Hola a todos! Feliz 2012! Pido disculpas a quienes siguen la historia, porque no actualicé antes... estaba demasiado ocupada disfrutando las fiestas en familia. Espero que Ustedes también!
Les agradezco muchísimo los comentarios. Espero que ésta les guste tanto como a mí!
Disclaimer: ningún personaje me pertenece, son de la maravillosa Jane Austen
Netherfield Park
Herefordshire
6 de noviembre de 1811
Querida Georgiana
Te ruego me disculpes que no te haya escrito en los días previos. El lunes envié mi anterior y luego estuvimos cazando con Bingley, y ayer llovió, por lo que no hay mucho que contar. A la tarde vinieron algunos oficiales de visita con el Coronel Forster. Pertenecen al regimiento que llegó esta semana. Creo que nos entretendremos bastante con ellos, al menos juegan billar aceptablemente. El día de hoy transcurre sin novedades. Te extraño mucho. Y espero ansioso tu respuesta. Con todo mi cariño de hermano,
Fitzwilliam Darcy.
8 de noviembre de 1811
Querida joven dama
Iba a saludar "Querida hermanita" pero tu carta del 6 del corriente me ha hecho saber que eres toda una joven dama. Me has dejado sumamente impresionado. Ya no podré decirte pequeña?
Me alegro que te haya gustado tanto mi relato, aunque se haya tratado de una falta de mi parte. Y agradezco infinitamente tus palabras. Sé que no son totalmente objetivas, ya que soy tu hermano mayor, pero igualmente me sirven mucho. Te equivocas, querida, en cuanto a el interés que creíste ver; sólo estoy intentando ser tan caballero como nuestra madre siempre me encomendó. Y un cuanto a la ansiedad, sucede que no creo tener muchas oportunidades para enmendar mi comportamiento. No creo que pasemos aquí mucho más tiempo, y es más seguro aún que una vez que nos retiremos, nunca volvamos.
Ahora, responderé a tus preguntas. No, no la he visto desde ese día. No, no tengo más interés que el que confieso. Si, debo admitir que tiene cierto atractivo, sobre todo para ser campesina. No, no es refinada como Miss Bingley. No, no es "extraordinariamente hermosa". Sí, realmente parece ser inteligente, y la gente de aquí la tiene como una de las jóvenes más sensatas, por comentarios casuales. Sí, seguiré tu consejo y la invitaré a bailar sin que nadie lo insinúe. Finalmente, la pregunta que más me cuesta responder es si me parecería bien que la conocieras. No desearía que tuvieras que mezclarte con una sociedad campesina como ésta. Aunque Miss Elizabeth Bennet no es como la mayoría de las jóvenes de aquí. Concluyo que no sería perjudicial si la conocieras, pero es igualmente improbable que exista la ocasión. No creo que ella pudiese frecuentar nuestro ambiente, y ciertamente tú jamás frecuentarás los de ella.
Responder ésta me ha dejado exhausto! Bajaré con los demás al salón a tomar algún refrigerio. Tuyo, afectuosamente,
Fitzwilliam Darcy.
10 de noviembre de 1811
Querida hermana
Hoy estamos disfrutando de un domingo al aire libre. No corre viento como la última vez que intentamos algo similar, por lo que el día es agradable para estar afuera y escribirte desde aquí.
Releyendo lo que escribí en mi respuesta a tu última me di cuenta que no respondí acerca de tu opinión sobre las adulaciones de Miss Bingley. Lo haré en este momento. Me agrada infinitamente que pienses así. Me atreveré a confesarte que temía que fueran de tu agrado los modales de tales damas de alta sociedad, por considerarlos refinados. Yo mismo esperaba que cualquier dama de sociedad se comportara de una forma similar debido a que todas las que he tenido el honor de conocer son iguales. La única excepción sería nuestra tía Catherine, aunque desconozco cómo se comportaba en su juventud. Actualmente el calificativo menos apropiado sería el de aduladora, creo. Voy a confesarte algo. Me agradaría mucho que, como hermana mía, no tomases ese aire de afectación que tanto te disgusta, según tus propias palabras. Pero para se sincero, desconozco otra forma socialmente aceptable de comportarse para una dama. No puedes continuar con tu timidez de niña por toda la vida. Eres excepcional y debes aprender a sentirte orgullosa de ti misma. Me agradaría verte actuar con más vivacidad, mas me temo que no es lo que el resto del mundo espera de ti por tu posición social. Por supuesto que conmigo no debes guardar tales reglas de protocolo y espero además que nunca lo hagas. Cualquier inquietud, por tonta o insignificante que te parezca, deseo conocerla. Me despido deseando que te encuentres muy bien,
Fitzwilliam Darcy.
11 de noviembre de 1811
Querida Georgiana
Ayer me olvidé de mencionarte algo mientras escribía sobre nuestra tía. Como todos los años, desea que el próximo la vayamos a visitar, yo en la primavera junto al primo Richard, y tú luego durante el verano. Creo que, en tu caso, lo que más busca es alguna compañía para la prima Anne, quien como sabes, no se presenta socialmente. Además no ha olvidado el hecho de que el año pasado rehusamos la invitación. Al respecto deseo que no te inquietes, por supuesto que la tía Catherine desconoce todo el particular sucedido y nunca lo sabrá. Igualmente está un poco ofendida porque ninguno de los dos fuimos este año. Yo deberé ir a Rosings el año próximo lo desee o no, pero tú, querida, debes decirme si deseas ir durante el verano. En caso que no quieras, tenemos la excusa valedera de que debes atender a tus lecciones, por lo que te ruego seas sincera conmigo.
Calculo que el jueves o viernes te enviaré la presente. No espero tener muchas más novedades para entonces, salvo probablemente algo que contar de una reunión a la que estamos invitados Bingley y yo, para cenar mañana con los oficiales del regimiento del condado de - y el Coronel Forster. Hasta entonces te dejo, con afecto,
Fitzwilliam Darcy.
12 de noviembre de 1811
Querida Georgiana
Hoy, como te dije ayer, Bingley, Mr Hust y yo fuimos a cenar con los oficiales. No tengo mucho que contar de eso, pero sí que cuando volvimos a Netherfield, nos encontramos con una novedad. Las hermanas de Bingley habían invitado a cenar a Miss Jane Bennet, la hermana mayor de Miss Elizabeth Bennet. Le tienen bastante aprecio, es una joven de buenos modales. Pues resulta que Miss Jane Bennet vino a Netherfield montando, y con tan mala suerte que la lluvia la sorprendió en el camino. En consecuencia, no se sentía bien hoy cuando volvimos después de cena, y deberá quedarse como huésped al menos hasta mañana, aunque si no mejora tal vez deban ser más días. Hasta el momento parece ser un leve resfrío, pero nunca se sabe.
Mañana te escribiré para relatarte cómo se encuentra Miss Bennet. Hasta entonces me despido con todo mi cariño,
Fitzwilliam Darcy.
13 de noviembre de 1811
Querida Georgiana
La llegada de nuestra involuntaria huésped ayer, y su repentina enfermedad, ha traído consigo suficientes novedades como para escribirte a diario. En el día de hoy ha sucedido algo que, imagino, te sorprenderá. Miss Elizabeth Bennet vino a informarse sobre la salud de su hermana, y al parecer se quedará con ella hasta que mejore lo suficiente como para volver a su estancia. Ésto no es lo más llamativo del caso, sino la forma en que se presentó. Aquí me veo obligado a hacer una salvedad. Ambas hermanas son "Miss Bennet", y como no deseo escribir sus nombres completos cada vez para distinguirlas, cuando me refiera a Miss Jane Bennet, diré Miss Bennet, nombre que le corresponde por ser la mayor. Mientras que cuando me refiera a Miss Elizabeth Bennet, diré Miss Elizabeth. Espero no recibir ningún tipo de suspicacia de tu parte sobre el particular, querida niña.
Retomo. Decía que lo más llamativo fue la forma en que se presentó. Como imaginarás, la lluvia de ayer hizo que los caminos estés llenos de barro el día de hoy. Pues bien, esta mañana Miss Elizabeth igualmente vino caminando. Puedes adivinar el aspecto que tenía cuando llego? No es mi intención criticarla, te lo aseguro, antes de que seas dura conmigo. Sólo pretendo que te hagas una idea de cuánto debe apreciar a su hermana para reunir el valor de venir y presentarse en nuestra estancia después de caminar 3 millas con el barro que hay. Ten por seguro que yo haría lo mismo y mucho más, princesa, si estuvieras enferma. El aspecto de Miss Elizabeth manifestaba a las claras que había caminado, y el ejercicio se expresaba en su cara. Aún así en ningún momento perdió la compostura ni se veía intimidada por los mordaces comentarios de Miss Bingley y Mrs Hurst.
No comprendo la negligencia de su padre. Cómo pudo permitir que, el día de ayer, su hija mayor montara en medio de una tormenta. Y hoy, su segunda hija viniera caminando a ver a su hermana. Comprendo que la familia no posea muchos carruajes, pero sé perfectamente que al menos uno poseen en buenas condiciones. Ya que evidentemente no lo usaron ayer, ¿por qué razón no se lo cedió hoy a Miss Elizabeth? Si no fuera por su complexión aparentemente saludable, diría que desde hoy tendremos a dos huéspedes enfermas en lugar de una. Por la tarde enviamos a un recadero a Longbourn para pedir que trajeran ropa para ambas. Miss Bennet, lamentablemente debo decir que no ha mejorado durante el día.
Me están avisando que está lista la cena. Miss Bennet, por supuesto, no se encuentra en condiciones de reunirse con nosotros. Miss Elizabeth se ha mantenido con ella hasta el momento, pero supongo que bajará a cenar y se quedará durante una parte de la velada. Aunque supongo que será poco tiempo porque debe estar realmente exhausta. Si sucede algo interesante te escribiré de inmediato, sobre todo para satisfacer la curiosidad que evidentemente te desperté con mi anterior. Te adora,
Fitzwilliam Darcy.
14 de noviembre de 1811
Querida hermana
Me siento tentado de decirte que es la tarde o la noche, pero no voy a mentirte. Es por la mañana y aún no bajo a desayunar. Sucede que me desperté recordando algunos sucesos de la velada de ayer, y temo olvidarlos si dejo de escribirte ahora. Y ya que no he tenido mucho para contar anteriormente, creo que es un buen tema para hacer entretenidas mis cartas, mientras lo pueda aprovechar.
Mucho me temo que no voy por buen camino para ganarme una dispensa por parte de Miss Elizabeth. No hubo durante la velada de anoche, ninguna oportunidad para hacer lo que propusiste, y aún así intenté hacer un elogio referente a la instrucción de las mujeres. Te lo explico: Miss Elizabeth se unió a nosotros durante la velada, sólo para dedicarse a la lectura. Era comprensible debido a que debía estar cansada. Esto, sin embargo, derivó en una crítica hacia ella por parte de Miss Bingley, quien aparentemente desprecia a las mujeres que les agrada la lectura más que un juego de cartas. No obstante, a continuación la misma Miss Bingley se puso a adular nuestra biblioteca de Pemberley. Llega a ser sumamente contradictoria en sus dichos, y espero no parecer vanidoso, pero creo que cambia sus opiniones a medida que yo expreso las mías. En un momento te mencionó, querida, alabando tus modales y tu instrucción, y ésto resultó en una discusión entre ella, Bingley, Miss Elizabeth y yo, sobre lo que significa una instrucción completa. A una lista de cualidades que Miss Bingley describió, y que debo decir, tú las reúnes todas, yo agregué la lectura como un requisito para desarrollar la inteligencia. Lo mencioné no sólo porque lo creo, sino además para demostrar a Miss Elizabeth que me parecía apropiado que prefiera leer antes que jugar a las cartas. Sin embargo, creo que malinterpretó mis palabras, porque lejos de sentirse elogiada, refutó mi comentario diciendo que escasamente una mujer podría reunir todas esas cualidades. Luego de todo esto, Miss Elizabeth se retiró a ver cómo seguía Miss Bennet, por lo que no pude corregir el malentendido. Para empeorar la situación, cada vez que Miss Elizabeth se retira, Miss Bingley la critica duramente, y temo que en algún momento la escuche. No es que me importe lo que Miss Elizabeth piense, pero en nuestra posición de anfitriones, tal situación sería inconcebible.
Hasta anoche Miss Bennet no había mejorado, y aún no sé cómo pasó la noche. Por lo que te escribiré desde la sala esta tarde para mencionarte lo anterior. Por el momento te dejo para ir a desayunar.
Ya es por la tarde, nos encontramos en el salón. Hoy al mediodía recibimos la visita de Mrs Bennet acompañada por resto de las hermanas de Miss Bennet, para enterarse de su estado de salud. En mi opinión ha mejorado un poco, pero Mrs Bennet aseguró haberla encontrado peor de lo que imaginaba, por lo que tendremos a ambas huéspedes, es decir Miss Bennet y Miss Elizabeth, con nosotros durante unos días más. Con respecto a Mrs Bennet, no puedo evitar mencionar lo abrumadoramente campesino y hasta grosero de sus modales. Hizo varios comentarios que produjeron rubor en todos nosotros, inclusive en su propia hija, Miss Elizabeth, que se había reunido con nosotros en la sala. Las tres hijas menores no fueron mejores. No mencionaré nada más sólo debido a que soy un caballero.
Miss Bingley me ha pedido que te transmita sus deseos de verte pronto y que te envíe sus afectos. Volviendo a lo anterior, algo que me llamó la atención esta mañana fue un comentario de Miss Elizabeth acerca de la poesía. Declaró que en su opinión, cuando un afecto no es extremadamente fuerte, la poesía lo termina de destruir. Nunca lo había pensado de esa forma; en realidad siempre creí que las damas eran en todo más románticas y menos prácticas que los de mi sexo. Me gustaría conocer tu opinión al respecto. Con todo me he dado cuenta que pocas veces te he escuchado tus propios pensamientos, querida, y ya tienes edad para expresarlos. Además creo firmemente que ayudaría a templar tu carácter, por lo que te animo a que me cuentes tus ideas, y hasta que las defiendas, cuando hables conmigo.
En este momento, Miss Elizabeth se ha reunido con nosotros en la sala. Nos ha comunicado que su hermana aún no se siente lo suficientemente bien como para bajar aquí. Espero que mejore pronto, o estará en riesgo de contraer algún mal más grave que un simple resfrío.
Te ruego me disculpes. Miss Bingley comenzó a interrumpir constantemente mi escritura hasta que logró exasperarme lo suficiente como para dejarla. Luego el grupo entero, a excepción de Mr Hurst, caímos en una discusión acerca de la obstinación y el poder de persuasión. En realidad, la discusión más interesante se estableció entre Bingley, Miss Elizabeth y yo. Es refrescante hablar con Miss Elizabeth. Por lo menos ofrece una opinión y aún cuando es diferente a la mía, la defiende de manera ingeniosa. No es como las damas de sociedad que conocemos, me refiero por ejemplo a Miss Suany, Miss Grantley o la propia Miss Bingley, quienes como ya comenté, acostumbran acatar todo cuanto un caballero dice. Sin embargo no llega a ser impertinente. Me gustaría mucho verte, querida hermana, ganar algo de su viveza.
Releyendo lo anterior me parece que te formarás una idea equivocada sobre Miss Elizabeth. Debo aclararte que no me encuentro para nada interesado en la dama. Pertenece a una clase social muy por debajo de la nuestra, sus conexiones son de las menos recomendables. Y si bien se desempeña notablemente en esta sociedad campesina, estoy seguro que sus modales no resultarían tolerables en la clase alta de la ciudad.
Voy a finalizar la presente, para intentar poner en práctica tu consejo acerca de cómo reestablecer mi caballerosidad. Comenzaré con solicitar algo de música. Mañana te contaré qué sucedió, y seguramente te enviaré las cartas, que ya han acumulado suficiente entretenimiento para ti, según imagino. Con todo mi afecto,
Fitzwilliam Darcy.
15 de noviembre de 1811
Querida Georgie
Debo admitir que me encuentro sumamente confundido. Ya me avergüenza, pero una vez más quisiera tenerte conmigo para contarte lo que pasa y escuchar tu opinión. Nada de lo que hago parece ser útil a mi objetivo de reparar mi mal comportamiento inicial hacia Miss Elizabeth. Para complicar más la situación, ya estoy francamente cansado de Miss Bingley, quien, con el pasar de los últimos días, ha estado burlándose de mí al notar según dice mi preferencia hacia Miss Elizabeth. No es cierto. Sólo sucedió que no quise desairarla más aún consintiendo algunos de sus comentarios mordaces. Para peor, evidentemente no podré enviarte las cartas hoy. Tendré que esperar hasta el lunes. Tuve la intención de ir a despacharla esta mañana, pero Miss Bingley me sorprendió antes de que pudiera hacerlo, pidiéndome que la acompañara a pasear por el parque, y no pude rehusar. En medio del paseo nos encontramos con Mrs Hurst y Miss Elizabeth que venían por otro camino, y recién entonces me dí cuenta de la falta de cortesía de no invitar a nuestra huésped a pasear con nosotros. No hemos sido buenos anfitriones con ella, y me encuentro cada día más incómodo al percibir la hostilidad con la que la trata Miss Bingley.
Anoche tuve toda la intención de bailar con Miss Elizabeth para restaurar mi caballerosidad. Pero por algún motivo ella tomó mi invitación como un intento de despreciar su gusto por el baile y la rechazó. Parece ser que no podré evitar los malentendidos con la dama en cuestión, por lo que creo que será conveniente aplazar mi demostración de caballerosidad hasta que Bingley ofrezca un baile aquí en Netherfield, lo cual ya ha prometido que haría. Por el momento, me contentaré con proseguir mi lectura e intentaré no volver a caer en conversaciones que, lejos de dejarme como un caballero, terminan complicando más el asunto.
Olvidaba lo principal. Miss Bennet se encuentra un poco mejor, creo que esta tarde estará lo suficientemente bien como para presentarse en el salón al menos por un rato. Confío en que su estadía y por ende, la de Miss Elizabeth, no se prolongue más de uno o dos días. De ninguna manera me incomoda su presencia, pero Miss Bingley está más irritable que de costumbre por tener huéspedes inesperadas en casa.
Ansío saber cómo te encuentras. Con el mayor afecto, tu hermano que te adora,
Fitzwilliam Darcy.
16 de noviembre de 1811
Querida Georgiana
Ayer después de escribir lo último sucedió algo más que me hizo afirmar mi idea de permanecer silencioso en presencia de Miss Elizabeth, y no intentar más ser cortés con ella. Todo cuanto digo, ella parece malinterpretarlo. Durante la velada de la tarde hice un comentario inocente halagando a las damas presentes, y Miss Elizabeth respondió sugiriéndole a Miss Bingley que buscaran la manera de burlarse de mí. No comprendo por qué parece empeñarse en marcarme defectos, supongo que será porque aún se encuentra dolida por la falta de cortesía de mi parte. Pero después de lo de ayer no me interesa hacer que cambie de opinión. Además de burlarse abiertamente diciendo que no debo tener defectos, me tildó luego de orgulloso y vanidoso. Yo admití que a veces puedo ser resentido, siempre y cuando el motivo lo justifique y pensando además en una persona que no nombraré. Pero, por ejemplo, querida, nunca podría resentirme contigo, sea lo que fuera que hagas. Mi estima la tienes por siempre asegurada. Por supuesto que no dije tal ejemplo, pero remarqué en mi defensa que soy sumamente cuidadoso en resguardar el orgullo a un buen entendimiento. Tras lo cual Miss Elizabeth declaró que mi defecto es odiar a todo el mundo. Eso fue suficiente. Ignoro qué hice tan grave como para que me desprecie de esa forma, más aún una mujer de su sociedad, campesina y poco elegante. Ésto sumado a que Miss Bingley ya me hace sentir incómodo con sus suposiciones, me ha hecho decidir que debo dejar de hablar con Miss Elizabeth durante el tiempo que dure su estadía con nosotros. Por lo menos no participaré de ninguna conversación que pueda llevar a un duelo de genios ni demostraré ningún tipo de interés que, de hecho, no existe.
Mi honor me demanda que te pregunte algo. Soy orgulloso? Me refiero al orgullo que nace de la pretensión. Yo siempre supuse que más bien puede llamarse seguridad de carácter, y orgullo bien entendido, de nuestro origen, familia y sociedad. Pero ruego que me respondas intentando olvidar que soy tu hermano. Cómo me comporto con otras personas?
Desearía no haber escrito lo anterior. No tiene ninguna importancia lo que piense nadie que no pertenezca a nuestro círculo y no debo importunarte con tales tonterías. No hagas caso de mi pedido. Ya es hora de almorzar, por lo que te dejo, mi princesa,
Fitzwilliam Darcy.
PD. Retomo por hoy sólo para comentarte que hice lo que me propuse, es decir que no le presté la menor atención a Miss Elizabeth, sólo el mínimo indispensable como anfitrión. Incluso me quedé solo con ella por casualidad en la biblioteca –creo haberte comentado que le agrada leer tanto como a mí- y durante el tiempo que estuvo allí, diría una media hora, no le hablé y ni siquiera la miré ni una sola vez. Es decir, por supuesto que la saludé al llegar y al retirarse cuando la llamaron para que fuera a ver a su hermana, pero mientras estuvimos leyendo no le pregunté nada como en otro momento hubiera hecho. En realidad ni me dí cuenta que estaba allí. Durante el almuerzo nos confirmaron que ella y Miss Bennet se irán mañana a su residencia, después del servicio. Sinceramente me alegra que Miss Bennet se encuentre recuperada. Nuevamente te saludo, hasta mañana.
17 de noviembre de 1811
Querida hermana
Hoy asistimos al servicio y luego nuestras huéspedes partieron hacia su casa. A la tarde disfrutamos de un momento placentero en el campo, aunque tuvimos que entrar luego de un rato porque se levantó viento. Supongo que mañana iremos de caza, asíque temprano por la mañana iré a enviarte la presente. Son varias hojas, por lo cual supongo te mantendrá entretenida por todos los días que te aburrieron mis anteriores. Ansío verte, pequeña. Te extraño más de lo que imaginaba y espero te encuentras perfectamente. Contéstame en cuanto puedas, y debo decirte que también espero una carta larga esta vez. Con todo mi cariño,
Fitzwilliam Darcy.
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