Holaa! Aquí a las 3:58 AM reportándome con el nuevo capítulo de la historia. Tuve que quitarle el polvo de encima, pero bueno... u.u Lamento la tardanza, pero como expliqué en otros fics, no tengo internet y solo cuento con un apestoso modem que no sirve para nada. Por lo menos ahora tiene algunos minutos, pero ya veremos cuanto dura.


Espero que les guste. Dejen comentarios, sugerencias, insultos y alabanzas en el buzon-reviews.


Los personajes de Bleach no me pertenecen... en el Tsukuyomi Infinito tal vez sí. jajaja


CAPITULO 7: CONVIVENCIA

Cuando Ichigo salió de la ducha vio a Rukia ya acostada y usando apropiadamente un pijama de seda negra. El chico se preguntó si también tendría un conejo estampado, pero sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos y se acostó en su improvisada cama.

Así pasó el tiempo y ninguno de los dos mencionó palabra alguna. El ambiente estaba cargado de tensión.

Rukia tenía la cara muy roja y el ceño muy fruncido. Se acomodó el cabello por milésima vez y dio unos golpes a la almohada para adaptarla.

Ichigo por su parte tenía una expresión un poco más relajada y miraba el techo con los brazos detrás de su cabeza, aunque su cara también estaba sonrojada.

El silencio ya era insoportable. Solo se oía el tic tac del reloj colgado en la pared.

—Tú… —de pronto la voz de Ichigo rompió el silencio. —Tú estabas… tan… desnuda.

Rukia tuvo un ataque de tos y una venita apareció en su cabeza. Se removió en la cama, muy incómoda y subió las cobijas hasta su barbilla.

—¿Podrías… cambiar de tema? —gruñó, aclarándose la garganta.

—Como quieras. —aceptó Ichigo sin despegar la vista del techo.

El silencio volvió a reinar en la habitación.

—Es solo que… será algo difícil de olvidar. ¿Cuántas veces puedes ver a tu jefa desnuda? —se atrevió a bromear, aunque su cara enrojeció aun más al recordar el momento. Por suerte ella no podía verlo.

—Bien…si pudieras no mencionar eso de nuevo sería genial. —lo cortó ella. —¿Crees que podrías?

Ichigo esbozó una pequeña sonrisa al imaginarse su cara molesta y avergonzada.

—Además no creas que fue gran cosa verte desnudo. He visto mejores. —se burló.

El pelinaranja frunció el ceño. De pronto se sintió ofendido, contraatacó casi al instante.

—Las revistas y sitios hentai no cuentan.

Rukia enrojeció hasta las orejas.

—¿Qué…? ¡Idiota! —chilló escandalizada.

Ichigo sonrió satisfecho. Había ganado la partida.

Y nuevamente el silencio se apoderó de la habitación. Ichigo seguía mirando el techo, pero la sonrisa en su cara por haber fastidiado a su jefa no desaparecía.

—Oye, ¿qué pasa entre tú y tu papá? —preguntó ella de pronto.

Ichigo entonces frunció el ceño y perdió todo rastro de diversión.

—Eso no está en la lista de preguntas. —le respondió serio. —Es personal.

Rukia se soprendió, pero le divirtió un poco el saber que Ichigo estaba incómodo.

—¿En serio? Pero fuiste tú quien dijo que tenía que conocer todo acerca de ti. —lo provocó.

—Sobre eso no. —gruñó el chico. —Pasa a la siguiente página.

—¿Qué ocurrió entre ustedes? ¿Qué problemas tienen?

—Ya basta.

—¿Pero qué pasa si nos preguntan sobre…?

—¡Demonios, Rukia!¡Dije que no sobre eso! —gritó Ichigo, golpeando el colchón de la cama con un puño al tiempo que se sentaba sobre el suelo.

Ella también se incorporó en la cama y sostuvieron un duelo de miradas por un instante.

Los ojos de Ichigo mostraban cierta tristeza, cosa que a Rukia la descolocó totalmente y por primera vez tuvo que apartar la mirada de alguien.

El muchacho dio un suspiro y se rascó la nuca.

—Descansa ya. —dijo el chico, recostándose nuevamente sobre su cama de cobijas.

Rukia hizo lo mismo, pero un sentimiento muy parecido a la culpa se asentó en su pecho. Al parecer había tocado un tema sensible para Ichigo.

Nadie dijo nada más por algunos minutos, pero era obvio que nadie dormía.

Rukia podía oír los resoplidos de Ichigo, de esos que daba siempre que estaba molesto. La editora se mordió el labio inferior y comenzó a jugar nerviosamente con sus dedos. ¿Por qué se sentía tan mal? No lo sabía, pero tenía que hacer algo.

—Ichigo. —lo llamó, pero él no respondió. —Ichigo… yo… ehh…me gusta el canal psíquico. —soltó de pronto.

—¿Qué? —el chico arqueó una ceja, incrédulo.

—Me gusta el canal psíquico. —repitió ella. —Y no para burlarme ni nada. En verdad me gusta, en especial el programa de Don Kannonj.

—¿Quién es ese?

Ella sonrió, no le sorprendió que su asistente no lo conociera.

—Es un psíquico que se dedica a exorcizar espíritus. —explicó. —Es muy entretenido.

—¿Ese es el tipo que ríe como desquiciado y hace esas poses ridículas? —preguntó Ichigo.

Ella abrió los ojos sorprendida y estuvo a punto de preguntarle como lo sabía.

—Te vi una vez en tu oficina una noche en que nos quedamos hasta tarde. —respondió Ichigo adelantándose a su pregunta. —Estabas viendo la televisión, tenias los brazos en cruzados sobre tu pecho y decías…¿cómo era? BWAHAHAHA… o algo así. —relató el chico.

Rukia se sonrojó al imaginar que alguien más pudiera haberla visto haciendo eso.

—Ishida estaba conmigo. —otra vez Ichigo leía su mente. —Pero no te preocupes, que él no le dirá a nadie.

Ella solo permaneció en silencio e Ichigo esperó a que continuara.

—Amm… como ya supondrás, soy de Corea, nací en Seúl. Creo que podrías ganar esa apuesta ahora. —señaló con cierta diversión. —Mmm… aprendí el Buchaechum* a los ocho años. —siguió la morena. —Mi primer concierto fue a los 15 con Scandal, una banda japonesa que visitó Seúl.

Ichigo seguía en silencio.

—Veamos… mmm… creo que Hiroyuki Sanada es sexy. —hizo una pausa e Ichigo estaba seguro que se había sonrojado. —No…no me gusta tener flores en mi casa porque me recuerda a los funerales. —su voz se entristeció. —No he visto a mi hermano desde hace tres años. —hizo otra pausa y se aclaró la garganta. —Me gusta trepar a lugares altos. También me encanta el conejo Chappy y los mangas shoujo y shonen, ahora estoy leyendo uno que trata sobre ninjas. —otra pausa.— Emm… nunca he tocado un videojuego. Tampoco… he…—se sonrojó. —No he dormido con un hombre en más de un año y medio. —se aclaró un poco la garganta. —Y… lloré en el baño ese día que Omaeda me dijo "maldita enana despreciable".

Ichigo abrió los ojos sorprendido. Sabía que ese día ella había quedado mal, pero no se imaginó que lloraría por lo que ese gordo idiota le dijo. De pronto le dieron ganas de golpearlo.

—Ah, y el tatuaje que tengo… se llama Embajador de Algas, era un dibujo que mi papá nos hacía a mi hermano y a mí cuando éramos niños. Me lo hice poco después que mis padres murieron. —relató con voz triste. —Bien, sé que debe haber muchas cosas más, pero no se me ocurre ninguna otra por ahora.

El pelinaranja no supo que responder ante la cantidad de información que su jefa le entregó.

—Ichigo, ¿estás ahí? —preguntó ella ante el silencio de su asistente.

—Sí, estoy aquí… procesando.

Los dos dieron un suspiro.

—¿En serio te gusta tanto ese conejo? Es horrible.

Rukia parpadeó confundida.

—¿Qué? ¿Me cuestionarás eso? —preguntó extrañada. —Pensé que dirías algo estúpido acerca de los dieciocho meses sin… ya sabes. —se sonrojó.

—Ehh… bueno, sé que has estado ocupada. —dijo él con la cara roja. No podía burlarse pues él también llevaba bastante tiempo sin acción. Tal vez incluso un poco más. —¿Y quienes son Scandal? —preguntó para cambiar el tema.

—Ya sabes, ese grupo de cuatro chicas que cantan esa canción "Shoujo S" **. ¿No las conoces?

—Eh, no.

Rukia entonces comenzó a cantar la canción hasta que Ichigo soltó una carcajada.

—¿Qué?

—Claro que las conozco, a mis hermanas les gusta, pero quería oírte cantar. —el pelinaranja sonrió divertido. —"Anata ga inai to iya iya te ieru wagamama" —cantó el muchacho tratando de imitar la voz de las chicas.

Rukia soltó una pequeña risita al oírlo y continuó la canción moviendo sus manos como lo hacían ellas en el baile.

—"¿Aijou? ¿Yuujou? Shiritai koto wa nande mo" —Rukia siguió el resto y ambos rieron divertidos.

Ichigo trató de seguir con la canción, pero la voz se le atoró en la garganta.

—¡Argh! No puedo cantar tan alto. —se quejó.

Rukia volvió a reír, pero de pronto se detuvo.

—Todos piensan lo mismo que Omaeda, ¿verdad?

Ichigo pudo sentir lo triste que se había puesto.

—Eso no importa. —la animó el chico. —Al menos yo sé que no lo eres y es lindo ver tu lado humano de vez en cuando. —se rascó la mejilla algo avergonzado. —Y… no te lo tomes a mal pero… creo que eres una bruja muy guapa.

Ella enrojeció hasta las orejas.

—¡C-cállate, tonto! —le arrojó una almohada y se arropó hasta la cabeza. —Ya duérmete, idiota.

—Sí, sí. —Ichigo dio un suspiro. Al parecer ya habían dado las 12 de la noche y el encanto se rompió.

Al día siguiente.

Rukia se despertó sobresaltada y se sentó en la cama. Otra vez había tenido esa pesadilla extraña. En eso se miró en el espejo sobre el velador y se horrorizó ante su reflejo. Ichigo no podía verla despertar así de desarreglada.

Rápidamente se acomodó el cabello, se puso un poco de brillo labial y se dio unos golpecitos en la cara para darle color a sus mejillas.

Justo cuando recargó la cabeza en la almohada para parecer dormida, tocaron la puerta. La alegre voz de Yuzu venía a despertarlos.

Ella se horrorizó.

—¡Ichigo, Ichigo! —lo llamó en un susurro. —Es tu hermana, levántate. —el pelinaranja solo contestó con gruñidos. —¡Que te levantes! —le ordenó arrojándole otra almohada en la cara.

—¡Arrgh! ¿Qué rayos pasa ahora?

—¡Es tu hermana! ¡Ven aquí, ahora! —chasqueó los dedos y apuntó a su cama.

El pelinaranja frunció un poco el ceño hasta que comprendió la situación. Rápidamente se levantó y guardó las cobijas que usaba de colchón.

—¡E-esperen un momento! —gritó Rukia ante los insistentes golpes de Yuzu.

Un avergonzado Ichigo se metió en la cama.

—Hey, ¿estás maquillada? —le preguntó a su jefa algo extrañado.

—¿Eh? Claro que no, tonto. —lo regañó. —Estás muy lejos, acércate.

Los dos se movían muy incómodos entre las sábanas tratando de aparentar ser una pareja normal. Rukia apiló las almohadas para que Ichigo se recargara y luego ella se apegó a él, ladeando un poco su cuerpo. Claro que al hacerlo sintió "algo" que la hizo alejarse de inmediato.

—¡¿Q-qué rayos…?! —chilló espantada y con la cara roja, bajando la vista hasta cierta parte de la anatomía del chico.

—L-lo siento, es que… es de mañana. —se defendió él, avergonzado y mirando en otra dirección.

—¿Qué se supone que significa eso? —le gruñó, Ichigo se alzó de hombros como si la respuesta fuera obvia. —Pervertido, muévete hacia otro lado.

En una posición un poco menos comprometedora ella pudo acomodarse junto a él. Ichigo le pasó un brazo por los hombros y le palmeaba la cabeza de una manera muy torpe. Ella también le daba golpecitos a su brazo, simulando masajearlo.

Ambos parecían maniquís de aparador.

—Pasen. —indicó Ichigo al fin.

La puerta se abrió y dejó pasar a Yuzu y Karin. La primera cargaba una bandeja de desayuno que dejó sobre el velador, mientras su hermana abría las cortinas.

—No debieron molestarse. —dijo Rukia con una sonrisa.

—No es molestia, ya eres familia. —dijo Yuzu alegre.

Después de un segundo Yoruichi también apareció la habitación.

"¿Qué rayos…?" pensó Ichigo.

—Es hora de levantarse perezosos. —los apuró la morena. —Es un día muy lindo.

—Deja que desayunen primero, Yoruichi-san. —dijo Urahara entrando a la habitación.

Un tic apareció en el ojo izquierdo de Ichigo. Ya era demasiada gente. Volteó a ver a Rukia y se fijó que ella también se veía incómoda.

—¡Oigan! ¿Por qué están todos aquí? —preguntó el pelinaranja, molesto.

—Tenemos una proposición para ustedes. —dijo Yuzu con una gran sonrisa y juntando las palmas.

—Yuhuu, ¿queda espacio para uno más? —se escuchó la voz de Isshin y acto seguido el patriarca de la familia también entró en la habitación.

Ichigo se tensó de inmediato al verlo entrar y Rukia lo notó.

"¿Qué hace él aquí?" pensó molesto.

Isshin observó a su hijo con expresión dura, pero al mirar a Rukia a su lado, su cara se relajó completamente. Incluso sus ojos parecían brillar con miles de estrellas.

—¿Podríamos evitarnos la reunión familiar a esta hora? —gruñó el primogénito de los Kurosaki. —Acabamos de despertarnos.

—¿Y qué con eso? —preguntó Urahara divertido.

—Rukia tiene que arreglarse, ¿o acaso quieren verla despeinada y con cara de zombie?

La pelinegra lo pateó por debajo de las cobijas, Ichigo hizo una pequeña mueca de dolor que Karin captó de inmediato.

—No tomará mucho tiempo, Ichi-nii. —dijo Karin sonriendo. Le agradaba su futura cuñada, podía mantener a su hermano a rayas.

—Bien, que sea rápido. —gruñó el pelinaranja e Isshin tomó la palabra.

—Ichigo, con tus hermanas hablamos y queremos que…

—¡Queremos que se casen aquí mañana! —los interrumpió Yuzu estirando los brazos.

La pareja tuvo un ataque de tos y palidecieron totalmente.

—¿Qué?! ¿Por qué? ¡No, claro que no! —chillaron al unísono.

Los presentes los miraron extrañados. ¿Qué había sido esa reacción?

—Quiero decir, mañana es el cumpleaños de las chicas, ¿no? No sería educado robar su día especial. —dijo Rukia con su sonrisa de niña buena.

—Pero ya hemos tenido muchas fiestas de cumpleaños, podemos ceder una ¿verdad Karin-chan?

La pelinegra asintió.

—Claro, si de todos modos se casarán, ¿no creen que es buena idea hacerlo mañana cuando estén toda la familia y amigos?

—Pero…

—Y pueden casarse en el viejo granero, al igual que Isshin y Masaki. —sugirió Yoruichi.

Rukia la miró espantada.

—No te preocupes, no es tan feo como suena. Además lo adornaremos muy lindo. —agregó la morena al ver la cara de Rukia. Ella solo sonrió nerviosamente.

—Vamos Onii-chan, di que sí. ¿Qué tal si cuando quieran casarse en Tokio pasa algo y no podemos asistir? Ya sabes que a veces el clima cancela los vuelos por semanas.

—Yuzu, no…

Ella miró a su hermano con ojos de cachorrito abandonado. Era su carta definitiva.

—Si no aceptan, lloraré hasta que muera.

—Está bien. —aceptaron los dos.

Ichigo dio un suspiro, no podía negarle nada cuando ponía esa cara.

—¡Qué bien! —celebró la castaña tomando a su hermana de las manos y dando vueltas por la habitación. —¡Vamos, hay mucho que planear! Urahara-san, ¿puedes encargarte de avisarles a todos? ¡Papá, ve a sacar tus cosas del granero! —Yuzu parecía un capitán dando órdenes a sus soldados.

—Ahora que lo pienso siempre había soñado casarme en un granero. —comentó Rukia tratando de sonar emocionada.

—¿Lo ven? Es otra prueba del universo que dicen que están destinados el uno para el otro. ¡Hay que agradecerle! ¡Soy tan feliz! ¡Siempre quise ver a mi hermano casándose! —exclamó Yuzu casi a punto de llorar.

Rukia la miró con una gotita cayendo por su cabeza e Ichigo permaneció en silencio.

—¿Alguien de tu familia a quien quieras avisarle Rukia-san? —preguntó Urahara de pronto. —No sé, amigos, conocidos, alguien de pelo negro y ojos grises, tal vez.

La pelinegra quedó boquiabierta ante aquel comentario y Urahara la miraba con su sonrisa misteriosa.

—Bueno, luego me avisas. —dijo el rubio y dicho esto tomó de la mano de su esposa y salió de la habitación, siendo seguidos por los demás.

Una vez quedaron solos, Ichigo entró en pánico y soltó a Rukia del abrazo.

—No puede ser, no puede ser. —repitió el pelinaranja, sujetándose la cabeza con ambas manos.

—¿Qué? ¿Qué tienes?

—¡Maldición! ¿Viste la cara de Yuzu? —el chico estaba pálido. —Cuando se entere que todo esto fue una farsa su corazón se romperá. —Ichigo comenzó a hiperventilar. —No… no puedo hacerlo.

—Ichigo, Ichigo. —ahora Rukia palideció. No podía permitir que se arrepintiera ahora.

—¿Qué fue todo eso? ¿Qué hacía mi viejo aquí apoyando la boda? ¡Diablos! ¡Esto es un desastre! Si se enteran Yuzu querrá morirse, Karin me odiará para siempre y el viejo me matará.

Rukia trataba de calmarlo pero Ichigo hablaba a una velocidad impresionante. Nunca lo había visto tan descompuesto y la punzada de culpa la envolvió otra vez.

—Todo saldrá bien, Ichigo, no te preocupes. —dijo ella abrazándolo por la espalda. —. Todo estará bien, nos casaremos mañana en el granero y pasado el tiempo apropiado nos divorciaremos, así de simple. Ellos no tendrán que enterarse nunca, y si quieres puedes decirles que fue mi culpa, que te engañé o que te golpeaba, lo que quieras.

La pelinegra le hablaba con suavidad y recargó su cabeza en la espalda del chico. Ichigo se cubría la cara con las manos.

—Ahora respira hondo y tranquilízate. —le indicó mientras masajeaba sus hombros sin darse cuenta.

Ichigo seguía igual hasta que poco a poco su respiración se normalizó. Ella siguió masajeando sus hombros, con la cabeza recargada sobre su espalda.

Después de un buen rato parecieron percatarse de la posición en la que estaban y ambos se separaron como si fueran algo radiactivo.

—B-bueno, ahora que estamos bien, ¿quieres desayunar? —preguntó levantándose de la cama y tomando la bandeja del velador. —Toma, un café con leche descremada, canela y sin azúcar. —bromeó recordando lo que siempre le pedía.

Ichigo sonrió un poco más relajado y recibió la taza. Ella también le entregó un plato con algunos bollos de manzana y crema.

—Gracias.

—Es mi obligación atender a mi esposo para que no me deje por otra, ¿no? —sonrió ella.

—Si no hice antes menos ahora. —contestó él.

Rukia se soprendió por su respuesta y se sintió un poco mareada.

—Ehh…voy a salir un rato, nos vemos después. —dijo y se encerró en el baño para vestirse.

Al cabo de un instante ella salió de la habitación, dejando a un confundido pelinaranja desayunando en la cama.

- o -

Rukia iba en la bicicleta de Yuzu por un sendero del bosque, la había encontrado recargada en un árbol y aprovechó que vestía un conjunto de ropa cómodo y ligero para tomarla y dar un paseo. Hacía mucho tiempo que no salía en bicicleta y el usar zapatos bajos se lo permitía esta vez.

Después de un rato de ir por el sendero del bosque decidió parar y sentarse en una roca a descansar y admirar el paisaje. La actividad física ya le estaba cobrando la partida.

Una vez que recuperó el aliento se levantó para regresar a la casa, pero a pie, pues no se sentía con deseos de pedalear más.

Ya iba a mitad de camino cuando escuchó unos ruidos extraños provenientes del bosque, parecían ruidos de tambores. Su curiosidad se activó de inmediato, dejó la bicicleta en un árbol y se acercó a investigar.

Entre los enormes árboles había un pequeño claro, en cuyo centro ardía una fogata. A su alrededor una persona encapuchada bailaba en una especie de ritual.

—Veo que eres curiosa, Rukia-chan, hija de Tokio. —dijo una voz.

Ella se asustó y trató de huir.

—Ven, acércate, soy yo Yuzu. —dijo la figura quitándose la capucha, Rukia sonrió aliviada. —Ven a dar las gracias con nosotras. —le sonrió.

En eso ella reparó que también estaban Yoruichi y Karin y que el ruido de los tambores provenía de un pequeño reproductor conectado a unos potentes, pero igual de pequeños, parlantes.

—Eeh… creo que debería regresar ya. —dijo Rukia algo incómoda.

—¿Lo ves Yuzu? Nadie quiere hacer estas tonterías, es ridículo. —señaló Karin con cara de fastidio. Obviamente su hermana la había obligado a acompañarla.

Yoruichi solo fue para vigilarlas y divertirse un rato.

—¡Eeeh! ¡Qué malagradecidas son! —lloriqueó la castaña. —El universo nos ha dado todo, a ti te dio tu talento en el fútbol. —apuntó a su hermana. —Y a ti Rukia-chan, te entregó a nuestro hermano. ¿No creen que es motivo para agradecer?

—En verdad yo…

—¡Insisto! —dijo la Kurosaki pequeña arrojando un polvo a la fogata que hizo que escupiera una llamarada.

Rukia suspiró cansada y decidió bajar, Karin también la imitó.

—Ahora, síganme las dos. —ordenó la chica. —Muévanse así. —ella daba pequeños saltitos al tiempo que abría y cerraba sus brazos y gritaba palabras de agradecimiento a los árboles, las montañas y cosas así. —¡Canten! ¡Usen las vocales!

Las dos pelinegras se sentían tontas haciendo eso.

—¡Canta Rukia-chan!

—¿Qué digo? —preguntó sin dejar de saltar.

—Lo que salga de tu corazón. —le explicó. —Siente el ritmo de los tambores y muévete con ellos. ¡Tú también Karin-chan!

Entonces Karin comenzó a cantar una canción muy extraña y bailaba una especie de para para.

—¡Así no Karin-chan! —la regañó Yuzu, pero su hermana la ignoró y siguió con la canción, mezclando de vez en cuando algunas cosas relativas a los deportes. En un momento agradeció robóticamente por su familia, por el club de fútbol de Inuzuri y pidió al universo que su padre dejara de pegar fotografías gigantes de su mamá. Después de eso volvió a cantar lo que al parecer le gustaba.

—¡Karin-chan, no es cantar cualquier canción! —volvió a reprenderla, pero ella no la escuchó.

Por su parte Rukia también parecía en trance, envolviéndose en otra canción extraña y marcando el ritmo de la misma.

—¿Qué dices? —Yuzu no entendía lo que cantaba.

—¡Bacchikoi! —gritó Rukia de pronto, juntando un puño con la mano frente a ella, después estiró los brazos al frente y luego los levantó, moviendo sus caderas a cada lado y haciendo una coreografía de los más extraña.

Las tres mujeres la miraron perplejas, Yoruichi aprovechó de tomarle una foto.

—¡Rukia-chan, ¿tú también?! —Yuzu infló sus mejillas, molesta. Se suponía que debían agradecer al ritmo de los tambores, pero ellas estaban bailando y cantando cualquier cosa.

—¡Oh my God, oh my God! —cantaba Rukia contoneándose de un lado a otro y girando alrededor de la fogata. Se quitó la bufanda roja que llevaba y la sacudió al aire. —¡Bacchikoi, Bacchikoi baby! —cantaba muy alegre saltando y haciendo su coreografía de los puños, los brazos al frente, luego al cielo y el contoneo de caderas.

Las tres ahora la miraban con una gran sonrisa. Al parecer lo estaba disfrutando y era una melodía muy contagiosa. Sin darse cuenta las tres comenzaron a marcar el ritmo.

Yuzu rio a carcajadas cuando Rukia se acercó a su hermana y la arrastró junto a ella. La pelinegra al principio se resistió, pero terminó bailando de la misma forma y se le veía muy divertida. Después las dos fueron a buscar a Yuzu y finalmente a Yoruichi.

Ninguna de las tres mujeres tenía idea de que era lo que Rukia les enseñaba, pero era muy gracioso y la estaban pasando bien.

En eso Ichigo llegó al claro del bosque y una gotita cayó por su cabeza al verlas a todas bailando esa canción tan extraña.

Se quedó observándolas por un momento y no pudo evitar sonreír. Parecían desquiciadas.

"Esa chica está más loca que tú, es perfecta Rey" escuchó Ichigo a la voz burlona de su cabeza.

"Ella no está loca y él tampoco" lo defendió la otra voz, la del lado "bueno"

"Si el Rey puede oírnos es obvio que lo está, tonto."

Ichigo sacudió su cabeza y las voces gritaron como si hubieran sido aplastadas por algo. El chico entonces se aclaró la garganta y las mujeres voltearon a verlo, todas despeinadas y alborotadas.

—¿Qué están haciendo? —preguntó el chico.

Rukia pareció despertar de su trance y enrojeció hasta las orejas.

—Agradeciendo al universo. —respondió Yoruichi divertida.

—¡Rukia-chan nos enseñó desde el corazón! —exclamó Yuzu, feliz. —Es muy divertida, Onii-chan.

—¿Y esa canción la tenías en el corazón? —preguntó el chico a su jefa, arqueando una ceja.

—Sí… bueno, se me vino a la mente. —trató de responder como si nada.

—¿Por qué estás aquí Ichi-nii? —le preguntó Karin.

—Ah, sí. Me llamaron de la tienda, tu teléfono ya llegó Rukia. Hay que ir al pueblo a recogerlo, ¿quieres acompañarme? Aunque hay que bajar en lancha.

Ella lo pensó por unos segundos, pero se moría por revisar sus mensajes.

—Sí, iré contigo. —aceptó ansiosa. —Eh, ¿está bien si me voy? —preguntó a las demás.

—No te preocupes, también nos iremos. Diviértanse. —dijo Yoruichi recogiendo la bufanda de Rukia y entregándosela.

Ichigo vio como sus hermanas y Yoruichi se despedían de Rukia con una gran sonrisa. Claramente la adoraban ya.

—Parecías poseída bailando así, ¿sabías? ¡Y esa canción!¡Por dios! —se burló riendo a carcajadas.

—Cállate. —ella lo golpeó con la bufanda, pero también soltó una risita.

- o -

Ichigo abrió la puerta para que Rukia entrara primero y ambos caminaron hasta el mesón de la tienda.

—Hola Ichigo. —saludó alguien.

Rukia estaba de espaldas, pero dio un respingo al reconocer la voz y volteó a verlo.

—¿Qué? ¿También trabajas aquí? —preguntó Rukia incrédula. —¿Acaso no hay más personal libre en Inuzuri?

—Veo que me recuerdas. —dijo el pelirrojo sonriendo.

—Difícilmente podía olvidarlo. —respondió ella, sonriéndole de vuelta, ya le agradaba el tipo. —Las lágrimas que derramamos juntos nos unieron para siempre. —bromeó y el pelirrojo soltó una carcajada.

Ichigo los miró fijamente. ¿Desde cuándo se llevaban tan bien?

—Renji, ¿tienes el teléfono? —le preguntó.

El chico asintió, pero le encargó a otro muchacho que fuera por el para poder seguir hablando con Rukia.

—¿Es para ti el teléfono o solo viniste a verme? —le preguntó el pelirrojo a la chica, sonriendo divertido.

—¿Cómo está tu trasero? ¿Aún te duele? —preguntó ella siguiéndole el juego de ver quien incomodaba más rápido al otro.

Ichigo abrió los ojos al oírlos. ¿Ir a verlo? ¿Trasero? ¿Dolor?

—Naaa, he recibido nalgadas más fuertes. —dijo él, aunque obviamente mentía.

Rukia enrojeció y Renji sonrió divertido al saberse el vencedor.

—¿Por qué tienes tantos trabajos? —le preguntó ella.

—La universidad. —respondió el chico alzándose de hombros. —Estoy cursando una maestría y necesito el dinero.

Ella se soprendió, al principio lo había tachado de un pelirrojo idiota, pero al parecer se había equivocado.

En eso el otro vendedor apareció y le entregó el teléfono a Ichigo, activando el número y el código de área.

El pelinaranja veía de reojo como Rukia y Renji seguían hablando entretenidos.

—Ya está listo. Vámonos ya. —le ordenó a Rukia, empujándola suavemente por la espalda para que saliera de la tienda. Cuando ella se alejó el pelinaranja volteó a ver a Renji. —¡Oye!—lo llamó, se llevó dos dedos a los ojos y luego lo apuntó a él, como diciéndole "te estoy vigilando".

El pelirrojo levantó las manos alegando inocencia y sonrió divertido ante la reacción de su amigo.

- o -

Al salir a la calle Ichigo la empujó por la cintura con suavidad para cambiar de lugar con ella y dejarla hacia el lado de la pared.

Rukia iba revisando su teléfono, pero se percató de aquel gesto.

—¿Por qué siempre haces eso? —le preguntó, pues no era la primera vez.

—El lado de la calzada es peligroso. —respondió sin voltear a verla.

Ella sintió una punzada extraña en el pecho, pero no le prestó mayor atención.

—Por cierto, un dato extra de Ichigo. —dijo el chico cambiando el tema. —Me encantan los chocolates y me gusta Shakespeare.

La pelinegra abrió los ojos, sorprendida. Desconocía totalmente eso.

—Dato extra de Ichigo procesado y asimilado. —dijo ella simulando ser un robot. Luego siguió presionando números en su celular e ingresó a su buzón de mensaje. —¡Rayos! ¡Quince mensajes y diez correos! ¡Necesito una computadora!

Ichigo entonces la llevó hasta el único Cyber Café de Inuzuri. Un lugar muy pequeño con apenas cinco computadoras viejas.

Los dos entraron y se sentaron frente a un equipo.

—Toma, esto funciona con monedas. Cuando se acaben tienes que meter más aquí. —le indicó la maquinita que recibía el dinero.

—¿Es en serio? —preguntó incrédula, nunca había oído algo así.

Ichigo asintió y entonces miró a través de los ventanales.

—Ehh… te dejaré aquí un momento, regreso enseguida. —le dijo levantándose de su lugar rápidamente. —Se la encargo por favor. —le dijo al dueño del local.

A través del ventanal Rukia vio que su asistente cruzaba la calle para encontrarse con una mujer de largo cabello naranja que guiaba una fila de niños de preescolar.

Ella vio como Inoue le sonreía con dulzura al chico y recordó su conversación del día anterior.

"El día que nos graduamos me pidió matrimonio y que nos fuéramos a Tokio" las palabras de la chica retumbaron en su cabeza y la punzada de culpa volvió a recorrer su pecho.

Le estaba arruinando la vida a Ichigo y cada vez estaba más consciente de eso.

- o -

Ichigo y Rukia caminaban en dirección al muelle.

—Te agradó ver a Orihime hoy. —comentó Rukia de pronto.

—Sí.

—¿Hablaron mucho? Debe ser lindo encontrarse con ella después de tanto tiempo y hablar ¿verdad? —Ichigo solo asintió. —Me imagino que deben tener muchas cosas en común.

—Solo un poco, Inoue es algo extraña, pero si fue agradable verla, me gustó hablar con ella. —respondió Ichigo.

Rukia esbozó una sonrisa vacía. Ichigo la miró con interés.

—¿Por qué lo preguntas?

Pero Rukia no alcanzó a responder, pues Yoruichi, Yuzu, Karin e Inoue aparecieron doblando la esquina.

—¡Rukia, Kurosaki-kun, aquí están! —los llamó la pelinaranja agitando un brazo.

—Te estábamos buscando Rukia-chan. —dijo Yuzu. —Onii-chan, la secuestraremos un rato.

—¿A dónde van?

—Cosas de chicas otra vez, no te interesaría Ichigo. —lo cortó Yoruichi, agitando la mano para que las dejara solas.

—¿Qué… qué haremos? —preguntó Rukia, nerviosa.

—¡Ah! No te preocupes, esta vez no habrá bailarines exóticos ni cantos en el bosque. —la calmó Karin.

—¿Bailarines exóticos? —preguntó Ichigo, pero nadie le prestó atención.

—¡Bien, vámonos ya, hay mucho que hacer! —ordenó Yuzu y todas la siguieron.

Ichigo las despidió con la mano y luego caminó hacia la lancha.

- o -

Las mujeres bebían té mientras esperaban que Rukia terminara de vestirse.

—Seguro que te verás muy linda Rukia. —dijo Inoue.

—¿Cómo te queda? —preguntó Yoruichi al aire.

—Era de mamá, pero no te preocupes si te queda grande. Yuzu lo ajustará, ella es la mejor modista que hay.

—¡Nyaaa! ¡Karin-chan! —la aludida se sonrojó ante los halagos de su hermana.

En eso la puerta del vestidor se abrió y Rukia apareció en la salita, la reacción de las mujeres fueron sonrisas y ojos brillantes, llenos de admiración y alegría.

Rukia vestía un hermoso kimono blanco con pequeño detalles de cruces a lo largo del obi. Le quedaba algo suelto, pero nada que no pudiera arreglarse.

—¡Hermosa! —chillaron Yuzu e Inoue al unísono.

Yuzu entonces comenzó a colocar las agujas en los lugares que debía ajustar.

Rukia se miró en el espejo y su expresión entristeció. No se sentía bien haciendo eso, estaba usando el kimono de la madre de Ichigo para una boda falsa a la que ella lo había obligado.

Casi por inercia volteó a ver a Inoue, ella la miraba con los ojos vidriosos, casi a punto de llorar.

—¿Qué tienes Orihime? —preguntó Yoruichi.

—Nada, nada. —se secó los ojos. —Es solo que… al ver a Rukia me imagino como me hubiera visto yo usando un kimono blanco.

"¿Qué?"

Eso fue una bofetada para Rukia, quien abrió los ojos a más no poder. Las demás se acercaron a la pelinaranja para para consolarla.

La pelinegra sintió una opresión en el pecho que la ahogaba. Ya no podía aguantarlo.

¿Cómo podía ser tan ruin? Estaba arruinando la vida de ambos, tenía a Inoue llorando frente a ella por su oportunidad perdida con Ichigo. Ellos seguían enamorados y la única que se interponía entre su felicidad era ella, ella y sus egoístas deseos de conservar su trabajo.

Negó con la cabeza y se mordió el labio inferior.

—No te preocupes Rukia, seguro que Yuzu-chan tendrá listo el kimono a tiempo. —dijo Inoue ya recuperada totalmente.

Ella sonrió nerviosa al ver que ahora todas la miraban a ella, seguro pensando en que estaba así por el kimono.

Karin se alejó para buscar algo en un baúl.

—Rukia-chan, estaba pensando en que si no les molesta tal vez podríamos ir a visitarlos a Tokio para la navidad. —comentó Yuzu con timidez mientras pinchaba más agujas.

La pelinegra sonrió con ternura, pero sabía que eso no sería posible. Faltaba mucho para navidad y a esa fecha ya estarían divorciados. Aun así tenía que buscar otra forma de negarse.

—O… tal vez nosotros podríamos venir. Creo que sería más agradable pasarlo aquí.

—¡Sí! Sería muy lindo. —se emocionó la chica, abrazándola. —¡Gracias por eso!

—Yuzu, ya no agobies a Rukia-chan. —la regañó Karin. —Ah, mira, esto también es para ti. —la pelinegra le entregó un hermoso collar y un peine muy delicado que también había pertenecido a su madre.

Más tesoros familiares. ¡Demonios!

- o -

Después de varias horas de ajustes y de lagrimeos por parte de Yuzu e Inoue, Rukia al fin pudo salir del taller. Las demás se quedaron dentro para comenzar a trabajar en el kimono.

La pelinegra respiró el aire fresco y se echó a correr hacia el muelle, se sentía a punto de estallar y necesitaba alejarse de ahí.

Al llegar vio a Ichigo recostado en la lancha, tomando sol como una lagartija. Sin pensarlo dio un salto en la lancha, haciendo que el pelinaranja despertara sobresaltado.

Mientras Ichigo soltaba la última amarra de la lancha, ella se sentó en el asiento del piloto y sin saber muy bien lo que estaba haciendo la encendió y arrancó a toda velocidad.

—¡Waaaaa! ¡Rukia, ¿qué haces?! —gritó Ichigo sujetándose como un gato para no caer. Iban demasiado rápido.

—¡Cállate!

—¡Detente! ¡¿Qué estás haciendo?!

—¡Cállate! ¡Cállate! ¡Cállate! —gritó ella apretando los ojos con fuerza.

Ichigo se espantó al verla así y se acercó a ella entre lo que el tambaleo de la lancha le permitía.

—¡¿Qué pasa?!

—¡Ichigo, esto es terrible! ¡No podemos hacerlo! —el chico ladeó la cabeza sin comprender. —¡Te estoy arruinando! ¡Tu familia es hermosa y yo la estoy destrozando!

—¡Cálmate ya, ellos no se enterarán! —Ichigo luchaba por alejarla del timón de la lancha, pero ella se había aferrado con garras.

—¿Tú crees? ¡¿Cómo estás tan seguro?!

—¡Porque tu lo dijiste!

—Pero… pero, ¡Oh, dios! ¡La cara de Yuzu! ¡Le romperé el corazón! —la editora soltó el timón e Ichigo se abalanzó sobre él. —¡Ichigo, soy una egoísta! ¡Solo he pensado en mí y en matar a dos pájaros de un tiro! ¡Yo y mi fecha límite! ¡No puedo hacerlo! ¡Perderás a tu familia, Ichigo! —gritó ella. —¡Yo no veo a mi hermano hace más de tres años por la distancia, pero tú estás aquí! ¡No te alejes de ellos! ¿Quieres que tus hermanas sientan lo mismo que yo? ¿Qué hay de tu padre? ¡Se volverá loco!

—¡Eso no pasará! ¡Cálmate ya! —el muchacho viró el timón y la lancha giró violentamente. Rukia salió disparada y cayó al agua. —¡Sé que tienes miedo, pero intentar matarnos en la lancha no solucionará nada! ¡Sí, claro! Ahora te callas. —dijo con sarcasmo volteando a verla. Sin embargo no había nadie.

A lo lejos vio como Rukia manoteaba en el agua tratando de no hundirse. Ichigo palideció y condujo la lancha para acercarse lo más posible y luego se arrojó al mar.

Una vez que la sacó del agua y la subió a la cubierta de la lancha la arropó con cuidado para que entrara en calor. Por suerte Yuzu siempre insistía en llevar cobijas y abrigos en caso de cualquier cosa.

Rukia tiritaba y parecía estar en shock.

—Hay mejores lugares para aprender a nadar, ¿sabías? —se burló. Necesitaba distraerla para que olvidara el susto. —Y a la próxima podrías avisarme, no me asustes así.

—I-idiota, tú me hiciste caer. —dijo ella. —S-suerte que no me ahogué o…o regresaría para atormentarte. Tarado.

El pelinaranja sonrió levemente y siguió frotándole los brazos. Al parecer había resultado.

—Eso fue por tu arranque de histeria. ¿Qué fue todo eso? ¿Pasó algo con Inoue y las demás?

Eso hizo que Rukia se angustiara otra vez.

—P-pero, ¿qué… qué pasa con Orihime? —preguntó al fin, tiritando de frío.

—¿Qué hay con ella? —Ichigo le puso un sweater en la espalda.

—¿No lamentas hacer todo esto teniéndola tan cerca? —la cabeza de Rukia daba vueltas, pero sabía que era mejor liberarlo. No podía ser tan mezquina.

—¿Eh?

—E-Ella todavía te ama, Ichigo, durante todos estos años.

El pelinaranja tuvo un ataque de tos y después la miró con una cara de póker.

—¿Qué estás diciendo?

—Si vieras como se puso hoy al ver el kimono de tu madre. —siguió ella. —La veo sufriendo y no soporto hacerle eso.

—¿Qué dices? ¿Te golpeaste la cabeza contra una roca?

—¡Hablo en serio!

—¡Yo también! ¿De dónde sacaste eso?

—No lo niegues, ella me lo dijo. —le respondió. —Me contó que salían juntos y que ella rechazó casarse contigo y acompañarte a Tokio. ¡Por eso digo que aun estás a tiempo! Ya no tienes ningún trato conmigo Ichigo. —ella cerró los ojos en forma teatral. —Eres libre para vivir tu vida. Solo diles que estabas confundido y que el reencuentro con ella te abrió los ojos.

Una gotita cayó por la cabeza de Ichigo.

—Bien, asumo que todo eso es por el trauma del agua, pero…—hizo una pausa. —¡Idiota! ¿Crees que podría retractarme ahora? ¡Además, nunca en mi vida le he pedido matrimonio a Inoue!

—¿Eh?

—Confundiste las cosas, tonta, y apuesto a que no preguntaste bien. Ella se refería a Ishida.

—¿Qué?

—¡I-shi-da! Ellos salían juntos cuando íbamos a la universidad y el día que nos graduamos le pidió que se casaran, pero Inoue no quiso. Creo que ya sabes eso. —dio un suspiro.

—¿Y…y entonces por qué…?

—¿Por qué me llamaba o yo iba a hablar con ella? —él completó su pregunta. —Ya te dije que es mi amiga y me gusta hablar con ella, pero en realidad la mayoría era para preguntarme cosas de Ishida. —suspiró otra vez. —Y él hace lo mismo a la inversa. Me tienen como una paloma mensajera. Creo que se han enviado algunos e-mails, pero ninguno de los dos se atreve a hablarse por teléfono. —negó con la cabeza. —En lo personal creo que son dos idiotas. Es obvio que no se han olvidado y aun no sé a qué están esperando. Si siguen así se quedarán solos con un montón de gatos.

—Oh. —el cerebro de Rukia al fin procesó todo. Ichigo tenía razón, ese día Rukia preguntó si lo de "ellos" iba en serio y la chica debió suponer que se refería a ella y el chico de lentes. Es por eso que se veía tan relajada cuando hablaba sobre Ichigo y Rukia, pero se entristecía con todo lo que relacionaba a los matrimonios, a su oportunidad perdida. —Y-ya veo. —dijo algo avergonzada por el espectáculo que dio. Aún así seguía sintiéndose culpable por engañar a su familia.

—Tonta. —se burló él. —Bueno, ahora vámonos ya. Hay que secarnos o nos enfermaremos.

Ichigo arrancó la lancha y después de un rato llegaron al pequeño muelle de su casa.

—Por cierto, ¿a qué te referías con lo de tu fecha límite y matar dos pájaros de un tiro? —preguntó el chico, pero ella no le respondió.

El pelinaranja se encogió de hombros y los dos bajaron envueltos en cobijas.

A lo lejos vieron a Isshin que los esperaba a la entrada de la casa. Se veía muy serio y miraba a los alrededores para asegurarse que no había nadie más.

—Tenemos que hablar. Los tres. —dijo el pelinegro una vez que llegaron junto a él. —Vamos rápido antes que lleguen las chicas.

Ichigo y Rukia se miraron y siguieron a Isshin con un mal presentimiento.

¿En qué problemas se habían metido ahora?


chan chan! ¡Uy! Qué se trae Isshin entre manos?

Lo ven, les dije que aquí se explicaría lo de Inoue, así que los que trataron de golpearme por la supuesta relación entre los dos naranjos, sepan que ya los anoté en mi Death Note! Muahaha.

Bueno, y el pobre Renji multiempleos, pero lo comprendo. La universidad amerita tener varios trabajos para juntar dinero.

* Buchaechum: una danza tradicional de Corea en donde usan abanicos enormes y hacen coreografías geniales. También conocida como "danza de los banicos"

** es el opening 10 de Bleach... me imaginé a Ichigo cantándo y haciendo el baile de Inoue y Rukia y casi me desmayo! Jajaja... también deje un fragmento del coro de la canción para que se hagan idea.

Ok, ahora los dejo. Ya es muy tarde y mañana trabajo.

Matta ;)

Pd: Naruto me prestó la canción Bacchikoi y su coreografía para que la bailaran aquí un rato, jajaj También muero al imaginarme a Rukia bailando eso! XD