Capitulo 5.

"¿Qué ha dicho?"

Me removí en mi silla, algo incomodo por la tensión que había en la mesa.

-Así que…- dijo Shai para romper el silencio- ¿Ruth es mi hermana?

-Técnicamente…- dijo Loni, su padre, mientras tomaba la mano de Ruth.

Ruth vio de manera grosera a Shai, y tomé su mano por debajo de la mesa para darle ánimos.

-Y- dijo mi madre-, ¿ustedes dos son amigos?

Minutos antes…

El padre de Shai se acercó para darle un abrazo, pero ésta se alejó dando un salto y se puso unos pasos detrás de mí.

-Tranquila- dijo su padre fingiendo dolor-. No es como si fuera a hacerte daño…

Shai lo miró dolida.

-Claro…- dijo sarcásticamente.

Volteé hacia Shai y la abracé.

-Lo siento, Shai, no tenia…

-Tranquilo- dijo ella apretándome un poco más-. Estoy bien, es solo…

La miré a los ojos, comprendiendo perfectamente a lo que se refería. Sus ojos estaban cristalinos de rabia, probablemente porque los abandonó cuando ella tenía quince años, y ella solo sonrió un poco.

Mi madre carraspeó.

-Theodore, ¿Qué les parece si cenamos de una vez por todas?

No sé si fue mi imaginación, pero mi madre se veía un poco disgustada. De cualquier forma, no le tomé mucha importancia, y me fui a sentar junto a Shai.

En ese momento…

Aclaré mi garganta.

-Hmmm, no. Somos… novios.

Mi madre explotó en una carcajada, mientras que todos la mirábamos serios.

-¿Cuál es la gracia?- preguntamos Shai y yo al unísono.

Volvió a carcajearse.

-No.

La miramos confundidos.

-¿No?

-No. Ella no es tu novia, me estás tomando el pelo.

-¿Por qué iba a mentirte sobre eso?

-Esa perra no será tu novia, Theo. No ella.- dijo seria después de unos minutos.

Shai iba a levantarse de su silla ofendida, pero la tomé del brazo y le pedí que se calmara. Lentamente volvió a sentarse.

-¿Por qué no?

-Bueno, porque ya habíamos escogido una pareja para ti.

Mi padre casi se ahoga con su pieza de comida que tenía en la garganta.

-¿Habíamos?

Mi madre lo miró severamente.

-Sí. Habíamos.

Mi padre me dirigió una mirada de lastima.

-Claro, linda.

Rodé los ojos.

-¿Y por qué serás tú quien escoja mi pareja?

-Porque ella es una perra. Digamos que no he tenido una buena experiencia con ella antes, ni con su madre, la alcohólica…

Shai la miró aun mas ofendida que antes.

-¿Perdón? Ni siquiera la había visto en mi vida. Y no se atreva a hablar así de mi madre…

-Como dije- interrumpió mi madre-, una perra. Además, Ruth aun te ama. Y…

Me quedé perplejo.

-¿Querías que estuviera con Ruth?

-No quería, quiero que estés con Ruth. Debes estar con ella.

Esta vez fui yo quien se levantó de la silla, con una gran ola de rabia en mi interior. Shai se paró también, seguramente para tranquilizarme y decirme que todo estaba bien, pero no iba a tranquilizarme.

Me pasé una mano por mi cabello.

-Esto es increíble…- murmuré

-Theodore- dijo mi madre con tono autoritario- Siéntate, ahora.

-¿Por qué debería? ¡Tú no tenias ningún derecho de controlar mi vida! ¿Por qué quieres que esté con Ruth?

Vi una pizca de cólera en los ojos de mi madre mientras también se ponía de pie.

-¡Porque ellos son de nuestra clase, Theo! Y los padres de Ruth no son alcohólicos como los de ella.

Y Shailene, quien había intentado llevar esta situación con calma, explotó.

-¡POR LO MENOS MI MADRE NO ENGAÑÓ A SU ESPOSO!

Todos nos quedamos en silencio.

-¿Qué?- pregunté perplejo.

-¿Creyeron que una niña de siete años no se iba a dar cuenta?- dijo Shailene al borde de las lagrimas. En ese instante me preocupé y me acerqué un poco más a ella por si le daban ganas de derrumbarse. Esto iba enserio- ¿Creyeron que no iba a darme cuenta del daño que le hicieron a mi madre? ¡ELLA ES ASÍ POR SU CULPA! ¡USTEDES LA VOLVIERON ALCOHOLICA! ¡Y LE APUESTO A QUE NI SIQUIERA LE HA DICHO A SU PROPIO ESPOSO!

-Shai- dije intentando calmarla. Ella me miró con sus ojos cristalizados mientras se mordía el labio. Al ver como una lagrima caía por su mejilla, mi mundo se vino abajo- ¿de qué hablas?

Shai inspiró profundamente.

-Tenía siete años cuando comenzaron a verse. Cuando tu madre y mi padre comenzaron a verse.

Mi madre se adelantó con paso rápido hacia ella, amenazándola con el dedo, pero me interpuse entre ellas.

-¡Ni se te ocurra contarlo!

Para ese entonces Shai ya había comenzado a contarlo. Cada mínimo detalle que recordara, lo decía. Y entonces lo recuerdo. Un día que me había dicho que su padre tenía una amante, y que esa había sido la razón por la que se divorciaron. O la vez que me dijo que había soñado con su padre y su amante por tercera vez. Y ahora todo encajaba.

Al finalizar su relato, todos estábamos horrorizados, y mis hermanos y yo mirábamos con rabia y disgusto a mi madre. Mi padre solo se quedó viendo a un punto fijo, perdido en sus pensamientos.

Mi madre estaba sorprendida. Y, antes de que pudiera hacer algo más, prácticamente arrastré a Shai fuera de la casa.


-¿Theo?- dijo Shai sacándome de mis pensamientos- Me estas lastimando.

-Ya- dije-. Lo siento.

Solté su muñeca rápidamente. Estábamos en el porche de la casa. Ninguno de nosotros decía una palabra, y, para mí, era mejor así. Sentía que, si comenzábamos a hablar, iba a terminar haciéndole daño.

-Lo siento- murmuró ella entre lágrimas.

-¿Por qué?

-Porque no te lo dije antes- comenzó a sollozar y me acerqué a ella-. Debí habértelo dicho, pero aun no la conocía, y no sabía que era ella. Lo siento por haberlo soltado enfrente de todos, es solo… no podía estar callada un minuto más. No cuando tu padre se veía tan feliz, ignorando lo que tu madre había hecho y… ¡Lo siento! No quería causar nada de esto. No debí haber venido en primer lugar. Es… ¡Ahora siento que arruiné a tu familia! Es… Creo que sería mejor si… me fuera.

Para el momento en el que digerí todas sus palabras, ella ya se había ido.

-¡Theo!- dijo una voz chillona detrás de mí- Creo que deberías volver.

Al voltear, vi a Ruth a centímetros de mí. Y, antes de que pudiera oponerme, me besó. Me sorprendí al principio, pero después reaccioné y la separé rápidamente de mí. Ella me miró confundida.

-¡¿Qué mierda te pasa?!- le grité. Hoy no era mi día, en lo absoluto.

-Yo… solo…- sus ojos se llenaron de lágrimas, como si una niña de cinco años se fuera a poner a llorar solo porque a sus padres no les había gustado su dibujo.

-Lo siento- gruñí-. Olvídalo… Solo… No es mi día, ¿de acuerdo?

Ella iba a darme otro beso, pero la esquivé y me dirigí hacia la puerta.

-Uy- dijo ella riendo-, alguien está en sus días.

Rodé los ojos, y entré a la casa.