Disclaimer: Bleach no me pertenece.
Siento la tardanza, mil perdones, pero es que este capítulo ha sido complicado. Ha habido tantos cambios y ediciones en él que no puedo contarlas todas. Ay, Ulquiorra, me lleva de cabeza en el fic. ¡Qué complicado, por Dios! Creo que me han salido ampollas en los dedos... (un poco exagerado, pero bé, jaja)
Gracias a todos los que habéis comentado, ya sabéis que me hacen muy feliz vuestos reviews; y que me encanta entrar en mi bandeja de entrada y ver que mi historia está en vuestros Favoritos. Devolveré Reviews enseguida, que ahora tengo tiempo libre. Gracias también, a los consejos de algunos y las opiniones de todos. Son un bonito detalle que me anima a seguir.
Y nada más. Espero que os guste el capítulo, y si tenéis cualquier pregunta adelante, no os cortéis. Hay confianza:)
Disfrutad de la lectura.
VII – TU FIEBRE
Todavía no has salido de tu habitación. Todo lo que ha pasado te ha hecho reflexionar. Las últimas semanas han sido como si estuvieras en el ojo de un huracán. Como si vivieras una fiebre que nunca acaba. Sabes que si no cortas de raíz el problema, jamás podrás librarte de esa locura que parece apresarte por dentro.
Entonces, ¿Qué hacer? Después de mucho pensar lo has decidido. Nada. No harás nada. Realmente es una buena decisión. Cumplirás las misiones que Aizen-sama te encomiende con eficiencia y te mantendrás alejado de la celda de la shinigami. Es la única manera.
Así pues, los días pasan lentos. Sientes como si una monotonía insoportable se cerniera a tu alrededor, y te mantuviera preso. Lo ignoras, es lo que haces siempre. ¿Ves? De nuevo, monotonía.
...
Has intentado evitar a la gente, tornándote más solitario que de costumbre. ¿Es que temes las burlas y represiones? No, no temes a esas nimiedades. Tú eres Ulquiorra Schiffer y no le tienes miedo a nada.
Excepto a cierta personita que te lleva de cabeza.
A veces desearías no ser tan sincero contigo mismo.
En muchas ocasiones tienes las respuestas delante de ti y las ignoras, haces como que no las ves. Y la razón es que esas respuestas provocarían cambios y eso no te atrae. Continúas con tú monotonía diaria, porque es así como debe ser. Todo tiene un sentido y todos hemos sido creados por una razón. Tenemos unas normas que cumplir, ya seamos humanos, arrancares o shinigamis. Y los que no tienen normas son seres bárbaros, sin conciencia. Como los Hollow. Por eso no debes saltarte las reglas que te han impuesto, silenciosamente. Porque sería como retornar a tu nivel primario. A ser un Hollow, de nuevo.
Menuda reflexión, chico.
Caminas hacia ninguna parte, buscando una salida al exterior. No es que necesites aire. Es, simplemente, que te gustaría sentir algo de aire fresco, una brisa. Cualquier cosa. Nunca habías estado encerrado tanto tiempo en un mismo lugar, dándole vueltas a miles de pensamientos que siempre acababan en la misma persona. Y entonces tú golpeabas las paredes, tirabas libros al suelo y pateabas muebles. Desfogándote sobre cualquier objeto. Eso, claro, siempre en la tranquilidad de tu habitación. Porque allí las normas las pones tú.
Y lo que con desgana aguardabas, porque sabías que algún día tendría que pasar, era cruzarte con Nnoitra. Aguantarás sus burlas con aplomo, para guardarlas de nuevo en ti. Como siempre. Y continuarás con tu monotonía.
-Ulquiorra, hacía tiempo que no te veía. ¿Ocupado? –Pregunta, al llegar a tu altura.
No muestras expresión alguna.
-Algo así.
Pregúntaselo. Ahora.
No vas a hacerlo, por supuesto que no. Además, no quieres saberlo.
-Ya veo... ¿No quieres saber cómo está tu pequeña shinigami? –Inquiere. La burla se hace tangente.
Ladeas la cabeza e intentas proseguir tu camino hacia el balcón más cercano.
-Lo cierto es que no, Nnoitra. Me retiraron de la misión, ¿Recuerdas? –Respondes, aclarando.
El quinto espada sonríe, mostrando sus enormes aunque alineados dientes. Parecen resplandecer.
-Lo recuerdo, Ulquiorra. Y me pasaron el marrón a mí. ¿No sabes lo aburrido qué es? Siempre lo mismo. Primero nada, de repente gritos, y luego llantos, y finalmente nada. Otra vez. –Explica, con regocijo, observándote atentamente.- Al principio era interesante, pero ahora se ha vuelto de lo más monótono.
Se lo está tomando como un juego.
¿Te molesta?
Y de nuevo, las respuestas ante ti. Y de nuevo, las ignoras.
-Nnoitra, soy un hombre ocupado. Si tienes algo importante que comunicarme, adelante. Si no, márchate.
Sonríe otra vez, más que antes, y habla con una voz cargada de pena fingida.
-¿Así tratas a un compañero que intenta ayudarte?
-Yo no necesito ningún tipo de ayuda. –Le reprendes, con voz neutra.
Nnoitra suelta una carcajada y se aparte del camino. Remuga un "adelante, majestad" y pasas por delante de él, sin dejarte provocar por sus comentarios innecesarios. Ni siquiera has dado un paso cuando habla de nuevo. No te molestas en voltearte.
-Acabo de dejarle la comida y me voy de misión. No regresaré hasta la noche.
¿Qué diablos ha sido eso? Cuando te giras, ocultando la sorpresa, Nnoitra ya anda de espaldas a ti, prosiguiendo su camino. Te quedas unos minutos plantado en medio del pasillo, sin moverte. Analizando las palabras del quinto espada. Si su intención era dejarte confuso, lo ha conseguido.
¿Seguro qué es eso, lo que pretendía?
Con el tiempo, todo el mundo se hace una imagen de las personas, en especial las cercanas a ellos. Por eso te resulta tan extraño que Nnoitra intente ser amable. Y precisamente por esa razón tu mente procesa una explicación lógica: la humillación. Tu conciencia lo niega, persistentemente. Tú, quieres creerlo. Porque nuevamente hay respuestas ante ti y, aunque tu intención es ignorarlas, sientes que esta vez no podrás hacerlo.
Con el tiempo, todo el mundo se hace una imagen de las personas, en especial las cercanas a ellos. Por eso cuando entras, después de semanas, en la celda de la shinigami parece que ni siquiera te conoces a ti mismo.
-¿Qué haces aquí? –Pregunta, sorprendida, aunque con voz dura.
Agarras su brazo, y lo dejas al descubierto. Vislumbras algunos cortes y moratones superficiales. Ella, que parece leer tu mente, intenta alejarse de ti. Razonable.
-No necesito ningún tipo de ayuda. –Dice.
Es entonces cuando te das cuenta de lo increíblemente parecidos que sois. Su mirada abatida, aunque orgullosa, no deja lugar a dudas.
Si eliges las respuestas, provocarán cambios. Estos, significarán saltarse las normas. Significarán volver a sentirte como un Hollow primario. Es más, significarán entrar de nuevo en ese torbellino de sensaciones desconocidas, parecido a un huracán.
-Yo tampoco.
Y la besas. Rápido, conciso, impredecible. Ninguno de los dos cierra los ojos, no tenéis ninguna intención de hacer eso. Sientes los suyos clavados en tus verdosas orbes, y viceversa. Mientras vuestras lenguas juegan, cada uno intenta leer la mente del otro. Poco probable, pero no imposible.
La fiebre ha vuelto...
Sí. De nuevo. Tu fiebre.
¡Cualquier cosa, ya sabéis, es bien recibida!
