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Descubrimientos.
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Tal y como lo había sospechado Kagome, Sesshomaru tenía una molestia en su pierna, una no tan fuerte pero sí lo suficientemente doliente para que el peliplata disminuyera su ritmo al subir los escalones. Él no se lo informó, pero la aflicción no parecía disminuir; y sumado a dicha molestia se presentó el dolor de cabeza que empezó a incrementarse de repente, ambos terminaron agobiándolo para que no pudiera percibir bien los últimos escalones que faltaban, hasta que en el último, el cual era ligeramente más alto que los demás recibió una punzada en la pierna enyesada provocando que perdiera el equilibrio y a causa del peso del yeso declinó hacia atrás. Las delgadas manos de su enfermera lo detuvieron y sorprendieron.
Había escuchado claramente cuando esta empezaba a preguntarle: ¿Está bi… –pregunta que no había terminado. –¿Joven? –la oyó llamarle preocupada. Quien diría que su dulce voz logró aminorar suficientemente el malestar en su cabeza y tal vez las punzadas de la pierna. No tuvo mucho tiempo para observar la cercanía que tenían antes de que ella cambiara de expresión y lo atrajera con fuerza hacia sí, sin medir con esto que su peso era muy superior al suyo, así que como lo esperaba, las piernas de ella titubearon unos pequeños pasos hacia atrás antes de que finalmente flaquearan, y con esto que ella cayera al piso y él por supuesto sobre ella.
Kagome anticipada al fuerte impacto en su trasero logró poner las manos que solo amortiguaron un poco el golpe. Se quejó entre dientes simplemente, cerrando los ojos ante tal golpe.
Sesshomaru también había podido intervenir su mano derecha para no dar de lleno sobre ella, cosa que no había bastado. Él estaba sobre ella, y por estar ella más alta que él en el momento de la caída (él había estaba un escalón abajo), su cabeza más que haberse nivelado con la de ella se hallaba en el pecho femenino. Él alzó su mirada hasta el rostro de la chica que respiraba por la boca y pestañeaba entre cortado. –Tú… –empezó a hablar sorprendido –estás…
– ¿Loca? –terminó ella adivinando lo que le diría. Al no recibir respuesta dejó de mirar el techo para ver a su paciente.
Abrió los labios inhalando levemente sorprendida por la cercanía, sus rostros estaban muy cerca, era lo más cerca que había estado de él, su rostro un poco más abajo del suyo, su hermoso rostro podía quitarle el aliento a cualquiera. Sobre sus atrayentes ojos dorados estaba su liso y recto flequillo que se abría en dos a la mitad de su frente, sus no tan cortos cabellos plateados caían de sus cienes y reposaban en su espalda, así como también llegaban al pecho de ella; pero fue el cruce de sus miradas lo que la captó por completo. Momentos después se dio cuenta de la posición en la que estaban y se exaltó, intentó removerse, mas después se arrepintió… al intentar mover sus piernas su rodilla había hecho un leve impacto con la entrepierna de Sesshomaru. –¡Oh L–lo si–siento!… –se apresuró a decirlo sin conseguirlo.
Sesshomaru no sabía cómo sentirse ni reaccionar. Qué situación… No pudo evitar cerrar los ojos con fuerza –Tsk –exclamó con molestia.
– ¿Lo golpeé joven? –pregunto avergonzada rogando que él le dijera que no, pero…
–Es mi pierna… duele.
– ¿Eh? –preguntó intrigada –¿S-su pierna?
–Sí.
–Su pierna es la que le duele… Entonces yo no estaba errada, al joven sí le pasaba algo en su pierna. –pensó Kagome y después reaccionó.
–Espere… ¿Le duele la pierna?, ¿por qué no lo dijo antes? –preguntó intranquila removiéndose nuevamente, y sin querer, volvió a darle con la rodilla. –N–no quise… –intentó disculparse removiendo sus manos en su cara, más avergonzada por su torpeza.
– ¡No importa! –exclamó fuerte por fin y ella se asustó. ¡Demonios!, su pierna seguía dándole punzadas cada vez más fuertes, y su enfermera lo que más le preocupaba eran los rodillazos que le estaba dando, sí le dolían, pero la molestia de su pierna era mayor, lo que le llevaba a cerrar sus ojos. Con fines de descansar y desahogarse Sesshomaru dejó caer fuerte su cabeza hacia abajo. ¿Qué?
Escuchó la queja de la chica. El peliplata había dejado caer su cabeza en su pecho. Ahora el desconcertado era él, abrió los ojos sorprendido con la cara aún en el abultado y cómodo pecho de la pelinegra. Levantó de nuevo su cara pero su mirada la clavó en algún lugar a la izquierda de la chica.
–Disculpa. –consiguió decir, mas su voz no mostraba arrepentimiento, era inexpresiva.
–No importa… –su voz fue casi un murmullo, Kagome desde hace un rato se había sonrojado violentamente, tampoco alzaba su mirada, y más vergüenza sentía al ver que no podía controlar su rápida respiración, su pecho subía y bajaba rápidamente. –Joven, voy a tratar de levantarme y…
–Espera. –le dijo al instante seguido de que ella empezara a afincarse de sus manos para intentar sacar sus piernas.
– ¿Qué sucede? –volvió a preguntar, no supo por qué pero surgió preocupación en su voz.
–Mi pierna. –¡Condenada pierna!, al más mínimo movimiento la extremidad palpitaba intensamente paralizando completamente el resto de la pierna de Sesshomaru.
–No se preocupe, de todas formas creo que va a ser difícil levantarme así. –Kagome entendió que lo mejor era no mover la pierna. –No me extraña, después de todo es una fractura que recae más en la tibia… aún es reciente. –la chica reflexionó. –Creo que debería llamar al anciano Mioga o a Inuya…
–No. –La enfermera lo miro interrogante. –Creo que puedo levantarme lo suficiente.
¿Llamar al anciano…? O a su hermano… Esa idea no le gustó, más que por quienes lo ayudarían, era por la ayuda en sí. No aceptaría tan fácil acceder a pedir ayuda, además, en la situación en la que estaba, él estaba sobre su enfermera, y eso teniendo en cuenta que su peso era superior. Pero hubo algo más… La duda le surgía, descubrió que no quería más personas con él, tal vez a una más pero, ¿acaso con la pelinegra se sentía bien?... o… ¿con la pelinegra debajo de él se sentía bien?, negó sus más que absurdos pensamientos. Se concentró en afincar sus manos en el suelo para levantarse.
–Joven, eso no es… necesario –lo detuvo con su tierna voz, pero además había llevado una de sus manos al antebrazo izquierdo de Sesshomaru y la otra mano a su hombro derecho, tomó su camisa. Él la miró interrogando una explicación por lo dicho.
–No sería bueno que… hiciera esfuerzo en su brazo. –terminó viendo el yeso en su brazo izquierdo. También se había percatado que ninguno de los dos podía moverse, permanecerían así…
El peliplata cesó lentamente en sus esfuerzos por levantarse, Kagome volvió a ver sus ojos y la sensación de conexión entre ambos se hizo presente. Inevitablemente, y si es que ambos estaban tan cerca… La chica sentía que su respiración se aceleraba, al igual que su corazón. Sus dorados ojos la embelesaban, eso era embelesarla, que más que ser algo superficial, estaba muy lejos de serlo, su cuerpo sentía un cosquilleo que iba a su pecho.
Él no le daba todo su peso, se apoyaba un poco en su brazo derecho, aun así, estaba tan cerca de ella, ese contacto parecía más íntimo de lo que ella podía haber pensado con su paciente.
Sesshomaru estaba sorprendido, y es que, ¿cuantas posibilidades hay de que ocurra un accidente como ese?, y a él le había ocurrido precisamente con su enfermera. Ahora estaban en una situación que él no podía calificar como desagradable. Y eso hizo que se cuestionara, ¿por qué no me es desagradable? No, no lo era, ante sus ojos estaba el ahora encantador rostro de la pelinegra cuyos cabellos azabaches débilmente atados en una coleta se posaban en la suave alfombra color beige al lado de su rostro.
Ahora Sesshomaru lo sabía, admitió que la mujer frente a él tenía un bello rostro que cautivaría a cualquiera. Su voz también resultaba música para los oídos, pero él no era quien se dejaría llevar por esos descubrimientos, todavía no eran los que se adueñarían de sus pensamientos o de su aun imposible corazón… –¿Qué es lo que estoy haciendo?
–Joven… Sessho… –los cuestionamientos de ambos se vieron detenidos por un perceptible sonido proveniente del teléfono de mesa que estaba en la sala. Ambos voltearon sus rostros tratando de ver hacia el aparato.
–Si pudieran escucharlo… –las palabras de él parecieron cumplirse, de pronto el volumen de un televisor se hizo más bajo, por lo que el teléfono fue muy bien escuchado. Los dos esperaban por el que viniera a tomarlo. Aunque la chica no pudo evitar notar que su cercanía con el joven estaba a punto de terminar, y tal vez eso era lo que él quería…
El ambarino escuchó la puerta abrirse. Finalmente escucharon el teléfono, antes de cualquier cosa sintió que el cuerpo debajo de él se movía, volteo a verla.
– ¿Que estás haciendo? –cuestionó
–No se preocupe, creo que puedo intentar esto. –no sabía cómo no había pensado eso antes, simplemente tenía que tratar de salir por el lado de la pierna derecha, ya no tocaba la pierna izquierda de él, así que no afectaría a esta. Consiguió sacar sus piernas lo suficiente como para salir ella también de debajo de Sesshomaru. –Menos mal que pude salir… ¿Eso es lo quería no?
– ¡Qué descuidada es Shoga! –se escuchó entrando una voz.
– ¡Anciano Mioga! –llamó Kagome aún junto a Sesshomaru.
– ¿Qué? –El anciano buscó a la muchacha– Esa es… ¡Oh! Pero Kagome ¿qué hace ahí? –dijo sin poder verla bien, considerando la estatura del anciano aún por las rejas no dejaba que percibiera bien a los dos.
–Es que… –el anciano entonces también notó el cuerpo del peliplata mayor junto a ella.
– ¡Oh pero si es el joven Sesshomaru! ¿Qué les pasó? –se apresuró a subir las escaleras. –¡Joven Inuyasha!, ¡Joven inuyasha venga para acá!
– ¿Que sucede… acaso me llamaste Mioga? –el ambarino menor entró en la habitación buscando al anciano.
–Inuyasha… –escuchó la voz de la enfermera en las escaleras.
Algo pareció detenerse para el aludido al reconocer a su hermano mayor en el suelo. –¡Sesshomaru!, ¿qué es lo que paso? –exclamó mientras subía rápidamente los escalones.
–Él, digo, nosotros… nos caímos. Pero Sesshomaru está…–trató de explicar la pelinegra.
– ¿Cómo? –Inuyasha cuestionó, en ese momento tenía verdadera angustia.
–Fue un accidente, pero evité la caída, debe estar bien… aunque, tiene un dolor en la pierna. –la chica dirigió su vista a Sesshomaru a su lado. Éste solo permanecía con su vista clavada en el piso, boca abajo.
– ¿Qué?
–No puede moverla. Debemos levantarlo.
–Sí, cuanto antes mejor, joven Inuyasha, ayúdeme. –se dispuso Mioga a tomarlo del suelo –¿Cómo siente la pierna joven Sesshomaru? –le preguntó
–Está disminuyendo el dolor. –contestó simplemente, aún sin hacer ningún movimiento.
–Espere anciano, puedo ir por los medicamentos para aliviar el dolor más rápido. –se ofreció la chica.
–Así está bien. –todos notaron el inusual tono con el que el joven hablaba, porque a pesar de suponer que estaba enojado no lo demostró, contrariamente parecía tolerante y accesible. Y así era como se sentía verdaderamente, pero sumado a la enfadosa sensación de inutilidad.
–Hay que llevarlo rápido, Mioga. –habló Inuyasha, Kagome que se había levantado del suelo le miró. Ahí estaba otra vez esa peculiar preocupación por parte de Inuyasha, que sabía, debía ser porque eran hermanos, y sin embargo…
El ambarino menor parecía dudoso de acercarse al cuerpo de su hermano, lo cual solo pudo notar el anciano, después de meditarlo unos momentos Inuyasha se atrevió a agacharse y tomar a su hermano con sutileza. ¿Acaso era tensión lo que había en el ambiente?... No lo sabía, ambos hombres levantaron a Sesshomaru, y cuando ya lo tenían de pie el anciano se disponía a alzar el brazo libre de él para ponerlo sobre sus hombros, ya que el otro lo tenía Inuyasha.
–Mioga… solo necesito la ayuda de Inuyasha. –le dijo el peliplata mayor que mantenía su mirada al frente.
Tanto el anciano como el hermano menor se sorprendieron ante lo que era una petición extraña por parte de Sesshomaru ¿Qué no detestaba la compañía de su hermano?, nada más alejado de la verdad. –Como usted diga joven.
–Vamos –le dedicó una fugaz mirada de reojo a su hermano y este tardó unos segundo en reaccionar. No sabía por qué se sentía tan inquieto, jamás pensó en ayudar al ambarino, y que éste se lo pidiera, ya que, desde lo que sucedió el mismo Inuyasha se había negado rotundamente su acercamiento hacia él.
Sesshomaru apuntó con la mirada a la puerta de su habitación para que su ayudante avanzara, no supuso que su hermano estuviera tan distraído, tal vez… recordando… o tal vez pensando en otra cosa, ¿incómodo? Muy típico de Inuyasha.
– ¿Por qué?
Eso era lo que se preguntaba la hermosa mujer de cabellos platinados que ahora se dirigía con pasos rápidos y precisos hasta su coche estacionado fuera de los territorios de Taisho, el hombre al que acababa de abofetear pero sin motivo aparente. En realidad sí había un motivo, Irazue pensaba que lo había golpeado por tomarse el atrevimiento de tocarla, otra vez. O tal vez por mencionarla.
Flash–back…
–Sesshomaru me importa tanto como Inuyasha, mis sentimientos por ellos son los mismos, créelo Irazue, le quiero tanto como a su hermano menor, y también como quise en su momento a la madre de Inuyasha, Izayoi… –
– ¡Cállate, no la menciones! –lo interrumpió, con el eco en su cabeza del nombre de esa mujer pronunciado por el peliplata frente a ella, el cual la miraba interrogante. Eso fue lo que terminó de sacarla de quicio. Ahora sí se largaba, se marchaba de ese horrible lugar. ¡Maldita sea la mano que la volvió a detener!, la volvió a tomar de los brazos para obligarla a voltear.
– ¿Qué es lo que te…? –Taisho tuvo que callar sus palabras ante la cachetada que inesperadamente le lanzó la mujer peliplata.
Irazue no supo exactamente cómo fue que su mano se movió sola, ¿acaso fue por el creciente enojo que antes estalló en su interior y que ahora disminuía lentamente? Sus ojos mostraron su confusión y detestó eso, revelando sus emociones ante el hombre que más... el que ella… ella no odiaba. Entonces seguramente lo despreciaba.
–No… me vuelvas a tocar –increíblemente se sentía insegura, acobardada y siendo ella quien era. Solo terminó encaminándose casi bruscamente a la salida y dejando a Taisho solo y desconcertado.
Fin del Flash–back…
Cerró la puerta del auto con afán de encenderlo y ponerse en marcha rápidamente, pero fue inevitable que se contuviera de suspirar por lo aturdida que estaba, trató de serenarse nuevamente, consiguiendo normalizar la expresión impasible de su plácido rostro, mas fue su interno desconcierto al ver en el espejo retrovisor sus ojos cristalizados, lagrimas que ella nunca dejaría salir, entrecerró ligeramente los ojos sin dar completamente crédito a lo que veía. Olvidarlo, eso era lo que quería, olvidar que estuvo a punto de llorar frente a ese hombre y no sabía por qué ni quería saberlo.
El apuesto hombre de ojos miel observó por la ventana el auto blanco de Irazue partir. No le era fácil comprender el por qué ella había actuado de esa forma tan extraña e insólita. Su mayordomo irrumpió en la sala detrás de él.
– ¿Dígame Taisho, está todo bien?
–Hoshinki, no tengo la certeza de que esté todo bien… –se volteó para responderle al hombre me avanzada edad con cabello rojizo y piel morena, que además de trabajar para él era su amigo de años. –Irazue se comportó de una forma…
– ¿Lunática?
–No. –endureció un poco su mirada. –pero para ser la mujer que fue mi esposa hace años, Irazue se comportó diferente. –el viejo pelirrojo le miró interrogativo –Incluso fue capaz de irse y dejarme con la palabra en la boca.
– ¿Huyó? –el peliplata asintió complacido con la sagacidad de su compañero, sin duda él sabía y entendía claramente lo que le decía Taisho, como muy pocos lo hacían.
– ¿Irá a verla nuevamente pronto? –atinó a preguntar el anciano al peliplata antes de que este se fuera.
–Tal vez. –respondió mirándolo de soslayo y no muy seguro de su respuesta. Tal vez la mujer ambarina solo lo odiaba a él, y eso era la explicación de su conducta, aún así… Era un hecho que sus expresiones y acciones no eran las de la Irazue que conocía.
En la Mansión Taisho
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–Horas después…
–Joven, quiero pedirle permiso para marcharme –la azabache estaba parada cerca de la cama del peliplata, recién había cenado y era temprano pero necesitaba llegar a su casa.
Él la miro. –Aún es temprano, ¿a qué se debe? –ella con esfuerzo se dirigió rápidamente tomando su bolso y se situó de nuevo frente a la cama.
–Es que… la verdad tengo unos dolores ocasionados por la caída, me gustaría ir a ponerme algo para mejorarlo. –la pelinegra miro su mano derecha y acarició levemente su palma y la muñeca.
–Fue por el impacto. –dijo viendo la parte roja en la palma de su mano –Tus golpes fueron más fuertes que los míos, enfermera.
–No diga eso, de hecho ya estaba pensando que cuando llegue a casa llamaré al doctor Suikotsu, me gustaría que viniera a revisarlo mañana. –la joven dijo a modo contraataque, mientras decía eso se acercó más a la cama del peliplata, aunque al caminar sintió la molestia en su trasero.
–Te preocupas de más. –su voz sonó casi como un regaño a la joven que le miro culpable.
–Pero recuerde que es mi trabajo y además yo… me preocupa mucho. –bajó momentáneamente su mirada chocolate.
¿Le preocupo?, meditó –¿Es grave tu golpe en la espalda? ¿Podrás sentarte? –cuestionó él, sabiendo que un golpe como el suyo podría traer consecuencias.
–Bueno… –Kagome se apenó y un poco de rojo acudió a su cara, se refería a su trasero, el recuerdo de la caída vino a su mente, ciertamente sería arriesgado tomarlo a la ligera. –De hecho lo más probable es que tenga molestias durante un tiempo, pero soy enfermera así que sé que hacer para mejorarlo. Cuando llegue a casa me aseguraré de que no sea grave.
¿Por qué se preocupaba por ella?, admitía eso, pero ella fue capaz de lanzarse hacia él para salvarlo de una caída recibiendo ella la peor parte. Y ahora, viéndole fijamente esos chocolates que eran sus ojos, tan oscuros y claros a la vez, notó el brillo especial que había en ellos. Y le pareció atrayente. Se veía encantadora, sus ojos dóciles se intimidaban con los dorados de él. Pero esta vez, Sesshomaru pensó que eso no era lo que más quería, tal vez si ella… Vaya, justo como estaba haciéndolo ahora, los ojos de ella dejaron de parecer temerosos y se volvieron más profundos, como si disfrutara igual que él de mirarlo.
El joven se percató molesto de cuando ella de pronto pareció arrepentirse de aquel contacto, pues pestañeó varias veces y apartó su mirada. –Yo… ya, me voy.
Y sin esperar más palabras de él, el cual probablemente no diría nada más, Kagome se dirigió a la puerta y la cerró una vez hubo salido de la habitación. Se dirigió a la salida de la casa.
Continuara…
Corrección del capítulo 7 :3
-Dulcechiiel.
