica río mirando la sorpresa de la pelirroja

-Así es, soy una Azuma, aunque no la misma que tú conoces, no, sé que tú conoces a mi inútil hermana Tokaku-

-¿Qué?- Chitaru estaba aún más sorprendida y confundida

-yo soy Yashiro Azuma-…