Descargo de responsabilidad: Los personajes de Victorious no me pertenecen.
Capítulo 6
Pov Jade
Mis ojos se abren de la nada. Pestañeo un par de veces y caigo en cuenta que es de madrugada. Exactamente las cuatro de la mañana me confirma el reloj. Quiero gritar de frustración al no poder dormir un poco más. Alrededor del último año esto me viene sucediendo con frecuencia. Ni siquiera los fines de semana puedo quedarme más tiempo en la cama. Hastiada por la situación me levanto y cepillo mis dientes antes de dar inicio a mi rutina de ejercicios que se ha convertido en mi mejor desfogue.
Una vez que el sol ya alumbra la ciudad, me detengo y voy a ducharme. Me pongo uno de mis trajes y salgo en mi coche directo a la oficina. No me despido ya que a las seis y media de la mañana nadie está despierto en casa.
Lo bueno de madrugar es que no me coge el tráfico infernal que habrá una hora después. Llego en casi veinticinco minutos y estaciono en mi lugar. Me percato del lujoso auto que se va retirando, no lo he visto antes. Saco mi cartera y enciendo la alarma de mi coche. Saludo a los guardias del edificio quienes ya no se sorprenden al verme tan temprano. De mis tres semanas aquí en "Real", solo un lunes llegué a las nueve y fue el día de mi reintegro.
Dejo mis cosas en mi oficina para luego bajar un nivel en el ascensor y llegar al comedor del personal. Idea de mi padre. Cosas como éstas amo de él. Siempre nos ha enseñado lo importante y fundamental que es tener empleados bien cuidados, y bien pagados. Promueves que valoren trabajar contigo.
Al entrar percibo unas cuantas personas, pero una en especial - vestida con jeans ajustados a sus perfectas curvas - capta mi atención. Desde el día en que la acompañé al ascensor, no he vuelto a hablar con ella, aunque eso no quita que la haya observado. Cada que doy una vuelta por el estudio de modelaje, no paso de ella. Su trabajo es formidable. Derrocha elegancia y sensualidad, pero también dulzura e inocencia. Lo que prácticamente le hace imposible a cualquier mortal, ignorarla.
- Te recomiendo los hotcakes con un toque de jalea de fresa – la sorprendo mientras me acerco con mi charola para disponer de mi desayuno.
Ella se gira y tan pronto hace contacto visual conmigo, se sonroja. ¡Demonios!. No puedo negar que aquello me gusta. Cada que nuestras miradas se topan, su sonrojo aparece – Hola – su agradable voz sale acompañada de una pequeña sonrisa. Sonrisa que desde que la conocí, he aceptado que es una de las más hermosas que he visto – ¿Tan temprano? - pregunta curiosa.
- Yo siempre llego a esta hora – levanto los hombros restándole importancia – A ti es la que no he visto antes de las nueve de la mañana – digo socarrona.
Ella se carcajea levemente – Touché – acepta. Antes de que podamos decir algo más, la asistente de la cocina nos pregunta qué comeremos y la cantidad a servirnos.
- Cinco tortitas – pide como si nada, y evade mi ceja alzada en clara señal de asombro – Y…chocolate caliente – Una vez servida su comida, vuelve a verme y me guiña un ojo. Acción que he notado la usa seguido. Se sienta en una de las mesas del final, y una vez obtenida mi porción de frutas con granola encima, mi café y mi vaso con jugo, voy tras ella.
- ¿Puedo? – la interrogante sobra porque ya me he sentado. Nara rueda divertida sus lindos ojos azules. Comenzamos a desayunar y de vez en vez nos robamos miradas – No te importa la dieta – comento al ver todo lo que está consumiendo. Por lo general siempre escucho a las mujeres exagerar sobre la comida.
Ella se pasa la lengua por sus labios, saboreándose, y mis orbes verdes no dudan en seguirla. Me es inevitable. Me pilla desprevenida mi comportamiento con esta jovencita. Cuando estaba con Vega, nunca me fijé en otra mujer, ni siquiera el año pasado desde que quedé soltera.
– Buen metabolismo, y me encanta hacer ejercicios. Mejor dicho, como me gusta estar en movimiento me resulta satisfactorio hacerlos – Explica y vuelve a llevar otro bocado a su boca.
Asiento con la cabeza comprendiendo lo que acaba de decir – Eso es bueno – me sonríe y continúa comiendo. Verla disfrutar de los hotcakes trae a mi mente a Becka, y no me doy cuenta que declaro mis pensamientos en voz alta.
- Me uno a su hija, están deliciosas.
- Ella ama los que preparo yo – recalco engreída. No esperaba mencionarla. Para mí, Becka es alguien muy mío, y no ando hablando de mi vida personal por ahí. Claro está que con Nara Van Der Woodsen cerca, empiezo a hacer lo contrario.
- ¿Seguro son tan buenas? – su mirada es desafiante, y para un West, los desafíos no son rechazados.
- Hagamos una apuesta – propongo aproximándome más a ella. Su sonrojo vuelve a participar. Palpo el nerviosismo que le provoca mi cercanía, y eso despierta olvidadas sensaciones que desde hace mucho tiempo, o mejor dicho, desde la secundaria - cuando posé mi mirada en Vega – no las vivía.
- ¿Qué apostaremos? – sus lagunas azules la traicionan y se posan sobre mis labios. Eso me gusta, mucho. Me hace sentir atractiva y deseable. Justo lo mismo que pienso de ella.
- Si mis hotcakes son más buenos que estos... – la dejo en suspenso por un momento – te pediré lo que sea – no puedo evitar que mi lado coqueto salga a flote. La veo tragar en seco y se ruboriza aún más fuerte cuando mi vista se tardó unos segundos extras en su boca.
- Está bien. Lo mismo aplica para mí – intenta recomponerse y extiende su mano para cerrar el trato. La suavidad de su piel envolviendo la mía, se siente bien. Luego de nuestra pequeña apuesta, continuamos conversando.
Durante nuestra plática, la conozco un poco más. Nara resulta ser muy inteligente y con un interesante sentido del humor. Es espontánea y carismática, cualidades que ya había destacado en mis visitas al estudio. Entiendo por qué la gente le guarda aprecio y empatía, y hasta por qué a mi hermano le gusta. Nara te atrae con facilidad, y creo que posiblemente soy otra víctima.
Terminamos nuestro desayuno y como la última vez, tomamos el mismo ascensor. Soy cortés, y le permito entrar primero, sin embargo mis ojos vagan por su cuerpo con disimulo. Marco el piso que le corresponde y al despedirnos, las notas de vainilla, caramelo y naranja inundan mucho más mis fosas nasales. Cuando regreso a mi oficina, pienso que tal vez, no fue tan malo que Morfeo me haya dejado a las cuatro de la mañana.
(x)
El día transcurre entre muchas reuniones, y cuando por fin pensé que terminaban, Ally me anuncia que falta una más. La reunión de avances del desfile de verano.
- Con dos de azúcar – le susurro en el oído antes de que se retire a ir por mi café. Cuando ella se va, vuelvo la atención a la reunión.
- La publicidad está al aire desde el viernes pasado, y dudo que podamos mover la fecha – esas últimas palabras de André me hacen abrir mucho los ojos.
- Me descuido un momento, y ya hablan de postergar el desfile – los encaro y André se limita a señalar a mi hermano.
- Estaba diciendo que Bruno no podrá estar para ese día, sino una semana después – mi mal genio creció rápidamente. Si hay algo que detesto, es la desorganización.
- Se supone que tenías todo bajo control – me paro de mi silla para no perder los estribos.
- Lo estaba, Jade. Fue un cambio de última hora – pasa la mano por su cara como claro gesto de frustración.
- Tenemos tres semanas, creo que podemos buscar a otro artista – Cat me sonríe optimista, mientras que Mónica bufa por lo bajo.
- ¿Tienes otra solución? – Justin no tarda en rebatirla.
- Señora, su café – Ally me lo deja en mi lugar y corro a beberlo. Está muy caliente, pero así lo disfruto.
- Gracias – ella asiente y se retira. Ahora con la cafeína en mi cuerpo vuelvo a mi lugar – No nos sirven peleas y lamentos – confronto a Mónica y Justin – Todo lo planificado que siga su curso. Yo me encargo del asunto del artista.
- Ese es mi trabajo, yo...
- Ya dije – finalizo sus protestas, y avanzo con la reunión. Cat nos muestra los diseños que presentaremos esa noche, y André, los comerciales que seguiremos reproduciendo. Ronny me entrega las fotos de nuestros modelos y espera a que decidamos cuales irán en los tótem y gigantografías colgantes para el salón – Usemos tótem digitales, así se mostrarán todas las fotos.
- Gran idea – apoya André y los demás lo secundan.
- ¿Y las fotos de la gigantografías? – olvidaba eso.
- Elijan una foto – Me levanto y las pongo en el centro de la mesa – Esta quiero que vaya afuera del salón – Son todos nuestros modelos juntos.
Cada uno señala la mejor foto de acuerdo a su opinión. Mónica se decide por Franciso, un atractivo modelo de ojos marrones. Cat se inclina por una buena foto de Beck. André por Cara Damian que lucía muy sexy. Ronny y Justin sostienen la misma foto de Nara, y al observarla, asiento. Está espectacular –Okey. Ronny, pasa la memoria al departamento de André – le indico y procedo a preguntarle a Mónica por los ensayos.
- Los ensayos van muy bien – responde secamente – Tú misma los has visto, casi a diario vas para allá – cubro mi sonrojo bebiendo el café. Siento la mirada de Justin sobre mí pero no le hago caso.
Trato unos temas más y concluyo la reunión. Todos salen a excepción de mi hermano que espera a que nos quedemos solos – ¿Por qué vas tanto al piso de Mónica? - me cuestiona cruzándose de brazos.
- Quizás porque como presidenta es mi responsabilidad supervisar... – No me dejo avasallar por la pose de macho alfa.
- Espero que sea eso – me advierte idiotamente saliendo airado de la sala de juntas.
Resoplo y recojo las fotografías llevándolas a mi oficina. Abro el cajón donde pienso guardarlas y me topo con un portarretrato que había ocultado allí. Somos Vega, Becka y yo. Sonrío antes de que una lágrima se escape de mis ojos. Nos veíamos muy felices, y ahora todo es diferente. Aún me duele lo que pasó. No sé si lograré perdonarlos, pero sentir resignación creo que ya es un avance, a final de cuentas Becka tiene una familia, y Vega...Vega está con la persona que en verdad ama. Respiro profundamente y vuelvo a dejar la fotografía en el cajón. Quito mis lágrimas con mis manos intentando no mancharme el maquillaje.
Decido irme por el agotamiento que siento. Apago la laptop y me doy cuenta de las fotos. Paso una a una hasta que encuentro la de Nara, la detallo lentamente y me río al pensar en la apuesta. Sé que le ganaré.
Continuará...
