Pasaron toda la tarde encerradas en la habitación de Delphine escuchando música, mientras se abrazaban en el sofá.

Delphine no paraba de recordar esa fatal noche en la que Denis la obligó a chuparle… Agitaba la cabeza cada vez que lo recordaba. Era asqueroso. Intentaba no recordarlo, pero cada vez que se quedaban en silencio, la imagen aparecía en su mente. Delphine temía que no pudiera olvidar esa noche. Cogió la mano de Cosima y observó sus dedos. Esos dedos eran los creadores de sus novelas. Con esos dedos escribió todas las frases y capítulos. La miró a los ojos. Esos ojos que habían mirado a la pantalla mientras sus historias se creaban… Esos ojos cansados.

-¿En qué piensas? –dijo Cosima, acariciando su rostro.

-En ti –Delphine sonrió- Me imagino cuando escribes e intento ver cómo surgen las ideas en tu cabeza –Delphine se incorporó, estaba tumbada en las rodillas de Cosima- ¿Cómo se te ocurrió esta novela? Me refiero a… ¿cómo empezó todo?

-Pues… -hubo un momento de silencio mientras Cosima organizaba sus ideas- Tras escribir "Café de Flore" tuve "la enfermedad de la página en blanco" comúnmente conocida como "la enfermedad del escritor". Llevaba sin escribir 6 meses. No se me ocurría nada. Mi editora me llamaba todos los días para preguntar si había escrito algo, pero mi respuesta siempre era negativa. Era como estar viviendo mi peor pesadilla. Un escritor no pude pasar tanto tiempo sin escribir.

Visité varias ciudades; París, Londres, Berlín, Barcelona… Que según dicen son muy bonitas y pensé que quizá pudieran ser el comienzo de una nueva novela. Estudié en mis libros de Historia por si había alguna batalla de la que surgiera una idea, e incluso miré en Internet hechos extraños sobre los que escribir, pero no se me ocurrió nada.

Pasaron 6 meses de investigación y viajes por el mundo. El dinero que había conseguido con el anterior libro se empezaba a agotar y mi editora cada vez llamaba más enfadada. Necesitaba una historia. Volví a mi casa, aquí en Minnesota. Paseé por las calles buscando historias y entonces entré en tu cafetería para tomar un café. Te vi, pedí mi café y creo que fue cuando me diste el café que entonces nuestras manos se rozaron. Sentí una chispa que me recorrió la columna y fue en ese momento, en el que vi esta historia.

Delphine, que la había escuchado muy atentamente, sonrió con el final.

-Yo también noté esa chispa –dijo antes de besarla.

De repente Cosima se separó, cogió su portátil y comenzó a escribir como si estuviera fuera de sí. Al principio, Delphine se asustó, pero al momento comprendió lo que le había ocurrido. Había tenido una idea.

Después de unos minutos, Delphine se levantó, se puso el abrigo, le dio un beso en la frente a Cosima mientras susurraba "ahora vuelvo", cerró la puerta y se fue.

Cosima pensaba en su libro. Había tenido una idea para seguir con su historia y sus dedos tecleaban las palabras que surgían en su mente. Estaba en medio de, como ella lo llamaba, el orgasmo del escritor". Escribió durante una hora y después paró, exhausta. Le dolían los dedos. Leyó lo que llevaba escrito y asintió con la cabeza. No podía aguantarse las ganas de leérselo a Delphine. Delphine. ¿Dónde estaba? Recordó que le había susurrado que se iba, pero eso había sido hace dos horas.

Cogió su móvil. ¿Dónde puede estar? Esperó pacientemente mientras el teléfono comunicaba.

-Mierda -Cogió el abrigo y las llaves y salió a la calle. La volvió a llamar -Cógelo, Delphine.

Tenía el presentimiento de que algo malo la había pasado. Volvió a llamarla mientras corría hacia la cafetería.

Una mujer estaba tirada en el suelo. Delphine. Cosima corrió hacia ella.

-Dios mío, Delphine, ¿qué te ha pasado? –le habían pegado. Tenía el labio hinchado y le costaba respirar.

Delphine intentó hablar, pero en vez de eso tosió sangre.

-No hables, no te muevas –Cosima la apoyó a la pared- Voy a llamar a una ambulancia y a la policía.

Minutos después, dos coches de policía y una ambulancia ocupaban la calle. Un equipo médico asistía a Delphine.

-Por lo menos tiene dos costillas rotas...

-El labio lo tiene hinchado…

-Cuidado al moverla, puede tener una hemorragia interna…

-…Ponerle una vía…

Cosima escuchaba a los asistentes. Estaba sentada en un banco, alejada de Delphine y todos los sanitarios. Los policías estaban en círculo frente a ella anotándolo todo.

-Soy la detective Elisabeth Childs, pero me puedes llamar Beth –la detective se sentó a su lado- Necesito que me cuentes qué ha ocurrido.

-Ella… -Cosima temblaba- Yo… Bueno… Estaba –no sabía por dónde empezar.

-Tranquila –la miró a los ojos. Algo en ellos hizo que se tranquilizara.

-Se llama Delphine… No sé su apellido… trabaja en esa cafetería –señaló con el dedo- Anoche, tras cerrar la cafetería, apareció su jefe, que a la vez es su ex-novio, y la obligó a… -no quería decirlo en voz alta.

-¿La obligó a…? –preguntó la detective.

Cosima empezó a llorar.

-Es todo culpa mía… Si no me hubiera ido… Y ahora está así porque estaba escribiendo…

-Tranquila, tranquila. No pasa nada, ahora está a salvo –le puso una mano en la espalda para consolarla- Ese caballero… ¿la violó?

-¡No! No, por Dios… Denis se bajó los pantalones… -sollozaba Cosima- pero Delphine le mordió antes de que pasara nada.

La detective Childs apuntó en su libreta "intento de violación" y "defensa propia - consigue huir".

-¿Me puedes describir a Denis?

-Es caucásico… pelo moreno… De unos veintitantos… y tiene acento francés.

-¿Denis la pegó?

-No lo sé… Pero, aun así, me gustaría poner una denuncia contra él –Cosima la miró y Beth detectó ira en sus ojos.

-Está bien… No se preocupe, le cogeremos.

Beth se acercó al grupo de policías y les contó lo que Cosima le había contado. Después, se acercó a su coche y buscó "Denis". Le salieron dos resultados; uno era un hombre de unos cincuenta años y el otro era un chico muy guapo, moreno y de ojos verdes. Quizá si se lo hubiera encontrado por la calle le hubiera dedicado una de sus sonrisas seductoras, ya que su relación con Paul no iba demasiado bien. Beth dio orden de busca y captura para Denis Moreau, deletreó su apellido por si surgían dudas. Cuando acabó salió del coche y se reunió con el equipo médico.

-Nos la llevamos al hospital. La otra chica puede venir con nosotros.

Beth le hizo una seña a Cosima para que se acercara.

-Se la llevan al hospital. Te puedes ir con ella.

Cosima asintió aliviada y se metió en la ambulancia con Delphine. En cuanto volvió a ver su estado, comenzó a llorar.

-Dios, lo siento tanto. Delphine. No debería de haberte dejado salir sola.

Delphine la cogió la mano antes de desmayarse.