Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.

Ante todo muchísimas gracias a todos los que me leís y habéis comentando, sois la razón de que siga haciendo esto.

Vuelvo a la rutina, así que este jueves también tendréis actualización.

Espero que os guste!

~ Capitulo 5 Alta ansiedad ~

Me desperté con una resaca tremenda, podría decir que era la peor que había sufrido nunca. ¿Qué había hecho? Los recuerdos del día anterior comenzaron a llegar. La pelea con Jacob, el vestido, la discoteca, Edward, el paseo en taxi, mi insinuación... ¿Cómo había podido ser tan estúpida?

¿Cómo, aunque fuera tan solo por un momento, había podido llegar a pensar que aquel chico tan atractivo podía estar interesado en mí? Me sonrojé hasta extremos inimaginables. Pensé que lo mejor que me podría ocurrir era no volver a verlo jamás. En teoría eso era sencillo en una ciudad como Nueva York, pero ya nos habíamos encontrado tres veces.

el telefono móvil me distrajo de mis pensamientos.

"¿Bella?" era Rosalie "¿Estás bien?"

"Um, hola Rose, bueno tengo una resaca de órdago, pero si estoy bien"

"Podrías haberme mandado un mensaje, ¿no?" parecía enfadada "Llevo todo el día preocupada por ti"

"Lo siento, no me acuerdo de mucho de lo que pasó ayer, pero estoy bien"

"Angela me dijo que te fuiste a casa con ese chico, ¿pasó algo?"

"No" contesté más disgustada de lo que pretendía "Oye Rose, acabo de levantarme, necesito ducharme y comer. Te llamo luego, ¿vale?"

"Claro"

Me metí en la ducha y estuve al menos media hora bajo el chorro de agua. Quería espantar las imágenes de esa noche, pero por desgracia volvían a mí una y otra vez.

Lo peor de todo es que no me reconocía a mí misma. Mi comportamiento había sido completamente distinto. Yo no era así. Aquella discusión con Jake en la que me había portado como una arpía, acceder a ponerme aquel minúsculo vestido que no era mi estilo para nada, beber como si no hubiera mañana, bailar con desconocidos, decirle aquello a esa chica (de nuevo me comportaba como una arpia) dejar que Edward me acompañara, intentar besarle... Esa no era yo.

Estaba perdiendo el control, quizá había intentado volver a la normalidad demasiado pronto. Mi corazón aún no estaba curado. Tenía que centrarme en lo realmente importante, mis estudios y el futuro. Quedaban solo unos meses para que terminara mi carrera y aún no sabía que quería hacer con mi vida.

Ese domingo ni siquiera salí de mi cuarto, tenía un trabajo que terminar para la clase del señor Carter y había tomado una resolución: centrarme tan solo en aquello. Pero me resultaba muy díficil apartar la imagen de Edward de mi cabeza.

Y eso era preocupante, de todo lo que me había ocurrido tan solo podía pensar en él. Aquello estaba empezando a convertirse en una obsesión, algo que no me había ocurrido jamás, ni siquiera con Jake. Con él las cosas habían sido mucho más tranquilas, algo que llegó de forma casi natural. Lo que ocurría con Edward se parecía más a aquellas tormentosas relaciones que había leído tantas veces en las novelas. Claro, que aquí no había ninguna relación.

Los días pasaron sin ninguna novedad. Ir a clase por las mañanas de lunes a viernes. Trabajar cuatro días a la semana. Cena y película los miércoles con Alice y Rosalie en el apartamento. Horas y horas leyendo y haciendo trabajos para las asignaturas. Algunas visitas a librerías y exposiciones a las que me arrastraba Angela. Una cómoda rutina en la que me había instalado. Pero aún así el dolor no había desaparecido, continuaba visitándome todas las noches en la soledad de mi habitación y esporádicamente alguna mañana. Y aquella obsesión parecía ir creciendo cada día más. En mis paseos por la ciudad lo buscaba en cada calle, en cada esquina. En el trabajo deseaba que apareciera con su adorable pelo despeinado por la puerta y cuando salíamos a tomar algo escaneaba todo el local en su busca. Pero ni rastro. Nunca en mi vida me había sentido tan frustrada. Y eso hacía que estuviera irritable y enfadada.

Así llegó octubre y con él los días de lluvia y frío. Me gustaba mucho aquella época del año en la ciudad y siempre había adorado dar largos paseos por Central Park, pero este otoño me sentía sin fuerzas para ello. Alice me arrastró un jueves de tarde casi a finales del mes, quería que volviera a ser yo, que volviera a disfrutar de las cosas que en el pasado me habían hecho feliz a pesar de mis continuas protestas.

"Jasper quiere que vaya a conocer a su familia por Acción de Gracias"

"¿Entonces la cosa va en serio?"

La sonrisa de Alice atravesó toda su cara. Jamás la había visto así: tan ilusionada, tan feliz.

"Es él, Bella. Estoy segura. Desde el primer momento que lo vi"

"¿Cómo lo sabes?"

Alice pareció pensar un momento "No sé como explicarlo, pero en cuanto sus ojos se cruzaron con los míos supe que era él, que ya no tenía que esperar, que lo había encontrado. Fue como si el corazón se me parara un instante y luego todo mi cuerpo ardiera. Pensarás que estoy loca, ¿verdad?" Alice me miró con una sonrisa triste, pero sus ojos centelleaban.

"Claro que no" la abracé brevemente, me alegraba inmensamente por ella. Era la mejor persona que conocía y se merecía todo lo bueno que le estaba pasando. "¿Así que irás al profundo sur?"

"Aún no lo sé. ¿Tú que vas a hacer?"

Lo entendí al instante. Mi amiga no estaba muy segura de irse porque tenía miedo de dejarme sola en una fecha tan señalada. Odiaba que Alice tuviera que renunciar a su propia felicidad por mi culpa.

"René y Phil van a estar viajando por el país esos días así que me quedaré aquí. Pero no te preocupes, estarán Rose y Angela. Estaré bien, por favor vete con Jasper. Os merecéis aunque sean unas mini vacaciones"

"¿Estás segura?"

"Claro" le sonreí al tiempo que le apretaba la mano para demostrarle que todo iba a estar bien.

Llegamos a la fuente Bethesda que estaba atestada de gente; a pesar del frío el sol parecía haber animado a los turistas y neoyorkinos a dar un tranquilo paseo.

"¿Y cuándo nos va a presentar Rose a su nuevo novio?"

"No son novios todavía, creo que Rose se lo está tomando con mucha calma" le expliqué mientras dábamos un rodeo a la fuente "Es todo un misterio, ni siquiera nos ha dicho su nombre, supongo que querrá estar segura antes de presentárnoslo"

Alice asintió "Ahá, espero que no sea como los otros rolletes que tuvo. A cada cual peor"

Las dos nos reímos. A pesar de que Rosalie era la chica más guapa que jamás había conocido y una de las más simpáticas (cuando realmente la llegabas a conocer) había tenido muy mala suerte en cuestiones amorosas. Todos los chicos con lo que había salido eran unos perfectos cretinos que habían llegado a hacerle tanto daño que se había convertido en la chica más precabida.

De pronto sentí algo detrás de mi, como una especie de descarga. Me paré, me di la vuelta y vi que en las escaleras de la derecha se encontraba Edward. Entre toda la gente que había ¿cómo había sido capaz de notar su presencia? Y por extraño que parezca, él también debió de notarlo porque dejó de hablar con la chica que se encontraba a su lado y se giró hacía donde nos encontrábamos. Nos quedamos mirándonos durante unos segundos que a mi me parecieron minutos, no podía soportar esa tensión que él me provocaba así que aparté la mirada. Tenía que alejarme de allí cuanto antes.

"¿Qué pasa?" Alice me miraba extrañada por haberme quedado parada de repente.

"Vamos" tiré de ella y aceleré el paso. Alice me miró con gestó interrogante "Por favor Alice, no preguntes, vamos" Había desesperación en mis palabras.

"¡Isabella!"

Alice se detuvo y me obligó a pararme con ella, sin duda estaba aturdida por todo lo que estaba ocurriendo. Resignada, cogí aire y me di la vuelta. Edward se acercaba a paso ligero hacía nosotras.

Y la imagen me dejó completamente consternada. Estaba aún más guapo de lo que mi memoria recordaba. Zapatillas deportivas blancas, pantalones vaqueros muy lavados y un abrigo negro que acentuaba sus duras facciones, y ese pelo sedoso que parecía brillar con los tenúes rayos del sol.

"Hola Edward"

Miré a Alice, quien sonreía ligeramente, sin duda ya se habría dado cuenta que ese era el chico con el que había estado hablando en la discoteca. Imperceptiblemente dio unos pasos hacía atrás para dejarnos algo de intimidad y yo la fulminé con la mirada.

"Isabella" su tono era suave, como si estuviera tanteando mi estado de humor. "¿Qué tal estás?"

"Sobria" respondí sin pensar, ¿que coño decía? Mis neuronas seguramente me habían abandonado y se habían ido a dar un baño a la fuente.

Entrecerró sus ojos y me miró divertido "Es bueno saberlo"

"Oye me tengo que ir. Ha sido un placer verte" Tenía que huir de allí de la manera que fuera, no podía permitir que cada vez que lo viera perdiera todo el sentido y dijera e hiciese estupideces. Ese hombre me trastornaba completamente.

"Espera" me cogió del brazo "¿Te pasa algo?"

"No, de verdad. Me tengo que ir o llegaré tarde"

"Está bien. Espero que nos veamos pronto" parecía algo contrariado, pero no quería mirarle. Todo aquello era demasiado. Me había pillado con la guardia baja. Pero no podía dejar de sentir un cosquilleo en mi estómago, había estado deseando volver a verle durante más de un mes, pero desde luego no había salido como yo creía.

Alice y yo comenzamos a caminar, y cuando estábamos lo suficientemente lejos para que no nos viera fue mi amiga la que me detuvo.

"Bella, ¿qué pasa? ¿por qué has huido de esa manera?"

"Voy a llegar tarde al trabajo"

"No, hay algo más. Vamos, dímelo. Siempre nos lo hemos contado todo"

"Ahora no Alice, nos hemos entretenido mucho. Mi turno empieza en media hora"

Ella resopló, sabía que le estaba ocultando algo, pero también era consciente de que era lo suficientemente perserverante como para que se lo acabara contando todo.

Al llegar al bar me relajé. Hoy había partido de los New York Yankees por lo que estaría ocupada durante todo la noche, el local estaba a rebosar de gente y aún quedaba una hora para que comenzara el juego. Durante el viaje en metro no había podido dejar de darle vueltas a mi breve encuentro con Edward. Una cosa estaba clara: debía mantenerme lo más alejada posible de él, por mi salud mental.

Las tres horas siguientes pasaron rapídisimo, como ocurría siempre que había partido. Odiaba el baseball al igual que todos los deportes pero las emociones que tenían lugar en el bar se contagiaban. Todos esos nervios, la expectación, la alegría por un tanto, los cánticos, los gritos, la desesperación, era algo que no podía experimentar de otra manera.

Pero también tenía su parte mala. Siempre había un par de personas que se emocionaban demasiado con el alcohol y se pasaban de la ralla. Por suerte Marcus y Aro eran capaces de neutralizarlos, aunque esas situaciones me resultaban de lo más violentas. Y hoy parecía que uno de esos me había tocado a mí.

"Vamos, tenemos que celebrarlo" el partido había terminado con una victoria de los Yankees.

"Será mejor que te busques a otra, yo estoy demasiado ocupada" desesperada busqué con la mirada a Aro, pero no lo encontraba. Jane estaba al otro lado de la barra ocupada sirviendo unos chupitos a un grupo de chicos bastante hormonados por lo que ni siquiera se dio cuenta de que necesitaba ayuda.

"No lo creo, seguro que puedes tomar algo conmigo"

"Te estás poniendo pesado y ya sabes lo que pasa con ellos. Te vas a la calle" le amenacé.

Él se rió con los ojos vidriosos por el alcohol "¿Me vas a echar tu?"

"Sí" le contesté enfadada y asqueada.

"Así tendríamos un momento a solas" me cogió la muñeca por encima de la barra. Intenté zafarme pero era demasiado grande para que pudiera hacer nada. Comenzó a apretarme más fuerte hasta hacerme daño.

Aro apareció en ese mismo momento seguido de Marcus, debían haberlo visto todo porque cogieron a aquel horrible hombre por la chaqueta y se lo llevaron a la puerta. Pareció hacerse el silencio durante un momento en el bar ya que todos estaban mirando el espectáculo. Me maldije por no haber sabido controlar la situación mejor.

Aro llegó hasta mí con el semblante serio.

"¿Estás bien?"

"Sí, no ha sido nada. Gracias"

Pero no lo estaba, estaba tremendamente enfadada con ese tío y conmigo, por no haber sido lo suficientemente fuerte para librarme yo sola. Odiaba sentirme de aquella manera; débil e indefensa. No quería que nadie me rescatara. Quería descargar de cualquier manera aquella frustración, pero no se me ocurría ninguna forma, y aún quedaba un rato para irme a casa.

"¡Hola!"

Oh no, pensé para mí misma, la noche no puede ir peor. No quise levantar la vista del lavavajillas de donde estaba sacando unos vasos, pero no quedaba más remedio.

"Vaya, dos veces en un mismo día. ¡Qué suerte la mía!"

No entendía a ese hombre, ¿por qué venía aquí? ¿Disfrutaba viendo como me humillaba? Ya había dejado muy claro que no le interesaba. Pensé que se trataba de alguna forma de castigo divino, debí de portarme muy mal en alguna vida pasada.

"Veo que sigues enfadada"

"¿Por qué habría de estarlo?" cruzé mis brazos sobre mi pecho, alguien alguna vez me dijo que aquella era una postura defensiva.

"Por lo que pasó la noche de tu cumpleaños" parecía realmente molesto.

"No recuerdo nada de aquello"

"La negación es el primer paso" sonrió ligeramente, vaya parecía que se lo estaba pasando bien a costa mía.

No contesté, abrí la nevera y coloqué una Bud delanté de él.

"Te dije que la próxima vez que vinieras te invitaría a una cerveza. Soy una chica de palabra"

Se inclinó sobre la barra para acercarse más a mí mientras clavaba sus ojos en los míos, atravesándome completamente "Gracias" dio un trago a su cerveza y a mi se me secó la boca. "¿Podemos hablar?"

"Estoy trabajando y como puedes ver voy a estar muy ocupada"

Sin esperar una respuesta me di la vuelta y me afané por hacer todo lo posible, buscando tareas cuando no eran necesarias. Jane me miraba con el ceño fruncido, no entendía mi comportamiento, pero aquello no me importaba. Tenía que mantenerme alejada de él, aunque ya supiera todo lo que provocaba en mí.

"Voy al almacén a por algunas botellas" avisé a Jane.

La puerta del almacén se encontraba al lado de la de los servicios, el espacio no era muy grande ya que estaba hasta arriba de mercancía, Aro siempre pedía de más a los proveedores temiendo quedarse sin ello. Me metí como pude en aquel cuarto y dejé la puerta abierta. Estaba concentrada pensando en como bajar un par de botellas a las que no podía acceder por mi corta estatura cuando oí la puerta cerrarse. Alarmada me di la vuelta y ahí estaba de nuevo él.

"¿Qué haces?" el terror se debió reflejar en mi cara por la expresión que vi en Edward.

"Tranquila, solo quiero hablar contigo. Eres la persona más cabezota que he conocido jamás"

Y no es que yo pudiera decir que conocía a Edward, pero intuía que era ese tipo de gente como Alice que no aceptan un no como respuesta, por lo que decidí que lo mejor sería terminar con aquello cuanto antes.

"Cinco minutos. Pero no sé no creo que tengas que decirme nada. No nos conocemos y no ha pasado nada"

Dio un paso hacía mí y noté de nuevo aquella tensión, supliqué porque terminara lo antes posible, no sabía cuanto tiempo iba a ser capaz de contenerme.

"En primer lugar, haces bien en mantenerte alejada de mí, yo te haría más mal que bien"

No entendía nada "Si tu no te alejas no sirve de nada"

"Ese es el problema, lo he intentado, pero no puedo, hoy cuando te vi..."

No me gustaba por donde estaba yendo aquella conversación por lo que le interrumpí "¿Y cuál era la segunda cosa?"

Se acercó aún más a mí, podía respirar su aroma y era completamente embriagador, fuerte, muy masculino, prácticamente me mareé.

"La noche de tu cumpleaños, no dejaste que me explicara"

"No hacía falta, estaba muy claro" mi voz era apenas un susurro. Tenía que salir de ese cuarto ya o acabaría haciendo una locura.

Le empujé para que me dejar pasar pero sujetó mis muñecas con sus dos manos y se agachó hasta que su cara quedó a un par de céntimetros de la mía, aquella visión era completamente perturbadora, sus ojos brillaban de deseo como aquella noche, no me lo había inventado.

"¿Por qué no me escuchas?"

Y entonces sentí como sus cálidos labios se posaban sobre los míos. Soltó una de mis muñecas y me cogió del cuello atrayéndome mucho más contra él. Nadie me había besado así jamás, su beso era duro, fuerte obligándome a que abriera mis labios para meter su lengua en mi boca. Sentí en ese momento como cada parte de mi cuerpo se encendía mientras él hacía cada vez más profundo su beso. Y aunque estaba totalmente desconcertada, seguí los movimientos de su lengua con la mía con ansia, necesitaba aquello, esa era la manera de descargar toda aquella tensión. Notaba como ardía cada parte de mi cuerpo que él tocaba.

Entonces se separó ligeramente de mí. Yo estaba jadeando y él me miraba intensamente con su media sonrisa. No era capaz de manejar todas aquellas emociones que estaba sintiendo.

"Lo siento, me tengo que ir" salí del almacén con las manos vacías.