DISCLAIMER: Los personajes del manga y el anime "Candy Candy" no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki, Yumiko Igarashi y Toei Animation Co., yo solo los tomo prestaditos para inventar con ellos historias sin fines de lucro, porque soy una fan y los adoro jejeje.

Hola amigas! Aquí estoy de nuevo trayéndoles una actualización de esta historia. Les agradezco muchísimo por su interés, en especial a Skarllet, Lizeth951, PauGrandchester, Pati, Aday, Yariky y Krasnyroses por sus reviews y sus favs. Espero que estén bien y les envío un abrazo.

Respecto al contenido del capítulo (siguiendo al margen la historia original), les informo que aborda para Candy la aciaga revelación tan esperada que le llevará a tomar una importante decisión en su vida al igual que a Terry. Cada vez estamos más cerca del desenlace.

Una vez más ¡Muchas gracias a todas (os) por leer!

Un gran saludo desde Ecuador.

Belén

Capítulo VII: La verdad detrás de un secreto

-¡Vámonos de aquí, te dije que no vinieras!- me reclamó Terry enojado tomándome del brazo para conducirme con él afuera del teatro. De repente había dejado su amabilidad a un lado para tornarse malhumorado y grosero, siendo esto último lo que más me impresionaba.

-Terry espera, me haces daño. ¿Qué te ocurre?- protesté liberándome de su agarre al llegar a la puerta.

-¡Tan solo vámonos de aquí!- concretó él retirando su abrigo del perchero contrariado aunque se notaba que intentaba calmarse. Cerró para ello los ojos durante unos segundos, levantando el rostro y respirando profundo, y luego con mayor autocontrol, producto de su azoramiento por comportarse así, me tomó de la muñeca para llevarme consigo hacia el automóvil.

-Te expusiste. ¡Te dije que no lo hicieras y te expusiste!- me reclamó durante el corto trayecto hasta el vehículo.

-No entiendo qué sucede… ¿es acaso sobre esto de lo que querías hablar?- solté sin darle más vueltas al asunto. Teniendo para entonces un duro nudo en el estómago debido a la angustia de lo que me podía enterar –Terry contéstame- insistí al ver que él no conseguía mirarme de frente.

-Hablaremos al llegar a casa- concretó terminante y una vez nos subimos al coche, no volvió a mencionar nada durante todo el camino, ni yo insistí tampoco en preguntar para no empeorar las cosas. Prefiriendo en lugar de ello observarlo en silencio, secretamente martirizado por un problema que le costaba tocar y que no se atrevía todavía a contarme, en tanto sin separar la vista de las calles trataba de concentrarse al conducir porque no lo estaba haciendo de forma tranquila. Por suerte llevaba yo bien puesto el cinturón de seguridad, aunque por puro instinto de precaución me sostuve de la manija de la puerta para soportar los giros a velocidad y no miento al decir que para cuando alcanzamos el departamento, Terry había conseguido rebasar cinco carros en un arrebato de vehemencia provocado por ese misterioso peso que cargaba sobre sus hombros.

-Terry ¿qué está pasando?, hablemos por favor- proferí mientras lo seguía escaleras arriba, pero amargado como estaba no me respondió enseguida. Sólo cuando llegamos al segundo piso y hubo abierto la puerta con sus llaves, sin voltear a verme me cedió el paso para darme prioridad al ingresar.

-Primero entremos- manifestó con seriedad

Yo accedí sintiéndome de repente un tanto insegura, no porque empezara a dudar de él sino porque intuía de alguna forma que el ensueño romántico en que viviéramos todos esos días hasta esa mañana, estaba a punto de esfumarse.

Terry preocupado, comenzó a pasearse por la sala con una mano en la frente, pensando claramente por dónde empezar. Esperé en silencio y a la expectativa de lo que tuviera que decir, cada vez más convencida de que la ausencia de Susana Marlow en la obra tenía algo que ver con todo eso.

-Terry…- No soporté más y hablé, pero él me detuvo levantando una mano en señal de que me abstuviera. Fue allí al ver su mirada, que me di cuenta de que todo su enojo era tan solo un disfraz porque estaba en realidad al borde de las lágrimas.

Quedé estupefacta pues nunca antes había visto a Terry así, ni siquiera cuando nos habían descubierto juntos de noche en el colegio luego de la sucia treta de Eliza y con todo lo que aquello degeneró. Era como si hubiese estado reprimiendo por mucho tiempo algo que le oprimía el alma y por fin lo dejase fluir. De repente el joven que amaba, el enérgico y valeroso, el que parecía no temerle a nada, ya no era el mismo. De repente se veía demasiado abatido, quebrado, triste, perdido.

-Candy perdóname- reconoció –Quise arreglar esto cuanto antes, sin que lo supieras para no hacerte sufrir. Creí que podría controlarlo-

Mi corazón se heló en mi pecho mientras escuchaba al fin sus palabras temblorosas en el intento de no demostrarse débil.

-…Tenía todo planeado. Mañana por la noche pensaba solucionarlo. Iba a presentarme en el hospital para hablar con la madre de ella y sus familiares…- continuó sin darse a explicar bien debido a la pesadumbre.

-Es sobre Susana ¿no es cierto?... Te involucraste con ella- logré consultar con la voz entrecortada, creyendo estar dentro de un mal sueño.

-No, no fue así...- aclaró mirándome a los ojos con pesar y me pareció que hablaba con sinceridad aún a pesar de toda mi confusión –Todo ha sido un infortunio, una trampa del destino- al exponer ese argumento se me acercó desesperado, intentando tocar mis mejillas más yo retrocedí porque no quería que me volviese a poner un dedo encima antes de que soltara todo.

Tenía miedo de decírtelo y de que te asustaras… pero ya no me importa, ya no puedo seguir ocultándotelo- profirió

-¿La embarazaste?- Supuse llevándome las manos a la boca, asustada, siendo esta vez yo misma la que estaba a punto de echarse a llorar.

Terry dio media vuelta y caminó hasta un sillón cerca de la ventana, donde se dejó caer apesadumbrado, moviendo la cabeza en negación.

-Pienso que hasta aquello resultaría menos complicado…- expresó en voz baja provocándome con aquello un escalofrío

-¿Qué hiciste Terry?- demandé saber dando algunos pasos lentos en su dirección. Él guardó silencio durante algunos segundos, mirando al vacío antes de contestar

-Nadie se dio cuenta a tiempo en el teatro de que la infraestructura de los equipos de iluminación estaba obsoleta... Ésta se rompió de forma repentina en medio de uno de los ensayos… justo sobre mí… pero ella… ella que compartía una escena conmigo entonces… me salvó… solo que tomó aquella maldita desgracia que era para mí, en mi lugar-

-¡Santo cielo!- exclamé impactada, teniendo en cuenta que el accidente no debía haber ocurrido hacía mucho, pues solo una semana atrás Karen había sido notificada para que reemplazase a Susana en el papel – ¿Se encuentra ella ahora en el hospital?- pregunté

Terry apoyó los codos sobre sus piernas y hundió la cabeza entre sus manos con aflicción. Asintió en respuesta.

-Los médicos dijeron que es lo más recomendable, por lo menos hasta que se recupere de la operación-

-¿Operación?- esbocé cada vez más preocupada, con mi instinto de enfermera gritándome que debía tratarse de algo grave -¿De qué tipo?-

Mi prometido volvió a guardar silencio antes de contestar y cuando lo hizo todo mi mundo se vino abajo

-…Tuvieron que amputarle la pierna izquierda-

Abriendo la boca de la impresión, por una repentina falta de aire, tuve que apoyarme en un mueble aledaño para no caer. Comprendiendo de inmediato el porqué de la angustia de Terry, el porqué de sus miradas ausentes a ratos o la causa de sus repentinos silencios. Había mencionado a los familiares de Susana, ellos tenían que estar utilizando el asunto para castigarlo, por considerarlo culpable. Recordé entonces a la mujer del escándalo tras bastidores en el teatro. Debía ser la mamá de ella exigiendo hablar con él a la fuerza. De repente todo cobraba sentido.

-Su familia ¿te está exigiendo dinero?- consulté con ingenuidad, todavía sin recuperarme del todo de la nefasta noticia

-Bueno sería si fuera tan solo eso. Podría proveerles con gusto de todo el dinero que necesitasen para el tratamiento de Susana por el resto de su vida o la mía. No tendría problema con ello… pero no les basta con ello, en especial a su madre. Ella quiere que cumpla con mi deber de caballero y no deje sola a su hija…- Terry me compartió finalmente con una melancólica mirada que no pudo sostener por mucho tiempo en mis ojos, optando por dejarla caer al vacío.

-Lo entiendo- susurré destrozada por dentro -…Y tú eres un "caballero inglés"-

Al escuchar el apelativo Terry levantó la vista del suelo hacia mí atemorizado

-Candy…- esbozó con tristeza. Yo moví la cabeza adivinando la resolución que podía tomar. Lo conocía bien.

-Creo en ti y sé que no tienes culpa en todo esto, pero lo único que te reclamo es el que no me lo hayas dicho antes – manifesté sintiéndome de pronto burlada, utilizada, sucia y sobre todo totalmente indefensa, engañada en parte por la persona en quien más confiaba -¡Por qué rayos no tuviste el valor de decírmelo antes de que sucediera tanto entre los dos!- protesté alzando mi voz –…O no, ya sé, o quizá planeabas notificármelo mediante cartas una vez volviese a Chicago-

Terry se levantó de inmediato y caminó hacia mí para tranquilizarme, intentando abrazarme pero luché para liberarme de su agarre.

-¡No, suéltame, no me toques!-

-¡Candy por favor escúchame!-

-¿Cuándo pensabas contármelo, cuando me vieras encinta, sin trabajo y dependiendo de ti?- le interpelé entre forcejeos

-Pensaba decírtelo desde el primer día que llegaste… pero no pude. Mi emoción de verte de nuevo, de poder tenerte a mi lado después de superar tantas cosas fue suficiente para llenarme de esperanzas de nuevo e intentar buscarle una solución al problema, y no quise tampoco que te enteraras porque sabía que ibas a sufrir… créeme mi amor jamás fue mi intención lastimarte de ninguna forma ni aprovecharme de ti. Candy eres lo más valioso que tengo en la vida, la persona que más amo y por quien sería capaz de darlo todo… por favor… perdóname…- Me imploró dejándose caer en ese instante de rodillas delante mío, asombrándome por completo -Te necesito Pecosa, por favor no te alejes de mi lado- me suplicó abrazándose a mis caderas y a mi vientre al tiempo que empezaba a llorar en silencio. Su comportamiento y sus súplicas consiguieron derrumbar mis defensas. Mis lágrimas no dejaban de caer por mi rostro sintiendo su dolor, que ahora era también mío.

No podía con todo eso, era demasiado injusto. Necesitaba pensar.

-Necesito estar sola- solicité. Terry sin oponerse a mi petición, me soltó, respetándola y yo sin pensarlo dos veces corrí hacia la habitación aun sabiendo que lo dejaba devastado. Me encerré entonces intentando serenarme para poder aclarar mi mente y encontrar la mejor decisión a tomar. Sin embargo, una vez sola no pude contener más el dolor que me atravesaba y lo dejé salir a través de mi llanto.

Arrimada a la pared en un rincón me dejé caer lentamente hasta el suelo, donde abrazándome las piernas sollocé hasta que casi no me quedaron lágrimas, buscando desahogarme de la injusticia que me ponía la vida. Repentinamente el mundo me resultaba demasiado grande y yo me sentía tan desamparada y vulnerable.

Desde ese ajeno refugio escuché a Terry en la sala desquitarse de su frustración con algunas cosas que cayeron al suelo, de lo que asumí debía ser su escritorio al barrer con todo lo que había encima para poder luego debruzarse sobre su superficie. Permanecí quieta en medio de mi desolación mientras lo imaginaba afuera, desesperado. Prefiriendo hacer suposiciones sobre sus movimientos al no contar todavía con el valor suficiente para salir a enfrentarlo. Le oí luego abrir la gaveta de algún mueble para extraer de allí algo y cuando allí sí, ya empezaba yo a levantarme preocupada para ir a cerciorarme de que no hiciera alguna locura considerando su estado nervioso, le escuché caminar hacia la parte de la cocina.

Abrí la puerta de la habitación despacio para asomarme al corredor pero volví a cerrarla casi enseguida al percibir sus pasos de regreso a la sala. El sonido del corcho de una botella al salir disparado, despejó entonces mis dudas y pronto escuché un líquido ser servido. Licor. Uno de los viejos vicios de Terry, que al parecer no había conseguido dejar de lado del todo, como en cartas me prometiera.

No interferí aunque no me agradaba que bebiese, y sospechaba que de empezar a hacerlo no tardaría en dejarme sola para salir a refugiarse en alguna taberna, donde de seguro terminaría metiéndose en problemas o provocando alguna pelea como solía hacer en Londres, cuando lidiaba en silencio con sus problemas. No obstante, para mi perplejidad, no me abandonó y en lugar de ello permaneció en la sala bebiendo. Por mi parte yo no me moví del cuarto hasta que me pude calmar lo suficiente. En algún momento inclusive me quedé dormida sobre la cama y me desperté con la claridad de la luna ingresando por la ventana, notando enseguida que ya no percibía nada proviniendo de la sala, así que despacio me dirigí de nuevo a la puerta y la abrí con cuidado, tratando de hacer el menor ruido posible y orando para no encontrarme afuera con alguna desagradable sorpresa.

Para mi suerte Terry solo se había quedado dormido. Descansaba roncando ligeramente con la cabeza apoyada sobre el escritorio con una botella de ron al lado, mientras que el vaso de vidrio en el que al principio había estaba bebiendo, para entonces yacía volteado sobre la alfombra en medio de una mancha que colindaba con un montón de libros, guiones, periódicos y varios lápices esparcidos también por el suelo, que tuve que esquivar para poder acercarme.

Dormido lucía tan pacífico que incluso parecía inocente, como un niño. Uno que había tenido que crecer demasiado rápido. Analizar aquello despertó mi ternura y ésta pudo más que mi tristeza, haciéndome aflorar las ganas de protegerlo, de no dejarle atravesar ese problema solo. Ambos éramos al final tan parecidos. La vida nos había puesto a prueba muchas veces y habíamos logrado superarlas. Una vez más no debíamos rendirnos. Nos merecíamos ser felices.

Mi amor era más poderoso que mi dolor y me hizo atrever a inclinarme hacia él para acariciarle suavemente la mejilla. Terry se removió un poco en medio de su sueño atinando únicamente a murmurar palabras aisladas.

-Candy… mi amor… no te vayas-

La compasión se apoderó de mí. No podía dejarlo pasar toda la noche en la sala ebrio después de haberse bebido casi la botella completa. Así que remitiéndome a mi trabajo de profesional de la salud por sobre todas las cosas, lo ayudé a levantarse, permitiendo que pasara su brazo sobre mis hombros como apoyo y poder conducirlo al cuarto de baño. Allí para mi asombro y no de buen modo, Terry se debruzó de inmediato sobre el inodoro para vomitar todo el alcohol ingerido.

Me quedé durante varios segundos pegada a la pared más cercana asustada sin saber bien qué hacer, recordándome que de permanecer junto a él, tendría que lidiar junto con aquel vicio no superado. No obstante, despejé mi mente en esos momentos de aquellos pensamientos desalentadores relegándolos para después y en lugar de eso, opté por ayudarle a reincorporarse, más Terry se portó esquivo.

Luego de bajar la válvula del inodoro, se dejó caer sentado a un lado con los ojos llorosos, llevándose las manos a la cara, tal vez por sentirse desgraciado o tal vez porque le avergonzaba que le viera llorar.

-Sal de aquí Candy, si te quedas solo conseguirás decepcionarte aún más de mí- argumentó con la voz quebrada pero todo aquello en vez de causarme lástima como él creyera, lo que hizo fue conmoverme, por lo que me acerqué despacio para sobarle el brazo en señal de apoyo y de nuevo volver a intentar ayudarle a levantarse, y en esta ocasión me lo permitió sin poner resistencia porque en realidad como ambos sabíamos, necesitaba un pilar donde arrimarse.

Le hice entrar así en la ducha para que volviera a sus completos cabales pero estando tan pasado de copas, difícilmente coordinó bien sus movimientos y terminó por resbalar en la tina.

-¡Terry!- exclamé con preocupación pero gracias al cielo no se golpeó la cabeza y si se hizo daño en otras partes del cuerpo, no lo demostró.

-¡Rayos!- masculló únicamente mientras se acomodaba boca arriba cerrando los ojos y el sueño no le tardaba en llegar. Aliviada de que estuviera bien, aproveché entonces para quitarle los zapatos al tiempo que le escuchaba balbucear incoherencias, incluso en algún momento creyendo que yo era Maurice. Con probabilidad su nuevo compañero de juergas y quien se encargaba de ayudarle a volver a casa durante sus borracheras tal como solía hacer Albert en los tiempos del colegio. Aquello me hizo dar coraje, así que sin importarme que todavía tuviese puesta la ropa, terminé por abrir la regadera para ver si se le quitaba de una vez la embriaguez.

-¡Pero qué diablos!- Se sobresaltó Terry cuando sintió el agua fría empezar a caer sobre él, protestando en un principio extrañado pero no tardó en enfocarse en mí y reconocerme –Candy…- musitó asombrado

Le nivelé entonces la temperatura del agua para que no pescara un resfriado, pensando en dejarlo allí en tanto iba a prepararle una taza de café bien cargado.

-Lo necesitas- sostuve con firmeza intentando contener las lágrimas para que no me viera vacilar en mis acciones.

Él era más fuerte que yo y podía haber reaccionado de forma violenta si hubiese querido más lo que hizo fue sujetarme de los brazos cono notable desespero en su alegría por hallarme todavía allí, por lo que me agaché a su lado hasta quedar a la misma altura.

-¡Sigues aquí, no te has ido! ¡Gracias dios!- exclamó con alivio -¡Por favor, por favor, no me dejes!-

-No me iré…- expresé –porque me preocupo por ti e intento cuidarte, iré a la cocina a prepararte algo para que tomes. Quédate aquí- le pedí notando que para entonces el agua ya se había calentado y no le enfermaría.

-Yo… no quería esto. No quería que me vieras así…- profirió él apesadumbrado, soltándome, consciente de lo denigrante de su vicio – Yo te prometí dejar de hacerlo…-

-Y no dudo de que te hayas esforzado… solo trata ser fuerte la próxima vez- le dije de forma conciliadora antes de levantarme y encaminarme hacia la puerta. Le esbocé una pequeña sonrisa cariñosa y sincera antes de salir.


Me tomó algo más de cinco minutos preparar el café y para cuando regresé encontré a Terry un poco más sobrio, sentado al borde de la bañera. Coloqué enseguida en sus manos la bebida caliente y le cubrí con una toalla para protegerlo del frío. Terry me lo agradeció mirándome de forma especial y sobre todo consciente, pero antes de que pudiera decirme algo, le pedí que guardara silencio colocando un dedo sobre sus labios y salí del cuarto de baño en dirección a su habitación para buscarle ropa limpia, que pocos después le llevé recomendándole que se cambiara pronto.

Terry que en ese rato ya se estaba quitando la camisa me observó unos instantes con un asomo de culpabilidad y pena pero una vez más decidí retirarme prefiriendo que no me dijera nada.

Cumplida mi misión de auxiliarle regresé a la habitación y me coloqué la pijama para luego acostarme en el que ya consideraba mi lado de la cama, solo que esta vez de cara a la ventana abierta para poder mirar al cielo nocturno en el cual brillaba una luna llena impresionantemente hermosa, tan blanca y pura, y ajena a mis preocupaciones, que sabía se me quedaría grabada en la memoria.

A esas alturas había llorado tanto que de verdad sentía que se me había agotado mi provisión de lágrimas por esa noche pera también por la misma razón me encontraba más calmada, o mejor dicho resignada.

Le escuché entonces a Terry abrir la puerta y caminar despacio sobre la alfombra bordeando la cama para subirse de su lado y recostarse frente a mí. Al parecer se había terminado de asear bien porque olía a jabón y a su varonil colonia que tanto me gustaba y pude percibir además el aroma a menta de su pasta dental en su fresco aliento en cuanto acercó su rostro al mío para depositar un suave beso sobre mis labios mientras yo me empeñaba en fingirme dormida, no muy segura de que se lo estuviera creyendo.

Despacio le sentí luego acariciarme la mejilla.

-Te juro amor mío que jamás quise lastimarte, nunca hubiese querido que pasaras por esto… pero voy a solucionarlo, te lo prometo. Mañana me reuniré con la Sra. Marlow y le dejaré en claro mi resolución. No dejaré a un lado mi deber de caballero en mi responsabilidad económica con Susana pero no me comprometeré con ella porque mi corazón y toda mi vida le pertenecen a otra persona. A ti Candy. No voy a separarme de ti por nada del mundo, por favor créeme y pelea en esto conmigo. Lo superaré, ya lo verás- mesusurró

Había lealtad en su tono de voz y la valentía que yo le conocía aun cuando sabía lo abatido que se encontraba. Decidí creerle, abrí los ojos despacio y asentí, aunque todavía me sentía un tanto resentida de que no me contara todo con anterioridad, algo que quizá él lo advirtió en mi mirada porque no me presionó por otra respuesta, y en el fondo se lo agradecí.

Invirtiendo de pronto los papeles, se preocupó de arroparme y ayudarme a acomodar las almohadas, para luego volver a acostarse a mi lado y abrazarme. Yo tan solo me refugié en sus brazos, tratando de ahogar mi dolor y compartiendo el suyo. Esa noche, por primera vez en lo que llevaba de mi estadía en New York, no hicimos el amor. Estábamos demasiado cansados y derrumbados como para ello.

Conseguí quedarme dormida no mucho después pero me desperté de madrugada al percibir que Terry ya no estaba a mi lado, más al espabilarme un poco me di cuenta de que no había abandonado la habitación sino que se encontraba sentado en el alfeizar de la ventana observando el firmamento de forma taciturna. Supe de inmediato tan bien como le conocía que se debatía en su interior por hacer lo correcto. Era un caballero muy noble en todo el sentido de las palabras, y la grandeza provenía principalmente de su alma antes que de su apellido.


A la mañana siguiente desperté sola en la habitación y no se escuchaba aparte ningún ruido en la casa. Me coloqué para ir a investigar mi salto de cama pero antes pasé por el cuarto de baño para asearme y arreglarme, consciente de que debía estar hecha un reverendo desastre debido a la catastrófica noche anterior y lo último que me faltaba era asustar a Terry. Más no se encontraba en el departamento cuando me aventuré en su búsqueda y pensé que ya se había marchado a cumplir con su trabajo.

Lo extraño era que había dejado la cantina hirviendo en la hornilla, así que me acerqué a apagarla. Me pareció demasiado inusual que tuviese ese tipo de descuidos que podían resultar peligrosos, no obstante su ausencia para acallar mis dudas no duró mucho. Ni bien comenzaba yo a llenar una tasa con el agua caliente para prepararme café, vi que la puerta de entrada se abría y el joven en cuestión ingresaba con una bolsa de pan fresco.

-Amor ya te levantaste- profirió logrando que apareciera en mi cara mi primera sonrisa del día, porque sonaba tan dulce al fin y al cabo escucharlo llamarme así, dejando de lado los sobrenombres molestos.

-Pensé que ya te habías ido al teatro. Iba a prepararme algo para desayunar- expliqué mientras él se acercaba a darme el saludo de buenos días. Un tierno beso sobre mi frente como símbolo de que su amor permanecía igual de fuerte en contra de la tempestad que nos rodeaba, que derivó a la vez en un abrazo que terminó por hacerse con el pasar de los segundos muy fuerte y al final bastó para avivar el fuego entre los dos que tanto habíamos echado en falta en esa noche llena de preocupación y desesperanza.

-Te amo- me susurró reteniéndome junto a su pecho. Yo en tanto me apreté más contra su pecho, cerrando los ojos para retener las ganas de llorar. Me aparté entonces un poco, secándome las mejillas, decidiendo exponer otro tema para no ensombrecer el ambiente del desayuno.

-Y bien, ¡ahora me puede explicar señorito por qué sale de casa dejando la hornilla encendida!- colocándome un mechón de cabello detrás de la oreja, fingí reclamarle por su irresponsabilidad en tanto me ponía a colocar la mesa y abría la funda de pan.

-Pero si solo fui a la panadería de aquí abajo. No demoré mucho- expresó más no me resultaba una excusa válida

-Se ve que no has cambiado mucho en el fondo- repuse moviendo la cabeza con fingido enojo y él en respuesta sonrió con un adorable encogimiento de hombros.

-Vamos no me retes. Estábamos tan bien- articuló acercándose y abrazándome por la cintura, coqueteando conmigo a sabiendas de que era comprometedor porque cual combustible aquello podría terminar por encendernos a los dos con facilidad.

Teniéndolo tan cerca de mí, intenté bajar la mirada recordando el disgusto de la tarde anterior pero él tomándome delicadamente de la barbilla me hizo retenérsela y entonces sin ya importarle nada me besó sin miramientos, consiguiendo que pronto me abandonara entre sus brazos.

No supe en qué momento me tomó de la cintura y me colocó encima de la mesa, solo tuve un vano asomo de conciencia cuando el beso se volvió incontrolable y empezó nuestra prisa por quitarnos la ropa, impacientes por volver a sentir el acoplamiento de nuestros cuerpos desnudos. Terry me abrió la bata para dejarla caer a mis espaldas y luego se ocupó de subirme el delicado pijama hasta retirarla por encima de mi cabeza, cediéndome el turno luego a mí para desamarrarle el corbatín, desabotonarle la camisa y quitársela al fin junto con el abrigo. Pronto, ya con su torso desnudo igual al mío, me aferró a sí en un abrazo desesperado llenándome de nuevo de besos, colmado de euforia por volver a sentirnos piel a piel y lleno de ansias de que nos volviésemos otra vez uno.

-Llegaré tarde pero no me importa- musitó con sus labios rozando los míos, al tiempo que deslizaba sus manos por mis muslos, acariciándolos. Yo desinhibiéndome porque su calor me había hecho tanta falta, le atraje de las caderas, ocupándome de desabrocharle el pantalón. Él terminó de bajarse la cremallera por sí mismo y después, subió sus manos por mis piernas hasta retirar mi ropa interior, dejando libertad así para posicionarse en mi íntima entrada. Fijó sus ojos en los míos durante unos segundos, excitándome aún más con su mirada cargada de deseo y entonces sujetándome de las caderas para sostenerme, me penetró sin preámbulos.

Me estremecí resultándome imposible no esbozar un sollozo que él se encargó de ahogar con sus besos y descendió después sus ardientes labios por mi cuello hasta llegar a mis senos. Haciéndome arquear mientras se entretenía con ellos.

Separándome un poco más las piernas comenzó a moverse lento en mí permitiéndome contemplar la erótica unión de nuestros sexos, embriagándome con ello de placer. Pronto nuestros jadeos se transformaron en gemidos que iban en aumento y que tratábamos de calmar al fundir nuestras respiraciones enfebrecidas.

Era tan fácil volvernos uno, sobre todo cuando ambos sentíamos esa misma enfermiza obsesión por el otro que nos disponía a entregarnos en cualquier lugar que fuera posible cuando la pasión llamara.

Yo lo adoraba con cada fibra de mi ser y sabía que Terry también me amaba. Sus embates apasionados al hacerme el amor me lo decían, sus amorosos abrazos como queriendo volverme parte de mí, los hambrientos besos que colocaba por toda mi cara y el resto de mi cuerpo, su modo de susurrar mi nombre como en una oración al llegar al clímax o de deslizar sus manos por mi cabello y luego entrelazarlas con las mías, yo podía sentir su amor vibrando por mí a través de su cálido cuerpo.

Como concordando con mis pensamientos mi príncipe comenzó a acelerar el ritmo de sus movimientos, torturándome con aquella deliciosa fricción, tanto que al sentir el advenimiento del orgasmo, me aferré a su espalda mordiéndole el hombro despacio para poder soportar el intenso momento. Él presintió mi llegar por lo que enseguida recostándome sobre la mesa todavía no muy llena, al lado de un par de tasas, y sosteniendo mis caderas en el aire, me embistió con mayor intensidad, haciéndome tocar el cielo de la manera más intensa que experimente en la vida. Mis senos se movían pero él los apretaba suavemente en sus manos. Era un encuentro desesperado, necesitado, de desahogo, de ganas de no querer dejar morir ese sueño que nos unía, de no permitir que se destruyera nuestro amor.

-Te amo- le susurré casi desfallecida al tiempo que le sentía conseguir su propio límite. Terry en respuesta me atrajo hacia sus brazos estrechándome muy fuerte al tiempo que se dejaba venir en mí. Permitiéndome saber de alguna forma que era mío, que ponía su vida en mis manos para que dispusiese de él como quisiera.

Después de alcanzar el potente orgasmo permanecimos abrazados un rato.

Una media hora en total más tarde, habíamos dejado de lado el desayuno y estábamos pendientes principalmente de encontrar nuestras ropas.

Le ayudé a Terry entonces como pude a arreglarse y mientras iba al espejo de la sala a peinarse de nuevo su frondosa y bella cabellera castaña, aproveché apresurada para prepararle una taza de café y un sándwich de jamón con queso para que se llevara al teatro o lo fuera degustando por el camino.

-Gracias Pecosa. Eres maravillosa- me dijo dándome un beso en la parte alta de la cabeza al recibirlo

-De nada- contesté orgullosa, sabiendo que esa referencia era por muchas cosas.

-Tengo que irme pero prometo que hoy tú y yo tendremos una hermosa velada después de la función- dijo al tiempo que se colocaba de nuevo su abrigo marrón –No nos quedaremos mucho en la fiesta de lanzamiento, tengo planeado llevarte a cenar a un lugar especial-

-Esperaré ansiosa- le respondí mientras le arreglaba la solapa del gabán. Aquel hermoso momento de renovada tranquilidad entre los dos me llenó de felicidad, recordándome lo bello que era estar enamorada y que por lo mismo era mi deber luchar contra las adversidades que se presentaran en la relación sin decaer. De repente había regresado a mí la esperanza.

El tiempo se nos fue volando entre risas y bromas que intentaban dejar de lado la oscura situación que nos aquejaba, sin que ninguno se atreviera de nuevo a mencionarla como si hubiese sido producto de alguna pesadilla y para cuando Terry tuvo que marcharse, animada le di mi palabra de que pasaría el día tranquila arreglándome para lucir preciosa en la velada así como le recordé lo mucho que lo extrañaría hasta poder verlo en la noche.

-Me vas a hacer tanta falta toda la tarde- refunfuñé con uno de mis mohines infantiles, que sabía le divertían y tomándome de su mano sin querer soltarlo le acompañé hasta la puerta. Él se detuvo un instante antes bajar y mirándome con ternura me acarició la mejilla.

-Te amo no lo olvides, pronto saldremos de esto y seremos felices como merecemos. Este problema terminará pronto, te lo aseguro. Por favor mi Candy, sé fuerte. Confía en mi- expresó besando mi mano entrelazada en la suya. Yo solo asentí -No permitamos que nada opaque nuestra relación- Terry agregó -Hoy cuando esté sobre las tablas y me veas, recuerda que esa actuación en realidad es sólo para ti- me recordó, regalándome un último y tierno beso en los labios como despedida. Yo permanecí en el umbral de la puerta como una esposa enamorada, en tanto lo veía descender por las escaleras como siempre vigoroso y de nuevo muy seguro de sí mismo, ya repuesto, con esas ansias de comerse el mundo que conseguían deslumbrar en su profesión y al público que lo admiraba.

Me alegró tanto que ya no estuviese tan apesadumbrado porque tenía pasar lo que restaba de la mañana y parte de la tarde ultimando detalles para el estreno de la obra a celebrarse por la noche y debía dar todo de sí. El ansiado día de la presentación había llegado y quería que estuviese tranquilo y enfocado en su papel, que se sintiera bien para que pudiese brillar como la estrella que era.

Esa tarde de viernes en gran parte me pasé, como le prometí, trabajando en mi persona para poder estar a su altura y la del montón de invitados de sociedad que se sentarían a mi lado en las butacas delanteras del teatro… solo que aquello no fue lo único en lo que ocupé mi tiempo, pues tenía empacar mis pertenencias para mi viaje del domingo a primera hora.


Llegó la noche y todo el Circuito de Broadway estaba abarrotado de gente que iban a presenciar distintas obras, más el teatro Stanford tenía una de las filas más largas en su boletería y un público en anticipación muy entusiasmado.

Llegué a tiempo, muy arreglada y con mi invitación en mano. Sin tener esta vez que rendirle cuentas a nadie para ingresar ni mucho menos soportar malos tratos. Los tiempos habían cambiado y para entonces ya me consideraba una mujer madura, responsable de mis decisiones y con mucha dignidad, no estando dispuesta a permitir que nadie me humillase más.

Sentada en la butaca una vez ingresé, medité en esos pensamientos provocados por tan malos recuerdos hasta que la función empezó. Pude contemplar a Terry esta vez en su máximo esplendor, encarnando a un personaje que sabía siempre había admirado y del cual de seguro se sabía todos sus diálogos pues era el protagonista de su obra favorita de toda la vida. La que le había regalado su mamá en Escocia a los dieciséis años, cuando fuera a visitarlo para reconciliarse con él.

Compartíamos tantos recuerdos. Él era mi sol deslumbrante y era comprensible que lo fuese también para sus múltiples seguidoras que suspiraban emocionadas de verlo y con cada una de sus apasionadas frases en la función. Eso era algo con lo que tendría que convivir sin demostrarme celosa. Un reto que al final no parecía tan complicado en comparación con la tormenta que desplegaba la familia Marlow sobre nuestras cabezas.

Terry hizo suya la obra con una maestría que enamoraba, arrancando aplausos y vítores. Una actuación que había dicho me dedicada y que corroboró al buscar con su mirada mi presencia en el público de tanto en tanto, en medio de alguna escena o al declamar algún pequeño monólogo, haciendo con ello que mi corazón latiera a rabiar. Todo el idilio que estábamos viviendo parecía un sueño… pero entonces como todo sueño, ya fuera bueno o malo, amenazaba con tener un final.

Durante el intermedio fui al tocador y después bajé hacia el hall del teatro para esperar junto a las otras personas de clase alta que ocupaban los primeros asientos, en su mayoría personajes del medio público de la ciudad, celebridades o familiares de los propios actores, hasta que empezara la segunda parte de la puesta en escena.

Al no conocer a nadie, siendo nueva en ese ostentoso universo me conformé con ponerme a pasear alrededor del lugar observando la elegante decoración y todo el lujo que había alrededor, aprovechando a la vez que había un banquete gratis por tratarse de invitados especiales.

Fue así que mientras degustaba mi elección de bocadillos, un grupo de señoras reunidas al parecer intentado consolar a alguien, llamó mi atención. No acostumbraba a ser curiosa ni imprudente pero tenía un oficio de Enfermera que podría ser requerido ameritando el caso y no iba a esconderlo de tratarse de una emergencia.

Al final no lo era y sin embargo lo que escuché al pasar por allí me heló la sangre.

-Se lo ve tan radiante y feliz mientras mi hija está destruida por su causa- expresó la mujer que estaba en el centro y a quienes las demás damas reconfortaban. Llevaba un vestido negro como si guardara luto y un pañuelo de encaje con una letra M. bordada con hilos dorados en un extremo, con el cual se secaba las lágrimas.

-Pero ¿ya se ha pronunciado al respecto? ¿Qué le ha dicho? Él está involucrado de lleno en el asunto, no puede evadirlo- comentó otra señora en apoyo

-Se reunió hace dos días con mi hermano y mi padre y manifestó su resolución de no aceptar lo del compromiso matrimonial con Susana. Al parecer tiene a alguien más en su vida- respondió la primera mujer y de repente como si se me cayera el mundo, comprendí que era la señora Marlow.

-Pero si piensa que nos vamos a quedar tranquilos con el tiempo, está equivocado. Esto se lo recriminaremos por siempre... La carrera de mi hija está acabada y de seguir así también su vida. No podrá volver a caminar y sabe que nadie querrá formar una familia con ella. Esto es horrible… es un caos, una pesadilla de la cual quisiera despertar…- expresó la mujer antes de debruzarse a llorar en el hombro de su amiga más cercana

-Es tan triste, ella es una jovencita tan hermosa y estaba tan llena de vitalidad- comentó otra dama que permanecía un poco más alejada junto a otra –Fue muy valiente al sacrificarse por amor-

-Un caso verdaderamente lamentable. Dicen que ha caído en profunda depresión y que está perdiendo las fuerzas de vivir. Por lo visto ahora solo ese muchacho puede salvarla- opinó la segunda señora que lucía visiblemente contrariada al respecto – ¡En mala hora se enamoró de él!-

-Pero no se puede negar que hacían hermosa pareja. Cuentan que demostraban mucha química en el escenario y que en la vida real estaban muy enamorados- comentó alguien más, acercándose a ellas para formar con las dos un pequeño grupo.

Yo ya no quise seguir peso de todas aquellas palabras causó tanta conmoción en mí que me olvidé de la obra y lo único que quise fue salir corriendo de allí, más cuando me dirigía ya apresurada a la puerta principal, otros comentarios adicionales de algunos que también observaban la escena de la curiosa reunión de lejos, llegaron a mis oídos.

-Mírela a la madre, aquí en lugar de estar en el Hospital San Jorge cuidando de su hija- criticó un caballero mayor refiriéndose a la señora Marlow mientras conversaba con otro.

-Tengo entendido que se encuentra aquí para acordar sobre una indemnización con los administradores del teatro debido al accidente- comentó el amigo – Y he oído además que está lista con los miembros de su familia para entablarles una demanda en caso de que los valores ofrecidos no le resulten satisfactorios. ¿Te imaginas? Como sea que termine esto, cuando cobre aquello le sobrará dinero para el resto de su vida-

-Cierto beneficio sin lugar a dudas para la madre, que como todos sabemos está a punto de obtener lo que siempre ha querido. Casar a su única hija con alguien de renombre, aparte de lo de la indemnización, claro. Lo que sí es en verdad terrible es la tragedia de la joven. Da una lástima que la luz de una estrella emergente como ella, se haya visto truncada de repente- profirió el primer señor y por lo visto el más elocuente -¿Por cierto has escuchado hablar de ese muchacho Grandchester?-

-¿El nuevo galán de Broadway?-

-Sí, es hijo nada menos que de Eleanor Baker y de un acomodado Duque inglés. Por lo que me atrevo a asegurar que Doña Marlow no puede esperar para poner las manos sobre aquella fortuna-

-Pues lo único que puedo decir al respecto es que me apiado del pobre chico pues conociendo a los Marlow, moverán cielo y tierra hasta arruinarle la carrera de no someterse a sus preceptos-

-Es cierto, he oído que Mrs. Marlow ya está tomando cartas en el asunto, no por nada es la viuda de Tom Marlow, quien fuera uno de los mejores y más reconocidos directores y dramaturgos de Broadway-

Fue todo, sentí que me dolía la cabeza. Recordé que tenía que ir por mi abrigo y fui a pedírselo al acomodador. Luego viendo apenas donde pisaba por llevar la mirada llorosa, me dirigí a la salida. Lo único que quería era irme y encontrar un lugar tranquilo donde sentarme a llorar.

Corrí sin detenerme fuera del teatro, crucé las calles casi sin mirar, escuchando el pitar de algún vehículo en protesta por mi imprudencia pero no me inmuté. En esos sombríos momentos de desolación puedo jurar que hasta no me hubiese importado que me atropellaran. Estaba frente a un túnel oscuro, sin salida… me quería morir. El que Terry se decidiera por mí sólo iba a perjudicarle, ellos le hundirían echando al caño todo su esfuerzo por lograr su sueño… Yo no podía permitir que sucediera.

En una solitaria banca de un parque, sin importarme el frío que hacía a mi alrededor ni que empezaran a caer los primeros copos de nieve, me senté a pensar. Estuve allí un rato intentando calmarme para no actuar a la ligera. No quería hacer sufrir más a Terry aparte del calvario que ya llevaba encima por lo que no podía volver a la función. Por un momento se me pasó por la mente ir a visitar a Susana, a tratar de conversar con ella para ver si podría pedirle de la manera más delicada que no se interpusiera en nuestro camino, decirle que Terry y yo estábamos empezando una vida juntos… pedirle que no me lo quitara… pero decidí al final no hacerlo porque sabía que no tendría caso. Ella estaba en una situación crítica en la que no podía elegir, pasando por un terrible sufrimiento que yo no conocía. No podía presentarme ante ella y perjudicar su cuadro clínico más, como alguien que trabajaba en salud lo sabía.

Me sentía quebrada en mi interior, de repente demasiado débil, como nunca antes. Así que opté por ir al departamento a terminar de empacar.

La vida me había enseñado muchas veces que no era justa y qué entonces no podía hacer más que seguir sus designios y ser fuerte. Consciente de ello había estado pensado mucho en el problema que Terry y yo teníamos encima, tratando de llegar a un consenso.

Al final tomé una decisión relativa al peor de los casos que había previsto.

Alrededor de una hora y media después, cuando yo tenía ya clara la resolución más importante de mi vida, escuché asombrada abrirse la puerta del departamento. Me quedé acostada como estaba en la cama a oscuras, aún con el mismo vestido que llevara al teatro, mirando nevar a través del cristal de la ventana y sentí los pasos presurosos de Terry al acercarse a la habitación. Había preferido volver al departamento temprano en vez de quedarse celebrando el lanzamiento de la obra, como estaba planeado. De seguro preocupado al no hallarme en el teatro.

Con todo me pregunté cómo habría hecho para eludir su responsabilidad con los directivos del espectáculo, sus compañeros, los medios de prensa e inclusive sus admiradores, siendo la estrella principal.

-Candy…- esbozó con alivio al encontrarme allí, sin embargo de espaldas a él yo permanecí quieta, demasiado triste y quebrantada por dentro, y aletargada de tanto llorar. Tan solo queriendo estar sola con mi dolor que pesaba en mi interior como si fuese plomo y amenazaba con acabar conmigo. Terry se acercó despacio tomando asiento a mi lado y me acarició el brazo pidiéndome que lo mirara. Yo separé mi vista de la ventana lentamente para centrarme en él y supe al instante que él entendía lo que me pasaba al reflejar mi mirada en la suya, igual de abatida que la mía, porque quizá tampoco se había salvado de toparse en el recibidor con la señora Marlow.

-…Por favor nena quédate conmigo- me suplicó con ojos llorosos, inclinándose hacia mí para abrazarme… y yo lo rodeé con mi brazos, incapaz de poder resistirme a su contacto, queriendo permanecer así por siempre aun cuando sabía que aquello era imposible y que aparte teníamos todo en contra… y correspondí a su beso cuando buscó mi boca, reconociéndome una adicta a él, a su amor, sin poder seguir pensando con claridad. Mi Romeo había llegado a buscarme en medio de la oscuridad y yo solo quería pertenecerle. Olvidarme de todos los pesares perdiéndome en su cuerpo.

Nuestro encuentro en esa ocasión fue muy dulce, como un escape para todas nuestras opresiones, un medio para eludir nuestra desesperación.

Me abandoné a él con los ojos cerrados, repitiéndole al oído que lo amaba, aferrada a su espalda y sus recios brazos musculosos casi todo el tiempo, mientras sentía mi alma llorar. Su amor logró por varios minutos hacerme olvidar de todo permitiéndome alcanzar a su lado el éxtasis que siempre extrañaría. Deseando en esos momentos que el cielo nos volviera de piedra, que los relojes se detuvieran para que pudiésemos conservar un pedacito de ese sentimiento eternamente como si fuese un tesoro… irreverencias pensadas en los últimos estragos de la explosión de placer. Más aquel instante pasó y fue mi regalo para el joven que amaba, así como también mi despedida.

Al tenerlo entre mis brazos, abrazado a mi pecho mientras le acariciaba el cabello y lo sentía descansar seguro de tenerme a su lado, me dije que no había vuelta atrás, que había que hacer lo correcto y tanto él en el fondo, como yo sabíamos el mejor camino a tomar.


Continuará…